sábado, 22 de septiembre de 2018

773. Un sinvivir

Nada, con lo tranquilo que estaba yo en agosto y ya he entrado otra vez en la vorágine en que se ha convertido mi vida en los últimos tiempos. Esto es de nuevo un sinvivir. Les voy a contar lo que se puede traer aquí al blog, que ya les he dicho que sobre la segunda fase de Reinventing Cities no puedo hablar por el momento. Así que me centraré en lo demás. Por ejemplo, la semana pasada, el miércoles por la tarde, bajé a la estación de Atocha y me cogí el AVE a Ciudad Real. Con la tarjeta dorada me costó exactamente 41,40€, ida y vuelta. Se tarda en llegar menos de una hora, así que el coche no puede competir con esto. En CR me esperaba mi amigo Alfredo, el organizador y amable líder del grupo de viajeros veteranos con los que visité Birmania a primeros de 2017. Ellos han hecho ya otro viaje, a finales del año pasado, a las kasbahs del sur de Marruecos, aventura que yo me salté para guardar días de vacaciones que utilicé visitando Nápoles y Roma.

Ahora estamos terminando de preparar un nuevo viaje, que ya diré a dónde nos va a llevar, no se me apresuren. En realidad, los billetes de avión los tenemos pagados y el alojamiento reservado, desde mediados de marzo; así es como se consiguen precios aceptables a los lugares lejanos. O sea que yo ya tenía este asunto cerrado cuando me surgió en junio la posibilidad de hacer una escapada a San Francisco, Los Ángeles, San Diego y Tijuana, en lo que yo creo que ha constituido mi viaje más redondo desde el punto de vista del blog. Así que: ¿quién sabe? A lo mejor aun me sale otro viaje intermedio, antes del 24 de octubre, que es cuando tenemos el vuelo de ida. Para ese día queda mucho tiempo. Para irles endulzando la espera, les voy a poner una música muy tranquila y sugerente. Se trata del grupo Wilco, del que ya se ha hablado aquí en alguna ocasión. Pueden dejársela de fondo y seguir leyendo.


Como les digo, Alfredo me esperaba en la estación y me llevó en coche hasta su casa, donde nos reunimos por primera vez los que compartiremos tres semanas en ese viaje que todavía no les voy a revelar a dónde me llevará. Esta vez seremos seis personas, cuatro supervivientes de Birmania y dos nuevos que no conocía. Estuvimos un buen rato confirmando la ruta, estudiando nuestras opciones y perfilando las diferentes etapas. Luego salimos a tomar unas cervezas con algo de picar en una terraza del centro, en donde nos reunimos con el resto del grupo, los que esta vez no vienen, como mi amigo Paco Matas, recién llegado de Togo como cada verano. No estuvimos hasta muy tarde, que ya vamos estando mayores (Paco y yo somos los únicos recalcitrantes que seguimos trabajando). Y me quedé a dormir en casa de Alfredo.

El jueves regresé temprano en el AVE y llegué un poco tarde al trabajo, pero este mes me sobran horas. Esa noche salí para acudir a la fundación Moneo-Brok y asistir a la inauguración de la exposición del fotógrafo esloveno Primoz Bizjak, que se dedica a buscar viejas estructuras industriales o bunkers, abandonados por el hombre y en proceso de ser reconquistados por la naturaleza. Primoz ha de explorar terrenos ignotos, en los que se interna con su mochila en busca de estos vestigios de otros tiempos. Estuve hablando con el artista un buen rato, con unas cervezas. El lugar de la exposición es un antiguo local industrial en el barrio de Prosperidad, en donde tienen su estudio Belén Moneo, hija del famoso arquitecto, y su marido el neoyorkino Jeff Brock. Conocí a esta prestigiosa pareja en el MIPIM de Cannes, les estuve vendiendo el Reinventing y les di una de mis tarjetas. Desde entonces me tienen en su mailing, pero hasta ahora no había acudido a ninguno de sus eventos. Aquí una de las fotos de Primoz, que corresponde a una antigua fortificación a las afueras de Venecia.




