jueves, 19 de abril de 2018

723. Toque de queda

No creo que nadie se sorprenda de saber que los italianos que piratean mi blog han vuelto a la carga después de mi maniobra de pasar todos mis post a modo borrador y mantenerlos en la nevera dos o tres días. Después de esa jugada de prueba, las cosas regresaron a su fase anterior: cada dos noches, con regularidad suiza, el blog registra una entrada masiva de visitas de Italia, 60 simultáneas, que afecta a mis últimos veinte posts (sean estos los que sean), es decir, tres visitas para cada uno. Entiendo que esto no supone que una persona física haga una especie de rebote de mis textos a tres amigos, algo que no me importaría. Por el contrario, pienso que se trata de una anomalía informática que se me ha quedado adherida al sistema, como una especie de garrapata virtual, más que un virus. Por eso trato de erradicarla. Este blog conlleva una exigencia de calidad en forma y fondo que no puede tolerar eso. 

Así que me dispongo a la batalla. Parafraseando el mítico grito de Husillos, el conspicuo albañil de la película El milagro de P.Tinto, proclamo: AQUÍ HAY QUE SANEAR. En mi primer ataque exploratorio, hice todo a pedal. Quiero decir que tengo mis posts agrupados en páginas de 25. Y yo tenía que dar un tick a cada uno para seleccionarlos todos y luego dar a la opción “cambiar a borrador” a los 25 a la vez. Manteniendo ese formato, hubiera tenido que hacer la operación 29 veces, y dar un total de 723 ticks, contando el correspondiente a este mismo post. Una verdadera lata. Pero en este tiempo he descubierto nuevas funcionalidades del sistema. En primer lugar, puedo agrupar los posts en páginas de 50 y hasta de 100. Y hay una tecla virtual, que te selecciona los cien con un solo tick. Lo que supone dar sólo 8 ticks. Y lo mismo, cuando los publique de nuevo. Eso me da mucha agilidad para hacer la operación de ataque con rapidez.

Además, he puesto a trabajar a la inteligencia y el contraespionaje. Y he comprobado que las entradas masivas de visitas simultáneas desde Italia se producen siempre en el mismo intervalo horario, entre la una de la noche y las cuatro de la madrugada, en días alternos, uno sí, uno no. Así que lo tengo a huevo: sólo tengo que poner el blog en cuarentena las noches alternas y revivirlo por la mañana. Y si veo que el ataque pasa de las noches pares a las noches nones, extender la cuarentena a todas las noches durante un tiempo. No es algo que me suponga una gran molestia, simplemente es una rutina a incorporar a las costumbres de antes de acostarse, como lavarme los dientes. Bien pensado, lavarse los dientes es un coñazo, pero hay que hacerlo y se hace sin dejar por ello el menor resquicio al fastidio. Pues con el saneamiento del blog tampoco.

Lo siento por la miríada de seguidores noctámbulos que entran en mi blog cada madrugada, entre ellos el bueno de Alfred, que me consta que usa mis textos a altas horas de la noche, tal vez para ayudarse a inducir el sueño. Será sólo durante un tiempo, hasta ver si me quito de encima a esta molesta ladilla informática que ha anidado en el blog. Si la respuesta a mi ataque es pasar las visitas masivas a las horas diurnas, admito que no tengo un plan B. No sé qué haría en ese supuesto. Pero démosle tiempo al tiempo. Comprendo que, con esta maniobra defensiva, estoy poniendo en solfa el derecho a decidir de mis lectores, que a ver por qué no van a poder leerme de noche, si se les antoja. Si los catalanes quieren ser independientes, no veo por qué mis lectores no pueden seguirme por las noches. Es un abuso de autoridad intolerable por mi parte. Está claro que soy un autoritario y un facha, y encima español, que gobierno mi blog con resabios de la larga noche franquista, que sólo me he quitado de los modales de forma aparente. Por eso tampoco uso el lenguaje inclusivo, y no me dirijo todo el rato a mis lectores y lectoras, cabreados y cabreadas por no poder leerme de noche y de nocho.

