viernes, 13 de diciembre de 2019

892. Recovering myself VII

Retomo el título de una serie que terminé con la sexta entrega hace más de un año, a punto de salir de viaje para Chicago para participar en el workshop presencial de 2018 de la red LUP (Land Use Planning), una de las sub-redes de la organización C40, que dirige mi amigo Flavio Coppola, a quien conocí en San Francisco, durante mi periplo más bloguero, y volví a ver en ese viaje a Chicago que se anunciaba en el post citado. Quiero resumirles hoy lo que ha sido mi trayectoria laboral desde entonces, cómo ha evolucionado el asunto Reinventing Cities y cómo todo ello ha incidido en mi decisión de liarme la manta a la cabeza y seguir en el trabajo hasta que se me permita, es decir, hasta febrero de 2021. El título me viene muy bien, porque es una referencia camuflada a Reinventing, programa del que acabamos de lanzar la segunda edición y al que no quiero citar en el título. Si citas un tema en el título, inmediatamente aparece en los buscadores de Google. Y ahora mismo no me interesa que los que buscan información técnica sobre Reinventing-2 entren en este foro, en donde yo cuento algunas cosas que quizá no debería contar, pero ya saben que tengo un punto de imprudencia, al amparo del escaso volumen de lectores que me siguen (según el contador, entre 30 y 40 fieles seguidores). Digamos que lo mío es una imprudencia prudente.

En Chicago me lo pasé muy bien, aunque en el workshop del año anterior en Portland hice más amigos. En Chicago renové mi amistad con Flavio y con Shannon Ryan, a los que ya conocía, confraternicé bastante con Horacio-que-no-se-llama-Horacio, mi colega de Barcelona, y también me resultaron atractivos Giselle, de Curitiba, Marcelo, de Sao Paulo y el gran Eric, un negro gay gigantesco y expansivo, que venía en representación de Washington DC y que nos atronaba con sus risotadas contagiosas. Por cierto que a Eric lo despidieron fulminantemente del Ayuntamiento a la vuelta del workshop. Entonces decidió cogerse un tiempo sabático y se fue a la costa brasileña, desde donde nos mandaba fotos en tumbonas de playa sujetando caipirinhas, ironizaba sobre su situación de parado y se ofrecía como canguro eventual por un módico sueldo para cualquiera del grupo que lo necesitara. Un crack, el gran Eric.

Casi sin tiempo de recuperarme, viajé a Chile tres semanas con mi panda de Ciudad Real y afronté el último tramo de 2018 en el que los finalistas de Reinventing-1 empezaban a desarrollar los anteproyectos que debían presentar a la segunda fase del concurso. El plazo que tenían terminaba el 15 de marzo, ya en este año. Antes de eso, fui a París y Lille a ver a mis hijos y dar un par de charlas en dos de sus universidades respectivas. En abril reunimos al jurado para elegir los ganadores de cada una de las parcelas del concurso. Y, en la semana previa a las elecciones locales, mi jefa, mi compañera M. y yo viajamos a Oslo para la proclamación de los vencedores de todas las ciudades implicadas. Allí lo pasamos también genial y descubrimos que solamente cinco ciudades habían completado el proceso en plazo y Madrid era una de ellas.

A continuación vino la debacle electoral de la señora Carmena, que me hizo dudar muy seriamente si era ya el momento de marcharme a mi casa. Pero mi jefa me pidió seguir un poco, después llegó el nuevo equipo con mi amigo Kordineitor al frente del staff técnico y, entre todos me han convencido de seguir. Entre los factores clave que me han llevado a tal decisión, esta el hecho de que a mi jefa la han mantenido y potenciado, que los trabajos que teníamos en marcha les han gustado a los nuevos, que mantenemos hasta el nombre de la unidad (Planificación Estratégica) y que han apreciado especialmente Reinventing Cities. Respecto a los cuatro proyectos que seleccionamos como ganadores, tengo que decir que estamos ahora en plena negociación con los equipos, para ver cómo y en qué condiciones les cedemos las parcelas correspondientes. Es un asunto difícil, del que todavía no tenemos unos resultados de los que presumir mucho. Les iré contando lo que se pueda.

Pero la red C40 sigue su propio devenir. Como les he explicado, esta red, que en estos momentos agrupa a 96 grandes ciudades de todo el mundo, cuenta con un órgano político constituido por la asamblea de todos los alcaldes, que se reúne en un magno congreso que se celebra cada tres años y en el que se elige al presidente para el período siguiente, a la manera de las comunidades de propietarios. En el verano de 2016 se celebró ese congreso en Ciudad de México y allí salió elegida la señora Anne Hidalgo, alcaldesa de París. Como saben, ese es el origen de Reinventing Cities, un programa propuesto por esta señora, a imagen y semejanza del Reinventer Paris que el Ayuntamiento de la capital gala había organizado antes por su cuenta. En consecuencia, este año tocaba nuevo congreso de C40, y ese congreso tuvo lugar en octubre, en Copenhague.