El viernes salí también por la tarde/noche para asistir a la presentación del último libro de Lola López Mondejar, escritora y psicoanalista, que se llama Qué mundo tan maravilloso. La presentación tenía lugar en la librería Cervantes y compañía, en la calle del Pez y allí me encontré con un grupo de gentes relacionadas con la literatura, que hacía tiempo que no veía. Por ejemplo, mi amigo Juan Casamayor, reconocido como editor distinguido en la penúltima Feria del Libro de Guadalajara (Mexico). Antes de circunscribirme al blog, yo escribía relatos que nunca me animé a enviarle, porque no hay que mezclar la amistad con los negocios. Ahora ya no tengo nada que mandarle. Estaba también Clara Obligado, acreditada escritora argentina, de las que salieron por piernas de su país en los tiempos más difíciles de la dictadura de Videla y ya se quedó por aquí.

Y Javier Saez de Ybarra, que ha publicado varios libros de poesía y otros narrativos inclasificables. Nos dimos un abrazo y me recordó la ocasión en que, en un club de lectura de Billar de Letras, yo descubrí un fallo garrafal en su texto, que nadie más había advertido. El bueno de Javier, a medio escribir el libro, cambió el nombre de uno de los personajes centrales. Pero olvidó hacerlo en algunos de los pasajes del principio, lo cual inducía una confusión notable. A mí me produjo cierto bochorno revelar esto en el club, y aun me lo produce, pero él siempre me lo recuerda y se muestra agradecido, porque, dice, en una eventual segunda edición, el libro saldría corregido. Me temo que esa segunda edición nunca llegará a ver la luz y no quiero ser agorero. Finalmente, la persona que más me alegré de ver: la gran Valeria Correa, guapísima poetisa rosarina, autora de La Condición Animal, una colección de relatos muy heavy, que se comentó en su día en el blog. Arriba tienen su foto. Con todos ellos estuve un buen rato sentado en una terraza de la calle del Pez.

Este lunes tenía un encuentro muy especial. Como les conté, mi hijo Lucas pasó hace poco tres semanas en Osaka (Japón), trabajando en un laboratorio de la Universidad. Pues resulta que tres de los compañeros que convivieron con él en ese breve tiempo, están ahora en Toledo, cuya Universidad está hermanada con la de Osaka, haciendo un curso de diez días. Se trata del profesor Shyonzi Ito y los estudiantes de postgrado Mashafumi Koga y Shinya Nakamura. Nada más llegar a España pasaron un día visitando Toledo, al siguiente fueron a Granada y luego venían a Madrid. Mientras hacían esas actividades turísticas, absorbían el jet lag. Sólo después de esos tres días, empezaba su trabajo. Gente práctica, los japoneses. Así que el lunes, a las 19.45, estaba yo en la salida de viajeros del tren de Toledo, vestido con una camiseta que me compré en Kyoto y que reza Emilio en japonés, así como un gran cartelón en el que ponía KOGA, para que me reconocieran. Aquí pueden verme, de esa guisa preparado.


Nos encontramos, subimos andando a Tirso de Molina, donde tenían su hotel, hicieron la inscripción, dejaron sus bolsas y nos dirigimos también andando al lugar que había reservado para ellos: el tablao flamenco Casa Patas. Allí cenamos muy bien, con nuestra correspondiente botella de Protos, y luego pasamos a la sala donde se desarrollaba el show, en donde cayeron también sendos gin-tonics. Lucas me había avisado que sus amigos no son muy resistentes al alcohol, pero aguantaron el tipo sin problemas. No obstante, volvimos al hotel entonando el Osaka Patria Querida. Aquí unas imágenes del grupo, para que vean que majos eran.





El martes me lo había pedido de permiso en el curre, para acompañar debidamente a mis amigos japos. A las 10.00 les estaba esperando a la puerta del hotel para ir a desayunar chocolate con churros a San Ginés. Después recorrimos la zona de plaza de Oriente, Viaducto, Las Vistillas, vuelta por el barrio de los Austrias, Mercado de San Miguel (donde picamos alguna cosa), Puerta del Sol, Plaza de Santa Ana, etcétera. Pasamos por su hotel a recoger sus maletas y nos encaminamos al Reina Sofía, que encontramos cerrado (cómo puede cerrar un museo los martes). Una pena porque tenían muchas ganas de ver el Gernika. Como alternativa, fuimos al Caixaforum, donde había una exposición sobre los trucos técnicos de la primera época Disney, que les encantó. Luego comimos en la cafetería del museo, donde nos hicimos esta otra foto.