En fin. Desde mi insufrible posición de superioridad, frente a unos pobres lectores que ni siquiera osan pensar en cómo defenderse de semejante atropello, proclamo que, desde esta noche, en este blog entra en vigor el artículo 155, por el cual se establece el toque de queda desde las 12.30pm (salvo que algún día me dé por trasnochar) hasta las 7.00am del día siguiente. Así será hasta que me pase por los huevos levantar el citado precepto, que para eso soy yo el que manda, coño. Mis disculpas por las molestias. Tienen varias formas de responderme. En primer lugar, diseñar y producir unos lacitos verdes con pintas (para diferenciarse de los amarillos). Puestos en la solapa, son una seña de identidad práctica y barata, con la que pueden mostrar al mundo su cabreo y jugar al victimismo, que tanto resultado da a nivel de imagen.

En segundo lugar, algunos de ustedes pueden exiliarse a Suiza, o tal vez a Noruega, por indicar otro país en el que la vida es súper cara. ¿Cómo? ¿Qué no les persigue nadie? No se preocupen. A Anna Gabriel, tampoco. Es este uno de los personajes a los que la deriva actual ha dejado con el culo al aire. Y eso que se cambió de imagen, desterrando el peinado a tazón y sustituyéndolo por un coqueto flequillo al estilo Heidi para pasar desapercibida en las montañas suizas. Ahora sólo le queda gritar Y A MÍ QUIÉN ME PERSIGUE, joder, que me estoy gastando un pastizal aquí en Suiza y ni una mala orden de vigilancia para poder denunciarla. Hablando de cambios de imagen, qué me dicen ustedes del mayor Trapero sin barba. Si hasta da menos miedo. Es una sugerencia para el unurabla Torrent, que con esa barba cerrada asusta a cualquiera. Por su parte, Turull ha vuelto a endurecer el discurso, porque ya ha visto que, en el universo independentista, el que llora, no mama.

Y ya que estamos con sujetos que se han quedado con el culo al aire, qué decir de Lluis Llach. Parecía el amo del cotarro soberanista y ahora se encuentra con que nadie le acusa de nada, lo que revela que realmente no pintaba nada, como yo siempre pensé. Era el tonto-útil, posición para la que venía predestinado, porque sólo le faltaba encontrar la forma de ser útil. La verdad es que a mí me enseñaron a detestar a este sujeto mis amigos catalanes, allá por los años 70. En aquellos tiempos, Barcelona era una ciudad cosmopolita, varios cuerpos por delante de Madrid. De modo que Bruce Springsteen venía por primera vez a España y yo tenía que coger el tren del rock, para poder verlo, como se ha contado varias veces en el blog. Y me hospedaba en casa de mis colegas, un grupo de rockeros vernáculos, que hablaban entre ellos en catalán y conmigo en español.

Y, en una de las primeras ocasiones en que les visité, llegué diciendo: –Oyes, nen, el Lluis Llach ese, qué majo, qué bueno eso de la estaca, que tú la tiras por allí y yo la tiro por allá, qué metáfora más potente del movimiento antifranquista. Aun recuerdo la cara de horror de mi interlocutor: –Joder, Emili, no hablarás en serio, un tío con esa cara de ajo y esa voz diciendo cosas supuestamente trascendentes… Un rockero como tú no puede decirme que le gusta semejante mamarracho. ¿Qué te gusta el Amancio Prada o el Víctor Manuel? Pues este es lo mismo. Para mí no son diferentes del Perales. Escolti-tú, que somos rockeros. En fin, ya sé que muchas de estas cosas que cuento resultan increíbles, pero se trata de una anécdota rigurosamente cierta. Como que me llamo Emili.