Tengo que contar que, como es natural, invitaron a ese sarao a los alcaldes de las 96 ciudades y que el de Madrid declinó la invitación, imagino que por miedo a que le regañaran por sus ataques a Madrid Central. Ahí estuvo al quite Begoña Villacís, a la que ya he conocido personalmente y es una mujer muy guapa y de trato muy agradable. Villacís fue a Copenhague al frente de la delegación de Madrid y firmó el documento por el que las ciudades de C40 se comprometen a continuar la lucha contra el cambio climático, con una batería de medidas y actuaciones concretas. También estábamos invitados al sarao los tres mosqueteros de Reinventing Cities (C40 está muy contenta con nosotros) lo que pasa es que al final sólo fueron dos, porque el tercero estaba cazando lémures por Madagascar. Este era un viaje que tenía yo organizado desde mucho antes, y por eso no fui a Copenhague.

Estaba yo en Antsirabé visitando la estación de tren, esa de la que sale el único tren de la isla, que tarda once horas en hacer 170 kilómetros, cuando me llegó un whatsapp desde Copenhague. Mi jefa y mi compañera M. me mandaban unas fotos suyas y me decían que me estaban echando mucho de menos. No me resisto a subir al blog una de estas fotos. Si un día alguna de ellas entra en este foro, espero que no le moleste. Es una foto en la que están muy guapas y me hizo mucha ilusión recibirla en medio de mi aventura africana.


En Copenhague, se procedió a votar al nuevo presidente de C40 (no insistiré más en la opción que hubiera tenido Carmena, porque ya saben que el hubiera no existe) y resultó elegido el alcalde de Los Ángeles Eric Garcetti, es decir, el jefe de mi amiga Shannon Ryan durante los últimos años. Cuando yo la visité en Los Ángeles, estaba en la oficina del alcalde. En realidad, el presidente de C40 se elige por votación secreta antes del congreso y en Copenhague todo el mundo sabía ya a quién se iba a proclamar. A mí me lo contó mi amiga Julia López Ventura, así que llamé a Shannon por si iba a viajar con su jefe, para que saludara a mis compañeras. Fue entonces cuando me contó que ya no estaba en la oficina del alcalde, sino que había vuelto a su puesto anterior en el Departamento de Planeamiento Urbano. Y que, por tanto, no iba a Copenhague.

Y el nuevo presidente de C40 ha decidido mantener el concurso Reinventing Cities, del que Hélène Chartier ya tenía todo preparado para lanzar una segunda edición. Igual que hace dos años, hemos tenido hasta mediados de noviembre para presentar la carta de adhesión, que esta vez ha firmado Villacís. Y, más o menos en ese momento, yo decidí seguir hasta el final de 2020. A partir de estos dos hechos, hemos empezado ya la previsible vorágine de trabajo. El pasado día 4 de diciembre hicimos el acto de presentación a la ciudad de esta segunda edición. Vean primero la convocatoria que mandamos a todo el mundo. Puro rock'n roll.


Utilizamos el llamado International Lab, un edificio municipal de la calle Bailén. Presidió el Concejal y me tocó hacer de moderador, igual que hace dos años. Vino mucha gente (contamos 70 asistentes) y tuve ocasión de hacer una pequeña travesura. Durante todo el acto, estuvo en el centro del escenario un globo terráqueo, que la gente interpretó que formaba parte de la decoración, en alusión a la cumbre del clima y todo el tema medioambiental que promueve C40. Vean estas dos fotos que nos hicieron, en donde la Tierra aparece como protagonista destacada en el centro.



En realidad, el globo era una pelota de playa. La había comprado yo en una juguetería creativa de Malasaña la tarde anterior y la había inflado por la noche. Como llegué el primero, para organizar toda la logística del acto, la deposité en el centro del escenario (pueden imaginar las miradas que suscité cuando caminé desde mi casa hasta Bailén, medio de noche todavía, llevando ese balón de playa en la mano). Pero el objetivo de ese elemento no era solamente decorativo. Terminadas las intervenciones principales, anuncié que comenzábamos el turno de ruegos y preguntas y que iba a ser un turno innovador y colaborativo. Al que levantara la mano para hacer una pregunta le lanzaríamos el globo. Aquí tienen un vídeo que tomó mi compañera de la derecha en la mesa, de cómo se inició esta gamberrada, que nadie en la mesa ni en la sala sabía que iba a perpetrar. Al final, la cosa gustó a todo el mundo (aunque en el vídeo he descubierto a un matiti, a la izquierda en primera fila, que está abstraído con su móvil y es el único que no se ríe).


