jueves, 5 de noviembre de 2015

444. La M-30 y la deuda de Madrid I

Hoy nos vamos a poner serios, así que quien quiera coña, que deje de leer. Arranca este tema en una de mis recientes actividades de recepción de delegaciones extranjeras. El escenario, un salón facilitado por la Junta de Arganzuela. Estoy hablando en inglés a un grupo de arquitectos y técnicos del Ayuntamiento de Oslo, interesados en los proyectos M-30 y Madrid Río, con los que luego daremos un paseo en bicicleta por el parque. Les ha organizado el viaje un compañero arquitecto, joven y barbado, con el que es la primera vez que trabajo. Está cerca de mí, por si necesito alguna ayuda con el inglés y, de vez en cuando, levanta un dedo y puntualiza alguna de mis manifestaciones, lo cual me parece muy bien y así está pactado. No es malo que los noruegos escuchen dos opiniones no coincidentes sobre determinados asuntos.

Entonces llegamos al punto clave: ¿cuánto ha costado el proyecto M-30? Pongo la imagen correspondiente con los costes desglosados por conceptos, la parte de Madrid Río, el coste de mantenimiento del parque, cuánto es deuda y cuánto dinero real. Y doy una cifra del coste de M-30 (el de Madrid Río no se discute): 3.770 millones de euros. Ese es para mí el coste del proyecto M-30. En ese momento, mi colega levanta un dedito y puntualiza: eso que acaba de decir Emilio es la versión oficial del Ayuntamiento; nosotros, la ciudad, sabemos que la cifra real es tres veces más. Fin de la cita. Me quedo pasmado (supongo que palidecí), pero reacciono con rapidez: en absoluto es ésta la versión oficial del Ayuntamiento; por el contrario, es la versión mía después de estudiar el proyecto durante años. Es posible que sea un poco más, pero nunca tres veces. Esa es una valoración falsa que se propagó interesadamente por determinados sectores contrarios al proyecto.

Continuamos con un pequeño debate que no voy a referir aquí, todo ello de forma educada y cordial, y también útil para los noruegos, que escucharon nuestros argumentos opuestos y se llevaron una información detallada del tema, sobre la que pensar luego por sí mismos. ¿Qué hay de cierto en una y otra versión? Es lo que me propongo contarles. El proyecto M-30 fue una iniciativa del señor Gallardón que no contó con un proceso de participación ciudadana a la altura de una inversión de dinero público de esa envergadura. Bastará decir que su predecesor Álvarez del Manzano, venía gastando en sus legislaturas anteriores una media de 400 millones totales. En los cuatro primeros años de Gallardón, el presupuesto de inversión en infraestructuras fue de 5.000 millones (esta cifra se ha barajado con frecuencia como coste de la M-30, pero es falsa: además del proyecto incluye algunas otras obras de urbanización, como el túnel de Sor Ángela de la Cruz, el que comunica el final de Embajadores directamente con la M-40 y otros; ésta es una primera aclaración).

Es decir, que este señor superó el gasto de su antecesor en infraestructuras en más de diez veces. Al no organizar un procedimiento de participación y debate público como Dios manda, suscitó un movimiento de oposición bastante amplio. Casi un consenso de la ciudad contra el proyecto. Llevaban la voz cantante de este movimiento los demás partidos políticos, los sindicatos, las asociaciones de vecinos. Y los arquitectos. Tanto el Colegio, como la Escuela de Arquitectura, lideraron la protesta contra la M-30, por una razón, para mí, meridiana: se trataba de un proyecto de ingenieros y todo el mundo sabe que nadie tiene la sensibilidad con el territorio que tenemos los arquitectos. Fue, pues, un reflejo gremial, en el que yo, como decía el viejo chiste de Chumy Chumez, no entro ni salgo de mi asombro. El proyecto se convirtió en un escenario de confrontación política, en el que los datos se estiraban y encogían a conveniencia, como armas de la batalla. Los costes se minimizaban desde el equipo de Gallardón y se agigantaban desde la oposición.