Ya ven qué tóxico es el tema este del independentismo, que se le cuela a uno por todas partes, cuando yo simplemente quería avisarles de la implantación del toque de queda. Tengan paciencia y no teman: la maniobra que proyecto es segura. En otro orden de cosas, ya creo haber repartido mis pendrives de regalo, a falta de Paco Couto que ya se va a quedar para la semana que viene. El amigo Alfred me dijo en su llamada que está admirado de la cantidad de cosas que hago. Y eso que sólo lo cuento de vez en cuando. Por ejemplo, ayer y hoy. Ayer estuve en mi oficina desde cerca de las 9 haciendo una serie de llamadas y contactos relacionados con Reinventing Cities, entre ellas dos reuniones con posibles inversores. A la una bajé a comer algo rápido a mi bar habitual. A las dos tuvimos una call de más de una hora con Hélène Chartier desde Nueva York y la gente de Milán, Oslo, París y Ciudad del Cabo, con los que compartimos huso horario, para cuadrar criterios en relación a las fases siguientes.

Nada más terminar la call, los tres mosqueteros del Reinventing cruzamos la calle para entrar en el IFEMA, en donde nos habían invitado a presentar el proyecto en el marco de la feria Global Robot Expo. Al terminar, recogí mi coche y volví a casa. Pero no subí, sino que caminé hasta la Puerta de Toledo, para asistir a la inauguración del primer espacio puesto en servicio por el proyecto Mares, una iniciativa parecida al Reinventing, pero con financiación europea y coordinada por mi amigo el joven arquitecto Mauro Gil-Fournier. Allí me reuní con otros colegas, como el gran Gianni Rondinella, que tiene apellido de golondrina y en alguna ocasión me ha ayudado a traducir del italiano algunos de los vídeos de tarantellas que he subido al blog. Estuvimos casi hasta el anochecer, porque había música en directo y cerveza. Regresé caminando en medio del hermoso crepúsculo, piqué alguna cosa en casa y me senté a ver el siguiente capítulo de la serie Fariña que acaba en torno a las 12 y media.

Hoy he debido madrugar más para llegar a tiempo al encuentro informativo que tenemos cada jueves a las 8.30, en donde nuestra jefa repasa el progreso semanal de nuestros trabajos. A las 9.30 han llegado tres arquitectas finlandesas del Ayuntamiento de Helsinki, con las que he echado ya la mañana. Hemos charlado unas dos horas sobre el proyecto Madrid Río, en el que estaban muy interesadas por tener una idea similar a desarrollar en su ciudad. Luego hemos ido en mi coche a la sede de Madrid Calle 30, donde mi amigo el consejero delegado Samuel Romero les ha completado la explicación técnica. Allí está también el centro de control de túneles de Madrid, que les ha interesado mucho. Y nos hemos montado en el coche en dirección a Madrid Río. Pero habíamos forzado ya mucho el horario programado, así que nos hemos ido directamente a la Cantina del Matadero, donde hemos comido con sendos dobles de cerveza, de los que hemos repetido (las tres tenían buen saque). Luego hemos caminado un poco por el parque para bajar la comida y el alcohol y las he acompañado hasta el Metro de Legazpi (tenían otras citas para la tarde).

Desde allí he cogido el coche y me he venido directamente a casa, para echarme mi primera siesta en varias semanas. Al despertarme me he puesto a escribir este post. No tengo mucho tiempo; he de hacer la maleta para salir mañana en dirección a Priego (Cuenca) donde me encontraré con mi grupo de senderistas para hacer en el fin de semana dos rutas por el Guadiela. Saldré directamente desde mi oficina en la Isla de Alcatraz. Pero antes, mi jefa y yo estamos citados en la sede de ASPRIMA, para mantener una entrevista con el Gerente y la Directora de Comunicación de esta asociación, la principal de los promotores inmobiliarios de Madrid, de cara a organizar con ellos un nuevo acto de difusión del Reinventing. Así que me pondré chaqueta y corbata y llevaré la ropa de campo en la maleta. Proyecto estrenar la corbata que me han regalado esta mañana las finlandesas. Qué pasen un  buen fin de semana.   

