sábado, 6 de octubre de 2018

776. Chicago take one

Escribo frente a la puerta de embarque de mi vuelo de vuelta a Madrid, donde tengo casi una hora antes de subir al avión. Todo ha salido a pedir de boca y voy a intentar resumir mi participación en el workshop presencial de la red Land Use Planning, que me ha ocupado estos últimos días. Como tal vez recuerden, mi vuelo de ida salía el lunes 1 de octubre a media mañana. El día antes, domingo, intenté hacer el check-in on line desde mi casa, pero no pude: estaba bloqueado. Llamé a un teléfono de atención y me dijeron que era algo frecuente. Que, en tal caso y tratándose de un vuelo a USA y en la T-4, donde todo es más largo, me recomendaban estar en el aeropuerto con 3 horas de antelación. Así lo hice y no tuve mayores problemas. Conseguí mi tarjeta de embarque, pasé el primer control de seguridad, ese en que hay que quitarse casi hasta los calzoncillos; afronté entonces un control de pasaportes específico para Estados Unidos y por último un examen extra de detección de drogas y otras sustancias peligrosas, para el que fui seleccionado de forma aleatoria. Aún me sobró algo de tiempo, que dediqué a mandar whatsapps y hacer algunas llamadas de última hora.

En cuanto al vuelo, poco que contar. Mis últimos viajes a USA habían sido con Delta Airlines, compañía que te trata muy bien y que intenta que no te aburras forrándote a comida. Esta vez era un vuelo directo sin escalas, de la compañía American Airlines, pero operado por Iberia. Compañía ésta que, últimamente, hace honor a la forma en que pronuncian su nombre los americanos: hay-birria. Una birria de trato, una birria de comida. Eso sí, el menú de películas es amplio y variado. Y además dobladas al español de verdad, no a ese venezolano-cubano tan irritante de otras líneas. Aproveché para ver Sin rodeos, el film que dirigió Santiago Segura el año pasado, con una Maribel Verdú espléndida y una acción enloquecida muy divertida. También vi otra película, pero se me ha olvidado cuál, así que no debía de ser muy buena.

Había salido de Madrid como a las 12 del mediodía y estaba en Chicago a las 14.30, después de 9 horas de viaje, por el descuento de la diferencia horaria de 7 horas. Eché otras dos horas en pasar la seguridad de la entrada en Estados Unidos y una más en el tren al centro, el medio más rápido, barato y ecológico de llegar al hotel. Así que me perdí la visita turística que Flavio Coppola había programado para las 16.30. Avisé por whatsapp de que no llegaba a tiempo, que me incorporaría directamente a la cena. Mi amiga Shannon Ryan de Los Ángeles mandó un mensaje similar: su vuelo tenía un retraso considerable. El Chicago Athletic Association Hotel tiene una situación magnífica en la ciudad, en la Michigan Avenue, enfrente del Millennium Park, al otro lado del cual está el enorme lago Michigan, que es casi como un mar. Es la antigua sede de un club deportivo privado y tiene un aire general de castillo de Harry Potter, todo en madera y bastante en penumbra. Las habitaciones son magníficas, aunque me tocó una que daba a un patio interior: por la ventana podías ver un muro de ladrillo casi delante de la nariz.

Salí a dar una vuelta por el Millennium Park antes de que anocheciera. El Millennium Park es un jardín pequeño, apenas 10 hectáreas (el Retiro tiene 120) pero muy bonito y en el centro de la ciudad. Incluye dos hitos escultóricos característicos: el doble cubo del barcelonés Jaume Plensa, en cuyas caras interiores enfrentadas se proyecta la doble imagen digital de la cara de un negro, que gesticula a cámara superlenta y de cuya boca sale un chorro de agua de vez en cuando, y la forma plateada ideada por el escultor indio Anish Kapoor, que se ha convertido ya en la imagen icónica de la ciudad, ante la que todo el mundo se hace fotos y selfies. Esta escultura es conocida entre los hispanos como El Frijol. Abajo tienen las mejores fotos que pude sacar de ambas en el atardecer del lunes. A las 19.35 estaba en la Game Room del hotel, un lugar en penumbra, lleno de futbolines, mesas de billar y otros juegos de madera y bastante abarrotado de gente bebiendo y hablando alto. Miré por allí y pero no reconocí a mi grupo.



