sábado, 20 de abril de 2019

828. Una tregua bajo la lluvia

Llueve
Detrás de los cristales llueve y llueve
Sobre los chopos medio deshojados
Sobre los pardos tejados
Sobre las calles llueve

Hermosos versos de Joan Manuel Serrat, por si alguien desconocía su autoría. La lluvia dura ya varios días, para desesperación de los cofrades de algunas procesiones del sur, que salen en los telediarios proclamando al cielo: –¡Ay que desgrasia más grande! No haría falta ni que los filmaran, podrían usar las imágenes de otros años, total nadie se iba a dar cuenta. En mi barrio, la lluvia es una bendición. Espanta a los voceros que cantan Asturias, patria querida a las tantas de la madrugada, limpia el suelo de meadas y vomitonas y se lleva también las cacas de los perros propiedad de amos más animales que ellos. Vivir en el centro urbano tiene sus ventajas y sus inconvenientes, pero estos últimos se minimizan por la acción de la lluvia redentora.

Me he quedado en Madrid estos días, una tregua antes de la batalla final de Reinventing Cities, que promete cinco semanas de trabajo duro, a culminar el día de unas elecciones locales en las que se juega mi futuro laboral y también las opciones de esta ciudad de consolidar el salto a la modernidad, o por el contrario regresar a la caspa, el chotis y las gallinejas. En superposición, se avecinan dos o tres eventos relacionados con mis actividades de secretario del Foreing Office municipal, pero de especial relevancia y compromiso, de los que les informaré puntualmente. Viene, en suma, un mes de gran actividad, un grado más de dificultad en el sinvivir de mi deriva vital de estos últimos dos años y medio, desde que recibí el alta tras recuperarme de la fractura de húmero. Esta tregua antes de la batalla final, es un buen momento de recapitular.

La lista de mis viajes en este período habla por sí sola. 1.- San Petersburgo, congreso del urbanismo subterráneo. 2.- Japón, dos semanas en Tokio, Kioto, Hiroshima. 3.- Marsella, congreso del urbanismo mediterráneo. 4.- Birmania, tres semanas con mi grupo de jubilados de Ciudad Real. 5.- La Toscana, una semana de vacaciones por Florencia, Pisa, Siena. 6.- Portland, workshop de C40 y visitas a Vancouver y Seattle. 7.- Tres días en Nápoles con un grupo y una semana de descanso en Roma. 8.- París, para el lanzamiento de Reinventing. 9.- Cannes, para intervenir en la feria MIPIM. 10.- El viaje bloguero por excelencia: San Francisco, Los Ángeles, San Diego y Tijuana. 11.- Chicago, workshop de C40. 12.- Chile, otras tres semanas con los de Ciudad Real. 13.- Paris y Lille, para dos clases en universidades y visita a mis hijos.

No está mal. El viaje #14 será a Oslo y todavía no puedo revelar los #15 y #16, que por ahora son sólo sueños. Sin contar mis salidas senderistas, ni mis visitas a La Coruña y otros lugares. Además, en el último año y medio, el asunto Reinventing se ha convertido en omnipresente en mi trabajo, haciéndome recuperar las sensaciones perdidas durante el Trienio Negro de la señora Botella y redirigiéndome hacia una fase final de mi carrera municipal con la que ya no contaba y que tal vez me lleve a salir por la puerta grande, si no se tuerce mi trayectoria. Este último giro del destino (twist of fate) fue minuciosamente descrito en mi serie de posts Recovering myself. Es una deriva totalmente inesperada en mi trayectoria de blogger.

Porque habrán de recordar que yo empecé a cultivar este pequeño jardín compuesto de literatura instantánea, autoficción y periodismo jocoso en el momento en que estaba más hundido, como una tabla de salvación a la que agarrarme, para que el tsunami de la desesperanza no me arrastrara al abismo del exilio interior y la insignificancia. Sobre ese punto de apoyo, cual Arquímedes de Siracusa redivivo, edifiqué mi reconstrucción anímica. Fíjense en un detalle: el asunto Reinventing implica una exigencia de dedicación, esfuerzo e imaginación suplementarios y ocupa unos dos tercios de mi actual tiempo lectivo. Pero eso no me impide seguir haciendo lo mismo que ya hacía antes en la oficina, además de mantener el blog al mismo nivel de frecuencia y dedicación. Lo que viene a demostrar lo desaprovechado que estuve en esos años nefastos que me tocó vivir, desde de que Mrs. Bottle decidiera poner al frente del Área de Urbanismo a una concejala zombie.