Les dejé en la estación de Atocha a las cuatro y cuarto y salí cagando virutas hacia mi oficina, en donde tenía una call con Flavio Coppola, para chequear imagen y sonido del webinar que estábamos preparando para el jueves. Esto del webinar corresponde a la serie Recovering myself, pero ha asomado por aquí. El jueves, mi compañera C. y yo estuvimos una hora conectados con técnicos de otras veinte ciudades, explicando en inglés nuestra estrategia de regeneración de la periferia y el sistema de participación ciudadana que hemos utilizado. Flavio se quedó muy contento con el resultado. También mi amiga Shannon Ryan de LA me mandó un whatsapp para felicitarme por el webinar al que había asistido. Pero mi semana no había acabado todavía. Ayer viernes a las 13.00 estaba en la planta 18 de Torre Espacio, para dar una charla de una hora en francés a un grupo de directivos de la empresa inmobiliaria gala COGEDIM, que venían pastoreados por mi amigo suizo Werner Dürrer. Les conté la historia más reciente del urbanismo madrileño y les mostré algunas imágenes de la operación Nuevo Norte, antes llamada Chamartín, para que vayan teniendo información a ver si se animan a invertir.

Al acabar teníamos comida en el restaurante que hay en la planta 30 y última de la tercera torre del Real Madrid, según se cuentan desde el norte. Varios se acercaron a felicitarme por mi exposición, especialmente por mi punto de vista crítico con la administración y los políticos. Llevaban varios días de visitas y entrevistas y estaban un poco hartos de la visión autocomplaciente que les habían dado otros. Yo hablo a la gente como en el blog, criticando lo que hay que criticar, procurando mostrar una visión positiva y optimista, pero nunca autocomplaciente. Los asistentes eran casi todos de mediana edad de esas generaciones intermedias con las que no suelo entenderme demasiado. Pero entre ellos localicé a uno algo más mayor, digamos de unos 55, completamente rapado y vestido de negro, como gustan de vestirse los arquitectos. Me las arreglé para sentarme a su lado en la comida y acerté. Era un tipo muy interesante.

Se trata de Jean-François Drevon, arquitecto, que es asesor externo de esta empresa, pero con una trayectoria más amplia, que incluye la dirección durante años de la revista AMC, del grupo Le Moniteur. Este grupo tenía una librería especializada en arquitectura, en la zona del Odeon, donde yo solía entrar a comprar libros y revistas en mis visitas a París. Jean-François me dijo que ahora había cerrado y se había trasladado a la nueva Ciudad de la Arquitectura. Encontramos muchas cosas de que hablar, desde la alcaldesa Hidalgo, el concejal de Urbanismo Jean-Louis Missika, el Atelier Parisien d'Urbanisme con el que yo colaboré en el proyecto LASDO en Sri Lanka, el Reinventer Paris y su ampliación internacional y otros asuntos de interés. Me confesó que en Francia la situación del planeamiento es similar a la española, con el sistema tradicional colapsado y prácticamente ninguna ciudad grande revisando su planeamiento general; por el contrario, todo el mundo intenta hacer planificación estratégica, que es mucho más práctico. Sobre esto ya les daré algunas explicaciones otro día, que también hay temas ahora mismo "en el horno" en relación con ello.

Fue, pues, una sobremesa muy agradable, tras la que Werner se los llevaba a ver el nuevo desarrollo de Sanchinarro (venían de visitar el de Valdebebas). Repartí tarjetas, me despedí y cogí el Metro hasta Mar de Cristal. En el Centro Comercial Gran Vía de Hortaleza debía recoger el dorsal para mi carrera de mañana, la Global Energy Race, una idea similar a la de la Human Race que yo corrí en 2008 y que inspiró mi novela corta premiada en 2009. Esta vez me he apuntado a la carrera de 5 kilómetros, que no me veo actualmente para mayores trotes, aunque este año estoy entrenando de forma muy sostenida. Hasta que empiece con mis viajes. Vale, ya les digo que antes de mi largo y lejano viaje que empieza el 24 de octubre, tengo otro en perspectiva. Cuando urdí mi viaje a San Francisco, les puse una imagen mía como cebo, a ver quién acertaba con mi destino, y fue Paco Couto el que se llevó el premio. Este post contiene alguna clave al respecto, pero esta vez es más difícil. ¿Adonde voy? A ver quién descifra el mensaje. Les dejo con otro mensaje, el destinado a un tal Rudy, que grabaron los Specials en 1979. Todo un clásico. Pónganlo en pantalla grande. Buen fin de semana.

