miércoles, 19 de agosto de 2020

967. Samanthing all day long

Eso es lo que dice mi hijo que hago, después de observarme en directo un par de semanas. Aparte de correr, teletrabajar, escribir en el blog y salir de vez en cuando a tomar una cerveza con algún amigo: todo el día samanthing. Bien, a la vuelta del ferragosto, los pronósticos en relación con el virus van siendo cada vez más negros, tal vez haya que volver a las fases de confinamiento severo y, si esto sucede, habrá negocios que cierren definitivamente. Qué va a hacer alguien con un bar o cualquier otro bisnes enfocado al turismo o al ocio. Más o menos la peña tenía algo de dinero guardado, que les ha permitido ir tirando, pero está todo el mundo al límite, y no sólo de dinero, también de cabeza. Por mí no tengan cuidado, mientras pueda correr, escribir y beber cerveza, no tengo por qué venirme abajo. Pero desanima ver los bares sin clientes, las calles vacías, la ciudad solitaria que cantaba Mina. Hay que seguir, no queda otra y cuenten con que este blog continuará aportándoles reflexiones, algunas risas y mucha música. Este post se va a centrar en lo último, para dulcificarles estos días de incertidumbre. Hemos traido al blog muchos vídeos de Samantha Fish, pero hasta ahora no le había dedicado un post exclusivo. Va siendo hora.

Empezaré por decirles que ayer llegó otro correo destacado e inesperado a mi cuenta personal. Me lo envía la compañía que gestiona y comercializa toda la actividad de mi adorada diva del blues, ahora recluida en su casa de Kansas City. Me avisan de que ya está en marcha el Samantha Fish Cigar Box Guitar Fest 2021, que tendrá lugar como cada año en enero en Nueva Orleans, concretamente los días 13, 14, 15 y 16. Un acontecimiento único, en homenaje a los instrumentos de cuerda fabricados a mano, que fueron clave en el surgimiento del blues y el jazz en New Orleans. Me ofrecen un pack-VIP, que incluye: entradas con asiento y guardando la distancia reglamentaria para los cuatro días, camiseta oficial del evento, un CD o vinilo de Samantha, un poster oficial numerado y firmado por la diva, una chapita conmemorativa para llevar al cuello y dos boletos para el sorteo de una genuina cigar box guitar deluxe autografiada por Samantha de su puño y letra.

El precio del pack-VIP es de 249 dólares, está tirado. Me dicen también que han sacado a la venta sólo 100 de estos packs-VIP, que serán para los primeros que lo soliciten, y añaden que es posible que ya no se vendan otras entradas, en función de la evolución de la pandemia, entradas que, en su caso, se venderían en la propia sede del festival. Se pueden imaginar el tirón hacia adentro que me ha dado el estómago ante este mensaje. Casi se me fractura el esternón. En circunstancias normales esto sería motivo suficiente para organizar un viaje bloguero en torno al acontecimiento. Pero tengo claro que no puedo ir, por culpa del puto virus. Además me siento obligado a seguir dando el callo hasta el 19 de febrero para mi oficina de planificación urbanística, algo que me sirve de disfrute y que tengo que aprovechar, porque muy pronto (de hoy en seis meses) tendré que dejarlo del todo. Tal vez al año siguiente, en función de cómo vayan las cosas del virus. Me gustaría mucho visitar Nueva Orleans y también ver en directo a mi adorada Samantha, pero ahora mismo no es prudente viajar fuera de España. Y me temo que en enero no estaremos mucho mejor. 

El otro día hablo por videollamada con mi hijo Kike que está en Italia. Qué tal, padre. Bueno pues aquí bastante jodidos; yo creo que esto va para largo. Su respuesta, con el tono que se usa para quitarle importancia a las cosas: nada, esto se acaba rápido, un año o, como mucho, dos. Así me lo dijo, y yo pensé: joder, qué envidia. Qué maravilla el concepto del tiempo que tiene un chaval de 28. A esa edad percibes el tiempo como si fuera infinito. Yo he tenido esa sensación durante décadas, ya saben que soy un inmaduro, según opinión unánime de todas las mujeres que han pasado por mi vida. Pero, con casi 70, es inevitable empezar a madurar, no puedes seguir estando verde aunque quieras. Y entonces empiezas a entender el tiempo de otra manera. Estoy de acuerdo con Kike: esto puede durar, al menos uno o dos años. Un lapsus que, para mí, es una eternidad. Quién sabe si en dos años voy a seguir vivo y, en tal caso, si tendré la energía de irme a Nueva Orleans a ver a mi chica favorita en directo. 

Pero les había prometido música y vamos a empezar. Hay decenas de vídeos de Samantha, empezó a ser conocida con 19 años y ahora tiene 31. Y no ha parado de dar conciertos por todo USA, la mayoría disponibles en Youtube. Después de los vídeos que ya he traído al blog, imagino que entienden por qué me fascina tanto esta mujer, pero hoy vamos a ampliar la muestra. Por cierto, si lo están viendo en un móvil espero que recuerden el truco de mi amigo Boni: tocar los tres puntitos arriba a la derecha y seleccionar "Vista de Ordenador". Este post sin vídeos es una eme. Y verlo en el móvil, un desperdicio, pero allá ustedes. En el primer vídeo, vemos a Samantha interpretando una canción propia. Es una canción con una de sus letras sombrías, que no les voy a traducir. Las letras de Samantha no son políticas, como algunas de Sheryl Crow. Hablan de sentimientos, de familias rotas, de niños predestinados a convertirse en unos desgraciados, de huidas, de amores tóxicos, de rupturas, del pasado que no perdona. No son narrativas, sino simbólicas, enigmáticas, inquietantes, hasta lúgubres.