Salía otra vez hacia el lobby, cuando llegó Shannon. Nos dimos un abrazo de los que se dan los amigos que se aprecian de verdad y estuvimos un rato contándonos nuestras novedades, como en un oasis sónico en medio del barullo que montaban los grupos que había por todos lados. En ese preciso momento me vino a la mente un pensamiento nítido: si por cualquier circunstancia me dijeran que tenía que volverme ya a Madrid, lo haría con la sensación de que había merecido la pena hacer 7.000 kms. para vivir esos instantes mágicos. Volvimos juntos a la Game Room y encontramos ya a los demás. Flavio Coppola estaba exultante, a poco de comenzar su primer workshop para C40, si bien tiene experiencia en saraos similares para otras redes. Había pedido unas cosas de comer para todos, a las que nos invitaba la organización, así como a las bebidas no alcohólicas. Las cervezas y el vino corrían a nuestro cargo. Y allí empecé a conocer a mis nuevos compañeros.

A toro pasado creo que los workshoppers de este año no llegan al nivel personal de la gente que se reunió conmigo en Portland el año pasado. Es difícil superar al grupo que formaban Clare Haley, Radcliffe Dacanay, Tantri la indonesia, Thabang de Johannesburgo, más Shannon, Érika Kulpa del DF, Valeria de Chile y Antonio Carlos Velloso, de Río de Janeiro. Pero había también gente muy interesante. Por ejemplo, Luis Zamorano, arquitecto y Director General de Desarrollo Urbano del DF, que ya no es DF, según pude averiguar. Resulta que la estructura que tanto me gustaría a mí para Madrid, consistente en eliminar la Comunidad Autónoma y sustituirla por un organismo de coordinación metropolitana, exclusivamente técnico y dependiente directamente del Estado, tenía fallos de funcionamiento en México, si bien funciona perfectamente en Guadalajara, en las cuatro ciudades mayores de China y en otros lugares. Resulta que Ciudad de México no tenía Alcalde electo, sino designado a dedo por el presidente federal. Y todo eso ha cambiado hace pocos meses: Ciudad de México es ahora una ciudad-estado, con un primer Alcalde electo y hasta una Constitución, que ha requerido un largo proceso de consenso (ya ven: en el Estado Federal Mexicano, cada estado tiene su Constitución). Y los capitalinos, conocidos en el resto de México como chilangos, han vivido este proceso como una conquista democrática irreversible.

Luis es un tipo estupendo, bastante joven, educado, brillante, simpático y buen colega. Estudió un máster de un año en la Escuela de Arquitectura de Barcelona y ha vivido también en otros lugares de Europa. Y, hablando de Barcelona, teníamos también un workshopper de allí y yo lo esperaba con una cierta prevención, por si resultaba ser uno de esos dos millones de infectados por el extraño virus del independentismo. Recuerden que, cuando visité el Pabellón de Barcelona en el MIPIM de Cannes, me recibieron unos tipos que me daban la mano haciendo un difícil escorzo para meterme por la nariz el lazo amarillo que les adornaba la pechera. Pero mi colega de la capital catalana, resultó ser un vasco que había ido a estudiar a la escuela de Barna y ya se había quedado allí. Diré que se llama Horacio, no voy a decir su verdadero nombre, que a este blog entra más de un infiltrado y no quiero que este hombre tenga dificultades para vivir en su tierra, por lo que yo pueda desvelar aquí sobre sus opiniones sobre el conflicto catalán, no muy diferentes a las mías, como les iré contando.

Por lo demás, nos trajeron diversos platillos con comidas de raíz claramente mexicana y buenas ensaladas y yo las regué con dos pintas de cerveza IPA de presión, que ya saben que es uno de los factores clave que hacen que me guste tanto venir a los Estados Unidos. Acabamos todos contentos, hablando muy alto y brindando por el éxito del workshop y, antes de irnos a dormir, surgió algo que no esperaba. Flavio tenía varios ayudantes de C40 que le serían de mucha utilidad para la logística del evento. Entre ellos, dos que habían llegado ese mismo día de Nueva York: Laura Jay y Joshua Gardner. Y ambos propusieron salir a correr al otro día por el Millennium y la orilla del lago. Para quien quisiera, por supuesto. La cita sería a las 6.15, una hora muy temprana, pero el horario del workshop no nos dejaba otra alternativa. Se apuntaron varios y yo me sumé con entusiasmo, para sorpresa de todos, porque era de largo el más viejo del grupo. Shannon se había traído sus zapatillas just in case (por si acaso, o por si es caso, que decimos los gallegos), pero proclamó que no estaba segura de sumarse. Y yo supe en ese momento que no vendría. He conocido un poco mejor a Shannon en este viaje y una de las cosas que he descubierto de ella es que es más búho que alondra. 