En estos años, he podido dar rienda suelta a mi afición viajera, con especial énfasis en las visitas a los Estados Unidos; ya saben que soy un pro-yanqui convencido, que estoy enamorado de esa mitad del pueblo americano que no vota a Trump, que mis señas de identidad no son la muiñeira ni el chotis, sino el buen rock and roll. Como el que pueden ver en el vídeo de abajo. Corresponde a una de mis películas favoritas: American Graffiti (1973), la obra maestra que nos dejó George Lucas antes de dedicar el resto de su vida a la saga de La Guerra de las Galaxias. La pareja protagonista, que acaba de tener una bronca sonora, llega al final de la canción a la fiesta del pueblo y ha de disimular para evitar las habladurías. Estas son mis referencias vitales.



Pero ya vale de mirarme el ombligo. Esta tregua vital bajo la lluvia, en la que procuro abstraerme del ruido preelectoral (como ya tengo decidido mi voto, no quiero oír nada más), se ha visto sacudida por un par de sobresaltos: el incendio de Nôtre Dame, doloroso para mí, puesto que París es mi segunda ciudad adoptiva, y el disparo con el que Alan García se ha volado la cabeza. De Nôtre Dame ya hablaré otro día, con más perspectiva. Lo de García trae a primer plano el asunto Odebrecht, tal vez uno de los mayores casos de corrupción del mundo. Por si quieren leer un tratado al respecto, AQUÍ pueden encontrarlo. Yo no lo he leído, sólo le he echado un vistazo en diagonal. Pero hay varios puntos que me gustaría resaltar y que avalan mi teoría de que todo lo que escribo en este blog está relacionado, que en realidad yo les hablo todo el rato de un monotema a pesar de mi apariencia de variedad.

Para empezar, han visto que el escándalo se desata cuando la CIA, la DEA y otras agencias americanas de lucha contra el crimen le aprietan las tuercas a la Banca de Andorra para que dé visibilidad a sus depósitos. Una parte del mundo vive del tráfico de drogas, armas, personas, órganos, prostitución y otros negocios ilegales. Y la forma de luchar contra ello es vigilar los caminos del blanqueo de las enormes sumas de dinero que se obtienen. Miren ustedes por donde, esa misma presión sobre la Banca de Andorra fue la que hizo salir a flote la fortuna de Pujol y precipitó su huida hacia adelante, en forma de prusés, tal como hemos dejado claro en este blog, tras seguir fuentes tan fiables como la de Jaume Reixach y el periódico El Triangle. A los americanos no se les pasan por alto los movimientos de grandes sumas de capital, y persiguen esos paraísos fiscales (la mayoría de origen británico) para encontrar las vías del lavado de dinero negro.

En segundo lugar, mi primer viaje tras la baja fue a San Petersburgo, al Congreso de la ACUUS, la organización internacional del Urbanismo Subterráneo. Un congreso a todo lujo (la lista de sponsors era mareante), en el que me pagaron el viaje y el alojamiento en un hotel de alto standing. Allí me tocó explicar Madrid Río y ser entrevistado a la salida por varias radios y televisiones. El gran debate de ese congreso era: las infraestructuras subterráneas de la movilidad en las ciudades ¿son necesarias? Y ¿quién las ha de pagar? ¿Las administraciones públicas? Pero estas instituciones no tienen suficiente dinero para afrontar ese gasto. ¿Cómo hacer entonces? El señor Gallardón ideó un sistema, con su equipo de asesores económicos. Lo utilizó exitosamente en la Comunidad de Madrid construyendo 110 nuevos kilómetros de red de Metro en ocho años. La red, que no llegaba a 200 kms, pasó a tener casi 300. Ahora es uno de los mejores metros de Europa y del mundo. ¿Cómo se hace eso? Pues a base de deuda pública. Y que la paguen los que vengan detrás.

