jueves, 16 de enero de 2020

902. A ver cómo coño titulo esto

¿Qué? ¿Ya han visto Push? ¿No? ¡Me cago en la leche! No sé para que les pongo deberes si no me hacen ni puto caso. ¡Joder! que ya se han terminado las navidades. Que ya toca ponerse a currar, que es momento de dejar de vaguear. Que ya está bien de practicar el edredoning. Que, como dicen en mi tierra, camarón que se duerme, se lo lleva la corriente. Que eso del edredoning es muy malo, sobre todo el edredonig mental. Bueeeeeno. Aquí les traigo un tráiler, para ver si se motivan un poco.


La verdad es que en el párrafo anterior hago una afirmación cuando menos discutible: se han terminado las navidades. Cierto que los ayuntamientos han retirado ya las luces y los árboles de Navidad de las calles. Aunque, por ejemplo, en el arranque de Gran Vía subsiste todavía el esqueleto del gran bolondrio que suscitaba la atención embobada de todos los paletos de los alrededores. Esos que viajan cada año desde las ciudades cercanas, a la capital a ver las luces. Planazo. Ayer crucé por allí de camino a la sesión de apertura de Billar de Letras, en Malasaña. Nos reunimos en el lugar todo el grupo, y me encontré con mi colega Pepe Savater, que hacía mucho que no venía. Pepe tiene 83 años y es el veterano del grupo (en su ausencia soy yo el que ostenta tan dudoso honor). Le felicité las pascuas y una chica de esas que van de listillas, me dijo que estaba un poco retrasado, que la Navidad ya se había terminado. A lo que le respondí con un refrán oportuno: hasta San Antón, Pascuas son.


Sí, queridos followers (porque este blog no tiene seguidores, tiene followers, un respeto), hasta mañana, 17 de enero, San Antón, pueden seguir ustedes felicitando las pascuas, de acuerdo con el refranero popular, sin que nadie se lo pueda recriminar. En tal día, alrededor de la iglesia dedicada al santo, anexa a la sede del Colegio de Arquitectos, se celebra la primera fiesta popular del año en Madrid, cuyo cartel anunciador pueden ver arriba. Es la fiesta conocida como Las Vueltas de San Antón, donde la gente lleva a sus perros, gatos y otras mascotas y les da unas vueltas por las calles circundantes, antes de acercarse a la iglesia a que el cura bendiga a los animales. También hay oportunidad de hacerse con los tradicionales panecillos bendecidos del santo, que han de pagarse religiosamente, nunca mejor dicho. Antiguamente era tradicional dar tres vueltas con los animales, pero ahora, a pesar de la denominación plural, la gente da una y gracias. Abajo una imagen de la bendición de los animales.



La iglesia de San Antón es una muestra de mérito del barroco madrileño, obra de Pedro de Ribera, y en ella el famoso Padre Ángel reparte vituallas a los indigentes sin hogar de la ciudad, los homeless locales que hacen cola a las diferentes horas en que se reparte el condumio. Por las mañanas se da un desayuno de ocho a diez, luego un café bebido a las doce y por la tarde una merienda con pastas a las seis. Los sin techo toman asiento en el comedor que se instala en la iglesia cada día y son servidos por voluntarios de la organización Mensajeros de la Paz, liderada por el citado Padre Ángel. Yo he coincidido más de una vez con esas colas, visitando la sede del COAM, y les puedo jurar que he visto gente decentemente vestida y aseada, como podría ser cualquiera de nuestros primos o madres. Los efectos de la crisis. A lo largo y ancho de Madrid hay numerosos lugares donde se da una sopa o se reparten bocadillos, como ya conté hace tiempo en el blog, y también hay organizaciones que distribuyen comida solidaria a domicilio a personas mayores que viven solas o no tienen otra forma de alimentarse. 

Las historias que se reflejan en el documental Push, revelan cómo esta crisis que empezó en 2007 y que yo no considero terminada, no ha afectado a los ricos, sino al contrario. Los caminos del capital son insondables y parece claro que las respuestas que dio el gobierno de Rajoy a la crisis han acrecentado la polarización social de nuestro país: los ricos son más ricos y los pobres son más pobres. No ha sucedido lo mismo en Portugal, donde un gobierno de izquierda moderada, con apoyos puntuales por su izquierda y por su derecha según convenga, ha conseguido remontar la crisis aplicando justo las recetas opuestas a las que recomendaba la Trilateral europea, con un resultado de mucha menor polarización social. Hace ya unos meses que Portugal tiene una prima de riesgo menor que la de España, noticia a la que apenas se ha dado relevancia en la prensa de nuestro país, no así en la lusa que ha celebrado el dato con alborozo.