martes, 17 de abril de 2018

722. Proyectos de futuro

Esto de proyectos de futuro es un sintagma muy utilizado en estos tiempos, a pesar de que expresa un concepto redundante que bordea la tautología: de qué coño van a ser los proyectos, sino de futuro. En realidad yo lo traigo aquí por oposición al título del extraordinario relato de Ana Blandiana Proyectos de Pasado, analizado en este blog hace bastante tiempo. Este año, la Feria del Libro de Madrid tendrá como país invitado a Rumanía, y está confirmada la presencia de esta gran dama de la literatura rumana, a la que pueden ver en la foto de la izquierda y a quien me encantaría saludar en persona. Supongo que también vendrá Mircea Cartarescu y a lo mejor hasta tienen que hacer el paripé en un acto conjunto, aunque se dice que no se hablan. Blandiana sufrió la represión de Ceaucescu muy duramente, vio como encarcelaban a su padre y cómo la censura prohibía su poesía en todo el país sólo por ser hija de preso político. Mientras, Cartarescu vivía en ese mundo interior henchido de misticismo metafísico, para el que da lo mismo que haya una feroz dictadura o lo que tienen ahora, que, al menos formalmente, es una democracia. 

Así que proyectos de futuro. ¿Qué voy a hacer? ¿Me jubilo, no me jubilo? Aquí me tienen, deshojando la margarita. Vayamos por partes. Este blog nació en el contexto de una situación laboral en la que me veía postergado y ninguneado en una estructura administrativa en la que se me obligaba a una permanencia diaria en el puesto de trabajo de siete horas y media. Esas situaciones devienen en condenarte a un exilio interior, del que cada uno se defiende como puede. Yo decidí hacerlo con un blog. Mientras me dedicaba a echar el balón para adelante (en términos futbolísticos) en espera de poder enhebrar alguna jugada de interés, me iba poniendo a mí mismo zanahorias delante de la nariz. Tenía que aguantar como fuera hasta octubre de 2017, para recibir el premio a 35 años de trabajo municipal, que tiene un monto económico nada despreciable. Y, ya que estábamos, resistir hasta febrero de 2018, para tener derecho a un incremento de la pensión de un 2%, por mi 67 cumpleaños.

Además, fui a informarme a la Seguridad Social, para ver que perspectivas de pensión tenía. Me dieron cita a primeros de agosto y tuve la suerte de dar con una señora que me lo explicó todo perfectamente. Mi pensión alcanzaba un valor máximo el día de mi cumpleaños 67 y ese valor se mantenía hasta el 1 de enero de 2019. A partir de ahí, entraban en vigor las condiciones que el señor Rajoy aprobó en 2013 y que están sólo a falta de que un Reglamento las particularice y defina. Así que estaba claro que tenía que jubilarme antes de que empiece el año 2019 y así lo conté yo en el Post #665 La tercera decisión, allá por el mes de agosto a finales. Desde entonces, algunas cosas han cambiado. Para empezar, algún listillo de los que me rodean me ha hecho ver dos cosas: UNO, que la eventual rebaja que se me haría en la pensión si me quedo, no sería significativa; que yo podría seguir hasta cumplir los 70 ganando mi sueldo actual, en torno al doble de la pensión presunta, además de beneficiarme de otras dos subidas del 2% en los meses de febrero de 2019 y 2020. Así que al final casi me saldría lo comido por lo servido.

DOS, y más importante: que yo demostraba un alto grado de ingenuidad al pensar que, si me jubilo antes del 1 de enero próximo, me van a respetar las condiciones anteriores. Que en España las leyes no tienen carácter retroactivo hasta que lo tienen. Que si el Estado sigue sin cuadrar los números de un sistema insostenible, a ningún Montoro le temblará el pulso si tiene que aplicar esas nuevas condiciones a todo el mundo, los de después y los de antes. Son razonamientos a tener en cuenta. Pero, además de todo esto, lo que ha cambiado radicalmente es mi situación en el trabajo. Mi anterior y calamitosa circunstancia se prolongó a lo largo del nefasto trienio negro de la señora Botella y yo tenía grandes esperanzas de que las cosas cambiasen con la llegada de Carmena y Ahora Madrid. Pero lo cierto es que el primer año de esta legislatura no supuso una transformación notoria de mis parámetros laborales. Salvando el hecho de que se me reconocían como días trabajados los que pasara en congresos en el extranjero y hasta me pagaban parte de los viajes, lo cierto es que mi situación continuaba siendo aproximadamente la misma.