Ayer por la mañana acompañé a mi jefa y a Kordineitor a contar este proyecto (y otros) ante el Foro de Empresas por Madrid, un grupo de empresas de las grandes, que ayudan al Ayuntamiento en determinados proyectos, y ante el cual fuimos también en su día a publicitar el Reinventing-1. Allí es donde vi por primera vez en directo a Begoña Villacís, que es muy simpática y me saludó con un par de besos, como si me conociera de toda la vida. Les juro que me sentí como el sapo del cuento que se convierte en príncipe. Me queda ahora una semana de trabajo, antes de irme de vacaciones navideñas. El viernes día 20 será mi primer día de asueto. Para entonces tenemos que tener acabadas un montón de cosas relacionadas con Reinventing. Y, por cierto, qué delicia estas tres semanas de cuatro días lectivos con que estoy terminando mi penúltimo año laboral. Así deberían ser todas. Que pasen un buen finde.

domingo, 8 de diciembre de 2019

891. Emociones, afinidades y conductas censurables

Como vieron en el post anterior, a veces el componente emocional pasa a primer plano y sin que uno sepa por qué, de pronto los sentimientos afloran y condicionan todos tus razonamientos. Se lo creerán o no, pero aun ahora yo no puedo escuchar el vídeo de Melissa Etheridge y Bruce Springsteen sin que se me ponga un nudo en la garganta. No sé si es la puta Navidad, o el trance de haber tenido que decidir si quedarme en el curre hasta el final o no, o las historias de penurias físicas que me han contado algunos amigos muy próximos y que obviamente no voy a desvelar aquí. Si que les contaré que me ha escrito mi amiga Barbara Chabbal desde Tours, para anunciarme que vendrá uno de estos días a Madrid con su familia (marido e hija pequeña) y que estaría encantada de verme para presentármelos. 

Barbara formó parte del equipo que trabajó conmigo en Sri Lanka, trabajo en el que ambos llegamos a estar muy unidos, porque Philippe le cogió manía y se dedicaba a putearla, estrategia ante la que los demás miembros del grupo miraban para otro lado, mientras yo me erigí en su protector y paño de lágrimas (sin que ello implicara que yo no reconociese que Philippe tenía parte de razón). Philippe es alguien muy austero y estoico, que hace bandera de esa doble cualidad, muchas veces cercana a la cutrez, lo que chocaba con Barbara, que sostenía que unas mínimas condiciones de confort son necesarias para poder trabajar mejor. 

Recuerdo una ocasión en que Barbara decidió que ella se iba a un hotel bueno en Colombo. Yo la apoyé y nos alojamos los dos en el Galadari, un lugar bastante lujoso, mientras el resto del equipo se pillaba un apartamento en el centro, con unos muebles mínimos en los que no se podían ni desplegar unos planos, sin aire acondicionado (en pleno ecuador) y con un baño de higiene regular. Pongo esto como ejemplo puntual de una grieta que se formó en el equipo y que afectaba a la concepción y desarrollo de todo nuestro trabajo. Desde que entregamos el proyecto LASDO en Colombo, a finales de 2003, los franceses del equipo apenas se veían entre ellos, eso solamente sucedía cuando yo iba a París y los llamaba uno a uno para reunirnos todos a comer (en el blog subí alguna foto de estas comidas, enhebradas en torno a la nostalgia). 

Hablé pues con Barbara el otro día y enseguida caí en la cuenta de que no sabía nada de la actual situación de salud de Philippe, internado en una residencia en las afueras de París con la mitad de su cuerpo paralizado. Ella no ha tenido contacto con él desde que se fue a Tours hace unos tres años. Allí su marido tiene un buen trabajo y ella ha empezado a currar como decoradora de interiores, algo que siempre le gustó. Me tocó, pues, contarle las penosas novedades de Philippe, y se echó a llorar y estuve yo también a punto de lo mismo. Nuestra conversación tuvo lugar antes de mi decisión de seguir en el curre un año más, así que le conté mi proyecto de dar la vuelta al mundo visitando a mis amigos de todas las ciudades. En tono perentorio me dijo que se iba a enfadar mucho conmigo si no incorporaba una parada en Tours, para estar unos días con ella y los suyos.