En fin, imagino que esta es otra de esas noticias que ustedes encuentran en el blog antes que en ninguna otra parte, asunto que saben que me satisface especialmente (ayer me reconoció un amigo que se enteró por esta página de la existencia del succionador de clítoris Satisfyer, del que ahora habla todo el mundo). Ayer le dieron el premio Cálamo al Libro del Año a la novela El año en que mi madre tuvo los ojos verdes, de Tatiana Tibuleac, de la que hace ya unos cuantos posts les anticipé sus impactantes primeros dos párrafos. La verdad es que yo procuro anticiparme a la prensa generalista, pero hay veces en que voy a la zaga. Por ejemplo, imagino que muchos de ustedes han visto ya la película coreana Parásitos. ¿No la han visto? Pues no sé a qué esperan. Creo que es lo mejor que he visto en el cine en los últimos años.

Parásitos tiene un guión sorprendente, que se va encabronando de forma exponencial y que explica con imágenes muy gráficas lo que es la polarización social post-crisis, puesto que nos muestra a los ricos más ricos de Seúl (que, por cierto, son unos inútiles, incapaces de hacerse un huevo frito) y en paralelo a los de la clase más baja, que han de ingeniárselas para sobrevivir, sólo con su destreza, su imaginación y su talento. También basta una sola escena para enseñarte lo que es el cambio climático y la diferente forma en que afecta a unos y a otros. El diluvio que se desata a mitad de película es un hecho que se convierte en crucial en un guión prácticamente perfecto, incidiendo en el desarrollo de la acción de forma decisiva. El título de la película es también genial, puesto que al final uno sale con la duda de quiénes son en realidad los parásitos.

Nos acercamos ya a la concesión de los Óscar y Parásitos está nominada a la mejor película extranjera y a otras seis o siete categorías, entre ellas la de mejor película absoluta. En cuanto a la película extranjera, lo siento por Pedro Almodóvar, pero Parásitos está a años luz de la suya y de todas las demás en liza. La única esperanza española es que le den a Parásitos el Óscar a la película absoluta y la retiren de la extranjera. Pero parece algo muy improbable. Y, ya que estamos en el terreno del cine, yo les recomendaría sin dudarlo la nueva película de Polansky, sobre el caso Dreyfus, cine clásico impecable firmado por un maestro. No me ha gustado, en cambio, 1917, película totalmente condicionada por la virguería técnica de estar filmada en un solo plano-secuencia, lo que impide utilizar elipsis, flash-backs y otros recursos habituales del cine actual. Y, a nivel de argumento y guión, me parece que no aporta nada en relación con Salvar al soldado Ryan, con cuya historia tiene similitudes importantes.

Como este es otro texto en el que he empezado a escribir sin saber adónde quería llegar, pues voy a aprovechar para hablar del Deportivo de La Coruña, que hace mucho que no digo nada de él. Mi equipo del alma, empezó la Liga de Segunda División como uno de los candidatos al ascenso a Primera (el año pasado estuvo a punto de lograrlo). De acuerdo con su condición de gallito del corral, ganó su primer partido a finales de agosto. Pero entonces empezó una racha nefasta, como nunca se ha visto en La Coruña. Es que se convirtió en el peor equipo de Europa. Es que completó una serie nunca vista en ninguna Liga importante. No volvió a ganar un partido hasta el 20 de diciembre. Ese día, el equipo salió al campo como colista, a 9 puntos de la salvación. Ganó pero, para entonces ya el presidente había dimitido, la directiva había huido, el entrenador estaba en el alero y casi sólo quedaban los utileros. Llegó un equipo directivo nuevo, cesaron al malísimo entrenador, y lo sustituyeron por Fernandiño Vázquez que es de la tierra y que enseguida ganó su primer partido. Ahora, tras dos victorias seguidas, el equipo está a cuatro puntos de la salvación, todavía colista y esta noche intentará ganar al Racing de Santander para abandonar el farolillo rojo.