Pero quiero que se fijen en algunos detalles. Samantha es ya una mujer adulta, segura de sí misma. Capaz de salir a escena con una especie de blusa amplia, seguramente diseñada para llevar debajo unos vaqueros, pero que ella se pone sin nada, para enseñar sus magníficas piernas de deportista. El que quiera que mire y que le aproveche. Ella vende música y sentimiento, pero le gusta salir sexy al escenario. Lo segundo que observarán es que al bajo no está su fiel Chris Alexander, hasta ahora presente en todos los vídeos que les he puesto. Es que Samantha no para en todo el año, de gira en gira. Y el chico supongo que tendrá una familia, o al menos unos padres que visitar de vez en cuando. Joder, alguna vez habrá que darle descanso, no sé, unos poquitos moscosos, que el ritmo de esta mujer no lo soporta cualquiera.

Aquí el bajo es un sustituto, de rasgos chicanos, que parece un tanto intimidado. Por momentos, acojonado vivo. Es que la presencia de Samantha es para achicar a cualquiera. Por cierto, Samantha mide 1,70 y encima suele llevar grandes tacones, hasta que se harta y se descalza, como ya hemos visto. Aquí la vemos abordar su canción con una seriedad, una decisión, un convencimiento, una determinación que da hasta miedo. No bromea, mientras desgrana la letra, que ella misma ha escrito. Su gesto es demoledor, canta con una autoridad absoluta, no deja indiferente a nadie en el público, cualquiera le discute lo que está proclamando. Y pasamos al punteo. 

Si en la parte cantada hemos hablado de presencia, determinación, autoridad, en el punteo habría que citar en primer lugar la solvencia. Sus colegas pueden fiarse de ella, que no va a dar una sola nota falsa. Y también a destacar la variedad de su registro sónico, ninguno de los punteos de esta mujer es igual a otro, en cada momento tiene la nota precisa, el fraseo más oportuno. Vuelve al micro y las últimas estrofas ya las canta casi regañándole al público, con el ceño fruncido, qué carácter el suyo. Últimas estrofas que terminan en un alarido sostenido y seguido del clásico uuuhhhh, un clímax que ya no deja sitio para final alguno: el grito es el propio final. Mientras bebe agua, le intuimos una sonrisa, la primera de todo el vídeo, como diciendo: joder, qué bien que me ha salido. Hala, véanlo ya. 

Esta mujer es espectacular. Antes de seguir, quiero darles referencia del batería Go Go Ray que la acompañó por todo USA cuando Samantha se desenvolvía en su formación de power trío. Según las páginas que he consultado, el gran Go Go Ray abandonó la banda en 2017. Imagino que también tendrá una familia que atender y no puede seguirle la marcha a su diva, con la que tan buenos ratos ha pasado. Dicen en Internet que ahora es el batería titular de la banda de Paul Benson, un músico desconocido fuera de su ámbito local en Kansas City. Eso le permite dedicarse a su máxima vocación: enseñar a tocar la batería a niños, a través de su Web Explorers Percussion, un programa educativo que gestiona desde su casa en Kansas. Es una pena para Samantha, pero cada uno tiene que seguir su vida y supongo que habrán acabado bien entre ellos. Y ahora tiene ya un batería nuevo también espectacular.

Hasta aquí, todo lo que hemos escuchado en el blog de Samantha Fish tiene una cierta homogeneidad. Rhythm and blues poderoso, con unos punteos de guitarra inimitables. Pero esa uniformidad tiene un culpable: yo. Es que a mí esa es la parte de Samantha que me alucina. Pero Samantha es una artista poliédrica, que toca muchos palos. Cuando le preguntan por sus influencias musicales, suele hablar de los Stones, The Band y Tom Petty. No anda mal de cultura musical la chica. En su formación hay también mucho country y se desenvuelve bien incluso sentada en una silla con una guitarra española cantando un blues tradicional suavecito. Escúchenlo y verán qué línea más diferente. Por cierto, la cosa tiene lugar en una emisora de radio local de Kansas City. Diríase que, esta vez, Samantha se ha caído de la cama, se ha puesto lo primero que ha encontrado y se ha acercado caminando a la emisora con la guitarra al hombro, maquillada y coqueta, que eso es consustancial en ella, pero más natural.

En una de las entrevistas que he leído de ella, le preguntan por su imagen, sus atuendos y su maquillaje. Contesta con seguridad: es un homenaje a la forma en que las quinceañeras de su barrio se maqueaban para los bailes de fin de curso, una parafernalia que le encanta. Esta mujer es muy lista y todo lo hace por alguna razón. Samantha nació en una familia amante de la música pero que no se dedicaban a ello como profesión, salvo que su padre adoraba las guitarras eléctricas y se reunía con sus amigos a tocar y a beber cerveza, y su madre cantaba en el coro de la iglesia. Samantha empezó tocando la batería, pero dice que enseguida vio que su padre, sus amigos y su hermana Amanda se divertían mucho más con la guitarra y cambió de instrumento. Su hermana también toca por Kansas City, pero no ha salido de ese estrecho círculo. Aquí una foto de las dos hermanas.



Podría escribir varios posts sobre esta mujer, que en 2012 fue elegida la mejor artista novel del blues, pero vamos a sintetizar. Entre sus especialidades saben que está también el dominio de la cigar box guitar, en la que está considerada como la mejor intérprete mundial, hasta el punto de que el festival del que les hablaba al principio ha pasado en la edición de 2020 a llamarse con su propio nombre. Como ella ya es más famosa que el festival, la New Orleans Blues Society que lo organiza, ha decidido aprovecharse de ello. Pero hay otro festival anual en el que suelen contar con su presencia, el Telluride Blues and Brews Fest, que se celebra en el pueblo del mismo nombre del estado de Colorado (hay que ver cuánto sale este estado en el blog últimamente). Allí se reúnen cada verano los forofos del blues y la cerveza y de allí les traigo el siguiente vídeo de Samantha.

Nuestra heroína está muy contenta esta vez, digamos que juega en casa, y saca a la palestra otro modelo de su amplia colección de guitarras, una variante de la cigar box guitar: la kerosene can guitar. Como lo oyen: una guitarra fabricada con una vieja lata de keroseno de la marca Supersonic que, en vez de cuatro cuerdas, tiene seis, lo que da un poco más de posibilidades sonoras. Samantha ya se ha descalzado, sus zapatos rojos de tacón se ven descansando entre dos bafles. Y la acompañan sus dos más fieles escuderos. La canción es suya, Samantha se encuentra cómoda y se deja la piel como siempre, con su habitual distribución de climax intermedios, para cortar el ritmo e ir volviendo luego desde atrás. Acaba subiéndose a la plataforma de la batería para cerrar con un semi-salto de la cabra. Energía en estado puro. Por cierto, en una toma lateral pueden ver el magnifico paisaje de montaña en donde se enclava el escenario del festival.