Y nos fuimos a dormir. Estaba cansado, después de la paliza que supone un día con un suplemento extra de siete horas, pero tenía una habitación espléndida en un hotel magnífico y disponía de todas las condiciones para dormir bien, aunque pocas horas, porque me puse el despertador a las 5.45. No contaba, sin embargo, con el jet lag, pero esto ya lo dejaremos para la toma dos.  

domingo, 30 de septiembre de 2018

775. El sinvivir es una forma de vivir

A punto de salir para Chicago, termino una semana intensa que les voy a contar, ya que me dicen algunos de mis seguidores habituales que les encanta que cuente estas batallitas. He de aclarar que, como de costumbre, cuando uno está a punto de faltar una semana en la oficina, todo el mundo le insta a que deje terminados todos los asuntos posibles. Esto se suma al rebufo que ya traigo, subido en mi ola favorable, sobre la que pienso seguir surfeando hasta que me pegue la bofetada, o la cosa vaya bajando de intensidad gradualmente. Yo mismo me maravillo de la cantidad de cosas que hago en una semana. Porque han de saber que, a lo que cuento en el blog hay que añadirle los entrenamientos por el Retiro. Más los temas que no se cuentan en este foro, bien por aburridos y sin contenido bloguero (como el acuchillado de mi parqué), o bien porque afectan a temas íntimos, no sólo míos sino de terceros, que no voy a poner en público, para solaz de todos los cotillas del mundo mundial. Más el trabajo que supone la propia escritura del blog. En fin, que esta semana previa a mi escapada a Chicago ha sido de órdago. Vayamos por partes.


Mi amigo Flavio Coppola se quedó encantado con el webinar que protagonizamos mi compañera C. y yo la semana anterior. Luego estuvo unos cuantos días missing, absorbido por el montaje de la cumbre mundial del clima, organizada por el Ayuntamiento de San Francisco, cuyo anuncio les he puesto arriba, y otra serie de asuntos que tenían su atención ocupada. Solamente el fin de semana anterior a este en el que estamos, disfrutó de un rato para echar un vistazo a las imágenes que yo le había mandado para mi intervención en el workshop de Chicago. No le parecieron adecuadas, por una razón muy clara. Muchos de los técnicos que se reunirán conmigo en el taller, ya asistieron a mi presentación a medias con C. del otro día. Yo le había mandado a Flavio unas imágenes que eran una especie de resumen de las del webinar y él quería unas imágenes totalmente diferentes, porque además, el vídeo del webinar estará a disposición de todos.

Me lo contó por teléfono el sábado por la tarde y, cuando llegué a mi oficina el lunes, tuve que llamar a C. y ponerme con ella a trabajar para hacer una presentación nueva, que debíamos mandarle el martes, porque ya estábamos fuera de plazo. El lunes llegué a mi casa muy tarde, pero con tiempo de ver el partido del Deportivo, que lo daban en abierto. El martes tenía una reunión a primera hora. El Ayuntamiento ha creado una Oficina de Atención al Inversor Extranjero, que tiene su sede en la plaza de Jacinto Benavente, a 20 minutos andando desde mi casa. Esa oficina se apoya en un grupo de trabajo transversal, que se reúne una vez al trimestre para coordinar la actividad municipal en este sector. Y yo soy el representante del Área de Urbanismo en ese grupo (quién si no). Acabada la reunión, bajé a Sol a coger el tren y luego el Metro hasta mi oficina. Menos mal que mi colega C. había avanzado en la confección de mi presentación para Chicago. Se la enviamos a Flavio a las 5 de la tarde y supongo que se la encontró en su buzón de entrada cuando se levantó.

Regresé a casa y apenas pude sentarme un rato. A las 19.30 tenía que estar en Malasaña para la sesión inaugural de esta temporada de Billar de Letras, el club de lectura al que llevo unos años adscrito. Como me gusta hacer, fui a pie desde mi casa, 35 minutos de paseo urbano por el centro de la ciudad, que me preparan anímicamente para la discusión literaria. Esta vez nos centramos en la novela La Espuma de los Días, de Boris Vian (1947). Boris Vian fue un tipo muy singular, que vivió en una época en la que florecían el surrealismo, el existencialismo y la resaca del dadaísmo. Vian los superaba ampliamente a todos ellos, a la vez que los criticaba con saña. Ingeniero, trompetista de jazz, cantautor que dejó una serie de melodías y letras que no desmerecerían en el cancionero de Brel o Brassens, escribió varios libros inclasificables, que le dieron fama, además de perpetrar unas cuantas novelas policíacas brutales, que camuflaba tras el seudónimo Vernon Sullivan, como la sublime Escupiré sobre vuestra tumba (1946).