He de decir que el procedimiento empleado por Gallardón para llevar adelante este proyecto, me parece muy pernicioso urbanísticamente; que es una muestra de despotismo ilustrado. Si bien tengo que reconocer que, si el proyecto se llega a posponer hasta la finalización de un debate ciudadano ortodoxo, nunca se habrían llegado a empezar las obras (y no se hubiera conseguido el espacio de Madrid Río). Pero yo lo que he querido en todo momento es abstraerme de la manipulación inherente al debate político y saber exactamente cuáles son los datos técnicos ciertos del asunto, en especial, cuál es el coste de las obras. Estos datos deben de conocerlos los ciudadanos. Y he de decir que no me ha resultado fácil llegar hasta ellos, porque había un oscurantismo notable alrededor y a mí no me decían nunca toda la verdad. Pero ahora estoy seguro de esa cifra: 3.770 millones de euros. Es el montante del Presupuesto de Ejecución Material. Y el Presupuesto de Ejecución Material de una obra es un concepto contable, que suele tomarse de base como presupuesto de inversión. Punto.

Por supuesto que, si contamos también los intereses, la ciudad pagará al final bastante más de esa cantidad. Pero esto se explica con un ejemplo. Usted, querido lector, se va a comprar un coche nuevo, digamos que por valor de 30.000€. Si usted tuviera los 30.000€ en un calcetín, los llevaría al concesionario y saldría de él conduciendo el coche. Como eso no suele suceder, entra en juego un tercer actor: el Banco. El Banco paga right now los 30.000€ al concesionario y usted sale igualmente conduciendo su coche, pero con la guantera llena de contratos que le obligarán a pagar mensualmente al Banco unas cantidades pactadas, descontando una entrada también pactada. Si usted suma todas esas cantidades, encontrará que, al final ha pagado bastante más de 30.000€. Pero (aquí viene lo importante), usted seguirá diciéndole a todo el mundo (incluso a sí mismo) que el coche ha costado 30.000€. Me parece que está muy claro. En ese sentido, yo creo que la reforma de la M-30 ha costado lo que les he dicho. 

En 2003, El Ayuntamiento crea una empresa mixta para gestionar y ejecutar las obras en la M-30. Por simplificar, digamos que esa empresa se crea con los 770 millones de euros del pico. En una proporción de 80% Ayuntamiento y 20% partenaire privado, una asociación de dos de las mayores constructoras de España: Dragados y Ferrovial. La empresa, llamada Madrid Calle 30, se constituye con ese dinero inicial real y se registra con esa proporción. Una vez constituida y registrada, esta empresa es la que contrae la deuda por valor de los 3.000 millones restantes. Así de sencillo. La deuda tiene dos tramos, el más largo a 35 años, y está avalada por el Ayuntamiento. De acuerdo con mis informaciones, cada año el Ayuntamiento devuelve un montante de unos 100 millones del principal de esa deuda, además de los correspondientes intereses. Es algo asumible, en una entidad que tiene unos presupuestos anuales en torno a los 4.500 millones.

Es decir, que, doce años después de suscrito el crédito y teniendo en cuenta unos primeros años de carencia, la deuda pendiente del proyecto M-30 ronda ahora mismo los 2.000 millones (ya es un poco menos). Pero ustedes han leído en la prensa que la deuda del Ayuntamiento de Madrid ha llegado a superar los 7.000 millones. En qué se ha ido lo demás. Mi respuesta: Y yo qué sé, pregúntenselo a Gallardón. Hombre, alguna pista puedo darles. Les recuerdo que antes de llegar este señor, los directores de servicios (máximo grado funcionarial, nivel 30) estaban directamente a las órdenes de los concejales. En la reforma asociada a los presupuestos para 2005 se creó una supersestructura con dos niveles nuevos: coordinadores y directores generales, puestos a cubrir por políticos y ejecutivos no funcionarios. Más una amplia nómina de asesores y carromerillos. En total, unos 1.500 cargos con sueldos altos, cobrando todos los meses. Más otros proyectos (para mí no tan defendibles como Madrid Río), como la adquisición y reforma del Palacio de Cibeles, a mayor gloria del faraón, o la inefable Caja Mágica. Más cuatro años de gastos suntuarios y despilfarros por la nefasta gestión en algunas de las empresas públicas y unidades administrativas.