Otro sistema diferente es el ideado por el señor Odebrecht. Este buen hombre pagaba cantidades estratosféricas a ciertos partidos para financiar sus campañas electorales, a cambio de que luego, de resultar ganadores, le contrataran obras públicas, preferiblemente subterráneas (el Metro de Lima, el soterramiento de un ferrocarril argentino y otros similares). El problema es que este señor les depositaba el dinero en cuentas opacas en Andorra. Y, al destaparse el tinglado, se han quedado con el culo al aire varios presidentes y ex-presidentes latinoamericanos. En Perú, nada menos que cinco. Bueno, ahora ya son cuatro, el otro se voló la cabeza. Este merdé está también en el origen de los problemas de Lula y Temer en Brasil, y otros ex-mandatarios colombianos y argentinos.

La explicación de todo esto es sencilla. La obra pública es algo omnipresente en nuestras vidas de urbanitas. Las ciudades necesitan un mantenimiento. ¿No les parece significativo que todas las ciudades que ustedes visitan estén siempre destripadas por obras permanentes? La obra pública mejora sustancialmente la calidad de nuestras ciudades. Y también da lustre a la carrera política de determinados señores, que pasan así a la posteridad. Pero además, lo más importante, constituyen un negocio redondo para las constructoras y los grandes poderes inmobiliarios. Y, si encima son obras subterráneas, el negocio se multiplica por cinco o por diez. Ese el origen de que se hagan tantas obras de este tipo, cuando todo el mundo sabe que son carísimas. Gallardón tenía que hacer kilómetros y kilómetros de Metro, como un topo enloquecido, aunque fuera tan poco rentable como el Metrosur, porque ya no podía parar y había mucha gente viviendo del invento, pendiente de que él siguiera excavando y excavando. Y cuando fue forzado por Aznar a presentarse a alcalde, su equipo tuvo que idear deprisa y corriendo el proyecto M-30 para seguir haciendo obra pública subterránea.   

Odebrecht había encontrado también la cuadratura del círculo, en un medio tan corrupto como Latinoamérica. El suicidio de García pone un punto y seguido trágico a este espinoso asunto. Pero el debate sobre la necesidad o no de infraestructuras subterráneas está en plena efervescencia. A mí me invitaron a ir a Querétaro a intervenir en un debate sobre lo mismo. Una empresa de BRT (la alternativa más barata, basada en plataformas reservadas en superficie) quería implantar el sistema en la ciudad. Pero el Colegio local de Ingenieros de Caminos se oponía a este proyecto, porque prefería el Metro. En Bogotá hace años que el Transmilenio (un BRT de libro) se ha revelado insuficiente. El actual alcalde Enrique Peñalosa prometió el Metro, pero ahora mismo está ofreciendo gato por liebre ante las dificultades económicas para cumplir su promesa, para indignación de los que le votaron. En estos países hay que contar también con la presión de las grandes empresas de autobuses privados, que tienen mucho poder, como les conté durante mi viaje a Chile.

Todo está relacionado, como ven. Pero sigan ustedes disfrutando de esta Semana Santa pasada por agua. La lluvia es algo que no tiene por qué ser desagradable. Se lo dice uno de La Coruña. A partir del lunes voy a tener un período de sobreesfuerzo laboral, pero espero seguir cumpliendo con ustedes. Sean felices mientras puedan.

miércoles, 17 de abril de 2019

827. Menos mal que nos queda Portugal

La semana pasada asistí a la inauguración del congreso anual del GRI Club, en los salones del Hotel Palace. Es este un club muy exclusivo que agrupa a los mayores inversores inmobiliarios del mundo (Global Real-state Investors). El año pasado tuve que participar en una de sus mesas redondas sustituyendo apresuradamente a última hora a un capitoste político de mi área, repentinamente indispuesto, como ya se contó en el blog. Viendo el cartel que confeccionaron los anti-sistema para protestar contra aquel evento (lo tienen a la izquierda), tal vez se hagan una idea sobre los motivos de la repentina indisposición (¿digestiva?), de la que les hablo. Podría haberme negado a ir, pero ya saben que a mí me va la marcha, me gusta apuntarme a todos los bombardeos, estaba por aquel entonces buscando desesperadamente inversores para Reinventing Cities y además, me encanta infiltrarme en las tropas enemigas, para observar y sacar mis propias conclusiones. Y luego contarlo en el blog. 