Cuando este último libro fue prohibido por violento y pornográfico, Vian salió públicamente en defensa de su heterónimo. Y, cuando se supo que en realidad eran la misma persona, mucha gente se sintió estafada por este great pretender y dejó de apoyarle. En la actualidad, no tengo duda de que a este brillante e imaginativo artista multidisciplinar se le calificaría de friki. Y su historia se coronó con una muerte digna de un verdadero friki. Resulta que le ofrecieron hacer una versión cinematográfica de La Espuma de los Dias. Vendió sus derechos a una productora y empezó a colaborar con ellos como guionista asociado. Pero, a medio rodaje, se mosqueó porque estaban distorsionando el mensaje de su novela y rompió con ellos sonoramente, desautorizando en público la película. El día del preestreno en París, la proyección hubo de interrumpirse bruscamente. Un espectador de las últimas filas estaba sufriendo un infarto. Los médicos llegaron rápido, pero no pudieron salvarle. Cuando lo identificaron, descubrieron que era el propio Vian, que había acudido de incógnito al preestreno.

Yo había leído la novela a los 20 años y me había encantado. Era un relato alucinado, muy apropiado para la época de la experimentación sensorial, los tripis, los hongos mexicanos y la música de Pink Floyd. Y la retomé ahora con cierta aprensión. Ya me ha pasado que, al repasar algún libro o película que me maravilló en mi juventud, mi revisión me lleva a exclamar: –Pero, cómo me pudo entusiasmar a mí esto. Algo así sentí de entrada al afrontar La Espuma de los Días, aunque, avanzando en su lectura, me fue ganando de nuevo. Lo mismo les había sucedido a varios de los miembros del club. Así que les hice una reflexión, no por obvia menos certera: si el libro nos encantó de jóvenes y ahora nos irrita más o menos, dado que el texto es el mismo, está claro que los que hemos cambiado somos nosotros.

Regresé a casa caminando, pero no tenía sueño: la discusión sobre el libro de Vian me había despejado. Así que subí y me puse a escribir mi post de cierre de la serie Recovering myself. No necesitaba mucho esfuerzo intelectual: lo tenía entero en mi cabeza y sólo tenía que transcribirlo. Eso no me impidió madrugar el miércoles. A las 9.00 tenía que estar en la sede de ASPRIMA, en el despacho de su Gerente, Daniel Cuervo. La principal asociación de los promotores inmobiliarios de Madrid está muy interesada en Reinventing Cities y había ofrecido facilitar contactos entre los finalistas del concurso y algunos de sus asociados, que tengan interés en sumarse como inversores a las diferentes propuestas. En el encuentro definimos la operativa para organizar esa colaboración. En la segunda parte de la mañana, tuve que rematar determinados trabajos, como la redacción de un comunicado de prensa explicando el cierre de la primera fase de Reinventing y el inicio de la segunda. Y tuve un hueco para repasar y publicar mi post, escrito la noche anterior.

Pero tampoco tenía descanso esa tarde. Desde mi oficina me desplacé directamente a la antigua Real Fábrica de Tapices, cerca de Atocha. Esta institución, vinculada al Patrimonio de la Corona, entró en quiebra hace unos años y ahora se ha reconvertido en lugar para eventos, bajo el nombre de Loomhouse. Ese era el lugar que había alquilado la Camara Hispano-Danesa de Comercio, para una jornada en torno a la felicidad en la sociedad moderna, en la que yo participaba como ponente. Qué quieren que les diga: ahora mismo soy conocido en todo el Ayuntamiento, en donde tiran de mí para los acontecimientos más estrambóticos. Soy el Boris Vian de los servicios municipales, salvando las distancias. Marianne Koefoed, danesa que vive en España desde hace años, era la encargada de la organización de la jornada. Y nos citó a las 17.30 para cruzar y concretar nuestras intervenciones.

Allí me encontré a un viejo conocido: Mikkel Larsen, de la embajada danesa, que ya me ha traído varias delegaciones de su país, entre ellas la muy celebrada en el blog de los daneses birreros, que se contó en el Post #562, y de la que todavía se acordaba. Mikkel era el moderador de la primera de las dos mesas redondas de la jornada, en la que me tocaba hablar en primer lugar. Lo cierto es que salí del apuro con las tablas que me confieren mis años de participar en saraos de todo tipo. Empecé diciendo que para el equipo de Gobierno Municipal, la felicidad de sus ciudadanos es trascendental, pero no puede ser que esa felicidad, ligada a la calidad de vida urbana, vaya por barrios. Si hay diferencias de calidad de vida entre los barrios, eso genera frustración, irritación y agresividad. Por eso el Ayuntamiento desarrolla estrategias de reequilibrio territorial y social, apoyando a los barrios más vulnerables. Eso me daba pie para hablar de mi libro y explicar la Estrategia de Regeneración Urbana y la forma en que hemos organizado la participación ciudadana. Es decir, lo mismo que voy a contar en Chicago.