Ya ven que vuelvo a mi querencia por la larga fase en que Samantha se desempeñaba con su trío. Pero es cierto que el marco del blues, sus listas y sus circuitos se le quedaba pequeño a esta mujer tan inquieta y tan creativa. Ella quería dar el salto a un nivel superior, componer canciones y que cada canción tuviera el desarrollo más adecuado, lo que la propia canción pidiera. De ahí el paso a una superbanda con pianista y sección de viento. A veces, en sus conciertos, deja descansar a parte de sus músicos y vuelve al formato trío o incluso toca alguna canción sólo con su guitarra. Pero sus conciertos son espectaculares y les dejo una muestra de lo que digo. Este número es de finales del pasado agosto, hace menos de un año. No sé si esto puede llamarse blues, más bien es una síntesis de muchos tipos de música, pero es una maravilla. Pueden ven que esta vez prescinde de la sección de viento y pone a sus integrantes a tocar percusiones. Escúchenlo. Esto es lo que hace ahora Samantha y lo que tanto me gustaría ver en directo. Un detalle: el vídeo incluye unos planos primerísimos, donde se ve que Samantha literalmente besa el micro cuando canta.

Samantha Fish, un ejemplo de lo que sentamos en el post anterior: una mujer que se ha hecho con un lugar, a la cabeza de un sector tradicionalmente masculino. En fin, a modo de propina, les voy a dejar un programa de televisión dedicado a ella, de cerca de media hora, con una entrevista en directo. No hace falta que lo vean entero (no están obligados a ver entero ninguno de los vídeos que les propongo). Sólo si quieren practicar el inglés (pueden ponerle subtítulos) o les fascina esta artista tanto como a mí. Samantha acude al programa con su guitarra acústica y acompañada por tres músicos: su pianista, una amiga que toca el violín y un negro veterano con un tamborcito y unas escobillas. 

El conductor del programa le hace a Samantha muchas preguntas y entre medias tocan tres canciones suavecitas, preciosas, puro country, otra cara diferente de esta artista poliédrica. Aquí explica en profundidad cómo compone, cómo se inspira en sus propias experiencias y las de la gente que observa a su alrededor. Y cuenta muchas cosas de sí misma. Tal vez pueden ver sólo las canciones. O echarle un ojo a todo hasta que se cansen, sólo para ver cómo es Samantha en persona, cómo habla, cómo se desenvuelve fuera del escenario. Es un encanto. 

El locutor le pregunta cómo fue que empezó a ir al club de Kansas City donde arrancó su carrera, cuando sólo tenía quince años. Y ella bromea: porque repartía sus pizzas. Luego el tipo dice que su imagen (una mujer joven y llena de vitalidad) no casa con el blues, que es una música triste y ella se lo rebate con firmeza: el blues no es triste para nada, dice, al contrario, escuchar blues ayuda a aliviar la tristeza. Después de la primera canción, el tipo le sigue la coña: tienes razón, estaba yo un poco triste y se me ha aliviado la tristeza escuchándote; ahora me siento feliz. Espero que a ustedes, queridos lectores preocupados por el acoso del virus, les pase lo mismo y les sirva este post en su conjunto para aliviar un poco sus penas, sus inquietudes y sus zozobras. Sean buenos. Y cuídense.

domingo, 16 de agosto de 2020

966. Las mujeres al ataque

Bien, queridos y queridas lectoras, les anuncio una novedad. Mi post anterior pasará a la Historia como el último editado con la vieja interfaz, esa que me ha permitido desarrollar este blog durante casi 8 años y que será eliminada de la faz (virtual) de la Tierra por los omnipotentes e implacables gestores de la página blogger.com el próximo día 24 de los corrientes (es decir, del mes de agosto de este, por ahora, un tanto nefasto año del Señor de 2020, no carguemos las tintas, no vaya a resultar aún peor). Descanse en paz, la vieja interfaz, ya fuera de la faz (de la Tierra), en este mundo voraz. Este post ya lo estoy elaborando con la nueva: a Rey muerto (o emérito provisionalmente desterrado), Rey puesto. He hecho varias pruebas estos días y he comprobado que la aplicación sigue fallando: si yo incorporo un vídeo a uno de mis posts y ustedes tienen a bien leerlo desde un teléfono móvil, el vídeo desaparece, o vanishes, que decimos los anglófilos un poco cursis, como yo.

Ante esto, he encontrado una solución. Ya saben lo de Darwin: aquí no sobreviven los más fuertes, ni los más cabezotas; aquí sobreviven los que muestren una mayor capacidad de adaptación. Con una circunstancia agravante: en un apuro de tipo informático, no hay quién te ampare, tienes que buscarte tú la vida, porque nadie te va a echar una mano. La página blogger.com tiene una pestaña de AYUDA que no ayuda en absoluto, por la misma razón que en esta sociedad llamamos Punto Limpio al lugar donde se almacena la mierda. Les he enviado no sé cuantos mensajes y nada. Está claro que estás páginas de AYUDA están diseñadas para que te desahogues, pase el tiempo, se te vaya pasando el cabreo y ya desistas al ver que nadie te responde.

Así que me he buscado la vida. Hay otra forma de subir vídeos a mis textos: el viejo truco de incorporar un link y renombrarlo con un AQUÍ, ACÁ o ACULLÁ. Ustedes pinchan y les remite a la página correspondiente de Youtube, que se les abre en una pestaña aparte. Ponen la pantalla completa y ven el vídeo de que se trate. He hecho unas pruebas y funciona. Lo que pasa es que a mí me gustaba que se intercalara en el propio texto la pantallita pequeña de Youtube, como antes. Es una imagen que ayuda a fraccionar el producto, haciéndolo más estético y más digerible. Ya sé que están las fotos también para eso. Pero mis textos son largos y les viene bien ese intercalado de fotos y vídeos para eliminar la pereza lectora de algunos de mis seguidores ante la inmensidad de mis publicaciones. 