A lo que voy. Una racha negativa como esa no puede deberse a causas naturales. Aquí hay algún tipo de intervención sobrenatural, un hechizo maligno, un encantamiento cruel perpetrado por el famoso dios travieso que de vez en cuando echa los dados que dirigen nuestros destinos. No es normal que un club se pase cuatro meses seguidos sin ganar un partido. Es cierto que el equipo de este año se confeccionó con fichajes del feirón, pero aun así. Tiene que haber algo más. Una de las razones que se esgrimen es el cambio de la camiseta de toda la vida, de rayas blancas y azules verticales, por otra de los mismos colores a rayas horizontales. Mi amigo el Coronel Groucho ya advirtió hace una eternidad que esa camiseta nos traería un mal fario y acertó. Y yo tengo otra teoría. Hace un año justo, viajé a La Coruña a visitar a mi familia y aproveche para ver un partido del Dépor, contra el Albacete, que ganó y que es recordado por los seareiros como el último partido en el que el equipo jugó bien. A partir de ahí empezó el descenso a los infiernos. Así que, para remediarlo, voy a viajar este sábado de nuevo y ya tengo entrada para ver el partido del domingo contra el Cádiz, a ver si consigo deshacer el meigallo. Cualquier cosa con tal de salvar, no al soldado Ryan, sino al club de mis amores.

El sábado por la mañana saldré, pues, con mi coche por la N-VI, y les tendré informados de mis movimientos posteriores. Pero he empezado hablando de Billar de Letras y de mi amigo Pepe Savater, con la intención de contarles una cosa más sobre esa noche de reencuentros, lo que pasa es que se me ha ido el texto por peteneras. Resulta que, al final de la sesión de dos horas del club, Pepe y yo salimos a la calle y estuvimos charlando un rato en la acera, como solemos, con el resto de los colegas, casi todos mujeres. Y algunas chicas nos echaron los típicos piropos, que qué bien se os ve, que cuál es vuestro secreto para conservaros así. Me disponía yo a contarles lo de mis entrenamientos por el Retiro y enseñarles la foto de mi carrera más reciente, cuando Pepe se me adelantó, diciendo: –Que no os engañen con otras milongas; hay un factor que influye como ningún otro y a su lado, los demás no tienen ninguna incidencia real.

Hizo una larga pausa dramática, para cebar la expectación del grupo, la ansiedad de saber cuál es ese factor que influye más que ningún otro en nuestra trayectoria vital. Entonces, en tono terminante, añadió: –La suerte. Ahí queda dicho. Desde luego que la suerte hay que trabajársela. Si no te la trabajas, vas de culo. Pero, además de trabajártela, has de tenerla y ese es el componente que no se puede planificar. La ciencia moderna, desde la física cuántica, se esfuerza en entender, controlar y prever el factor aleatorio, hasta ahora sin unos resultados convincentes. La suerte es un factor que no se puede controlar, así que, para qué se van ustedes a comer el tarro. Hagan como yo, sigan adelante, vivan el presente, aprovechen mientras puedan y sean felices, como siempre les recomiendo. Les voy a dejar de propina una de las deliciosas melodías de Norah Jones, esa pequeña mujer neoyorkina guapísima, hija del músico indio Ravi Shankar, que toca el piano y canta como los mismos ángeles. Que tengan una buena tarde.


domingo, 12 de enero de 2020

901. La vivienda, un problema mundial

Como ya se ha contado en este blog, el porcentaje de población mundial que vive en las ciudades es en este momento del 55% y se espera que para 2050 sea del 66,6%. En Europa y en España los porcentajes son ya mayores, nadie quiere vivir en el campo y todo el mundo abandona el medio rural para irse a vivir a las ciudades. Los hay que prefieren las urbes muy grandes, como yo, y los hay que buscan la vida más sencilla y de mayor calidad ambiental de las ciudades pequeñas y medianas, en donde ahora mismo se vive muy bien. Siempre he pensado que, hasta los 15 o 16 años, donde mejor se está es en el campo, donde uno se puede formar en las cuestiones básicas. Pero luego hay que largarse, si no se quiere acabar embrutecido y medio alcohólico. No obstante, este es un tema en el que no puedo ser imparcial: yo siempre he vivido en la ciudad, todavía no me he recuperado de la impresión que me produjo Madrid cuando llegué hace más de 50 años y, si no me he ido a una urbe más grande, como París, Londres o Nueva York, es porque no he tenido ocasión de hacerlo.