Es decir, que me aburría como una ostra, que seguía con mi blog y mis actividades off-shore, mientras mi desempeño laboral se arrastraba penosamente por una pendiente suave en dirección a un futuro cantado. Cuando uno se encuentra en semejante situación, no puede evitar comerse el tarro. Al principio, yo me había hecho mi composición de lugar: me habían cesado a comienzos de 2012 por no tener padrinos. Estaba haciendo un trabajo importante y valorado, todo iba muy bien, pero llegó Mrs. Bottle, dejó el urbanismo en manos de una concejala replicante, esta señora recibió la instrucción de que tenía que recortar sus efectivos y cortó por donde menos dolía. Ya saben que yo pregunté por qué no cesaban a Menganito o a Zutanito, que todo el mundo sabía que no eran tan útiles como yo. También aquí me tacharon de ingenuo: no estaba al tanto de que Fulanito era del Partido (no hace falta que les diga de cuál), Zutanito era primo de no-sé-quién y además era del OPUS, y hasta Perenganito era alguien que en su día había firmado cosas que vosotros no creeríais, por lo que no había que tocarle mucho los cojones, no sea que tirase de la manta.

Esas historias (reales o inventadas, ya conocen la línea de este blog), le sirven a uno para pensar: yo no tengo culpa de nada, lo que me ha pasado es una putada que no tiene nada que ver con mi trayectoria laboral, de la que puedo seguir sintiéndome orgulloso. Lo que pasa es que ya saben que soy autocrítico, que tengo insomnio y que disponía también de muchas horas a lo largo de la mañana para comerme el tarro. Y es entonces cuando, entre la maraña mental, se abre paso un pensamiento insidioso. Que es el siguiente: ¿No será todo esto que estoy contando un montaje mental que me he hecho yo solo, totalmente desligado de la realidad? ¿Realmente me dijeron esas cosas de los Menganitos aludidos? ¿No me lo habré inventado yo para protegerme? ¿No será más cierto que me cesaron porque estaba ya en el principio de la cuesta abajo de mi trayectoria laboral y vital? Tengan en cuenta que, en cuanto me cesaron, me puse a enviar currículums a todo el Ayuntamiento. Y sucedió que nadie me ofrecía un mísero puesto de consejero. Buenas palabras, todas. Pero ofertas, cero. Lógico: en urbanismo estaba más o menos vetado, en otros campos no puedo ofrecer una experiencia similar y para colmo tenía más de 60 años. Son momentos en que a uno se le empiezan a tambalear ciertas convicciones (típico efecto de estas situaciones de exilio interior).

Así que yo me encaminaba con el rabo entre las piernas hacia una jubilación, digamos, deshonrosa, por culpa de esta fase final tan lamentable. Y en eso llegó Reinventing Cities, en una secuencia que pronto les contaré. Y mi situación cambió milagrosamente. ¿Habrá sido San Benitiño de Lérez? Por seguir con los símiles futbolísticos, yo enfilaba cabizbajo el camino a una derrota anunciada e irremisible, cuando de pronto surgió el tema de Reinventing Cities y fue como uno de esos penaltys que le pitan al Real Madrid en el descuento de ciertos partidos. Toda mi vida ha dado un vuelco y mi mente ha desterrado esos pensamientos en que me veía a mí mismo como un manta a punto de llegar al final de la cuesta abajo vital. Y, a la vista de todo esto, me he vuelto a replantear el futuro. ¿Me jubilo a final de año o no?

Ahí estamos. Tengo hasta septiembre para pensármelo. En septiembre tengo que avisar, si es que quiero irme en navidades. Nunca se sabe (You never can tell, que cantaba Chuck Berry). Pero ahora mismo mi decisión está prácticamente tomada: jubilarme en navidades. Me explico. A finales de año estaré a punto de cumplir 68. En ese momento, si decidiera seguir, me quedarían poco más de dos años de trabajo. El primero de ellos, prácticamente perdido. En la unidad a la que pertenezco, que se llama Dirección General de Planificación Estratégica, los últimos meses de legislatura son bastante inútiles. A finales de mayo hay elecciones locales. En junio, los que ganen se dedicarán a celebrarlo. Luego viene el verano. Y, hasta que se formen los nuevos equipos, no pasarán menos de dos o tres meses. O sea, que para navidad 2019 empezaríamos a funcionar. Les recuerdo que, en tal supuesto, el 19 de febrero de 2021 me darían una patada en el culo. Al día siguiente mi tarjeta de fichar estaría anulada, lo mismo que mi teléfono, mi correo electrónico y la posibilidad de acceder a mi despacho.