Todo esto me lleva a un tema que hemos podido ver estos días en la prensa. A Pablo Iglesias lo han pillado en el congreso hablando distendidamente y entre risas con Espinosa de los Monteros, de Vox, Inés Arrimadas y otros. Y rápidamente han salido a criticarlo algunos gilipollas, como Rufián, un tipo que me estaba empezando a caer mejor, pero que de nuevo ha hecho honor a su apellido. La deriva un poco más moderada y pactista de Podemos en estos últimos tiempos ha llevado también a toda la plana mayor del partido en Baleares a dimitir, encabezada por un señor de largas melenas, llamado Balti Picornell, que fue presidente del Parlament balear y como tal se reunió con el rey Felipe en unas vacaciones, provocando una foto que me pareció cojonuda y subí al blog con una serie de comentarios. Parece que ese contacto con el Rey no le ha hecho a este hombre abjurar de sus prejuicios y ahora abandona Podemos, porque, en sus propias palabras, Pablo Iglesias lo está convirtiendo en un apéndice del PSOE.

Pero, vamos a ver, ¿en qué quedamos? ¿No estamos pidiéndoles a los políticos que negocien, que hagan coaliciones aunque sus ideas sean diferentes, que formen gobierno de una puta vez? La actitud de Pablo Iglesias en estos momentos me parece impecable y mejor le hubiera ido si hubiera aplicado ese pragmatismo a la hora de afrontar las pasadas elecciones locales y autonómicas. Discúlpenme, pero este es un tema que no le puedo perdonar a Iglesias. Si hubiera tenido un poco de talento político, si hubiera sido más listo, ahora tendríamos a la señora Carmena de alcaldesa (y tal vez de presidenta del C40) y a Gabilondo de presidente autonómico, con Errejón de vicepresidente. Nunca ha tenido tan fácil la izquierda ganar en Madrid, nunca se ha enfrentado a unos candidatos de la derecha tan flojos.

Pablo Iglesias la cagó entonces y ahora lo está haciendo bien, en mi opinión. ¿Por qué? Pues porque sería de tontos ponerse estupendo y purista y dejar perder la posibilidad de formar un gobierno de izquierdas. Mucho mejor colaborar a que se forme ese gobierno y luego desde dentro tratar de que sus políticas sean de verdad sociales y distributivas, pero sin extremismos ni urgencias. Ya sé que la cuadratura del círculo depende en última instancia de los catalanes, cuyo fin último (mientras no nos demuestren lo contrario) es dar por culo y cuyo debate interno es ahora mismo si es más útil dar por culo evitando que se forme gobierno, o dejar que se forme para dar por culo luego desde el sistema. Pero al menos hay que intentarlo y creo que Pablo Iglesias se está esforzando en ello.

¿Y por  qué creen ustedes que este señor ha dado un cambio tan radical? Pues yo lo tengo muy claro: porque tiene tres niños pequeños y eso de enseñar a los nenes a hacer los cinco lobitos es algo que marca emocionalmente y lo digo por propia experiencia. Entre otras cosas, si no fuera por eso no viviría en un chalé en Galapagar. Y esto nos conecta con el arranque de este post: la importancia del factor emocional. Este Pablo Iglesias es otro, sin duda. ¿Y qué decir de Arrimadas? Durante los últimos años se comportó como una bruja, tal vez por fidelidad a Rivera, protagonizando episodios tan penosos como el del desfile del orgullo gay del año pasado. Sin embargo ahora está iniciando una deriva mucho más pragmática y razonable. Incluso ha quedado a tomar un té con pastitas con Sánchez, ese mismo con el que Rivera no quería ni encontrarse por la calle, el de la banda, el sanchismo y la Moncloa como habitación del pánico. Lo que era antes Arrimadas, se intuye en esta imagen, no muy conocida entre el público (ya saben que yo me consigo fotos que nadie tiene).


Tal vez de esa sabidilla pizpireta y medio bruja que se ve en la foto ya no quede nada. Ojalá que en ese té con pastitas con Sánchez surja la chispa de Cupido (políticamente hablando). ¿Y a qué creen ustedes que se debe esta transformación? Pues yo no tengo dudas: Inés está embarazada, por primera vez en su vida. Y, si hay una tesitura que trastorna la idiosincrasia de una mujer hasta extremos que nunca sospechó alcanzar, esta es la maternidad, una situación en la que la mente se ve asaltada por un torrente de emociones nuevas que te cambian completamente. Yo siempre he tenido las cuestiones personales y las mayores o menores afinidades en el centro de mi práctica profesional. Quiero decir que, con la gente que me cae bien, me resulta mucho más fácil trabajar, y viceversa. Tengo algunos compañeros que se consideran más profesionales que yo y que presumen de dejar estas cuestiones a la puerta de la oficina y trabajar igual con un buen tipo que con un cabrón. Yo no. Yo, si llego a la conclusión de que un sujeto es un miserable, ya no quiero tenerlo en mi equipo (algo así ha dicho estos días Luis Enrique, el seleccionador de fútbol de España).