Por esos mismos motivos había ido al MIPIM de Cannes, como se contó en el post correspondiente, en el que les describí cómo era esa especie de parque temático gigante donde los ejecutivos de las grandes multinacionales del ladrillo se mueven como peces en el agua. Encima, ya saben que en estos saraos hago de la necesidad virtud y me lo paso fenomenal. El congreso anual del GRI es también un parque temático, pero de menos envergadura. El año pasado, para entrar en el Palace, hube de traspasar la barrera del escrache de los anti-sistema, bastante patética, por cierto (había más policías que indignados). Luego intervine en la mesa redonda, respondí a las preguntas que me hicieron sin medias tintas ni respuestas evasivas, estuve simpático, me manejé aceptablemente en inglés y terminé haciendo networking lobbying y repartiendo tarjetas de visita a tutiplén, mientras me ponía ciego de canapés. No obtuve ningún inversor para Reinventing, pero me di a conocer y hasta hice algunos medio amigos. Total, que este año ya me tenían en el mailing y han tenido a bien hacerme llegar una inscripción gratuita al congreso, decirme que era bienvenido en ese foro e invitarme a que fuera por allí cuando quisiera (al de la cagalera, en cambio, no parece que le hayan invitado; alguna ventaja tenemos que tener los que gozamos de una buena salud digestiva).

Estudié el programa y decidí que me acercaría a escuchar la keynote lecture, la conferencia inaugural, a cargo de una joven economista catalana del Caixa Bank, cuyo nombre no viene a cuento. Este año no había escrache ni contestación alguna; llegué, me acredité y me dispuse a escuchar a la conferenciante. Era una chica agradable, con fuerte acento catalán, que empezó hablando en inglés, pero luego dijo que prefería seguir en castellano, ya que la sala disponía de traducción simultánea y ella se expresaba mejor en su lengua. Empezó contando las previsiones reales de crecimiento del PIB, tanto a nivel mundial como en las diferentes regiones. Todas las cifras presentaban una tendencia decreciente, pero no pasa nada, escolti, esto que está pasando es una desaceleración controlada, en realidad entramos en una fase de crecimiento maduro (sic) después de unos años de euforia por el efecto pendular tras tocar fondo con la crisis, no hay por qué alarmarse ni ser agoreros. España, por ejemplo, creció un 2,6 el año pasado, este año un 2,1 y crecerá el que viene un 1,9.

Los elementos que explican esa baja a corto y medio plazo, son de orden geopolítico y macro-financiero. Las tensiones comerciales USA-China, el Brexit, la política fiscal italiana, las turbulencias emergentes, las tensiones de la propia burbuja china y la elevada deuda de los países. Más la incertidumbre derivada de tener al frente de la primera economía a un personaje que gobierna por Twitter. Todos estos temas se iban desglosando en diferentes gráficos, de los que yo no sacaba ninguna conclusión tranquilizadora, a pesar de la sonrisa profidén de la conferenciante y su discurso terapéutico. Después se centró en el negocio inmobiliario. Mostró en una curva el discurrir de los visados de obra nueva, el pico de 2007 resultado de la burbuja, el derrumbe posterior y el incipiente movimiento de subida en estos últimos años, hasta niveles en torno a la décima parte del pico de 2007. Pero no se preocupen, todo va muy bien, los que dicen que viene una nueva crisis cuando aún no hemos salido de la anterior son los típicos cenizos, de mentalidad paranoide y conspirativa.

Le hicieron preguntas y respondió a todas en el mismo tono tranquilizador. ¿Cómo influye lo que está pasando en Cataluña, su tierra? Nada, sin problemas, hubo un cierto pánico en torno al 1-0, cuando la fuga masiva de empresas, pero ya están volviendo y la economía catalana va como un tiro. Etcétera. No les canso con más cuestiones técnicas. Yo tenía dos preguntas concretas que hacerle a esta señorita, pero no me pareció oportuno formulárselas en público: era consciente de que jugaba fuera de casa y tenía que ser precavido, a pesar de que me había puesto una de mis mejores corbatas y una buena chaqueta, eso sí, sobre unos vaqueros, que para algo represento al Ayuntamiento de Ahora Madrid. La abordé después, en medio de los vinitos y los canapés. Le dije que me había gustado mucho su intervención y no mentí: una cosa es que no comparta sus argumentos y otra que no aprecie su aplomo y la solidez y coherencia de su discurso.