Así que la cosa está clara. Si yo pudiera seguir una legislatura entera, seguramente me quedaría, al albur de que llegara un nuevo equipo y me volviera a marginar para poner a alguien de los suyos, posibilidad muy probable. Pero, en estas condiciones, lo mejor es que me vaya este año. Hasta entonces, mi trayectoria tiene unos hitos cantados. El 1 de junio me quedo sin plaza de garaje (hasta el 1 de diciembre, en su caso –no es seguro que entonces la tenga). El 15 de junio empieza el horario de verano, que dura tres meses completos y es un auténtico chollo. A finales de julio tenemos que escoger los finalistas de Reinventing Cities, con lo que creo que habré de cogerme vacaciones en agosto, todavía sin un plan concreto. El 15 de septiembre vuelve el horario normal. A finales de octubre, hasta mediados de noviembre tengo un viaje de tres semanas, con mi grupo de birmanos, a un destino que ya se revelará en su momento. Y en Navidad, para casa. Ese es mi plan por ahora.

Esto de los cambios inesperados y milagrosos ya sobre la bocina, se puede aplicar también al Deportivo. En enero yo dictaminé que nos íbamos a Segunda de forma irremisible, después de verles jugar en Riazor con el Levante. Poco después llegó Clarence Seedorf como entrenador, llegada que fue saludada en el blog y que generó en la ciudad una ilusión que la prensa se apresuró a calificar de seedorfmanía. Pero el equipo siguió perdiendo partidos hasta el punto de que la torcida coruñesa empezó a murmurar que estábamos ante el peor entrenador de toda la historia del Depor. Y, de pronto, Seedorf parece haber dado con la tecla. Y el equipo se ha reinventado, como yo en el trabajo. Esta noche, el Reinventing Dépor juega con el Sevilla en Riazor, en busca de una tercera victoria consecutiva, algo no visto en mi tierra en lustros. Y por las calles de la Estrella, la Barrera y la Franja, circula ya un nuevo refrán: ¡Ojo! Que hasta el rabo todo es Seedorf. Sean buenos.



viernes, 13 de abril de 2018

721. Por cerrar Blade Runner

Este blog acaba de tener un momento de esplendor y ahora es preciso seguir adelante, continuar con nuestra rutina. Los siete magníficos, galardonados con el Premio al Seguidor Distinguido, han reaccionado al post anterior y la distribución de obsequios esta casi rematada. Pero uno tira una piedra en un lago y las ondas generadas alumbran nuevos temas colaterales. Ayer por la tarde tomé un té con mi amigo G., empezamos por una casualidad a hablar de Blade Runner y resultó ser un experto en el tema, más erudito que yo e igualmente apasionado por la película. Me reveló algunos detalles que yo desconocía y que les cuento más abajo. Y, al final, no tuve más remedio que regalarle el octavo obsequio, que llevaba en el bolsillo desde por la mañana, por si acaso me encontraba con alguno de los premiados a lo largo del día.

Con este post me propongo cerrar el tema de Blade Runner, para que este foro no se convierta en monográfico. Pero, en cierta forma, este es un texto postcoital, con perdón, y creo que debe ser amenizado con músicas suaves. Así que empezaremos por un grupo que hace una música muy relajante y que tiene un nombre muy significativo: Cigarettes After Sex. Mi amiga Svetlana de San Petersburgo, con la que me sigo comunicando por Facebook, me lo descubrió hace unos meses. Pueden dejarlo como fondo sonoro mientras continúan leyendo.  