Cuestión compleja. Hace unos días escuchábamos un par de temas de Ike Turner, cabrón, machista y maltratador confeso, pero excelente guitarrista. Mi amigo Paco Couto aportó un comentario muy esclarecedor. Él tiene una mayor afinidad con la música de Ike&Tina del principio, puro blues, que con las canciones más melódicas y de gran formato que cimentaron luego la carrera en solitario de Tina. Diré que a mí me gustan ambas líneas, porque adoro todo lo que ha hecho a lo largo de su vida esta mujer admirable. Pero, a lo que vamos: yo puedo estar convencido de que Ike Turner era un canalla. Pero no se me cae ningún anillo por seguir escuchando su música, algo que hago sin asomo de mala conciencia alguna. También pienso que, por ejemplo, Camilo José Cela era un tipo detestable a nivel personal y, sin embargo, su Viaje a la Alcarria es un libro que tengo en mi mesita de noche y consulto de vez en cuando, incluso diría que ha influido en mi manera de observar la realidad y en el modo que tengo de contar historias. Parecido comentario podría hacer sobre Francisco Umbral y muchos otros.

Es decir, que creo que la calidad de un artista, está por encima de lo que haga o haya hecho en su vida privada. Más ejemplos. Parece que Polansky no era un ejemplo de buenas prácticas en su relación con las mujeres, especialmente las jovencitas. Debe de ser cierto y es bueno que se sepa. Pero yo voy a seguir admirando su cine, viendo una y otra vez películas como El Escritor, El Pianista, Un Dios Salvaje, La Semilla del Diablo. Y, por encima de todas, en mi modesta opinión, Chinatown, película de 1974, que yo tengo en casa y me pongo de vez en cuando, pero sólo cuando me siento entero anímicamente, no como ahora, porque es una auténtica putada de película. Y luego está Woody Allen, que para mí ha sido siempre una referencia vital y mental y lo sigue siendo, hasta el punto de que pienso que sus posibles malas actuaciones en el pasado, se debieron a que se acabó creyendo su propio papel público y se dedicó a interpretar al personaje de una de sus películas. Es decir, que si un personaje público ha hecho algo despreciable, es bueno que se sepa, pero no veo que haya que dejarle sin posibilidad de seguir trabajando ni que abjuremos de toda su obra, y menos si las supuestas sevicias corresponden a hace veinte o treinta años, como con Plácido Domingo.

Definitivamente, esto es algo que tengo muy claro: la tarea artística o creativa de un escritor, un cineasta o un músico está por encima de lo que haga en su vida privada. Pero hay que ir un poco más allá, con otro tema relacionado. ¿Qué pasa cuando una figura del arte o la literatura aprovecha su posición para difundir públicamente mensajes perversos, fascistas, racistas, o negacionistas del holocausto judío, por ejemplo. Esto ya es otra cosa. Hombre, yo no voy a dejar de leer textos de Celine, Ezra Pound o Heidegger, genios de sus respectivas disciplinas que manifestaron en su día sus simpatías por el nazismo. Pero, ¿me parecería bien que se les diera un premio literario? Pues tal vez no. Ya saben por dónde voy. Pasado mañana se otorgan en Estocolmo los premios Nobel de Literatura correspondientes al año pasado y a este. El año pasado no se pudo hacer la ceremonia por un incidente que ya casi ni recuerdo, relacionado con algún escándalo sexual que afectaba a la esposa de uno de los miembros del comité que otorga los premios. Otra de las estúpidas secuelas de estos tiempos en los que el péndulo moral nos está llevando a las orillas del puritanismo.

El problema es que uno de los dos premiados es el austriaco Peter Handke. Hace años estaba muy de moda su literatura y yo recuerdo haber leído alguno de sus libros de éxito, como El miedo del portero ante el penalti. Luego fue un dramaturgo de moda, se trasladó a vivir a las afueras de París, donde sigue viviendo y continuó haciendo, entre otras tareas literarias, unos excelentes relatos de viajes, entre ellos uno por la antigua Yugoslavia, que recorrió hasta sus últimos rincones. Cuando empezó la terrible guerra civil que destruyó el país, Handke se posicionó, sin el menor matiz, del lado serbio. No sólo eso sino que, cuando los serbios separaron de sus familias a 8.000 varones en Srebrenica y los mataron como a perros, Handke puso en duda la veracidad de esta historia y habló de los musulmanes bosnios como terroristas, dijo que se dedicaban a provocar a los serbios y casi insinuó que lo de Srebrenica era merecido.