Las siguientes intervenciones en las dos mesas redondas hablaron de cosas como el hygge danés o el ikigai japonés, recetas para alcanzar la felicidad en la sociedad urbana del Siglo XXI. Durante un rato me sentí como alguien ajeno a lo que se estaba ventilando en la jornada pero, a la hora de las preguntas finales, muchas de las cuestiones planteadas tenían que ver con mi intervención, que acabó en el centro del debate. Después había un vino en el jardín del lugar, en donde me sentí muy a gusto y me quedé hasta el final. Los expertos en la felicidad parecían efectivamente felices y eran bastante divertidos. Llegué a casa después de las 11 de la noche. El jueves tuve una mañana bastante agotadora, intentando cerrar todos los frentes abiertos en mi penúltimo día de oficina. Esa tarde, por fin, me pude echar una siesta en casa, tras lo cual salí a correr por el Retiro, primer y único entrenamiento de esta semana.

El viernes me esforcé en terminar pronto mis tareas pendientes, para salir a las 2 de la tarde y llegar a mi cita para comer con mi hijo Kike, que ha venido este fin de semana de visita. Tras un breve descanso, me desplacé al teatro La Abadía, para asistir a la versión que, como intérprete único, hace Lluis Homar del clásico decimonónico catalán Tierra Baja. Es algo que merece la pena. Este hombre interpreta de forma admirable a cuatro personajes de este dramón romántico rural. Lo hace con una escenografía mínima, vestido de negro, subrayando los cambios de personaje de forma muy sutil, exclusivamente con su lenguaje gestual. Así cuenta la tremenda historia del amo Sebastiá, que necesita casarse con alguna heredera de las otras casas de terratenientes de la zona para evitar la ruina. En este empeño se interpone su relación, por todos conocida, con una amante a la que ha sacado de la mendicidad en Barcelona. Para convencer a alguno de sus suegros potenciales organiza la boda de su amante con un pastor al que recluta de las montañas, un personaje que encarna la ingenuidad y la pureza de las incontaminadas tierras altas. Eso desencadena un volcán de pasiones y sentimientos que atrae una violencia imparable y demoledora.

Pero mi semana de sinvivir no había terminado. El sábado tenía un bolo extra. A las 9.30 debía estar en el Matadero, para atender a los Coordinadores Generales de las Alcaldías de las capitales de la Unión Europea. Estos cargos tienen una red que cada año organiza un viaje y este año tocaba Madrid. Habían llegado el jueves, con una agenda bastante nutrida, que incluía una recepción con la Alcaldesa y diversas visitas. El viernes por la tarde lo reservaban para ver el Bernabeu y un Corte Inglés, atracciones inevitables de nuestra ciudad. Y el sábado por la mañana iban a conocer el Matadero y el parque Madrid Río, visitas en las que yo debía ejercer de anfitrión en inglés. La cosa terminó en una comida en el Club de Campo, a la que se incorporó Luis Cueto, el Coordinador de Madrid. El sábado por la tarde por fin pude relajarme un poco. Porque hoy domingo he tenido que prepararme para mi viaje de Chicago, lo que ha incluido plancharme cinco camisas, porque la señora que limpia en mi casa ha tenido a bien hacer pellas esta semana. Aun así me ha quedado hueco para escribir este post.

Dejo para el final algo que oí en la jornada sobre la felicidad. Me gustó especialmente la intervención de Paloma Fuentes, médico y psicóloga que se presenta como happytóloga. Esta mujer, que trabaja en las unidades de recursos humanos de varias empresas, como Mahou, ocupándose de la felicidad de los trabajadores, dijo cosas muy interesantes. Cuando se inició en este nuevo sector de la política de personal de las empresas, se centró en combatir el estrés laboral y vital. O sea, que contraponía felicidad a estrés. Sin embargo, sus reflexiones le habían llevado a una conclusión distinta. La felicidad puede ser compatible con un estrés, más o menos intenso. Puede haber un estrés feliz, o una felicidad estresada. La felicidad está más bien vinculada con la capacidad de actuar de forma consciente. De hacer lo que hacemos porque lo queremos hacer, como resultado de una reflexión que tenga en cuenta todos los factores y derivadas. Eso nos hace sentirnos emocionalmente realizados, sensación básica de la felicidad.

Es este un tipo de felicidad que puede mantenerse de forma continuada, como sustrato básico para seguir adelante. Cada uno ha de identificar que es lo que quiere y esforzarse por conseguirlo. Y, desde luego, ese concepto de felicidad no comporta estar todo el tiempo con una sonrisa bobalicona en la cara. Uno ha de vivir la ira o la tristeza cuando corresponda y dejarlas expresarse. En una entrevista, le preguntaron a Julio Caro Baroja si era feliz. Su respuesta. –Ni soy feliz ni maldita la falta que me hace. Yo estoy en este momento haciendo lo que me gusta, que no es lo que buscan otras personas. Por ejemplo, hace unos cuantos años que no voy a la playa durante el verano. A mí lo que me gusta son las ciudades y todo mi tiempo de vacaciones lo vengo dedicando a visitar nuevas ciudades. Intento ser yo mismo, be myself, como dice Sheryl Crow. 