Hablamos un rato, pero les sintetizo nuestra conversación. Mi primera pregunta. ¿Es cierto que Portugal está saliendo mejor de la crisis con una receta opuesta a la de la austeridad que estamos aplicando los demás? Respuesta: nooooo, precisamente Portugal es el alumno aventajado, el que mejor ha entendido las recomendaciones de las autoridades monetarias internacionales. Segunda pregunta. ¿Crees que se está produciendo una brecha en el centro de la clase media, que se está dividiendo en dos mitades, una que va tirando y otra que está pasando verdaderas dificultades? Respuesta: cierto, pero eso se debe a la brecha entre la gente que se ha adaptado a los nuevos tiempos, a las nuevas tecnologías, a los cambios en el mercado de trabajo, y los que no han sabido ponerse al día y se están quedando rezagados. En este punto, agarré mis canapés y me fui con ellos a la otra punta del salón; ya no tenía ganas de escuchar más estupideces. En realidad yo ya tenía mi propia teoría de ambos temas, sólo quería saber la opinión de la conferenciante. A lo mejor es que me tomó por tonto. 

Lo cuento en sentido inverso. Lo de la brecha en el centro de la clase media no es una idea mía. Se lo escuché a Saskia Sassen en su reciente conferencia. Un asistente le preguntó muy escandalizado por el uno por ciento de los habitantes de la Tierra que está en posesión de la mitad del patrimonio económico mundial. Saskia dijo que eso no era relevante, que se trataba de algo estructural para que el sistema capitalista funcione y que siempre ha existido. Que lo que realmente es nuevo y grave es la polarización social, que está tensionando a la clase media llevándola a una fragmentación que induce fuertes obstáculos a la permeabilidad entre clases, todo ello resultado de la crisis de 2008 y su resolución a base de recetas de austeridad. No hace falta que nos lo diga Saskia Sassen. Todos lo estamos viendo (los que lo queramos ver). Hay una clase media que va tirando, una vez pasados los momentos malos de incertidumbre y volatilidad de la gran crisis. Esta gente sigue viviendo bien, vuelve a salir de vacaciones, recupera los niveles de consumo previos, viaja por el mundo.

Pero hay otra parte de la clase media original que las está pasando canutas. Que tiene que hacer economías, que no puede mantener el tren de vida, que tiene hipotecas o deudas, que llega mal a fin de mes, que empieza a verle las orejas al lobo de la pobreza energética. Yo tengo amigos que lo están pasando realmente mal. Además hay un componente de vergüenza que les impide contarlo y pedir ayuda. La vida no es sencilla para esta gente, que se ha quedado por debajo de la brecha, muchas veces por circunstancias fortuitas, porque han perdido el trabajo, o se han separado o tienen un problema médico que ha acabado con sus ahorros. Yo, por ahora, voy teniendo suerte, pero toco madera, porque el sistema es despiadado. Y mucho peor en USA, como evidencian las hordas de gente sin hogar en San Francisco y en toda la Costa Oeste. Que una supuesta lumbrera de la Banca privada confunda esto con la llamada brecha digital, es de juzgado de guardia.

Y lo mismo con el tema portugués. En mi querido país vecino han sucedido varias cosas asombrosas. La primera, que toda la izquierda se ha unido. Un auténtico portento. Una vez unidos (de verdad, no de nombre), se han hecho con el poder, como pasaría en España si un día se unieran las izquierdas. Bajo la dirección de un tipo pragmático, moderado y sonriente, el honorable Don António Luis Santos da Costa, más conocido por António Costa, alcalde de Lisboa los anteriores 8 años. Aquí al lado tienen su imagen. Poco después de formar gobierno con el apoyo de todos los grupos y grupúsculos a su izquierda, este señor se plantó en Bruselas y, ante las órdenes de austeridad del Banco Central Europeo, Draghi y la señora Merkel, respondió imperturbable: preferiría no hacerlo