   

martes, 18 de septiembre de 2018

772. Recovering myself V

Penúltimo post de la serie, hoy les voy a explicar de una vez qué-puñetas es Reinventing Cities. Una advertencia previa. Reinventing es una competición en dos fases y la segunda se ha iniciado este 3 de septiembre pasado. Digamos que esta segunda fase está en estos momentos “en el horno” y en un punto especialmente delicado y candente, por lo que no es oportuno que yo me dedique ahora a dar demasiados detalles sobre un asunto en el que estamos luchando a brazo partido, para defendernos de serios riesgos y poderosas amenazas, que afectan a intereses y derechos de mucha gente. Entenderán que en adelante no hable demasiado de este tema. Cuando esté cerrado o, al menos, algo más definido, tal vez cuente aquello que entienda que puede tener un significado estrictamente bloguero, ya saben que esta no es una página técnica o profesional. Sin embargo, la primera fase, recién terminada, sí que tiene una narración que encaja en el marco literario-onírico-autobómbico-evanescente que caracteriza los textos de este blog. Les anuncio también que el último post de la serie, lo que podríamos llamar el post-Reinventing, les va a resultar muy interesante para entender mi deriva de estos últimos meses. Les recomiendo que no se lo pierdan.

Habíamos llegado en el post anterior a Portland, al workshop maravilloso que compartí con Clare, Tantri, Erika, Shannon y otras mujeres espléndidas (y también, por supuesto, con Thabang, Radcliffe y otros colegas), en cuyas cenas conocí a Hélène Chartier, la directora de Reinventing Cities. Por entonces yo no había oído ni mencionar este asunto. Después he llegado a saber muchas cosas al respecto. Y, para que lo entiendan bien, he de hacer un largo flashback, de modo que ustedes reciban la información ordenada cronológicamente. Este flashback nos lleva a finales del año 2014. En ese momento, el Ayuntamiento de París, por su cuenta, lanzó un concurso innovador que se llamó Reiventer Paris y que no tenía precedentes. 23 parcelas o edificios de la ciudad en situación de deterioro o abandono, propiedad de diferentes administraciones públicas (Ayuntamiento, Región Île de France, compañía SNCF de los ferrocarriles) se proponían para que grupos de inversores, arquitectos y agitadores urbanos hicieran propuestas innovadoras, de obra y gestión posterior de los nuevos elementos urbanos a implantar.

El concurso se estructuraba en dos fases. En la primera, los concursantes aportarían “expresiones de interés”, documentos de unos diez folios en donde presentarían el equipo y las líneas generales de su propuesta funcional, arquitectónica y financiera. Entre estas expresiones de interés se elegirían tres finalistas, que entrarían en una segunda fase en la que ya debían aportar un anteproyecto y un estudio de negocio fiable y bien avalado. De entre estos tres finalistas, en la segunda fase se elegiría un ganador, que se quedaría con el solar o edificio, mediante una cesión de derecho de superficie, por un plazo determinado, condicionada a que desarrollara el proyecto propuesto. Era un sistema nunca antes ensayado en ninguna ciudad, al que el Ayuntamiento de París dio una gran difusión.

Hay que precisar algunos extremos. París es una ciudad ya completamente planificada y edificada, en la que quedan muy poquitos solares libres, y los pocos que hay son de propiedad pública. Es decir, que el mensaje que se mandó a los principales constructores e inmobiliarios de Francia era: ojo que, si queréis desarrollar algún negocio en el municipio de París, tendréis que entrar por este aro; en caso contrario no vais a pillar nada en años. El objetivo del Ayuntamiento era movilizar la inversión privada para recuperar zonas en declive. Y los 23 sitios propuestos tenían todos algún tipo de gancho para el inversor, en forma de viviendas, oficinas y otros usos lucrativos. El éxito de la iniciativa fue extraordinario: se recibieron cerca de 400 expresiones de interés. Tras las dos fases del concurso, los ganadores fueron proclamados en febrero de 2016, y con sus propuestas se organizó una exposición fastuosa en el Pavillon de l’Arsenal, al lado del Sena. AQUÍ pueden ver una información sobre los 22 proyectos ganadores (al final se cayó uno de la lista). Si pinchan en la serie de imágenes que pasa vertiginosamente en el lado derecho, podrán irlas pasando una a una. Algunas son ciertamente espectaculares y todas se están construyendo en estos momentos.