Es muy fuerte. Pero, incluso en ese caso, hay que pensar que la gente se puede equivocar y hay que darles la oportunidad de rectificar, disculparse o matizar sus declaraciones. Lo mismo que cualquier criminal tiene derecho a una oportunidad de reinsertarse. Pero Handke reaccionó como un león enjaulado, se ratificó en sus barbaridades y llegó a asistir al funeral por el genocida Milosevic en Belgrado, en donde leyó un texto hagiográfico. Desde entonces toda la comunidad literaria le dio la espalda y lleva casi dos décadas encerrado en su casa de campo cerca de París, enfurruñado y escribiendo nuevos libros de relatos que nadie le impide seguir publicando. Por eso ha sorprendido que ahora le den el Nobel.

Eso ha causado un nuevo escándalo. Cuando los periodistas le han ido a ver a su encierro, se ha pillado un nuevo y sonoro berrinche, porque nadie le preguntaba por cuestiones literarias, sino que todos le chinchaban con el tema serbio. Veremos qué sucede pasado mañana. Pero, de momento, un miembro del comité de los premios Nobel ha dimitido y ha justificado esta decisión en que “la literatura no puede estar nunca por encima de la política y de la ideología”. Tengo que decirles que estoy plenamente de acuerdo. Pueden pensar que esto es contradictorio con mi declaración anterior, pero yo creo que no. Me explico: la calidad artística o literaria está para mí por encima de que su autor sea un impresentable en su vida privada, pero no de que haga declaraciones públicas inasumibles por la sociedad. Ese es mi punto de vista; ustedes, queridos lectores, pueden tener cualquier otro. Es decir, que no me parece bien que le den el Nobel a Handke. Alfred Nobel dejó dicho que el premio de literatura debía recaer en alguien "que haya producido en el terreno literario una obra destacable de una tendencia idealista". Más claro, agua.

Lo que sí me parece bien es que se lo den a Olga Tocarczuk. Los errantes, recién editado, es de lo mejor que he leído en años. Vamos, que si yo fuera usted, querido seguidor de este blog, ahora mismo apagaba el ordenador y me bajaba a la librería más próxima a comprarme esa maravilla. Les voy a dejar de propina una foto de esta gran dama de la literatura. Sean buenos. Y pórtense bien, a ver si van a meter la pata y dentro de 20 años, cuando se lleven ustedes algún galardón público, les sacan a relucir los trapos sucios.


jueves, 5 de diciembre de 2019

890. De Thunder Road a Supermassive Black Hole

Discúlpenme, pero estoy en un momento un poco emotivo o, como dicen las mujeres, lábil, por motivos de esos que no se cuentan en este blog, a veces algunas historias se aceleran y hay que correr mucho para poder permanecer en el sitio y no perder la posición. Así que hoy voy a empezar mi post proponiéndoles que vean un vídeo muy intenso. En este blog creo que no he hablado nunca de Melissa Etheridge, todo un símbolo del rock femenino americano. Melissa es una luchadora, lesbiana declarada, se ha casado dos o tres veces con mujeres bastante famosas también, ha superado un cáncer de mama y no dejó de salir a cantar incluso con la cabeza rapada a causa de la quimioterapia. Es una de esas mujeres que no tienen pelos en la lengua, que hacen y dicen lo que les da la gana, representante de esa mitad de América progresista que odia a Trump, como la estrella del fútbol femenino Megan Rapinoe y otras. Y en el escenario Melissa es un prodigio de energía, de entrega y de simpatía. 

El caso es que el referente musical de esta mujer ha sido siempre Bruce Springsteen, lo dice en todas sus entrevistas. Y quiero que vean el vídeo de un dúo entre los dos. Por las pintas de ambos, imagino que el vídeo tiene unos 25 años. Melissa está iniciando un tramo desenchufado de uno de sus conciertos y se larga un extenso parlamento (tengan paciencia), del que les traduzco aproximadamente lo que dice. Va a pasar a modo desenchufado y podría sentarse en una silla, pero no lo va a hacer. Cuenta luego que, cuando era joven, escuchaba un montón de músicas y hubo muchos artistas que le influyeron, entre ellos Bruce Springsteen (ruge el público), al que se refiere como a su colega (my fellow). Añade que, cuando ella metía un pen-drive en el aparato de música del coche, o escuchaba uno de esos casetes gigantescos, esa música la hacía soñar. Y su primer sueño era tocar un día con el Boss. Así que le llamó por teléfono, le dijo: Hola Bruce y se lo propuso. Y él le dijo que sí, y aquí lo tenemos. Y entonces sale el Boss al escenario, con su aire de leñador recién bajado de las Montañas Rocosas, y es acojonante la cara de bueno que tiene este hombre, la timidez de sus gestos y la humanidad de su lenguaje gestual conjunto.