Con esa base, Costa incrementó la inversión pública y fomentó la privada, recortó gastos superfluos, subió las pensiones y el salario mínimo, subió moderadamente impuestos a los ricos y relajó la presión sobre las pymesY poco a poco fue mejorando la confianza de los inversores, se recuperó el consumo, aumentaron las importaciones y se mejoró la productividad. Es como la cuadratura del círculo. Portugal está saliendo de la crisis sin aumento de la polarización social, con una economía más sólida y algo muy importante: con un paro que se acerca ya al 7%. En estos momentos, Portugal tiene una prima de riesgo en torno a los 110 puntos y está a punto de alcanzarnos a nosotros, que andamos por los 105, tras haber superado de largo a Italia, que no consigue bajar de los 250 puntos. Hace unos años, Portugal se situaba segundo por la cola, sólo superado por el colista Grecia.

Pero de esto no dicen nada nuestros periódicos. Es mejor hablar de Pablo Casado, de Abascal y del prusés. Abajo les pondré un artículo que he escogido para ustedes, para que vean que no les engaño. Además, es algo que viene de antes. Porque las recetas del BCE, que el señor Rajoy aplicó sin piedad, son las mismas que hace unos años recomendaban el FMI y el Banco Mundial para las economías emergentes. Los llamados tigres asiáticos pasaron de la austeridad. Y dieron el empujón definitivo, al rebufo de China. En cambio, en Sudamérica se ajustaron a esas directrices. Y así les va. Las sociedades latinoamericanas ostentan las mayores tasas de desigualdad social del mundo. Porque en África todos están jodidos y las diferencias son menores. 

Los políticos portugueses han sido y siguen siendo valientes. Y un viento de optimismo recorre este país tradicionalmente melancólico, de gente con saudade mirando al océano infinito. Su selección de fútbol gana La Eurocopa. Y un portugués gana Eurovisión. Los vientos corren favorables. Una muestra de este optimismo y esta valentía: el Ayuntamiento de Lisboa, en el que Costa cambió la cultura municipal de décadas, ha diagnosticado que una de las lacras que impiden el desarrollo de la ciudad es la cantidad de pisos vacíos que hay. Y, en consecuencia, han acordado multiplicar por seis el IBI de los pisos vacíos. Con dos cojones. Algo que nadie se ha atrevido a hacer aquí. Les dejo ya con el articulo prometido. Pinchen AQUÍ para leerlo. Lo dicho: menos mal que nos queda Portugal.

Y discúlpenme una postdata. Si la chica del Caixa Bank cree que Portugal es el alumno aventajado de Bruselas, que el declive de una buena parte de nuestra clase media se debe a la brecha digital, y que el prusés de Cataluña no tiene ningún efecto negativo sobre la economía regional, ¿qué debemos pensar de su discurso general tranquilizador? Si hacen ustedes memoria, esto de la desaceleración controlada es lo mismo que decía el señor Zapatero antes de que le arrasara la gran ola (más tarde, a punto de ahogarse, asomó un poquito del agua, para anunciar que veía brotes verdes). Yo tengo que confesarles que, después de escuchar a esta mujer anunciando que no pasa nada, ahora es cuando estoy de verdad acojonado. La crisis viene otra vez, numerosos estudiosos lo afirman con total seguridad. Tal vez no sea tan radical como la última, pero no tardará en llegar. Que nos pillen confesados. Pero no era mi intención fastidiarles la Semana Santa. Así que no se preocupen y sigan disfrutando de sus vacaciones. Ya veremos cómo salimos.

domingo, 14 de abril de 2019

826. No confundamos el culo con las témporas

Se me queja un lector de que llevo unos cuantos posts sin poner algo de música. Eres un exagerado –le digo–, sólo son tres los textos en los que no he adjuntado algún vídeo musical. Pero insiste: –En tu disertación sobre lo cursi, podrías haber puesto alguna musiquilla para explicar con ejemplos lo que decías. ¡Uf! yo no quería seguir con este tema, tildar a algo o alguien de cursi es entrar en una valoración, en una apreciación descalificadora en la que no tiene por qué haber un acuerdo universal. Lo que a mí me parezca cursi, a otro le resultará elegante y viceversa. Yo no soy el Papa y menos en cuestiones estéticas; mis opiniones no hay por qué compartirlas. Pero el otro día escribí que, entre lo sublime y lo cursi, a veces hay una línea bastante tenue. A cuenta de todo esto les traigo un vídeo del grupo francés Jolie Môme, que recrea la música y la estética de los felices veinte y el período de entreguerras. Son unos músicos muy buenos, pero su cantante bordea esa línea difusa entre lo cursi y lo sublime, aunque en mi opinión no la rebasa. Pero cualquiera puede pensar lo contrario. Escúchenla y opinen, si les apetece.  