Cambiemos ahora de tercio. En los textos anteriores les conté cómo era el funcionamiento de la red de ciudades C40, con su staff técnico dirigido desde Nueva York pero distribuido por muchas de las ciudades-miembro. Pero resulta que, por encima de este staff técnico, la red tiene una superestructura política, constituida por la Asamblea periódica de los Alcaldes y por una presidencia política rotatoria, que se elige por períodos fijos, como la de las comunidades de propietarios de cualquier edificio de viviendas. Desde la fundación de C40 en 2005, se habían ido sucediendo en esta presidencia Ken Livingstone (Londres), David Miller (Toronto), Michael Bloomberg (New York) y Eduardo Paes (Río de Janeiro), que era el presidente de la red en ese año de 2016. En el mes de agosto, se reunió en México DF la Asamblea de los Alcaldes (entonces eran 85) para elegir al sucesor de Paes.

Diversos candidatos se postularon para el cargo e hicieron discursos con sus proyectos e intenciones. Entre ellos, Madame Hidalgo, la alcaldesa de París, que sería finalmente la elegida. En su discurso, la señora Hidalgo dijo que, de ser elegida, se proponía replicar a nivel mundial una iniciativa innovadora que acababan de hacer en su ciudad y que había tenido un éxito notable. Y ese es el origen de Reinventing Cities. La red fichó a Hélène Chartier, que había estado en el equipo que desarrolló Reinventer Paris, para que se encargara de dirigirlo. Y Hélène se trasladó a vivir a Nueva York con su familia. La convocatoria se lanzó a finales de mayo de 2017. Al pasar al ámbito de C40, el asunto cambiaba ligeramente. El componente medioambiental pasaba a primer plano, por encima de la intención de París de movilizar la inversión. Y el número de propuestas por ciudad se limitó a cinco, para no volverse locos con la avalancha de expresiones de interés que se esperaban.

Aquí me van a permitir un comentario. Los parisinos o parisiennes son una gente ligeramente irritante, que siempre creen que acaban de inventar la rueda. A finales de julio de 2017, cuando yo llegué a Portland, las perspectivas de esa avalancha mundial de propuestas se habían enfriado bastante. De hecho, aun no contaban con ninguna ciudad inscrita, a pesar de que el plazo dado era hasta el 1 de septiembre. Ante ello, Hélène había iniciado una actividad frenética de visitas a todas las ciudades para intentar movilizar a los Ayuntamientos de la red. Por eso estaba en ese momento en Portland, para intentar convencer a su Ayuntamiento de que participara en Reinventing Cities. La presencia por allí de alguien de Madrid le permitía digamos matar dos pájaros de un tiro. Ya ven que todo esta historia se va sustentando sobre una serie de casualidades; que uno no puede dejar de pensar en la incidencia de la suerte, o en la presencia de ese dios travieso y juguetón que se divierte tirando los dados cada poco, al que nos hemos referido más de una vez en este blog. 

Hélène me confió que la propia señora Hidalgo le había escrito personalmente a Carmena a primeros de junio, para involucrarla en este asunto. Y que estaban muy sorprendidos de su falta de respuesta. Le prometí que intentaría averiguar qué estaba pasando. Ya de vuelta a primeros de agosto, le conté todo esto a mi jefa. La cosa parecía interesante, pero debía consultarla con el Concejal, como es natural. El resultado de esta consulta fue que no. Hay que comprender que era un momento muy malo, con ambos a punto de irse de vacaciones y nuestra unidad muy sobrecargada de trabajo, como para cargar encima con un asunto nuevo y tan cogido por los pelos. Pero ya saben ustedes que soy muy cabezota y que nunca doy un asunto por perdido. A partir de ese día me dediqué a enviar correos electrónicos a todos los pesos pesados de las diferentes Áreas municipales, independientemente de que me conocieran o no. Quería saber si alguien estaba haciendo algo a partir de la carta recibida por la Alcaldesa y además me daba rabia que mi ciudad perdiera la oportunidad de involucrarse en un asunto que parecía tan atractivo  En realidad era como el cazador que se pone a tirar tiros al aire a ver si por casualidad cae algún pájaro.