Mañana me voy a Chicago con una agenda muy apretada y tal vez no vuelva a escribir en el blog hasta la vuelta. Ya tengo toda la información sobre el workshop y nuestra estancia. Nos alojaremos en el Chicago Athletic Association Hotel, a 3 minutos andando del Chicago Cultural Center donde se celebra el workshop. Y a 5 minutos del Millenium Park. En cuanto vi el plano de localización del hotel, me vino una idea a la cabeza: salir a correr por el parque, si tengo un rato libre. Y una segunda idea automática: Shannon Ryan, mi amiga de LA con la que me encontraré en Chicago. Ayer le escribí un whatsapp contándole esto. Le dije que no tenía constancia de que fuera corredora, pero que una intuición súbita me decía que tal vez lo fuera. Y que, en caso de que lo fuese y si le apetecía, podíamos correr juntos un día por el Millenium Park. Me contestó que no era una corredora muy regular, pero que cargaría en su equipaje con sus zapatillas de running, por si acaso (just in case). Y yo le confirmé que también llevaría las mías, just in case. Como dijo Dostoievsky, el misterio de la existencia humana no radica en mantenerse vivo, sino en encontrar algo por lo que vivir. 

miércoles, 26 de septiembre de 2018

774. Recovering myself VI

La verdad es que no sé para qué les propongo acertijos sobre el destino de mis viajes, si al final todos los acierta Paco Couto. Esta vez la pista era algo más difícil, pero bastante clara también. Cualquiera que me conozca sabe qué clase de música me gusta y la canción de Wilco que les puse en el último post, no es de ese tipo. Como pensé que nadie lo pillaría, hice un poco de sobreactuación, diciendo que la dejaran de fondo, mientras seguían leyendo. Inmaculada me confesó que le había tenido que quitar el sonido, porque era incapaz de concentrarse para leer, mientras escuchaba semejante murga. También les puse al final del post una canción de Specials que me encanta, para subrayar la diferencia. El único motivo de incluir el tema de Wilco era por dar una pista. Wilco es uno de los grupos de rock más valorados de Chicago y, en la portada de su disco Yankee Hotel Foxtrot (2002), usaron para la carátula una imagen desde abajo de las icónicas torres de Marina Drive, al lado del río, un edificio tan emblemático de Chicago como el Bradbury en Los Ángeles. Me dicen que entre la gente joven es frecuente llamar a este edificio las Torres de Wilco. Para adivinar el acertijo bastaba saber un poco de rock y un poco de arquitectura.  

Así que ya está dicho: me voy a Chicago. Lo que pasa es que este viaje, que me ocupará la semana que viene, es el colofón de esta serie Recovering myself con la que les vengo entreteniendo y que espero terminar hoy. Nos habíamos quedado en que mi jefa y yo nos tirábamos al abismo, sin saber si el río tenía o no suficiente agua. Pero la cosa tuvo un cierto período de maduración. Mi jefa reunió a su staff técnico y seleccionó con ellos cinco áreas de oportunidad ya detectadas en nuestra estrategia de recuperación de la periferia. Las llevó al Comité de Dirección de Urbanismo y allí se perdió una, que alguien quería reservar para un proyecto diferente. Las cuatro supervivientes eran bastante heavy, en zonas muy deterioradas y sin un gancho importante para inversores. Antes de lanzarnos definitivamente, hablé con Hélène y le expresé mis dudas: –¿Tal vez nos hemos pasado de cutres? ¿Es posible que entren inversores a lugares tan degradados? Hélène viajo a Madrid y dedicamos un día a visitar los cuatro sitios. Y le parecieron perfectos para los objetivos de C40. Cuanto peor es el punto de partida, mayor es el recorrido de recuperación que tenemos –me dijo.

A partir de aquí las cosas fueron rodadas. La Alcaldesa firmó la carta de adhesión al certamen el 15 de noviembre. En diciembre hicimos un acto de presentación a la ciudad, en el que me tocó hacer de maestro de ceremonias. Mi jefa metió en el proyecto a mi compañera M., idea feliz, porque M. es un portento, que le dio al tema el impulso definitivo. En enero viajamos a París los tres mosqueteros del proyecto a participar en el Meet Up de esta ciudad, excursión que se reseñó en el blog con fotos incluidas. En febrero hicimos nuestro propio Meet Up, en la Nave de Villaverde, con bastante éxito. Y en marzo, M. y yo viajamos a Cannes para estar presentes en el Meet Up internacional, que había organizado C40 en el marco de la feria MIPIM. Además hicimos incontables actos de promoción del asunto, que no voy a detallar aquí. Los promotores inmobiliarios en su mayoría aparecían renuentes a participar. Era algo novedoso, innovador y el promotor español tipo es un sujeto prudente, cortoplacista, que va a lo seguro.