Recordemos que el problema de la desaparición de vídeos lo tienen sólo los que quieran leer mi post en un móvil, esos ansiosos a los que les llega el aviso de que hay un post nuevo, les pilla en la calle y no pueden esperar a llegar a casa, tienen que pararse en un bar o en una esquina a leerlo. Y digo yo: por qué penalizar, por culpa de estos impacientes, a todos los demás lectores que siguen mis textos cómodamente instalados en sus casas, con su ordenador o su Ipad. Muy bien, pues la solución estaba clara. Nada me obliga a elegir una solución u otra. Puedo utilizar las dos a la vez y así contento a todo el mundo. Así que, desde ya, en cada vídeo que suba a mi texto daré las dos vías: la posibilidad de pinchar en un link para los cagaprisas del móvil, y mi querido recuadrito con la imagen intercalado en el texto, para los demás.

Y vamos a empezar ahora mismo. Porque este post, ya de acuerdo con el título, va del movimiento creciente e imparable de las mujeres, ahora mismo la única revolución junto con la ecológica con capacidad de transformar el mundo. Ambas revoluciones seguirán adelante a pesar del coronavirus y lo que les echen. Como saben, la ola del feminismo cuenta con todas mis simpatías. En este punto, les diré que Sheryl Crow ha decidido quitarse ya otras caretas y ocupar un lugar destacado de esa tendencia. Por eso reeditó hace poco su tema Woman in the White House, con un vídeo de letreros, que nos mandó a todos sus seguidores y que traje puntualmente al blog. Muy bien, pues se conoce que no le ha parecido suficiente, porque acaba de publicar un nuevo vídeo de esta canción con otras imágenes que ya no dejan lugar a dudas. Aquí están desde las sufragistas hasta las que salen ahora a la calle en manifestaciones multitudinarias contra el sexismo, el racismo, la brutalidad policial o el cambio climático, o por sintetizar todos estos conceptos en uno solo: contra Trump. Es un vídeo que merece la pena ver. Pueden hacerlo pinchando AQUÍ, o bien en la imagen de abajo.


Bueno, ya ven a qué me refería con lo de las dos posibilidades simultáneas. En cuanto al avance de las mujeres, estos días ha habido unas cuantas noticias destacadas. Para empezar, la incorporación de Kamala Harris al ticket demócrata para las elecciones de noviembre. Es una noticia cojonuda. Parece que Biden había prometido que su candidato a vicepresidente sería una mujer. La prensa barajaba hasta 12 candidatas al puesto, como Elisabeth Warren, Amy Klobuchar y otras también muy potentes, como Val Demings, congresista por Florida, antes jefa de policía de Orlando, posición que alcanzó después de patrullar sus calles como agente de a pie durante 27 años, o Tammy Duckworth, senadora por Illinois, ex-piloto de helicóptero en la guerra de Irak que perdió las dos piernas y un brazo al ser alcanzado su vehículo por una granada que le estalló en el regazo. Una mujer que dice haber ido a la guerra por obediencia, contra sus convicciones, y que perdona a los que la mutilaron para siempre. AQUÍ pueden encontrar más información sobre ella.

Biden tenía donde elegir. Pero yo creo que ha acertado. Kamala Harris es la más sólida de todas las aspirantes al ticket. Kamala (por cierto, han de pronunciar Kámala, en esdrújulo) es una luchadora nata, de una familia también luchadora de padre jamaicano y madre india, ambos ciudadanos norteamericanos de clase media alta, cultos y concienciados. Kamala estudió derecho, llegó a ser fiscal del estado de California y después senadora. Es una de las ocho mujeres cuyos retratos publiqué yo en el penúltimo post del año pasado, titulado Las mujeres al poder, ya ven cómo me repito. Me es grato añadir al carrito otra imagen de esta señora estupenda, que tiene 55 años, o sea que es más joven que Sheryl Crow.

















La elección de Harris es importante por varios motivos. En primer lugar, porque puede arrastrar mucho voto femenino y afroamericano. Es difícil de creer que, con la que está cayendo, haya negros o mujeres que voten a Trump, pero sí hay muchos que podrían abstenerse o votar a algún candidato ecologista, o comunista, o al rapero Kanye West, opciones todas ellas equivalentes en cuanto a efectividad. Kamala es simpática, pasional y de discurso firme, y puede rebañar mucho voto marginal. En segundo lugar, le viene muy bien al ticket tener alguien con un poco de carácter, algo de lo que Biden no anda muy sobrado y me abstendré de más comentarios. Pero lo más importante es el tercer factor: Biden cumple en noviembre 78 años. Eso quiere decir que en cualquier momento le puede dar un flus, o un aire, o un simple amarillo y quedarse frito.

O hasta puede que se le empiece a ir la pinza. O que se deprima. Que esto de la vejez es muy malo, créanme, se lo digo por experiencia, que uno se vuelve frágil y cualquier viento se lo lleva. Conviene que haya al quite una persona fuerte, decidida y con arranque. Kamala Harris, en cuanto fue nombrada fiscal del estado de California, lo primero que hizo fue conmutar la pena de muerte por cadena perpetua a un indeseable que había matado a un policía y estaba ya en el corredor de la muerte. Le llovieron palos por todas partes, desde todos los estamentos del establishment, pero no se dejó intimidar. Ha sido furibunda opositora a la guerra de Irak y le gustaría rescatar el obama-care, aunque se ha mostrado partidaria de mantener los seguros privados, algo que me parece muy bien.

Un paréntesis al respecto. En el tema de la sanidad, he de decirles que me encanta el sistema alemán: tienen todos tus datos financieros reales, allí no hay dinero negro (en principio); entonces, en función de lo que ganes, te dicen usted páguese un seguro privado y no nos sobrecargue el sistema público. O, por el contrario, usted parece claro que no se puede pagar un seguro privado, así que le atendemos en el público. Si los ciudadanos son serios y cumplidores, me parece un buen sistema para asistir a la población en un sistema capitalista. Así se funciona ahora en Alemania, me lo ha contado Jurgen, mi peluquero, que no sólo me corta el pelo sino que mantiene conmigo diálogos geoestratégicos de altos vuelos.