El caso es que la falta de oportunidades vitales para la gente joven medianamente instruida o inquieta lleva a muchos a irse a las ciudades, algo que sucede en todos los continentes. A esto hay que añadir los emigrantes económicos, las familias que se desplazan para huir de la miseria, el hambre o las guerras, más los que ven su medio natural arruinado por el cambio climático. Todo el mundo se va a las ciudades y los grandes poderes no parecen tener alternativa a este movimiento global. Si no se remedia, nos encaminamos a un modelo territorial basado en un sistema de ciudades de distintos tamaños, separadas por una especie de desierto y unidas por los modernos medios de comunicación: las autopistas y los trenes de alta velocidad, por no citar a los aviones. La población urbana va a sufrir un incremento exponencial en los años venideros. Y el problema es que las ciudades no están preparadas para acoger esa avalancha que se pronostica y proporcionarle un alojamiento digno, seguro y con unas condiciones mínimas de confort.

La ONU está muy preocupada por este fenómeno. En la pasada conferencia Habitat III, celebrada en Quito en 2016, se diseñó una Agenda Urbana Mundial, a la que las ciudades pueden adherirse para orientar sus políticas hacia el objetivo de conseguir un medio urbano inclusivo, seguro, resiliente y sostenible (los cuatro adjetivos mágicos, que definen el modelo al que queremos llegar). Hemos usado ya dos veces la palabra seguro y les aclaro que en el lenguaje de la ONU esto no tiene nada que ver con la seguridad frente a catástrofes naturales, que se engloba en el concepto resiliente. Se da por hecho que va a haber huracanes, sequías, inundaciones, incendios, etc.  y el concepto de resiliencia define precisamente la capacidad de las ciudades para resistir esos problemas y levantarse después. La ciudad segura a la que debemos tender es una ciudad en la que puedas vivir de forma tranquila sin que te maten, te atraquen o te violen. Y eso afecta en primer lugar al interior de la vivienda, hemos visto como en estos días han asesinado a un chef español en su domicilio en la ciudad de Tijuana y a un surfista coruñés en su propio bar en una isla filipina. En el tercer mundo hay un nivel de inseguridad tremendo (piensen solamente en Honduras, por ejemplo).

Pero la seguridad ha de extenderse también al espacio público, escenario de la vida urbana, por donde la gente ha de poder pasear sin que le asalte nadie. La percepción del espacio urbano es muy diferente en el hombre y la mujer. La mujer es mucho más prudente y percibe antes las señales de peligro. Es falso que sea más miedosa. Lo que pasa es que en el papel social que tiene grabado a fuego en su carácter desde tiempos inmemoriales, la mujer es la que tiene la preocupación por la seguridad del grupo, de los niños, de la familia entera, mientras que el hombre tiene igualmente grabado a fuego el hacer alarde de valor, la emulación, la chulería, el mostrarse despreocupado y minimizar los peligros potenciales. Seguro que usted, querido lector/lectora, ha vivido alguna vez la situación de tener que pasar por un espacio que la parte femenina de la pareja se niega a atravesar, mientras la parte contraria anima a seguir: vamos, hombre, que no pasa nada. Un buen diseño del espacio público es aquel en el que ni las mujeres ni los niños deban verse obligados a pasar miedo.

Pero la ONU tiene otra preocupación básica. Las ciudades deben de ofrecer a esa avalancha presunta de nuevos pobladores urbanos una vivienda asequible (el otro adjetivo clave: affordable housing). Esto quiere decir una vivienda a precios de compra o alquiler al alcance de los bolsillos de estos nuevos urbanitas. Lo que es algo muy difícil de conseguir mientras la vivienda sea un producto considerado como inversión económica y no como un servicio básico para la población. La vieja disyuntiva marxista entre el valor de uso y el valor de cambio. ¿Cómo hacer para que las ciudades de todos los continentes puedan alojar a sus nuevos pobladores? Difícil cuestión. La ONU está tan preocupada que ha nombrado un relator para que estudie el problema y proponga soluciones. La persona elegida se llama Leilani Farha y era hasta entonces una activista anti-desahucios de Toronto, una especie de versión canadiense de la señora Ada Colau antes de que se metiera en política. Aquí pueden ver su imagen.