Después, ella propone cantar una de las canciones de él y acometen la mítica Thunder Road, realmente una elección brillante. Porque Thunder Road resume toda la poesía, toda la épica de la narrativa del Boss en la romántica historia de un tipo que va a buscar a la mujer amada, la despierta en mitad de la noche y le propone subirse a su viejo Cadillac o Chevrolet para conducir hasta la madrugada, en busca de la tierra prometida junto al mar. Con versos magistrales como: La puerta se cierra de golpe/el vestido de Mary ondula/como una visión, baila a través del porche/mientras suena la radio/Roy Orbinson cantando para los solitarios/Hey, ese soy yo, nena y te quiero sólo a ti. O estos otros: Yo no soy un héroe/eso está claro/la única redención que puedo ofrecerte está bajo este sucio capó/que es una oportunidad de conseguirlo de alguna forma/¿Qué otra cosa podemos hacer ahora/salvo bajar la ventanilla/y dejar que el viento agite tu pelo? Y la emblemática estrofa final: Esta es una ciudad de perdedores/y yo me largo de aquí para ganar. Como diciendo: si quieres, te vienes. Esto es lo que canta Melissa Etheridge, con su voz rasposa como un fósforo que pugna por encenderse, a dúo con su autor Bruce Springsteen, con su tono de voz más acariciante. El público chilla porque casi no puede soportar tanta intensidad, tanta pasión, tanta belleza. Les pido que se lo pongan en pantalla grande y al máximo volumen. Y procuren que no se les salten las lágrimas.


No sé a ustedes, pero a mí se me ponen los pelos de punta con esta grabación. Debe de ser porque estoy lábil. Hay muchas cosas en el aire, vagas amenazas, mientras sigue la lluvia fina, que llamaremos calabobos, puesto que no estamos en Galicia. Hay huelgas en el transporte público, porque el Metro lo dejó jodido el señor Borja Carabante y la EMT empieza a ver lo que es la gestión de este caballero, anterior consejero delegado de la empresa Metro y actual concejal de movilidad, a quien desde la oposición se ha rebautizado como Borja Carburante, mote que me parece muy afortunado. El portavoz José Manuel Calvo estaba sembrado el día que le puso tal mote, y dijo también otra cosa graciosa: que la propuesta del PP es llenar la ciudad de túneles y la gente se cree que es para meter en ellos los coches, pero es al contrario, porque el PP lo que quiere es meter en los túneles a los peatones, para que la ciudad se quede libre para los automóviles. Hay que reconocer que Carburante estuvo elegante en su respuesta, diciendo que era una pena para Madrid que el señor Calvo se hubiera dedicado al urbanismo, materia en la que había mostrado una inutilidad manifiesta, porque ese día los madrileños habían perdido a un excelente humorista. No está mal. Carburante, estuvo elegante, vaya por delante, no lo duden ni un instante.

Entre la lluvia, que hace que los conductores se atocinen (en Madrid, no en La Coruña), las huelgas en el transporte y la incidencia de la conferencia COP25, la ciudad es un caos. La proximidad de las navidades tampoco ayuda a mantener el ánimo. Menos mal que las condiciones atmosféricas no favorecen la acumulación de la contaminación, que se ha reducido un 20% gracias a Madrid Central, aunque Carburante no lo quiera reconocer. Inmunes a todo ese caos urbano, los de la conferencia del clima siguen encantados de haberse conocido. Anteayer estuve en un debate en el que intervenían varias amigas mías. Me había conseguido un pase para la Zona Verde, en la que tienen lugar los llamados side events. La otra, la Zona Azul, por la que pululan los jefes de Estado, la tengo vedada. En la zona azul parece que se obsequian con los menús de Can Roca. En la verde, apenas puedes conseguirte una botellita de agua en una máquina de vending. Ese ensimismamiento de los líderes mundiales lo simboliza una instalación escultórica urbana que se ha montado estos días en Berlín. Se titula Políticos discutiendo sobre el cambio climático y es cojonuda, como pueden comprobar abajo.