El caso es que, en estas circunstancias, entra dentro de lo posible que en unos años podamos tener en la Casa Blanca a una mujer, y encima de color, el sueño de Sheryl hecho realidad. Por eso, el nombramiento de Kamala para el ticket con Biden ha suscitado reacciones alborozadas, algunas previsibles, como la de Obama, o la de Bernie Sanders, que ha dicho que venga, que se acabaron las dudas, que hay que ponerse a trabajar enseguida, todos juntos. Recuerden que, en 2016, muchos de los seguidores de Sanders declinaron votar a Hillary, dolidos con la forma en que esta señora apartó a su líder de la carrera. Ese puede ser un buen vivero de votos a recuperar. Pero la reacción más sorprendente de todas ha sido la de Sarah Palin, republicana y candidata a vicepresidenta con McCain (perdieron con Obama/Biden) y todo un símbolo del Tea Party y la derecha más ultramontana de los USA. Esta señora le ha mandado un mensaje a Harris a través de Instagram, que les transcribo:

Felicitaciones por su nominación. Súbase a mis hombros y los de Geraldine Ferraro, y desde esa perspectiva, la más asombrosa de su vida, aprovéchese de las lecciones que las dos aprendimos. Por mi propia experiencia, le aconsejo: no confíe usted en nadie nuevo, luche para mantener su propio equipo de confianza. Ellos la conocen, conocen su voz y, lo más importante, son dignos de su confianza. No se ponga nunca un bozal. Algunos tratarán de asfixiarla con sus propios objetivos de campaña. Recuerde que USTED fue elegida por lo que USTED es. Así que manténgase conectada con los Estados Unidos mientras sonríe, e ignore a los manipuladores engañosos que intentarán cambiarla.

Un curioso mensaje, viniendo de una oponente ideológica. Parece claro que Palin se siente mujer por encima de otras consideraciones (un indicativo más de la fuerza del movimiento). Tendremos más ocasiones de analizar la marcha de las elecciones USA, pero de momento las cosas pintan bien para el objetivo que fijamos hace dos o tres posts: darle una patada en el culo a Trump, o dicho en yanqui cerrado: Give Trump a kick in the ass. Objetivo también plasmado en el mensaje que tiene todas las papeletas de convertirse en el lema de esta campaña: Let’s vote him out! La diferencia de talla personal y moral entre el ticket demócrata y el que presentará Trump con quien se avenga a formar tándem con él en noviembre, la sintetiza con precisión un articulista de El País, tras diseccionar la trayectoria y la personalidad de Kamala y Biden frente a la de Trump, en el párrafo que les transcribo a continuación:

El mérito y el trabajo frente a la herencia y la indolencia. La educación y la dignidad frente a la indecencia y el espectáculo. El servicio público y el respeto al derecho frente a la especulación inmobiliaria y las trampas fiscales. El mundo diverso y plural frente a la minoría blanca, anglosajona y protestante que añora volver al imperio americano.

Podríamos añadir alguna comparación más. La preparación frente a la improvisación, la templanza frente a la ira, la cultura frente a la ignorancia supina. Pero no es ésta la única noticia de estos días en la lucha de las mujeres. En Bielorrusia hubo elecciones hace una semana y el presidente Lukashenko dio el pucherazo, como estaba previsto. A pesar de la movilización en las calles, el tipo obtuvo el 80% de los votos emitidos, según la Comisión Electoral, algo que nadie se cree y que ha desencadenado marchas de protesta multitudinarias en todas las ciudades, con el resultado de 3 muertos y más de 7.000 detenidos, en un país de 9 millones de habitantes. Por suerte, parece que los han empezado a poner en libertad (supongo que por falta de capacidad de sus cárceles). La novedad es que esta vez la campaña electoral de la oposición se aglutinó en torno a tres mujeres, dos de ellas metidas en política a partir del encarcelamiento de sus maridos por sus opiniones críticas con Lukashenko. Aquí pueden verlas durante la campaña.



















La del centro, que se llama Svetlana Tijanóvskaya, ha tenido que salir pitando a Lituania, donde ya había mandado a sus hijos, por miedo a las represalias. Su marido, un conocido bloguero crítico con el régimen, está ahora mismo entre rejas por sus opiniones. Otra de las tres está fuera también, sólo ha quedado una del trío en Bielorrusia. Recuerden que Lukashenko fue el presidente que recomendó a su pueblo luchar contra el coronavirus lavándose las manos con vodka y dándose luego un buen lingotazo. Y que la de su país es la única Liga de fútbol que no paró sus actividades y siguió como si nada. Los escasos futbolistas españoles de esa liga no podían huir porque el aeropuerto estaba vigilado, pero salían a jugar acojonados vivos. Lukashenko lleva 26 años en el poder y con esta victoria se ha garantizado otros seis. A menos que se le monte un Maidan. Viendo la imagen de abajo, del entierro de uno de los tres manifestantes muertos en estos días, parece bastante posible. 



Pero lo llamativo, como les digo, es que la antorcha de la lucha contra el tirano ha pasado a manos de las mujeres. Las mujeres se están haciendo con todos los sectores tradicionalmente reservados a los hombres. Por ejemplo, en un terreno tan masculino como el del saxo, hay ahora mujeres que lo tocan fenomenal. Como últimamente han aprendido ustedes tanto de rock, pues tengo claro que ya saben lo que es el funk. Lo que no sé si saben es que en Holanda también se hace un funk de calidad. Y, miren por donde, el dutch funk no tiene un rey, sino una reina. Se trata de Candy Dulfer, cincuentona y guapísima saxofonista de Ámsterdam, con una presencia y una marcha increíbles, vieja conocida de los festivales de jazz de toda Europa. 