Y cayó. Esta vez, el pájaro fue Marisol Mena, al frente de una de las direcciones generales del Área de Cultura, precisamente la que ha logrado que el Retiro sea preseleccionado para ser propuesto como Patrimonio de la UNESCO. Esta mujer fue la primera persona importante que supo ver el potencial del asunto Reinventing. Me contestó al correo pidiéndome más información y le mandé un dossier completo con todo lo que sabía. Y no tuve más noticias. Llegó el 1 de septiembre, la fecha límite para que Madrid se inscribiera en el programa y yo le escribí un mail a Hélène, en el que le decía que había hecho lo posible y también lo imposible si ello fuera posible (Rajoy dixit), pero que no había tenido respuesta. Que lo sentía mucho y que esperaba que tal vez nos pudiéramos sumar a una segunda convocatoria en el futuro. Me contestó al instante –Nooooo, noooo, Emilio, que estoy en contacto con Marisol, que hemos mantenido varias conferencias, que me ha dicho que tu intervención ha sido clave y que hemos decidido alargar el plazo para que os podáis presentar más ciudades.

Ese fue el punto de inflexión de la historia. Marisol Mena, logró implicar a la Gerencia de la Ciudad, órgano de la confianza de la Alcaldesa. Y la Gerencia convocó un par de reuniones con directores generales de las diferentes Áreas municipales, a las que mi jefa asistió también. En ese foro, se llegó a la conclusión de que el tema no era de Cultura sino de Urbanismo. Todos miraron a mi jefa, que dijo que necesitaba unos días para tomar una decisión. De vuelta en nuestras oficinas, me llamó y me confió sus dudas: –Qué hacemos, Emilio, ¿nos lanzamos? ¿tú me ayudarías? Era un momento decisivo para nuestra trayectoria profesional. Algo así como la mítica escena de la película Dos hombres y un destino, cuando Butch Cassidy y el Sundance Kid, magistralmente interpretados por Newman y Redford llegan a la carrera a una inmensa cortada, huyendo de una patrulla de perseguidores. Abajo hay un río encajonado en la cortada. Se disponen a defenderse a tiros, pero súbitamente Cassidy parece tener una revelación y propone saltar y el otro se niega.  –¿Por qué? –pregunta Cassidy, y el otro responde: –Porque no sé nadar. A Cassidy le entra entonces la risa floja: –¿Nadar? Eres un iluso, nos vamos a matar en ese salto. Vean la escena.


Pues algo así hicimos mi jefa y yo. Como Butch y Kid dijimos ¡¡¡¡OOOOHHHHH!!!! y saltamos al abismo. Y en el último episodio verán cómo nos fue. Que lo pasen bien.

sábado, 15 de septiembre de 2018

771. Los plagios y la prensa carroñera

Bueno, le he aplicado los programas antiplagio Turnitin y Plagscan a mi post anterior y he descubierto una inexactitud que tengo que rectificar, en aras de la tontuna esta que nos ha entrado de escarbar en la mierda pasada, tarea en la que los rebusca–basureros de El inMundo están disfrutando cual gorrinos en lodazal reposado. Menos mal que hace meses me adelanté a decir que el hecho de que el señor Casado tuviera o no un máster, se me daba una higa, para que ahora nadie me acuse de sesgado por decir lo mismo de Sánchez. Dejémonos de hipocresías y fariseísmos: joder, yo aprobé varias asignaturas de la carrera copiando y hasta comercialicé unas chuletas muy aseadas que le resultaban de bastante utilidad a mis compañeros. Quien no haya hecho estas cosas a los veinte años, seguramente fue más por miedoso que por honrado. Otro día hablaremos de este tema, que daría para un post holgado, como si nos ponemos a hablar de la mili.