Ahí está el origen de la deuda y conviene saberlo. Pero ya he alcanzado el tamaño crítico de mis posts y me queda bastante que contar, así que les remito a la segunda parte de esta reflexión, que prometo subir cuanto antes. Allí les precisaré una serie de detalles que me parecen de interés, incluyendo un cuadro real de la evolución de la deuda de la ciudad, que creo que aclarará bastante este asunto. Tengan paciencia. Y duerman bien.
   

martes, 3 de noviembre de 2015

443. Encurtidos y variantes

Titulo así este post porque me propongo desarrollar una vez más mi reconocida habilidad de saltar de un tema a otro. Este será, pues, un texto lleno de pequeñas joyas sobre varios temas sin relación aparente. Empecemos por donde nos quedamos en el anterior. ¿Tienen idea de cómo están viendo desde fuera el asunto de Catalonia, con la mitad de un pueblo decidida a la secesión, abducida por una banda de lladres, con el señor Pujol a la cabeza? Pues aquí les voy a poner un par de links a periódicos europeos serios, de trayectoria fuera de toda duda. Hace unos días, el prestigioso diario alemán Die Welt, se refería al asunto con un titular inequívoco: Die Separatisten-Mafia. ¿No se lo creen?

Pues AQUÍ lo tienen. Ya sé que la mayoría de ustedes no sabe alemán, pero échenle un vistazo y verán que no miento: entre medias pueden entenderse algunos términos, como korrupte Strukturen, Ministerpräsident Artur Mas, katalonien y otros. Está claro de qué hablan, y que comparan la deriva catalana con la que han desplegado los señores de la guerra (Warlords) de las seudo-repúblicas ucranianas de Donezk y Lugansk. No es mala comparación. Para los que piensan que me paso mucho con el tema. Tampoco es manco el análisis de Le Figaro, que titula su artículo Golpe de fuerza contra la democracia y compara a los secesionistas con el régimen bolivariano del señor Maduro. AQUÍ pueden consultarlo y así practican un poco el francés. El artículo es demoledor.

Desde Europa ven lo que yo llevo tiempo proclamando: que todo es una huida hacia delante de una banda de estafadores, para ver si pueden llegar a tener una Justicia y una Hacienda propias, para poderse ir de rositas. En el fondo, los catalanes no sólo son españoles, sino que son los más españoles, la quintaesencia. El entramado de Rodrigo Rato es un juego de niños al lado de la monumental estructura levantada por el señor Pujol y su ministro de Hacienda Artur, que miraba para otro lado con tanta habilidad, que fue premiado con el puesto de Conseller en Cap. Estos señores son los chorizos más hábiles del cotarro hispano. ¿O habría que decir butifarras? Pues no, porque la denominación de origen chorizo no tiene nada que ver con el noble embutido comúnmente denominado como tal.

¿De dónde viene entonces lo de llamar chorizos a los mangantes? ¿No lo saben? Pues yo se lo explico. Viene nada menos que del caló. El idioma de los gitanos. En calorro, el verbo chorar describe los pequeños hurtos sin violencia a los que son tan dados los miembros de dicha etnia, y perdón por el comentario racista. Y el verbo chorar tiene un sustantivo derivado, chori, que designa al tipo que practica esa clase de hurto. Y de chori, chorizo. Conviene saber el origen de los términos que empezamos a usar a todas horas. El otro día les hablaba de resiliencia, una de las palabrejas que vamos a empezar a oír a todas horas. Resiliencia es un anglicismo, viene de resilience, palabra inglesa de uso muy antiguo (de hecho, es de origen latino), que viene a designar lo que aquí se ha llamado toda la vida entereza. Cuando alguien visitaba, por ejemplo, a un viudo reciente, se solía comentar: –Lo he encontrado muy entero.

Pues ahora ya no es entereza, sino resiliencia, en una muestra más de papanatismo anglófilo o, más bien, proyanqui. El inglés nos invade por todos lados. La palabra resiliencia tiene, como en inglés, un significado más amplio que el de la simple entereza de una persona frente a una tragedia personal. Se aplica a sociedades, comunidades, ciudades o grupos, capaces de sobreponerse a una desgracia colectiva. Y también a la empresa y su capacidad de sobrevivir a las diversas crisis, OPAs y ataques de la competencia. Incluso hay un Instituto Español de la Resiliencia y ESTA es su Web. El diccionario de la RAE ya tiene el término registrado (por eso no podemos tildarlo de palabro), pero en el diccionario on line Word Reference no figura, y el corrector del Word que yo utilizo para escribir tampoco lo reconoce y me lo subraya en rojo cada vez que lo escribo.