Es obvio que la chica está interpretando, y no tenemos modo de saber si en su vida cotidiana se desempeña de la misma manera o no. Así que no conviene que confundamos el culo con las témporas, expresión que nos retrotrae al mundo de lo repipi, una de tantas que apenas se usan ya entre la gente joven. Es, como el apelativo cursi, una expresión de descalificación: alguien que confunde el culo con las témporas, realmente es que no sabe nada, está completamente equivocado, merece todo nuestro desprecio: es un gilipollas. Aunque no tengamos (como es mi caso) ni puta idea de qué demonios son las témporas. Lo busco en el diccionario y leo que es una palabra prácticamente exclusiva de ese dicho, que no tiene otras acepciones ni significado. Algunos la relacionan erróneamente con la climatología. Pero he seguido buscando y he encontrado por fin respuesta en un blog que se llama La Agenda de Zalabardo: las témporas son las sienes, según su denominación en latín (de ahí el hueso temporal, cuyo nombre no tiene nada que ver con el tiempo, ni mucho menos con ninguna tormenta y sí con las témporas a las que proporciona solidez). Por eso se contraponen al culo, al otro extremo del cuerpo.

El diccionario clasifica esta expresión como malsonante y recomienda otras en su lugar: confundir la velocidad con el tocino, o las churras con las merinas. Sin embargo, es la preferida por mucha gente, precisamente por su carácter malsonante. Porque el culo es una parte del cuerpo que suscita todavía una atención especial, que induce una fascinación en mucha gente, una mezcla de atracción/repulsión, esta última disfrazada de aparente indiferencia, como pude comprobar con la reciente publicación de mi post sobre el culo de las francesas. Un texto que generó una avalancha de comentarios entusiastas, incluyendo el aporte de un texto de Quevedo, pero curiosamente todos de la parte masculina de mis lectores. Entre las damas, que sigo pensando que son mayoría entre mis seguidores, el asunto no levantó tanta expectación. En realidad, mi texto se centraba en el lenguaje, las sinécdoques y las formas de designar el culo en francés. Y traía a colación un excelente texto de Pedro Mairal, escritor argentino, titulado Oda al Culo.

¿Existe respecto a este redondo asunto una especie de brecha de género? Quiero creer que no, que la indiferencia desde el lado femenino se debía al hecho cierto de que yo hablaba todo el rato del trasero de las señoras. A este respecto, vamos a seguir rompiendo moldes. Porque hoy les traigo la visión desde el otro lado. El acercamiento al tema del culo desde el punto de vista de una mujer. Mi amiga la poetisa Valeria Correa contribuyó con un cuento a una colección de relatos escritos por gentes de Rosario y gentes de Madrid, publicada en 2018 por Baltasara Editores, con el título Antología Puente Rosario-Madrid. Mi amiga aporta un relato que se titula Un amor imaginario, donde cuenta una historia, con ciertos matices autobiográficos, en la que una chica argentina llega a Madrid con la intención de dedicarse a la poesía, pero de algo ha de vivir, por lo que acepta una suplencia de una enfermera ambulante que está de baja, lo que antes se llamaba el practicante, en este caso la practicante. Ella no es enfermera pero se ha de esmerar poniendo inyecciones a domicilio, lo que le suscita unas reflexiones con las que inicia su relato. El cuento, como todos los de Valeria, tiene un comienzo soberbio. Y aquí les transcribo, con su permiso, el asombroso párrafo con el que arranca.