Pero decía que mi post anterior tiene una inexactitud. En efecto, dije que Sheryl Crow se hizo un selfie con Paul McCartney, con quien se encontró casualmente por el pasillo. Así lo publicó ella en su Facebook. Pero un buen bloguero debe contrastar las fuentes y así he sabido que la casualidad no fue tal, porque Sir Paul venía a lo mismo que Sheryl: a participar en el show de Jimmy Fallon. Y se encontraron a la puerta del estudio, una saliendo y el otro entrando a grabar su parte. Menos mal que no se ha enterado Albert Rivera de mi desliz, sino estaría ya pidiendo mi dimisión como responsable de Reflexiones a la Carrera. Lo cierto es que, ahora mismo, no hay mejor foro para promocionar algo en USA, que el Tonight Show de mi admirado Jimmy Fallon. En este blog hemos visto sus asombrosas imitaciones de Springsteen, Neil Young y Jim Morrison. El otro día, Paul McCartney cantó varios temas del disco que está lanzando, fue objeto de una larga entrevista y, con Fallon, hicieron una divertida performance, que ya está en la red y que con gusto les pongo abajo. Se trata solamente de estudiar las reacciones de la gente que sube en el ascensor de la NBC, cuando inesperadamente se encuentran con dos tipos tan famosos como ellos. No hace falta saber inglés para disfrutarlo.  


Volviendo al tema inicial, es una verdadera hartura este delirio de escarbar en la mierda pasada que le ha entrado a la prensa carroñera. De un tiempo a esta parte, los periódicos vienen atiborrados de noticias al respecto: todos los políticos han engordado fraudulentamente sus currículums (discúlpenme que use este plural, es que eso de currícula me suena tan cursi…), la señora Montón se lleva el premio gordo del fraude (se compró una tesis en el todo a cien del Wikipedia), todos los curas se dedicaban a tocarles el culo con fruición a sus escolares, los directores y productores de cine se pasaban por la piedra a las actrices, los deportistas se dopaban a conciencia. Vale, que salga la verdad. Me parece muy bien. Pero hay algo que no trago: los aspavientos y rasgamientos de vestiduras de los supuestos honestos, a los que imagino tan podridos como los demás, sólo que todavía no los han pillado.

En el tema del deporte, todos podemos recordar con que aire compungido salía Carl Lewis a decir que Ben Johnson era un impresentable, que su conducta perjudicaba a los deportistas honrados como él. Ya retirado y medio entrando en la ancianidad, confesó que se había dopado como el que más. ¿Y qué fue de Ben Johnson? No tengo ni idea, pero no me extrañaría que hubiera acabado vendiendo biblias a domicilio, por decir una ocupación bastante devaluada socialmente. En esa línea de fariseísmo está mi admirado y detestado Ridley Scott, que tuvo los santos huevos de volver a rodar entera la película que acababa de terminar con Kevin Spacey, para eliminar a este actor, ya definitivamente convertido en apestado, y sustituir su papel por la interpretación de Christopher Plummer. Otro fariseo, que hizo todo eso por que su película no se viera salpicada por el escándalo y fuera un fracaso económico.

Al final, la única persona honrada del mundo actual parece ser la autora del libro Cómo matar a tu marido, que acaba de ser acusada de matar a su marido. No parece haber ninguna impostura en este personaje (pueden consultar la noticia AQUÍ). En fin, detrás de todo esto está la prensa, que no sabe cómo hacer para levantar las cifras de su ruinoso sector económico. Los tiempos han cambiado y ya nadie se compra el periódico de papel. Habrán observado que Fallon y McCartney, cuando quieren simular ser unos abuelos, utilizan cuatro elementos: el sillón de orejas, el batín, la pipa y el New York Times. Respecto a esto de la prensa, tengo una anécdota sabrosa que contar, de hace unos cuantos días. Corresponde a esa parte de mi vida de la que no hablo nada en el blog, contradiciendo la creencia general de mis seguidores de que cuento aquí todas mis intimidades.

Érase que se era, resulta que la semana pasada terminé unas obras de mantenimiento de mi casa, con la tarea del acuchillado del parqué. Es este un tema delicado, porque mi experiencia me dice que la mayor parte de los acuchilladores están totalmente grillados, posiblemente debido a la inhalación del poliuretano ese que aplican y que te deja el suelo con ese brillo hortera que ya no tiene remedio. Esta vez di con un tipo de otra categoría, que empezó por puntualizar que él no era acuchillador, sino parquetista, por favor, un respeto. Y me juró que no usaría poliuretano. La verdad es que este gentleman de los suelos de madera hizo un trabajo perfecto. Se me planteó entonces la necesidad de hacer una limpieza de obra, antes de poder entrar a vivir en mi casa otra vez. Y el marqués del parqué me advirtió: durante un mes el producto que me había aplicado está cristalizando; no le puede caer una sola gota de agua. Así que, para limpiar los cristales, tenía que proteger el suelo con unos periódicos.