Mi amigo G., de quien nunca se ha hablado en el blog, como de tantos otros, estudia, como hobby, en una escuela de doblaje de películas. Acude allí de anochecida, cuando sale de su trabajo. El doblaje español está considerado como uno de los mejores del mundo. Es un viejo arte que arrastra una larga tradición, como el arte de colorear a mano las fotos en blanco y negro, otra faceta en la que los españoles siempre hemos sido maestros. Pues bien, en la escuela de doblaje de la que hablo, el auténtico referente es Constantino Romero, también conocido como locutor calvo y con bigote. A lo largo de su carrera, Constantino Romero (fallecido en 2013), dobló más de un centenar de películas y el sonido de su voz se incorporó a nuestro acervo sonoro como una referencia obligada y entrañable. Él era el que doblaba, por ejemplo,a Darth Vader en la Guerra de las Galaxias, el que le anunciaba a Luke Skywalker:Yo soy tu padre. Aquí tienen una imagen de este caballero.


Pues es precisamente Constantino Romero quien dobla en Blade Runner al replicante en jefe Roy y, por tanto, el que declama el impactante monólogo final, ese que dice: Yo, he vistos cosas, que vosotros no creeríais… A este monólogo se refería el chiste de Forges del último post. Se dice que, en la versión original, este monólogo surgió de una improvisación del actor Rutger Hauer (por cierto, ¿alguien ha visto otra interpretación suya a la altura de este sufriente robot?), pero dice mi amigo que no hay constancia de ello y que probablemente sea una leyenda. Lo que sí me consta es que la productora, que impuso a Ridley Scott la voz en off para que el espectador entienda algo de la película, reconoció la calidad de la voz en off española y admitió que era mejor que la inglesa. Pero vamos a renovar la música y para este apoyo, digamos, chill-out, con el que les estoy obsequiando, nada mejor que la sensual Sade.


Otra historia colateral. La guerra entre director y productora fue cruenta. Scott se negaba a cambiar el final. El pretendía acabar la película tal como se puede ver en la versión The Director Cut, que cualquiera puede ahora comprarse en DVD o descargarse en la red. Es decir, Deckard encuentra el muñequito de papel confeccionado con la técnica japonesa origami, que le ha dejado su compañero Gaff. Lo recoge del suelo, sonríe al comprender que Gaff ha estado allí, ha podido matar a Rachel y no lo ha hecho. Estruja el muñequito, se da la vuelta y sale del piso. Entonces la imagen funde a negro, salen los títulos de crédito y arranca la música que luego se utilizó durante años como sintonía del programa de TV Informe Semanal. En la versión que impuso la productora, hay una escena posterior. Scott se avino a rodar un par de imágenes de la pareja protagonista, relajados a bordo del coche, pero no era suficiente: la productora quería unas imágenes de paisajes, que subrayaran la huida de la ciudad y ayudaran a relajarse al espectador, después de casi dos horas de escenarios apocalípticos, en los que llueve todo el rato y siempre es de noche. 

Harto de la batalla y de la presión que estaba recibiendo, Scott llamó a su amigo Stanley Kubrick (otro auténtico personaje), que acababa de rodar El Resplandor, película que transcurre en un hotel en medio de un parque natural canadiense o americano. Y le preguntó si no tenía por ahí alguna secuencia de exteriores que le sobrara. Kubrick le dio unos restos y Scott le coló a la productora esas imágenes de recuelo. Para más inri, resulta que esas escenas, como todos los exteriores de El Resplandor, fueron rodadas desde un helicóptero por un ayudante de Kubrick en el Parque Nacional de los Glaciares, en Montana (USA), puesto que el estrambótico director de la película no salió de Gran Bretaña en ningún momento de su rodaje. Esta y otras cosas me contó mi amigo G., de quien me despedí anticipadamente porque tenía el plan de asistir a una lectura de poemas de José Ovejero, de su último libro Mujer Lenta, del que ya les hablaré otro día si viene a cuento.