Leilani es una mujer excepcional y puedo decirlo de primera mano porque tuve la ocasión y el privilegio de verla y escucharla en directo en el congreso al que asistí este verano en Lyon, en donde representé a la ciudad de Madrid en un momento de vacío de poder en el área de urbanismo, como ya se contó en el blog. Fue en un acto con el formato estándar que se ha generalizado para los congresos en los últimos tiempos. Hay un escenario ligeramente elevado respecto al patio de butacas, sobre el cual, una presentadora seguramente profesional, muy mona, súper maquillada y con unos tacones despampanantes, va presentando a los sucesivos oradores, todos sentados en la fila 1 del patio. Uno a uno va diciendo: y ahora tengo el placer de presentar a Fulanito, que es experto en X o director general de Y. La chica lee un breve curriculum del tipo y termina diciendo: Fulanito, por favor, cuando quieras. Sólo entonces, el Fulanito de turno se pone en pié y camina hacia uno de los extremos del escenario, donde ha de subir los escalones correspondientes, todo ello con la prosapia y la parsimonia de los oradores imbuidos de su propia importancia: terno oscuro, corbata azul marino, gesto grave, paso lento, una carpeta con las notas balanceándose en una mano y el aire general de ser consciente de ser una personalidad que se merece de largo estar en ese foro.

Salvo cuando nombraron a Leilani. No había terminado la locutora de leer su curriculum, cuando esta mujer echó literalmente a correr, no a grandes zancadas, sino levantando los pies del suelo lo mínimo, como disimulando, mientras miraba de reojo al público, en una actitud casi cómica, como de dibujo animado, pero que revelaba que no tiene tiempo que perder. Leilani es recia, no muy alta, piernas fuertes de ciclista, verbo encendido, oradora apasionada y convincente que difunde sus denuncias con ardor, con la indignación furiosa de estar explicando asuntos muy graves e insólitos. Su discurso es muy claro: la vivienda es un derecho básico del ser humano y es indecente comerciar con él. Las administraciones deben proteger a los ciudadanos y cuidar de que tengan acceso a una vivienda digna. Y una de sus proclamas más encendidas: nadie está obligado a aceptar lo inaceptable. No les extrañará saber que no se quedó al cóctel posterior, lo que impidió que me acercara a ella y le diera dos besos.

Entre otras actividades, esta mujer ha empleado el dinero de la ONU en hacer un documental, que se llama Push y que les recomiendo vivamente que vean. Toda la investigación de esta mujer está en las imágenes de este film de hora y media, que más abajo les digo cómo encontrar. Leilani se asoció con un director sueco llamado Fredrik Gertten que la fue filmando en todas sus andanzas incansables por diferentes ciudades del mundo. En el documental intervienen entre otros el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz y la socióloga urbana Saskia Sassen, una referencia mundial del urbanismo contemporáneo. Ambos explican que el negocio inmobiliario esta financiarizado, que hay grandes inversoras multinacionales que financian la construcción de enormes rascacielos de apartamentos que nunca se ocupan (como los que vi yo en Vancouver, por ejemplo) porque al inversor, que es una sociedad tapadera de Hong Kong o de Singapur, le da igual que las viviendas se lleguen a ocupar o no, el negocio es el mismo para él. El negocio está financiarizado y también deslocalizado.

Grandes edificios de vivienda sin ocupar y miles de personas sin hogar, como las hordas que yo pude ver en las calles de San Francisco y Los Ángeles. Los dos extremos que definen la paradoja de un escenario insoportable. En el documental se empieza hablando de gentrificación, de cómo los habitantes originales de los barrios centrales van siendo expulsados por la subida inmoderada de los precios. Pero gradualmente se llega al meollo del asunto: la financiarización y deslocalización del mercado. Y, hacia el final del documental, aparece también el novelista italiano Roberto Saviano, que ha de ir a todas partes con escolta porque la mafia ha prometido matarlo, tras publicarse su novela Gomorra. Este señor explica con pelos y señales cómo la construcción es el principal instrumento de lavado del dinero de la droga, la prostitución y los demás mercados generadores de dinero negro. El visionado de Push es ciertamente impactante. Leilani y Gertten están promocionando el film por todo el mundo. De momento lo han exhibido en Alemania, Gran Bretaña y todos los países nórdicos. En España se ha proyectado sólo en Barcelona, gracias a Colau. Vean aquí una foto de los dos artífices de la película en alguna de sus actividades de promoción.