Busqué entre mis cosas apiladas para la obra. No había ningún periódico. Puede que haga siete u ocho años que no compro ninguno. Hice una rápida ronda por los vecinos de mi bloque. Nadie tenía un solo periódico. Así que no me quedó más remedio que bajar al único kiosco que queda en el barrio, el que está al pie de la Cuesta de Moyano. Regentan este negocio dos hermanos más jóvenes que yo, muy castizos y muy metralleta, con los que sigo en relación: los saludo cuando paso corriendo, les compro discos y coleccionables. Son unos personajes notables del barrio. Ese día estaba uno de ellos al cargo. La conversación fue como sigue.

–Hola Carlos, ¿cómo te va?
            –Ahí vamos. ¿Qué le trae por aquí jefe?
–Pues que necesitaría unos periódicos
–Y, si no es indiscreción, ¿para qué los quiere usted, jefe?
–Pues es que acabo de lijar el parqué y tengo que protegerlo mientras limpio los cristales
–¡Aaahh! Mire usted por dónde. Pues lo tiene muy fácil. No tiene más que conectar el ordenador, abrir Internet, y ya tiene usted todos los periódicos que quiera.
–Vale Carlos, joder, no me des más por culo, mensaje recibido, tienes toda la razón, ahora dame unos cuantos periódicos, por favor.

Es una anécdota muy reveladora. La prensa carroñera del estilo El inMundo o La sinRazón tienen mucha parte de culpa en el deterioro de su propio negocio. Y El País, que fue una verdadera referencia de mi generación, también, por igualarse a la baja con esos panfletos amarillistas. Cebrianes, indas y pedrojotas han acabado con la gallina de los huevos de oro y no se sabe cómo va a sobrevivir el sector en los nuevos tiempos de la información digital. En el extranjero hay ejemplos de periódicos excelentes que mantienen el prestigio y no presentan malos números económicos. Por citar algunos al azar, el New York Times, el Boston Globe, el Guardian, el Times de Londres, Le Monde, Le Figaro, el Corriere della Sera o el Frankfurter Allgemeine. En los albores del blog me indigné bastante cuando Cebrián perpetró un ERE y echó fuera del periódico a Ramón Lobo, Enric González y otros. Veo con alegría que la nueva directora Soledad Gallego Díaz los acaba de recuperar, mientras tipos como José Ignacio Torreblanca firman ahora sus textos en El inMundo. Las plumas se están recolocando y sólo falta que El País recupere a John Carlin y a Maruja Torres, aunque ni así van a conseguir revertir su deriva hacia la nada.

Con este aquelarre de los plagios y los cum laude regalados, hay un matiz que yo no he visto escrito en ningún periódico. Es el siguiente. En los años de predominio del PSOE, los tiempos de Felipe González, el partido creó una Universidad afín: la Carlos III de Getafe. Puso al frente a personas de talla, como Gregorio Peces-Barba y Rafael Zorrilla. Entre todos lograron crear un ente educativo de altura, reconocido en los rankings mundiales. Mi hijo Kike estudió Económicas allí y ese título le ha valido para fichar por buenas empresas multinacionales, como la que actualmente le emplea, con sede en París (por cierto, ahora mismo está en Shanghay, enviado por su empresa). 

Cuando el PP de Aznar se hizo con todos los poderes nacionales, quisieron emular este logro fundando también una Universidad afín. Y fue ésta la Rey Juan Carlos de nuestras desventuras actuales. Al no poner al frente de ella a personas de talla, la cosa se convirtió en un esperpento. Cuando mis hijos eran universitarios, entre sus compañeros existía la convicción generalizada de que la URJC era la peor de todas las universidades madrileñas, en la que recalaban los estudiantes más negados, que no podían optar a entrar en una mejor. Con esta historia de los másters, la cosa ha degenerado ya a un híbrido entre chiringuito y tienda de todo a cien. Como siempre, El Roto ha sintetizado todo esto en un dibujo sublime. Les dejo con él, no sin antes desearles que pasen un buen fin de semana.