Otro término de uso frecuente en el urbanismo es gentrificación, de nuevo un anglicismo al que en este caso sí podemos considerar un palabro, puesto que todavía no ha sido santificado por el visto bueno de los señores académicos. El palabro viene del inglés gentrification, a su vez derivado de gentry (burgués). Y viene a designar un fenómeno bastante frecuente: cualquier actuación o estrategia (pública o privada), que mejore las condiciones de un barrio o zona concreta de una ciudad, expulsa de una u otra forma a un porcentaje de sus residentes o propietarios de comercios originales. La gente se va porque no le gusta el nuevo rollo, o porque no puede afrontar los sobrecostos inherentes a la nueva situación o por circunstancias diversas, como la revalorización de su propiedad, que le permite venderla e irse a otro sitio.

A mí me explicó lo que era la gentrificación un vecino, prácticamente analfabeto, que vivía enfrente de la M-30, antes de que se convirtiera en el parque Madrid Río, del que ya les he hablado tantas veces. Han de saber que, en esa operación, además de la M-30, desaparecida bajo tierra, también desaparecieron en torno a 200 plazas de aparcamiento en calle. Esas plazas estaba previsto que se recuperasen mediante dos aparcamientos de residentes, que nunca se construyeron porque fueron sacados a concurso en plena crisis y los concursos resultaron vacantes. Por otro lado, las plazas en esos parkings eran de pago, y no gratis como las de la calle, lo que ya había suscitado protestas. Aquí lo que decía el vecino (imagínesenlo: aires de camionero, brazos fuertes, tatuajes, moreno agromán, ceño fruncido, etc.):

–A mí con este proyecto suyo me han hundido la vida. Como lo oyen. Yo trabajo en Boadilla del Monte y allí no se puede llegar en Metro, así que tengo que ir en coche. Y, cuando vuelvo por la noche, me acuerdo de todos sus muertos, porque no tengo dónde aparcar, me tiro una hora dando vueltas y acabo dejando el coche a tomar por culo. Y desde a tomar por culo tengo que irme andando hasta mi casa, lo mismo llueva que nieve. Todos los días igual. Y todo eso ¿para qué? Para hacerme un parque a la puerta de mi casa. ¿Y para qué coño quiero yo un parque? Si yo los domingos estoy reventado y lo único que quiero es tumbarme en el sofá con una lata de cerveza y ver deportes por la tele... Me la suda tener delante un parque o la autopista del Mediterráneo.

En paralelo a esa situación tan certeramente descrita, el piso propiedad de este energúmeno se ha revalorizado gracias a la obra de urbanización ejecutada. Eso le permitirá venderlo en buenas condiciones y comprarse otro piso en Boadilla, donde pueda hacer la vida basada en el automóvil. ¿Y quién será el comprador? Pues posiblemente una pareja joven, tal vez con niños pequeños, que valore el lujo que supone salir de tu casa andando o en bici y tener frente a tu domicilio un espacio de calidad. Esa es la gentrificación (en una operación no tóxica no debe superar el 10% de la población original). También es muy claro el cambio operado en el pequeño comercio. Antes, los laterales de la M-30 estaban llenos de pequeñas industrias, almacenes de mayoristas, talleres del automóvil, reparación de neumáticos. Ahora, por un proceso similar, se ven sustituidos por bares de copas con terraza.

Madrid Río sigue siendo el centro de atención de buena parte de las visitas a Madrid que me toca atender en mi trabajo cotidiano. El otro día recibí a 40 funcionarios del Ministerio de Medio Ambiente e Infraestructuras de Holanda, que se fueron encantados con el proyecto y con mis explicaciones. De acuerdo con mi teoría de que en cada tema interesante que se plantee hay más mujeres que hombres, pues aquí también había mayoría femenina. Iba a decir que eran todas muy jóvenes: error. Lo correcto es decir que yo soy muy viejo. Pero todas insistieron en hacerse fotos conmigo. Les puse una sola condición: que se encogieran un poco, a la vez que yo me erguía. Así se disimulaba un poco mi diferencia de talla con semejantes walkirias. Aquí les pongo una muestra, a título de ejemplo.


En realidad, la foto de la que estoy más orgulloso en estos últimos días es la que les pongo abajo como despedida, al lado del bueno de Álvarez, en su último día de trabajo en El Brillante. Me avisaron sus compañeros de que el lunes era su último día, a pesar del regaño que me soltó cuando se lo pregunté. A voces me dijo que él se quedaba hasta Navidad y luego ya vería. Al final, se han impuesto las circunstancias. Tuve que insistirle mucho para que nos hicieran esta foto histórica, porque es un hombre tímido, que huye de los fastos y las alharacas. Álvarez empezó a trabajar en el barrio hace más de 40 años, los últimos 28 en El Brillante. Si han ido alguna vez a tomarse los mejores bocatas de calamares del mundo (no exagero), seguro que les sonará la cara de este hombre, que posa emocionado en el centro de la fotografía, el último día en que se vistió con ese uniforme negro del que tanto despotricaba (le gustaba más el blanco de toda la vida). Sirva este post de homenaje a un personaje ciertamente entrañable.    