Por ejemplo el de la ciudad alemana de Leverkusen, donde está grabado el vídeo que les he traído hoy. Vean cómo se desempeña esta señora, cómo anima a todo el personal en la primera parte de su número, para luego lucirse en solitario. Comprueben cómo, cuando se acerca al batería, este no ha roto a sudar. Al final del solo de Candy está chorreando. El vídeo es ciertamente espectacular, son 18 minutos de funk de muchos quilates, así que pueden verlo ahora o dejárselo para después, con un bourbon on ice. Pero merece la pena que lo vean, bien pinchando AQUÍ o bien en el recuadro de abajo, según la nueva moda. Por cierto, la canción se llama Pick up the pieces, es decir, recoger los pedazos, todo un lema para esta época que viene.


En tiempo de coronavirus, las mujeres se ponen al mando. Algunas dirigentes, como Jacinda Ardern en Nueva Zelanda, están demostrando una mayor eficacia que los hombres, basada en su intuición y empatía con la gente. Pero finalmente ya no tenemos de qué preocuparnos: los rusos han logrado una vacuna cojonuda, que han llamado Sputnik-5. La Guerra Fría al rescate. Sólo falta que Putin saque el zapato en la ONU, como Kruschev, y proteste a zapatazo limpio. Qué mundo éste más demediado, con líderes como Trump, Putin, el chino que ni me acuerdo cómo se llama, Bolsonaro, Erdogan, Duterte, Boris Johnson. Deprime compararlos con personajes de la talla de Kennedy, Kruschev, Adenauer o De Gaulle. Tal vez haya llegado la hora de las mujeres. Por cierto, Putin se ha apresurado a apoyar públicamente a Lukashenko, del que dice que está siendo sometido a una campaña de descrédito desde Occidente, para socavar la unidad del pueblo bielorruso que él tan bien encarna. 

La situación que viene en septiembre, con la vuelta de los colegios, es delicada. Pintan bastos. Como decíamos los viciosos del pinball: vamos bien por lotería. Nuestro mundo se está yendo a la mierda y tal vez nos toque recoger los pedazos, para confeccionar con ellos otro nuevo escenario. Pero no se preocupen. Como les digo, yo ya estoy muy tranquilo: Putin ha revelado que la vacuna Sputnik-5 es tan efectiva que hasta se la ha puesto a su propia hija. Estamos salvados: si la vacuna es útil para una hija-de-Putin, entonces servirá también para cualquiera de nosotros. Sean buenos.
    

jueves, 13 de agosto de 2020

965. Contra el confinamiento mental

¡¡Uff!! Después de un post tan intenso como el anterior, recupero un poco el ritmo agostí o agostudo para seguir mirando alrededor. Qué quieren que les diga, esto del virus tiene muy mala pinta. Quiero decir que otras pandemias, como la de la peste negra o la gripe mal llamada española de 1918, vinieron a durar de tres a cinco años y aquí no llevamos ni uno. Sí, podemos hacer-como-si, pensar que es lo mismo ver un partido de fútbol sin espectadores, o un concierto de rock en Youtube pero, joder, yo añoro el poder infiltrarme en la masa, el sentir los sudores, los olores, el tacto, los sentimientos a flor de piel, la calidez de las miradas, la gestualidad completa sin mascarillas ni distancias sociales de mierda. Ya saben que soy un solitario sociable y urbano, a mí no me entusiasma el campo, no me gusta estar en medio de una pradera, acosado por los mosquitos y el sol abrasador. Si hacía senderismo, era sobre todo por contar con una plataforma en la que me encontraba con un grupo de amigos con los que pasar unos días.

Pero a mí lo que me gusta de verdad es la ciudad, la calle, el personal deambulando, los escaparates, los barrenderos, los carteros, los tenderos sacando brillo a su puerta por las mañanas, las conversaciones en voz alta, las librerías, las exposiciones, los bares, las terrazas, los mercados, los parques, los músicos callejeros, las mujeres urbanas vestidas para gustar y sin miedo a que les den el coñazo. Esto es, globalmente, lo que echo de menos. Y, porque estoy convencido de que todo eso volverá, que, si pensara que esto es para siempre, me moriría de nostalgia y de saudade. Salir a la calle ahora, me trae a la memoria aquella canción de mi adolescencia coruñesa que sintetizaba toda la añoranza del amor perdido o no correspondido, la contradicción suprema de sentirse solo en medio de la muchedumbre urbana: Ciudad Solitaria. Cantaba esa canción en 1964 la gran Mina, conocida como La Tigresa de Cremona, que se esforzaba con la dicción para la versión en español, por entonces obligada. Escúchenla sobre estas imágenes sugerentes de ciudades, amores y de la propia diva.


En fin, que esto del confinamiento va para largo, que va a costar mucho volver a lo que éramos, aunque al final yo estoy convencido de que nos cagaremos en la Covid-19, volveremos a tocarnos, a querernos, a acariciarnos, a abrazarnos. Bueno, por mi parte ya les he dicho que yo voy dando abrazos a diestro y siniestro, sin miedo alguno. Pero, en general, tendremos que seguir un tiempo fingiendo que vivimos como los animales sociales que fuimos un día. Dentro de este paripé, en el que todos hacemos-como-si, los músicos del rock que, como ha dicho Diego el Cigala, viven al día como los gitanos, rectifican todo el rato la fecha de sus conciertos de reaparición. Antes eran a mediados de agosto, ahora ya son en octubre. Como les conté, el concierto macro que iba a dar la banda de Boston Aerosmith, en el Wanda Metropolitano a primeros de julio pasado, se pospuso a julio del año que viene.

Pero tengo un dato aun más preocupante, de una institución que no tiene nada que ver con el rock y tampoco se puede decir que viva al día. Hablo de la City Parks Alliance, la asociación que agrupa a los gestores y conservadores de todos los grandes parques urbanos de las ciudades norteamericanas. Esa asociación organiza cada año, más o menos en julio, un congreso nacional que se llama Greater and Greener (G&G). Tal vez recuerden que yo intervine como ponente en el G&G 2012, en Nueva York, exponiendo el proyecto Madrid Río, como ya se ha contado en el blog unas diez o doce veces, porque es uno de los hitos mayores de mi historia reciente. Desde entonces estoy suscrito a la Web de la asociación y al tanto de sus novedades. En 2019, el G&G se celebraba en Denver, la capital de Colorado, ese estado donde se legalizó hace unos años la marihuana y a cuya fiesta del Fourth Twenty correspondían las fotos que les mostré en un post reciente en el que se hablaba del tema.