Llegamos a la fecha tope para presentar expresiones de interés (31 de mayo) con la incertidumbre de si todo no sería un bonito sueño y nadie iba a presentar nada. Pero el último día entraron 20 propuestas y hubo al menos dos para cada sitio. En la primera quincena de julio se celebraron las dos sesiones del Comité de Selección. Se proclamaron tres finalistas para el sitio de Vicálvaro, cuatro para el de Vallecas, dos para Usera y dos para Villaverde. En este momento, los finalistas están empezando su trabajo de preparación del anteproyecto que han de presentar en la Segunda Fase, puesto que no supieron el resultado de la Primera hasta comienzos de septiembre, por petición expresa de C40, que quiere llevar a todas las ciudades al unísono. Pero de todo esto se ha ido dando cuenta en el blog.

Me centraré ahora en un par de temas. El 8 de agosto de 2017, yo tenía una cita en la Seguridad Social, para que me detallaran las condiciones de mi jubilación. Por entonces yo proyectaba tirar la toalla en febrero de 2018, por mi 67 cumpleaños. Ese día me explicaron que, desde mi cumpleaños hasta el 1 de enero de 2019, yo tendría una pensión X que, si me empeñaba en continuar después de dicha fecha, se vería seriamente demediada por el factor de sostenibilidad, aprobado por Rajoy para su entrada en vigor justo ese día. Dado que con estos asuntos que les vengo contando mi situación en el trabajo estaba mejorando día a día, le dije a mi jefa que me marcharía el 1 de enero de 2019. Pero luego empecé a dudar. En una excursión senderista me hicieron ver que el factor económico no es el decisivo para fijar una fecha de jubilación. Que lo principal son las sensaciones. Y en eso Rajoy pactó con el PNV posponer la entrada en vigor del factor de sostenibilidad hasta 2023. Entonces ya decidí seguir al menos hasta las elecciones locales de mayo de 2019. Luego ya veremos. Supongo que seguiré durante el verano, que es cómodo en mi oficina, y en septiembre tomaré una decisión, en función de los resultados de dichas elecciones.

Pero, hay otro tema pendiente. Yo había conectado con Hélène en el workshop presencial anual de la red TOD (Transit Oriented Design), celebrado en Portland. ¿Y qué fue de esa red? En septiembre aun asistí a un webinar, sobre el sistema de carriles bici de Londres. Mi amiga Clare Haley, hasta entonces directora de la red TOD, me contó después que dejaba el cargo para sustituir a una compañera embarazada en Londres, con mejora de sueldo. Quedé con ella un par de veces antes de que se fuera, para visitar el parque del río y para desayunar en el Café Comercial, circunstancia también reseñada en el blog con foto. Y entonces me vi sumergido en la vorágine de Reinventing Cities y me olvidé de todo lo demás. Y no fui consciente de que ya no me convocaban a más webinars de la red TOD. Mucho después, creo que en abril de este año, caí en la cuenta de esa ausencia de novedades de TOD y llamé a mi amiga Julia, la coordinadora de C40 para Europa.

Me contó que la red TOD se había disuelto. Que habían pensado que era una red con una mezcolanza entre temas de planeamiento urbanístico y asuntos de movilidad, carriles bici, etc., que no tenía demasiada lógica. A mí nadie me había avisado de esto, yo seguía en contacto con Clare, que ahora estaba en Copenhague, y con el whatsapp colectivo del grupo de Portland, pero nadie me había comentado nada de la desaparición de TOD. Julia me dijo que los temas de planeamiento se habían incorporado a la red (LUP) Land Use Planning, que dirigía desde febrero un joven arquitecto italiano, llamado Flavio Coppola e instalado en San Francisco. Y, con los temas de movilidad, se había creado una red específica llamada Walking and Cycling, al frente de la cual estaba una mujer de Barcelona. Empecé a intercambiar mails con ambos, para que me informaran de sus organizaciones y actividades, de cara a tomar la decisión de en cuál quedarme.