Algunos datos adicionales. Según JLL, una de las mayores consultoras del sector, la inversión directa en propiedades inmobiliarias alcanza un monto total de unos 650.000 millones de euros anuales, con cifras que ya han superado las anteriores a la crisis de 2007. La locomotora que guía este potente sector es la economía de los USA, que va como un tiro, lo cual no es contradictorio, sino al contrario, con el hecho incontestable de que cada vez hay más homeless en las ciudades americanas, especialmente en las de la Costa Oeste, donde la economía ha remontado con más fuerza. Otro dato clave: el precio de una vivienda se compone de tres factores: el suelo, la construcción y un tercer sumando de gastos adicionales (impositivos, de gestión, hipotecarios, el beneficio de los diferentes profesionales involucrados, como los arquitectos, etc.) Pues bien, en las últimas décadas, el coste de los apartados dos y tres no se ha incrementado significativamente, incluso ha bajado en términos absolutos. Es el suelo el que sube de manera incontrolada, es el suelo con lo que se especula. 

¿Cómo solucionar esto? Pues no lo sé. Si lo supiera, sería yo el presidente y no Pedro Sánchez. Lo único que puedo decir es que ayudan a controlar el precio del suelo las políticas de incremento del patrimonio público, la creación de parques públicos de vivienda en alquiler y otras medidas como las que adoptan en los países nórdicos, en Holanda y Alemania. Pero esto daría pie a un post específico completo, o varios. Perdón, he dicho Holanda y resulta que desde el 1 de enero ya no se llama así: ahora se llama Los Países Bajos, porque eso contenta a los frisones y otros pueblos integrados en ese estado, además de los holandeses. Qué quieren que les diga, a mí llamarle Los Países Bajos a Holanda me suena como llamar a los calzoncillos La Ropa Interior, dicho esto sin ánimo de ofender a los habitantes de esa noble tierra que adoro y visito siempre que puedo.

En fin, yo creo que lo mejor es que intenten ustedes ver la película Push, les prometo que merece la pena. ¿Y cómo se puede conseguir? Pues en este momento sólo es posible a través de la plataforma digital Filmin. No me gusta hacer propaganda de empresas privadas en este foro, y les juro que no voy a comisión, pero Filmin es una plataforma española, con un catálogo amplio y totalmente segura. Uno se registra, da sus datos, incluido el número de cuenta al que quiere que le pasen los cobros y luego puede pedir la película que quiera y tiene 72 horas para verla las veces que desee. Cada película vale entre 2 y 4 euros. Push se puede contratar por 3,75, pero también pueden ustedes hacer como yo: pagar 15 euros por un vale de cinco películas. Después cada película que se solicita, se va descontando del vale pagado (estos vales no caducan). En fin, ustedes mismos. Si quieren saber lo que hay detrás del negocio inmobiliario y por qué el fondo buitre Blackstone es ahora mismo el primer propietario de vivienda social en Suecia (y el titular de un montón de pisos de la EMV de Madrid, que la señora Botella les vendió con bicho) no tiene más remedio que apuntarse a Filmin y ver con mucha atención esta película. Yo se la recomiendo. Y les dejo con el cartel que la anuncia. Sean buenos.




jueves, 9 de enero de 2020

900. Un actor turco y cuatro monos

Si hay algo que me gusta es adelantarme a las noticias y contarles a ustedes algo antes de que aparezca en la prensa generalista. A lo largo del blog ha sucedido innumerables veces. En este foro se habló, por ejemplo, del óptimo climático medieval y la pequeña edad del hielo unos cinco años antes de que se empezaran a publicar artículos al respecto. El País Semanal dedicó este pasado diciembre un amplio reportaje a la escritora nigeriana Chimamanda Adichie, a la que ustedes ya conocían desde el 2 de agosto de 2018, gracias a mi post alertando de los peligros del discurso único. Y pudieron ver el vídeo de las mujeres chilenas cantando a coro el violador eres tú, en la noche del viernes 29 de noviembre, exactamente a partir de la publicación de mi post a las 21.35 de ese día, antes de que el asunto se viralizara y apareciera en todos los medios al día siguiente. Por los pelos pero también me adelanté esa vez. Son tres ejemplos de noticias adelantadas en el blog previamente a su difusión masiva, permítanme que me congratule, me ufane y me vanaglorie de ello, ya saben que soy presumido dentro de un orden.