Por lo demás, en el post anterior les planteé una falsa consulta a la que casi nadie se ha molestado en contestar. Como muchos se han maliciado, lo único que pretendía era hacer una crítica de esa moda de consultar a las bases, que no es más que un recurso para manipular aun más el cotarro. Tanto Podemos, como el PSOE, como ERC han consultado a las bases para ver si hablan entre ellos o no y han sacado porcentajes similares, por encima del 90% a favor del sí. No hace mucho, Ada Colau consultó a sus bases para ver si rompía su alianza con el PSC y le salió que sí. Es lo que ella quería. Porque lo primero que se manipula es la pregunta. Sólo les falta redactar las consultas de esta guisa: ¿Es usted tan gilipollas que piensa que nuestro partido debe firmar un acuerdo transversal con el partido X? O esta otra: ¿Aprobaría usted la imbecilidad de que formásemos una coalición con Y? Mi consulta planteaba una pregunta tan complicada, que, por ejemplo, mi amigo Paco Couto, me responde que no y, honradamente, no sé qué me quiere decir, si me está aconsejando que me jubile ya o que no. Pues les aseguro que la pregunta de la consulta de ERC no era menos enrevesada.

La realidad es que yo ya tengo la decisión tomada desde hace unos días, como ya se han imaginado muchos de ustedes. Y mi decisión es seguir en el trabajo hasta el final, es decir, hasta febrero de 2021. Me lo estoy pasando bien, me siento útil, mi jefa y mis compañeros me animan a quedarme, estoy haciendo un trabajo bonito en el que no estoy especialmente sobrepresionado y me pagan bien. Lo que he venido diciendo de que me parecía penoso quedarme hasta el día en que cumpla 70, y al día siguiente no poder ni entrar a mi oficina, no deja de ser una cuestión retórica o, digamos, adjetiva, algo que se me había metido en la cabeza, pero que no desequilibra la balanza frente al resto de los factores a considerar. En la recta final de mi carrera profesional, he tenido la suerte de encontrar una línea de trabajo apasionante y tengo que aprovecharla. Así que ya lo saben. Seguiré hasta la Navidad siguiente a ésta que está a punto de iniciarse, luego tendré un mes de enero para recoger mis cosas y medio febrero para disfrutar de los moscosos y días de vacaciones que me correspondan.

Y en este punto aparecen los listillos (y listillas) que dicen: no, si yo ya lo sabía. ¿Pero qué sabías tú, tonto’lhaba? Tú lo que eres es un listillo, porque, mira tú por dónde, resulta que sabías más que yo, que no lo tenía nada claro. Lo de emprender una vuelta al mundo por las ciudades donde tengo conocidos, es algo que me hace mucha ilusión y ya lo tenía bastante planificado. Y, si lo dejo para el 2021, es posible que no lo pueda hacer, porque ya no tenga ganas o por alguna cuestión física, que no hay que olvidar la edad que tengo. Tan planificado lo tenía que ya se lo había contado y planteado a mis amigas Svetlana, de San Petersburgo, Tantri, de Yakarta y Shannon, de LA. Todas estaban encantadas de que las fuera a visitar y ahora tengo que escribirles para decirles que me he vuelto a enganchar en la oficina. Shannon me dice que todavía tiene muchas cosas que enseñarme, frase que acompaña con un corazoncito muy rojo, un mensaje que resuena en mi cabeza lleno de imágenes sugerentes. Me cuenta también que ha dejado la oficina del alcalde Eric Garcetti, para volver al Departamento de Planeamiento Urbano, de donde provenía. Desde el 1 de diciembre, Garcetti es el presidente de C40, donde ha sustituido a la señora Hidalgo, que en abril afronta una cita electoral en París, en la que se propone para la reelección.

Svetlana también ha cambiado de trabajo y ahora está en una oficina diferente, que compagina con su dedicación a la coreografía de ballet clásico. Hablando de Svetlana, recordarán que este verano asistió a un concierto del grupo Muse en Milán, en medio de sus vacaciones italianas, en donde se hizo un selfie que colgó en su página de Facebook y que yo traje al blog, con un comentario sobre lo guapa que estaba. Me contó que el concierto había sido fabuloso. Muse no es un grupo que yo controle, surgieron cuando ya estaba algo mayor y desentendido del rock. Pero he buscado información sobre ellos y he descubierto que son muy buenos. En realidad, todo lo destacado lo hace el líder, que es el compositor, cantante y guitarrista. Le acompañan sólo un bajo y un batería, además de un cuarto miembro que toca panderetas y cosas así. Vean esta canción en directo. Se llama Supermassive black hole y se sustenta en un riff muy poderoso. El líder hace gala de una cultura guitarrera importante, puesto que al inicio y al final homenajea a Jimmy Hendrix, y en los punteos de en medio hace una referencia inequívoca a Rage Against the Machine. Disfruten de ello. Es toda una modernidad. Y que pasen un buen puente.