Me gusta poner inyecciones. Los culos cuentan cosas que las caras ocultan. Son como la segunda lectura que te proponen las buenas historias, una forma de releer. La ropa interior y el modo en que alguien se tumba, se baja los pantalones para que la aguja entre en la carne y la velocidad con que se los suben cuando todo ha terminado también cuentan. Hay mucho relato encerrado en los cuerpos. Me gustan las mujeres mayores que usan tangas satinadas. Y el lado cómico de los hombres que usan calzoncillos con estampados colorinches. O a la inversa, los hombres de amplias sonrisas que visten interiores oscuros. Hay culos esmirriados, culos avaros en las carnes y en el alma. Redondos culitos enérgicos, tan bien proporcionados como caprichosos: de querubín. Culos fofos enfundados en pretenciosos calzoncillos de seda y monograma. A mí me gustan los grandes culos, muy blancos y mullidos, que dan cuenta en silencio de un carácter sedentario e imaginativo: culos de gente de interior que sorbe copitas de licor y come chocolate junto al fuego. Hay un mundo allí, debajo de la ropa y en la carne. Bájese los pantalones, digo, o levántese la falda, y me dispongo a leer lo que la mano tímidamente me descubre.


Un estupenda forma de empezar un cuento. Con esto hemos cubierto el tema del culo. Pero ¿qué pasa con las témporas? Pues si aceptamos el juego de que la palabra témporas admita el sustantivo colectivo temporada, podemos concluir que acabamos de entrar en una temporada completamente coñazo, con estas elecciones al cuadrado con que los políticos han tenido a bien castigarnos.¡¡Dos meses de coñazo!! No vamos ni a poder abrir los periódicos, dedicados en exclusiva a narrar el baile de los gorilas, todos sacando pecho y retándose. Menudo rollo. Como si no tuviéramos bastante aburrimiento con el proceso al prusés. Mira que le aconsejé yo a Pedro Sánchez que aguantara un poco más, que el día de San Pánfilo era muy mala fecha para unas elecciones. En Madrid, encima coincidirá con el Marathón, con lo que la mañana va a ser de absoluto caos urbano y no sé si esto acrecentará la abstención. Yo grito y me desgañito en el desierto que rodea a mi blog. Pero hacen caso omiso, que diría mi repipi profesor de Historia. En la India, al menos, estas cosas son más divertidas. El candidato reparte caretas con su rostro y todas las votantes potenciales salen a la calle con ellas, como pueden ver en esta imagen de la última campaña. 











A lo mejor no eran mala idea unas caretas de Pablo Iglesias para que se las pusieran los militantes de las diferentes facciones en que se ha dividido su invento, a ver si se unían de verdad, como proclama su lema. Lo más parecido a esto que vemos en la actual campaña electoral es el rostro de Pedro Sánchez en blanco y negro, con un cierto aire mefistofélico, que nos asalta por todos lados. Quizá el propósito de esta campaña sea algo así: ¿no andan por ahí diciendo que soy un traidor, felón y fementido, que voy a vender España a los independentistas catalanes y vascos y que tengo las manos manchadas de sangre? Pues voy a poner una cara de malo a la altura de esas falacias. Lo que pasa es que el gesto de Sánchez no da miedo y acaba siendo hasta un poco cómico. Y en cuanto al lema haz que pase, recuerda más bien a lo que se les dice a los niños cuando hacen bola con la carne. Y yo también lo retruco: Señor, Señor, haz que pase rápido este trago.

Lo que sería inconcebible es que se hicieran caretas con el rostro de Casado o Rivera, con lo sosos que son estos señores. Bueno, para la campaña de Ciudadanospedorros sería mejor el vistoso rostro de Malú, por ejemplo en la foto que les dejo de despedida. No se sabe si es que acaba de ver lo grande que es el salón de su nuevo casoplón o está gritando ¡¡¡SOCORRO, QUE VIENE LA CAMPAÑA ELECTORAL!!! En Estados Unidos, esta sería una imagen obscena: ¡por Dios! enseñar el interior de la boca, la lengua, los empastes, qué escándalo. Por eso Miley Cirus sacaba todo el rato la lengua cuando quería desmarcarse de su imagen infantil y presumir de malota al estilo Sánchez. En España, en cambio, ya estamos curados de espanto, desde que Mónica Naranjo nos enseñó las amígdalas cantando aquello de sobrevivirEEEEEEEE...