domingo, 1 de noviembre de 2015

442. Catalanes: el mañana os pertenece

Qué cansino esto de hablar del prusés. No apetece nada en medio del griterío. Además, yo llevo más de tres años alertando de la que se nos venía encima. Empecé cuando apenas se hablaba del asunto y ahora resulta que todos los periódicos nacionales le dedican al tema sus crónicas, reportajes y editoriales. Ya saben que los medidores de audiencia de radio, allende las fronteras de esa Catalonia que se han inventado, caen en picado en cuanto se anuncia que se va a hablar del prusés. Yo ya he dicho casi todo lo que se puede decir de este lamentable asunto y me arriesgo a que este post no lo lea casi nadie, porque los secesionistas no suelen consultar mi blog; había uno hace tiempo, pero ha dejado de aportar sus comentarios, supongo que harto de su nulo efecto sobre mi línea de argumentos al respecto.

Si quieren saber cuál es esa línea, no tienen más que pinchar en la etiqueta “Nacionalismo” aquí a la derecha un poco más abajo. Les saldrán mis comentarios en orden temporal inverso. Debajo de todo, verán un link que dice “Entradas más antiguas”. Pues pinchando allí van volviendo hacia atrás, si es que quieren empezar por las primeras. Digo esto por si alguien entra por primera vez aquí, tal vez despistado por el equívoco título del post. Por resumir, yo tengo muy claro que el nacionalismo es una tendencia que va contra el sentido natural de la historia, que es el del mestizaje y la mezcla de culturas. En ese sentido el nacionalismo se sitúa en un rango ideológico que cabe calificar de retrógrado, conservador, de derechas, atávico y antiguo, que hunde sus raíces en el llamado romanticismo decimonónico del que nació y persigue la vuelta a la caverna, camuflada de arcadia primigenia en la que todos los problemas serán resueltos.

Cuando el nacionalismo se vuelve identitario y excluyente, se convierte en un virus, que abduce a los que se suman a su deriva, hasta extremos próximos a los de las sectas destructivas. El virus es alentado por políticos de perspectiva chata, que buscan sólo crearse un ámbito de poder desde el que poder mangonear a sus pueblos sin que nadie les estorbe. Para ello sacan del baúl de Pandora los sentimientos más racistas y xenófobos que, una vez esparcidos, son difíciles de recoger para ponerlos otra vez a buen recaudo. Ha sucedido ya muchas veces, no se trata de nada nuevo. Bélgica nació de una segregación de la gran Holanda (la que derrotó a Napoleón en Waterloo, conquistó Indonesia, Malasia y Sri Lanka y fundó Nueva York, con el nombre de Nueva Amsterdam). Polítiquillos mediocres forzaron la fisura entre los pueblos de la actual Holanda (protestantes) y los de la actual Bélgica (católicos). Aquí el hecho diferencial era la religión, no la lengua, pero los argumentos eran los mismos: Amsterdam nos roba, etc. El gran duque de Luxemburgo aprovechó el follón para independizarse también y desde entonces son lo que son: tres países enanos, con muy poca incidencia en el concierto de las naciones. 

Lo mismo sucedió en Yugoslavia, gran país de los tiempos de la Guerra Fría, fundador del Movimiento de los Países No Alineados, ahora desmenuzada en seis o siete países enanos. La interminable lista de los países que compiten en la Copa de Europa de Fútbol es altamente significativa de lo que digo. Esa es una de las consecuencias de ese virus: el poder político está cada vez más disgregado, al contrario del poder económico, que cada vez es más multinacional. La empresa del SS tiene un presupuesto anual superior al de muchos de estos estados minúsculos. Y los ciudadanos de esos estados están mucho más desprotegidos frente al poder económico que los de los países grandes, como se ha visto en Chipre, Eslovenia o los Países Bálticos, continuamente acosados por los prestamistas. Yo creo en los estados poderosos, con impuestos altos y servicios públicos eficientes. Me da igual que tengan una estructura centralista como Francia, o federal como Alemania y USA. Creo que un estado de estos puede defender mejor mis derechos.