Esta vez, en cambio, les voy a contar una historia que ya salió ayer en todos los medios, así que quizá muchos de ustedes la conozcan, pero la traigo aquí porque es cojonuda. Resulta que, como sabrán si son asiduos televidentes, hay toda una línea de telenovelas turcas llenas de amores apasionados, adulterios, traiciones y dramas tremendos, que en los últimos tiempos han desplazado de la parrilla a los tradicionales culebrones latinoamericanos que la ocupaban anteriormente. Todas las jovencitas sin mayores inquietudes intelectuales, las que se compran el Diez Minutos, el Pronto o el Qué me dices! para estar al tanto de las novedades sobre Belén Esteban o Isabel Pantoja, devoran cada tarde esas series turcas que a menudo las hacen llorar o les provocan sueños húmedos con los galanes que las protagonizan. Y entre estos galanes, parece que el que más seguidoras tiene es un actor que se llama Can Yaman, del que pueden ver abajo una foto, que explica por sí sola el entusiasmo de sus seguidoras.




El caso es que este apolíneo y ebúrneo jovenzano fue entrevistado el pasado verano por el programa de cotilleos Cazamariposas, con gran surtido de chillidos histéricos de las adolescentes que asistían en el plató a la entrevista emitida en directo desde Turquía. En esa entrevista, Yaman desveló que a final de año debía cumplir con el servicio militar obligatorio de su país, para lo que tendría que cortarse la barba y la melena (que en la imagen de arriba lleva recogida en una coleta pabloiglésica), asunto del que dijo que no le importaba demasiado, que incluso empezaba a estar un poco harto de su imagen de amable bandolero seductor. Ayer, parece que finalmente pasó por la barbería y, como hacen todos los famosos, se apresuró a colgar en su perfil de Instagram una foto con su nueva imagen. Le acompaña un amigo, o tal vez el propio peluquero, enfundado en una camiseta de Zara. Y el rostro rasurado del guaperas es toda una sorpresa. Véanlo.



No me digan que no es acojonante. Si un día este señor se queda sin trabajo como actor, podría venir a España, donde rápidamente le buscarían un empleo como doble de quien están ustedes pensando. Como se pueden imaginar, la historia se ha viralizado y circula ya por todos los Whatsapps y redes diversas en donde suscita toda clase de comentarios (algunos sugieren que mandemos a Sánchez a Turquía a hacer la mili y nos traigamos al guaperas a España). Así que, aunque no se trate de una primicia y ya la conocieran, estoy seguro de que nadie se lo ha contado tan bien como yo, de lo cual, con su permiso, igualmente me congratulo, me ufano y me vanaglorio. Cambiando de tema (o no), por fin tenemos Gobierno, ya era hora. Volví a ver enteras las intervenciones del último día (no la votación que es un coñazo) y saqué algunas conclusiones adicionales.

Para empezar, la constatación de que Aitor Esteban, del PNV, es de largo el parlamentario más dotado de la cámara. Este señor, que en su día se intercambiaba florilegios verbales y ripios divertidísimos con Rajoy, estuvo sublime, igual que el primer día. Confirmé mi impresión negativa sobre el bufón Calabacillas, que estuvo otra vez penoso. Y la señora Arrimadas me volvió a parecer una joven pizpireta y alocada, un tanto patética, que quedaría muy bien de extra en la película de Almodóvar, frotando sábanas en el río y cantando coplillas de pie quebrado. Abascal me impresionó menos que otras veces y me parece que mostró las limitaciones de su movimiento. Y repito que cada vez me disgusta menos Pablo Iglesias, cuyas lágrimas finales me parecen sinceras y dicen mucho de su lado humano. Errejón, bien también, en su línea, pero ya saben que respecto a este caballero no soy imparcial.

En cuanto a las posibilidades de supervivencia del aun nonato Gobierno, pues siento decirles que soy pesimista. Creo que va a durar dos telediarios. Y mi convencimiento no tiene nada que ver con el tumulto permanente que están dispuestas a orquestar las tres derechas. Con la barahunda apocalíptica, el estruendo horrísono, la bulla atronadora, la batahola cacofónica que han empezado ya a montar (yo los vi, delante de las Cortes, y eran tremebundos, aunque ciertamente pocos). Mi pronóstico inusualmente agorero no tiene nada que ver con ese aquelarre continuado que promete la derecha. Considero a Sánchez, el resistente, el que trabaja mejor bajo presión, muy capaz de aguantar tan estentórea algarabía durante cuatro años de mandato sin que se le altere un solo pelo de su tupé impecable. ¿Por qué entonces pienso que no va a durar? Pues por un único factor: los catalanes. Sigo opinando que los independentistas, una vez que han constatado que su meta es inalcanzable, tienen ahora mismo un solo objetivo: dar por culo. Si los de ERC se han abstenido en la votación es porque, después de sesudos debates internos, han llegado a la conclusión de que de esta forma las posibilidades de dar por culo son superiores y con mayor resonancia internacional.