Y entonces me escribió mi amigo Diego Moreno, de Tijuana, y surgió la oportunidad de un viaje a la Costa Oeste. Se lo conté a Flavio y quedamos en que tras nuestra entrevista en persona, decidiríamos qué era lo más oportuno. En San Francisco, lo mío con Flavio fue un auténtico flechazo. Le conté lo que estábamos haciendo en la Dirección General que encabeza mi jefa, es decir, la Estrategia de Regeneración de la periferia. Y también los métodos de participación ciudadana que estábamos usando. Ambas cosas le parecieron tan interesantes que quedamos en que a mi vuelta organizaríamos, no uno, sino dos webinars, dirigidos desde Madrid y centrados en ambos asuntos. Le pregunté por el modo de formalizar mi adhesión a la red LUP y respondió con un apretón de manos y enfatizando: –Ya estás en la red. Y, así como al descuido, me interesé por el workshop presencial de LUP de este año. Me dijo que sería en Chicago a primeros de octubre, pero que ya tenía cerrado el cupo de invitados de C40. Yo podía sumarme y sería bienvenido si conseguía que el Ayuntamiento de Madrid me pagara los gastos. Le contesté que el año anterior había tenido una bronca considerable por el billete de Portland y que no iba a pelear otra vez por ese asunto. Si C40 no me invitaba, pues no iba y listo.

De vuelta en Madrid, le planteé el asunta a mi compañera C. que es la que diseña todas las dinámicas de participación ciudadana. Descubrí que se maneja bien en inglés y que le hacía especial ilusión colaborar en un webinar conmigo. Se lo comuniqué a Flavio y me lo terminé de ganar: yo le había hecho una promesa de palabra y muchas veces las palabras se las lleva el viento. Pero yo había respondido y pronto. Decidimos hacer dos sesiones próximas en el tiempo. En la primera, yo explicaría la Estrategia de Regeneración Urbana. En la segunda, C. contaría el sistema de participación vecinal empleado. Llegamos a fijar las fechas (20 y 25 de septiembre) y hacer las convocatorias on line a toda la red LUP. Y empezamos a preparar las imágenes para nuestras presentaciones. Y entonces sucedió. Flavio me telefoneó un día y me dijo que había una baja para Chicago. El representante de Melbourne no podía acudir por un motivo familiar sobrevenido e inexcusable. Flavio quería saber si yo seguía interesado en ir. Le dije que bueeeeeno, si no hay más remedio… No era todavía seguro. Él tenía que consultar primero el caso con el coordinador de C40 para Oceanía. Si éste señor tenía un candidato a sustituir al hombre de Melbourne, tendría preferencia. En caso contrario, Flavio me propondría a mí, con el visto bueno de la coordinadora para Europa, que es mi amiga Julia.

Todo salió como yo confiaba en que saliera y finalmente me voy a Chicago el 1 de octubre, para el workshop de los días 2, 3 y 4, y regreso el 5. Ya tengo los billetes. Esta vez ni se me ha pasado por la imaginación quedarme por allí de vacaciones. Ya saben que el 24 del mismo mes salgo pitando a un segundo viaje, al lugar que ya se desvelará oportunamente. Por cierto, nuestros webinars se redujeron finalmente a uno solo: como también voy a intervenir en el workshop, ya era demasiado protagonismo de Madrid. El pasado 20 de septiembre, C. y yo compartimos un webinar conjunto, como ya les conté. Y esto es todo en cuanto a la serie Recovering myself. Si han tenido la paciencia de leerla entera, habrán encontrado las claves de cómo, a partir de una situación caracterizada por un deambular mortecino por una vida profesional en decadencia, he logrado remontar hasta el momento de delirio actual. Y todo sobre la base de una serie de casualidades. El único mérito que me puedo atribuir en este proceso, es una especie de sexto sentido para pillar las oportunidades que se me iban poniendo a tiro. Pero esto es algo normal en mí. Cuando era más joven dejé perder algunas ocasiones por timidez, indecisión o miedo y nunca me lo he perdonado.

Este domingo, culminé mi semana de sinvivir corriendo la carrera Global Energy Race, de 5 kilómetros. A la izquierda tienen la foto que me hice en la salida con mi colega de carreras J.  Para los que piensen mal, se trata de la esposa de mi buen amigo M., que la trajo en coche hasta la salida de la carrera y él mismo nos hizo la foto. J. me fue cuidando hasta pasado el kilómetro 4, luego le dije que esprintara, que yo ya llegaba bien, pero a mi tran tran cochinero de sexagenario. Mi tiempo fue de 32.15 minutos, que no está mal, dadas mis condiciones de edad, dignidad y gobierno. Se pueden imaginar el desayuno con que nos obsequiamos después.

Para terminar, les voy a dejar con la melodía que llevé todo el rato en la cabeza. Aquí no hay trampa ni cartón, esto es un ejemplo de la música que me gusta y no lo que les colé de matute en el post anterior. La canción, que es del año pasado, me fascina y es perfecta para marcar el ritmo de carrera. El grupo, de Portland aunque originario de Alaska, responde al curioso nombre de Portugal. The Man. Que ustedes la disfruten.