Durante la preparación del G&G 2019, me puse en contacto con la organización para ver si querían que fuera a contar algunas de las actuaciones que proponía la señora Carmena, como el Itinerario de Miradores de Vallecas. Se interesaron por el tema y yo les dije que, por mi experiencia anterior, estaba al tanto de que ellos no pagan los gastos de los participantes en sus congresos, lo que, añadido a que en Denver (Colorado) no se me ha perdido nada (al contrario que en Nueva York), me llevaba a indicarles con todos mis respetos que mi presencia estaba condicionada a que tuvieran algún tipo de atención conmigo. No me contestaron y la cosa se perdió en el vacío de lo imaginado y nunca sucedido. En cuanto al G&G 2020, hace meses que se anunció su suspensión, como no podía ser de otra manera.

Pero ya está en marcha el G&G 2021, a celebrar en Philadelphia. De hecho, la página Web de la Alliance abrió hace un par de meses el plazo de inscripción de ponencias para dicha edición. El plazo se acababa el 31 de julio. A pesar de todo el trabajo que tenía, me ocupé de dar de alta una ponencia, sobre el proyecto Bosque Metropolitano, la propuesta estrella del equipo de Ciudadanos, que nuestra Dirección General ha dotado de contenido, un proyecto que ya está en marcha y empieza también a venderse: sobre él versó mi intervención en el reciente webinar de la red Metrópolis, coordinado por la guapa Lia Brum. Por cierto, les pongo aquí la imagen que ilustra la información de dicho evento en la Web de Metrópolis, que muestra una captura de pantalla a medio webinar. Lia Brum está cortada arriba en el centro izquierda.







Inscribir una ponencia en un congreso no es como sacar un billete de avión. Hay que hacer un abstract del proyecto y aportar imágenes, además de currículum y foto del conferenciante. Todo eso se hace en inglés y yo me inscribí a mí mismo, consciente de que en julio de 2021 ya estaré jubilado, pero pensando en que mi jefa o mi compañera M. pudieran sustituirme, teniendo en cuenta que, por esta vez, se admitían excepcionalmente las intervenciones telemáticas, lo que las aliviaría de la eventualidad de tener que viajar a su costa a Philadelphia, o confiar en que les pagase el viaje el Ayuntamiento, que tampoco está para tirar el dinero. Además, por lo que sé de ella, Philadelphia es una ciudad que tampoco debe de tener mucho que ver, a pesar de la canción que Bruce Springsteen compuso para la película Philadelphia, 1994, con un Tom Hanks estremecedor. ¿Cómo? ¿Que no la conocen? ¡Joder! pero si le dieron el Óscar a la mejor canción entre todas las películas de 1994... ¿En qué mundo viven ustedes? Esto hay que solucionarlo enseguida.  


Sólo un genio como el Boss puede expresar tantos sentimientos en apenas tres minutos. Pero volvamos al G&G 2021. Presentada la propuesta en plazo, habríamos de aguardar al mes de diciembre, a que se reuniera el Comité de Selección para elegir la lista definitiva de ponencias, descartando las restantes. Como esta vez el proyecto que queremos mostrar es contundente, ambicioso y en perfecta sintonía con la temática del mundo Greater and Greener, se me ocurrió reforzar la candidatura telemática con una gestión personal, a la vieja usanza. Conservaba el contacto de la Directora Ejecutiva de la City Parks Alliance, Catherine Nagel (cherchez la femme). Esta señora fue muy amable conmigo y fue una gestión personal suya la que consiguió que su organización hiciera una excepción y me pagara la mitad del vuelo a Nueva York.

Ya he contado que yo me apunté al G&G 2012 creyendo que iba a gastos pagos, que luego averigüé que no, que amagué con no acudir y que entonces negociamos una solución intermedia. Y cómo eso cambió mi mentalidad viajera para siempre. Catherine fue el alma de esa negociación. Luego, en persona, resultó ser una típica señora americana, delgada, rubia, elegante, ojos claros, con laca en el pelo y collar de perlas, inteligente, educada, próxima, atenta a todos los detalles del congreso, con aire de madre de familia progresista y muy currante. Ella fue también la que me presentó al alcalde Bloomberg en la recepción final que nos dio el Ayuntamiento en la Gracie Mansion, como también he contado. Así que le escribí un correo, que comenzaba diciendo que no estaba seguro de que me recordase y seguía informándola de que nos habíamos inscrito en el G&G 2021 y nos haría mucha ilusión participar contando un proyecto tan interesante como el Bosque Metropolitano.

Me contestó enseguida. Claro que me recordaba. Me dijo una cosa que yo no sabía: que el G&G 2012 fue el primer congreso que se organizó con ese nombre y esa envergadura. Que para ella fue una ocasión inolvidable, de la que yo había formado parte, y estaba encantada de que después de tantos años continuara en contacto con la organización, algo que me agradecía so much. Y que haría lo que pudiera con los del Comité de Selección para ver si nos elegían. Este intercambio de correos fue con copia a mis jefes inmediatos, para presumir un poco y que vean lo que se pierden cuando no entran a mi trapo de hacerme funcionario emérito. Hasta aquí todo era maravilloso, pero hace un par de días me llegó una carta de la organización con malas noticias. A la vista del avance de la pandemia en USA y en el mundo, la City Parks Alliance ha decidido suspender el G&G 2021 y trasladarlo a julio de 2022.

Por eso traigo aquí esta historia, además de por presumir también un poco con ustedes, para qué negarlo. Si la City Parks Alliance suspende su gran evento anual de 2021, después de haber hecho lo mismo con el de 2020, es que las cosas están verdaderamente negras. En fin, que tendremos que seguir haciendo de la necesidad virtud. En mi caso, seguiré observando el entorno y cocinando mis reflexiones para servírselas luego en el blog. Por ejemplo. El gran encierro comenzó en el mes de marzo, en medio de un terror tremendo a un enemigo cuyo poder letal era por entonces una incógnita. Si al tercer mes del año le sumamos nueve, nos vamos a diciembre. ¿No piensan ustedes, como yo, que estas Navidades va a haber un notable baby boom? Si no es así, es que estamos ya idiotizados, con tanto ordenador y tanta mierda.