Otro de los temas que comentamos es que toda la película es una distopía, tal como podía imaginarse en 1982 un futuro apocalíptico. La película se desarrolla en Los Ángeles en 2019, o sea el año que viene. Y es muy curioso cómo ese futuro imaginado tiene algunos fallos bastante llamativos, ahora que estamos casi en el año indicado. Por ejemplo, todo el mundo fuma cual carreteros en espacios interiores o exteriores. Era imposible imaginar entonces que el tabaco resultaría proscrito. También es llamativo ver a Deckard leyendo tranquilamente el periódico de papel, algo que está desapareciendo también. Y no sale un solo teléfono móvil, era también inimaginable que llegaran a imponerse como se han impuesto. Estamos así ante una especie de doble distopía inversa o antitética. Sin embargo, la película se adelantó a su tiempo en cuanto a maquillajes,vestuarios, escenarios, encuadres. Es realmente admirable la forma en que están filmadas las maquetas, en un tiempo en que no existían los medios actuales.

Queda un tema por dilucidar. Las dos versiones más conocidas de la película (parece que también existen otras, ya de coleccionista), son muy parecidas. Sólo se diferencian en dos momentos, el final ya comentado y la famosa escena del unicornio, que Scott sostiene que le suprimieron en 1982 y que yo tengo el barrunto de que nunca existió y se grabó después, para fastidiar, o para completar la torna de una nueva versión bastante gratuita e innecesaria. La tercera diferencia está en la voz en off, suprimida en la versión del director. Pero, en la cinta que se vende ahora en las tiendas de por aquí, si uno elige escucharla en español, puede disfrutar de esa maravillosa voz en off, algo que no sé si Scott sabe. Porque, un bloqueo tan absoluto y universal de la versión de 1982 sugiere que ha habido un proceso judicial que lo ampara.

Así que, finalmente, ambas versiones son casi idénticas. Y aquí viene la cuestión que les planteo. ¿Está justificado el pollo que yo he montado al respecto? ¿O es que se me está yendo la olla pa’ Camboya? Pueden opinar libremente, pero yo voy a justificar mis motivos. La guerra entre director y productora es habitual y legítima por ambas partes. Es como la batalla entre autor y editor. José Ovejero y Juan Casamayor nos contaron hace unas semanas cómo fue esa batalla, de la que salió el libro Mundo Extraño. Con el tiempo, ambas partes enfrentadas suelen reconocer que el resultado final mejora las primeras versiones. En el cine es algo mucho más claro, al ser la producción cinematográfica un empeño industrial colectivo con mucha gente interviniendo.

En ese contexto, entiendo las posturas de ambos lados en 1982. Y hasta puedo admitir que Scott se empeñara en rescatar la versión que él hubiera querido hacer. Lo que ya me jode bastante es que haya vetado la otra. ¿Por qué? Pues porque Blade Runner se convirtió en una película de culto en la versión de 1982. Fue esa y no otra, la que se estrenó en los cines, la que sus forofos de primer momento tenemos en la memoria. Y en esa versión, tanto la voz en off, como el final, son fundamentales. El final es extraordinario, en mi opinión, y tiene buena parte de culpa de su éxito, porque hace realidad el sueño de muchos hombres: escaparse con la mujer ideal, que encima no va a envejecer; huir con ese portento hacia el norte, fuera de la ciudad. 

Scott no tiene derecho a secuestrar un producto incorporado a nuestras señas de identidad sólo para contentar a su ego. No es de recibo. Y por eso yo he luchado hasta recuperar la versión buena, he encontrado a alguien que le ha dado una calidad siete veces superior (se ven los granos y los defectos de afeitado de Deckard, se pueden contar uno a uno los pelos de las cejas de Rachel) y he editado unas copias únicas para mis más fieles seguidores. Es una forma de darle un corte de mangas a este ególatra lleno de soberbia (encima, me dicen que el hacker misterioso que ha logrado la hazaña, ha colgado ya su producto en la red, para que cualquiera se lo descargue libremente). En fin, que es normal que este blog esté en un momento de exaltación. Les dejo ya. A partir del próximo post, retomaremos otros temas diferentes. Les dejo un último tema suave,para tranquilizar el patio. Esta vez es el gran Bruce Springsteen. Pasen un buen finde y sean felices.