Pero yo quiero hoy centrar su atención en un aspecto marginal. Les pido que vean cualquier vídeo de las tres sesiones de investidura, da igual, un simple resumen de dos minutos, el que quieran. Verán un orador en primer plano. Pero si miran al fondo, descubrirán a una serie de parlamentarios sentados en sus escaños, TODOS consultando su móvil. Es increíble, pero si no se creen lo que digo, hagan la prueba. El Congreso de los Diputados es una representación de lo que sucede en la sociedad. Y por la calle todo el mundo va ya mirando el móvil. Hace unos años, una película que les he recomendado varias veces: Her (Spike Jonze 2013) nos mostraba un futuro distópico pero que siete años después se ha demostrado premonitorio. En este film, que nos cuenta cómo un extraordinario Joaquin Phoenix se enamora de su sistema operativo (cuya voz es la no menos extraordinaria de Scarlett Johansson), las calles, los pasillos y los bares aparecen todo el tiempo llenos de gente ensimismada mirando sus móviles. Pues ahora no hay más que salir a la calle para ver ese escenario.

La gente no deja de mirar su móvil ni cruzando la calzada, ni bajando las escaleras del Metro, lo que es muy peligroso, además de ralentizar mucho la marcha para los que tienen prisa. Los VTC, que son una plaga en el centro de Madrid, llevan unos conductores que no saben nada de la ciudad y que, cuando no saben por dónde ir, se paran en el medio y consultan el tontón. En cuanto hay una retención, no falla: un VTC que se ha parado en el centro de la calzada sin saber qué hacer. Incluso los médicos alertan de los efectos para la columna vertebral de caminar todo el rato mirando el móvil. Aquí tienen un gráfico con los pesos equivalentes para el cuello que suponen los diferentes ángulos.


En relación con ello también quiero que vean un vídeo que circuló por las redes hace ya al menos dos años. Aquí, a la vista de la situación, se sugiere un nuevo sector laboral, que puede convertirse en el trabajo del futuro: acompañante de mirón de móvil callejero. Está en inglés, pero ¿qué problema es ese para unos seguidores políglotas como ustedes?


Todo esto tiene relación con los tres monos tradicionales que habrán visto docenas de veces y que representan la moderna alienación del ciudadano pasivo, el tipo domesticado por el sistema, que sobrevive apoyando toda su conducta en tres principios: no ver, no oír y callar. Por si lo desconocían, estos tres monos son un símbolo japonés, en cuyos templos aparece representado desde el Siglo XVI, posiblemente relacionado con los códigos de conducta de Confucio, que aun se llevan a rajatabla por todo el Oriente Lejano. Después, esta imagen se incorporó a la idiosincrasia del Siglo XX, donde ha aparecido en innumerables textos, ilustraciones y hasta en comics, como el que ven abajo, sacado de una tira de la genial Mafalda. Es el tipo de alienación por los medios de comunicación que ya profetizó Marshall Mc Luhan, que no vivió lo suficiente para llegar a ver cómo los móviles han colonizado nuestras conciencias.
Pero ahora estamos en el Siglo XXI y hay que estar perfectamente alienado, para poderse tragar por ejemplo el discurso de la derecha, derivado únicamente del berrinche infantil de no haber ganado el poder y tener que ver cómo se lo lleva la izquierda; cómo el PSOE vuelve a sacar más votos que ellos, a pesar de que se han pasado siete meses (de abril a noviembre) proclamando a los cuatro vientos que Sánchez es un felón, un okupa y un pedorro (y encima padece halitosis), utilizando para ello sus potentes altavoces mediáticos. Y llegan las nuevas elecciones y comprueban que la gente no se ha tragado el sapo. Tiene que ser muy frustrante. Así que, para comerle adecuadamente el coco al ciudadano pasivo, ya no basta con no ver, no oír y callar. Falta un cuarto mono: el que mira el móvil todo el rato, el que resume la conducta de los otros tres: no ver, no oír, callar y mirar el móvil. Así lo ha entendido este dibujante francés con el que aprovecho para despedir este post, no sin antes desearles que pasen un buen día y que se relajen, que ya viene el fin de semana. Sean felices. Y no se pillen berrinches, que es muy malo para el corazón.