Lo que sí se está registrando es un aumento de divorcios y parejas rotas (mi hijo Kike me ha contado de varias parejas de amigos suyos que han salido tarifando). Es que hay uniones que se soportan a base de no verse más que un ratito al día. Otra cosa que está al caer es la plaga de lesiones de espalda, rodillas y tobillos que va a asolar a toda esa panda que se ha lanzado a correr por los parques y las calles sin unas mínimas nociones de técnica de carrera. Tendrían que ver mi foto neoyorkina del kilómetro 21 y aprender. Y tantos otros temas relacionados. ¿Cómo habrá que hacer para ligar, con la mascarilla y la puta distancia social? ¿Serán ligues a distancia, como ciertas universidades? (dicen en México: amor de lejos, amor de pendejos). ¿Cómo harán las parejas secretas para concitar ocasiones clandestinas para sus besos robados?

Ya les he dicho que yo estoy entretenido y encantado en el encierro. Mi hijo Kike ha pasado unos días en mi casa y una tarde mantuvo una conversación con su hermano que sigue en Lille, con el altavoz puesto. Y me tocó escuchar lo siguiente: ¿Qué tal has encontrado al padre? Pues muy bien, aquí encerrado todo el día. A ratos teletrabajando y el resto del tiempo haciendo samanthing. ¿Y eso qué es? Escuchar música; es que a quien más se pone es a una tal Samantha Fish. No la conozco, ¿tan buena es? Sí, sí, cojonuda. Otro tramo de la conversación versó sobre si me debía cortar el pelo o no, que dice Kike que con estas greñas no estoy presentable. Lucas opina lo contrario, dice que me ve muy guapo. Pero esto del encierro es muy relativo. Todo el tiempo me comunico por Whatsapp con mis conocidos. Ayer le pregunté a mi amiga S. si andaba por Madrid, por ver si quedábamos a tomar algo. Me contestó que no, que justo en ese momento estaba en una playa solitaria. Y como prueba me mandó una foto en tiempo real del mar, frente a ella. En la parte de abajo de la foto asoma su pie con las uñas pintadas. Una imagen llena de toda clase de sugerencias.


Mi mundo trasciende del espacio que contienen estas cuatro paredes. Además, no siempre estoy encerrado. Por ejemplo, el otro día quedé con mi amigo X y me lo pasé muy bien. Fuimos a dar una vuelta al Jardín Botánico (primera vez que voy este verano y no es con una mujer) y nos tomamos un vermú en la terraza del parque. Luego comimos en el Matilda, donde mis amigos Fernando y Alejandro preparan un salmorejo imbatible. Subimos a mi casa y coronamos la cita con un dedalito de ginebra, lo que nos llevó directamente a los dos sofás de mi sala de estar, para una siesta de hora y media. Después, X había quedado con su mujer para ir al cine y me sumé a su plan. Ese día hice tres cosas por primera vez: montarme en el Metro, ir al cine y estrenar la mascarilla de la señora Ayuso, que dicen que no protege nada, pero yo creo que algo mejor que las quirúrgicas azulitas ya será. Por cierto, los cines dan pena de puro vacíos. Además de nosotros tres, había otros cuatro espectadores.

La segunda oleada del coronavirus está llegando antes de lo previsto, pero les repito que hay que vivir sin miedo. Ser prudentes, por supuesto, tampoco hay que ser unos bárbaros como los que construían puentes y rascacielos hace cien años y brincaban de una viga a otra a 200 metros del suelo. Pero no se puede vivir con miedo. El miedo es la base del confinamiento mental, que es el peor. España es el país más afectado de Europa, dicen, y Madrid la peor de sus ciudades, hasta el punto que ya nos llaman la Wuhan europea. Desde el mismo centro de este lugar tan peligroso, yo les exhorto a no tener miedo. He vivido en Colombo (Sri Lanka) en plena guerra civil, con toque de queda y las calles principales cortadas con checkpoints. Y también por aquí cuando los grises nos repartían estopa a los que pedíamos libertad y democracia. Perdón, eso era en Madrid. En Barna pedían llibertat, amnistía i estatut d’autonomía. Escolti tú, que no es lo mismo ¿eh?

Destierren el miedo de sus cabezas, eviten el confinamiento mental, que es algo muy nocivo. Es cierto que tendremos que seguir haciendo-como-si, fingiendo tener una vida intensa, cuando en realidad estamos encerrados en nuestra puta casa, pero finjamos también una vida plena, como esa de la que antes disfrutábamos. ¿Y cómo se hace eso? Pues con imaginación. Igual que imaginamos que salimos a la calle a hacer vida social, o al cine, cuando la realidad es que el cine está vacío y la calle llena de gente con mascarilla que te mira con aprensión, pues de la misma forma podemos soñar que somos otro, alguien libre que puede salir a explorar el universo, recorrer del mundo hasta el confín, abrazar a la gente sin miedo, flirtear sin reservas mentales. No es difícil imaginar algo así, hasta hace muy poco era el mundo que teníamos, al menos yo.

Por ejemplo, hace un año por estas fechas, yo estaba preparando mi viaje a Madagascar y por en medio tenía una escapada a París. No se nos puede haber olvidado tan rápido. Por si ayuda, podemos escuchar a Joaquín Sabina (ni lo duden que es el mejor letrista del rock patrio) y tratar de imaginarnos que somos uno cualquiera de esa larga galería de personajes que proclama que le gustaría ser y nunca será. Yo también estaría encantado de ser cualquiera de ellos, por supuesto. Con este tema, además, les dejo un regusto más positivo, que los dos anteriores eran un poco melancólicos. A las puertas del ferragosto, aprovecho para desearles que sigan disfrutando de un buen verano, dentro de lo que cabe. Y cuídense, desde luego. Pero no tengan miedo.