Generalmente, los movimientos secesionistas prenden en las regiones más ricas de un país. Pero hay excepciones que demuestran el carácter vírico del fenómeno. Eslovaquia era la parte más pobre de Checoslovaquia. Pero se empeñaron en separarse, contra la opinión mayoritaria de los checos. Ahora presumen de un crecimiento del PIB mayor que el de sus antiguos compatriotas. Su objetivo es adelantarles un día, aunque eso queda aún bastante lejos. ¿Saben por qué Eslovaquia tiene hoy una de las tasas más altas de crecimiento del PIB en Europa? Pues porque eran un país rural y atrasado, en el que el mercado laboral tenía menos garantías que en ninguna parte. Eso hizo que muchas empresas, por ejemplo, del sector del automóvil, se deslocalizaran para trasladarse allí. En ningún lugar de Europa se pueden construir coches con menos costes laborales. Y un ejemplo aun más delirante que el catalán o el eslovaco es el de Chechenia. Un rincón de Rusia habitado por musulmanes concibe la locura de independizarse y se pone a la tarea a sangre y fuego. Cuánto dolor causado para nada.

Cataluña es en estos momentos un pueblo fracturado en dos mitades (me da igual que haya unas décimas de mayoría en un sentido o en otro). Esas dos mitades tienen objetivos irrenunciables que no son compatibles. De modo que el futuro le deparará una gran desilusión a la mitad que pierda. Ese es el gran logro del delincuente Pujol (auténtico lladre y artífice de la gran enganyifa) y su acólito Maese Artur. Para eso, tres años de prusés descuidando todo lo demás, no gobernando, empobreciendo a su tierra en una deriva que les tiene ahora sin poder ni pagar los medicamentos a las farmacias. Pero una de las características del virus es que, para lograr los objetivos, es lícito subvertir todos los valores; todo lo que sume vale, aunque sea éticamente impresentable. Adiós a la ética, a la moral, al sentido deportivo. La lista de trampas, mentiras, felonías y deslealtades de Maese Artur es interminable. Casi tan extensa como la de los millones robados por su mentor, el unurabla, ahora devenido en innumbrabla.

El punto clave sobre el que bascula la gran falacia montada es el hecho diferencial forzado, de hacer incompatible ser catalán y ser español. El resto de los mortales nos sentimos varias cosas a la vez sin mayores problemas: en mi caso, yo me siento a la vez coruñés, gallego, español, europeo, occidental y blanco. Muchos catalanes se sienten catalanes (obvio), pero también españoles. Pero eso ahora no mola, hay que buscar el enfrentamiento. Por eso cuando Maese Mas acude al Estadio y la gente se pone a pitar el himno español, sonríe con su risa del perro pulgoso: muy, bien, muy bien, vamos a la lucha, a las barricadas. Además del sentido ético, otra de las cosas que se pierden es el sentido del ridículo. Es difícil que los catalanes con un poco de sentido común (el proverbial seny) no se sientan concernidos por la coña que desprenden artículos como el de Enric González del pasado 17 de octubre, que pueden leer AQUÍ, a cuenta del proyecto político de las CUP, consistente en (sic) montar un pollo de la hostia. O el grandioso chiste de El Roto que les pongo abajo.



Hace tres años, cuando yo empecé a pronosticar lo que venía, muchos pensaron que deliraba. Pero el choque de trenes ha llegado. Como bien dictaminó Fernando Savater, sólo uno de los trenes circula en la dirección correcta. El otro es un tren que va a contramano, como los conductores suicidas de las autopistas. No creo que Rajoy sea capaz de frenar el asunto y tampoco veo mucho más capacitados a los demás. Esto sólo lo pueden arreglar los propios catalanes con sus votos. De ahí el título de este post. Vale, reconozcámosles el derecho a decidir. Y el derecho a equivocarse. Si no lo remedian, pueden cometer un error de dimensiones históricas. Pero, además del derecho a equivocarse, también tienen aún la oportunidad de acertar. No la desaprovechen, amigos catalanes. Les están engañando, entre otras cosas con el carácter pacífico y cívico del prusés. A este respecto, abajo les pongo el vídeo de una de las escenas más tremendas de la película Cabaret: Tomorrow belongs to me, el mañana me pertenece. A los alemanes también intentaban seducirlos en los primeros treinta con un movimiento pacífico y cívico. Cada vez que veo cualquiera de las escenografías que se montan cada dos por tres en los pollos independentistas, no puedo evitar acordarme de esta escena. Bona nit.