domingo, 30 de septiembre de 2018

775. El sinvivir es una forma de vivir

A punto de salir para Chicago, termino una semana intensa que les voy a contar, ya que me dicen algunos de mis seguidores habituales que les encanta que cuente estas batallitas. He de aclarar que, como de costumbre, cuando uno está a punto de faltar una semana en la oficina, todo el mundo le insta a que deje terminados todos los asuntos posibles. Esto se suma al rebufo que ya traigo, subido en mi ola favorable, sobre la que pienso seguir surfeando hasta que me pegue la bofetada, o la cosa vaya bajando de intensidad gradualmente. Yo mismo me maravillo de la cantidad de cosas que hago en una semana. Porque han de saber que, a lo que cuento en el blog hay que añadirle los entrenamientos por el Retiro. Más los temas que no se cuentan en este foro, bien por aburridos y sin contenido bloguero (como el acuchillado de mi parqué), o bien porque afectan a temas íntimos, no sólo míos sino de terceros, que no voy a poner en público, para solaz de todos los cotillas del mundo mundial. Más el trabajo que supone la propia escritura del blog. En fin, que esta semana previa a mi escapada a Chicago ha sido de órdago. Vayamos por partes.


Mi amigo Flavio Coppola se quedó encantado con el webinar que protagonizamos mi compañera C. y yo la semana anterior. Luego estuvo unos cuantos días missing, absorbido por el montaje de la cumbre mundial del clima, organizada por el Ayuntamiento de San Francisco, cuyo anuncio les he puesto arriba, y otra serie de asuntos que tenían su atención ocupada. Solamente el fin de semana anterior a este en el que estamos, disfrutó de un rato para echar un vistazo a las imágenes que yo le había mandado para mi intervención en el workshop de Chicago. No le parecieron adecuadas, por una razón muy clara. Muchos de los técnicos que se reunirán conmigo en el taller, ya asistieron a mi presentación a medias con C. del otro día. Yo le había mandado a Flavio unas imágenes que eran una especie de resumen de las del webinar y él quería unas imágenes totalmente diferentes, porque además, el vídeo del webinar estará a disposición de todos.

Me lo contó por teléfono el sábado por la tarde y, cuando llegué a mi oficina el lunes, tuve que llamar a C. y ponerme con ella a trabajar para hacer una presentación nueva, que debíamos mandarle el martes, porque ya estábamos fuera de plazo. El lunes llegué a mi casa muy tarde, pero con tiempo de ver el partido del Deportivo, que lo daban en abierto. El martes tenía una reunión a primera hora. El Ayuntamiento ha creado una Oficina de Atención al Inversor Extranjero, que tiene su sede en la plaza de Jacinto Benavente, a 20 minutos andando desde mi casa. Esa oficina se apoya en un grupo de trabajo transversal, que se reúne una vez al trimestre para coordinar la actividad municipal en este sector. Y yo soy el representante del Área de Urbanismo en ese grupo (quién si no). Acabada la reunión, bajé a Sol a coger el tren y luego el Metro hasta mi oficina. Menos mal que mi colega C. había avanzado en la confección de mi presentación para Chicago. Se la enviamos a Flavio a las 5 de la tarde y supongo que se la encontró en su buzón de entrada cuando se levantó.

Regresé a casa y apenas pude sentarme un rato. A las 19.30 tenía que estar en Malasaña para la sesión inaugural de esta temporada de Billar de Letras, el club de lectura al que llevo unos años adscrito. Como me gusta hacer, fui a pie desde mi casa, 35 minutos de paseo urbano por el centro de la ciudad, que me preparan anímicamente para la discusión literaria. Esta vez nos centramos en la novela La Espuma de los Días, de Boris Vian (1947). Boris Vian fue un tipo muy singular, que vivió en una época en la que florecían el surrealismo, el existencialismo y la resaca del dadaísmo. Vian los superaba ampliamente a todos ellos, a la vez que los criticaba con saña. Ingeniero, trompetista de jazz, cantautor que dejó una serie de melodías y letras que no desmerecerían en el cancionero de Brel o Brassens, escribió varios libros inclasificables, que le dieron fama, además de perpetrar unas cuantas novelas policíacas brutales, que camuflaba tras el seudónimo Vernon Sullivan, como la sublime Escupiré sobre vuestra tumba (1946).

Cuando este último libro fue prohibido por violento y pornográfico, Vian salió públicamente en defensa de su heterónimo. Y, cuando se supo que en realidad eran la misma persona, mucha gente se sintió estafada por este great pretender y dejó de apoyarle. En la actualidad, no tengo duda de que a este brillante e imaginativo artista multidisciplinar se le calificaría de friki. Y su historia se coronó con una muerte digna de un verdadero friki. Resulta que le ofrecieron hacer una versión cinematográfica de La Espuma de los Dias. Vendió sus derechos a una productora y empezó a colaborar con ellos como guionista asociado. Pero, a medio rodaje, se mosqueó porque estaban distorsionando el mensaje de su novela y rompió con ellos sonoramente, desautorizando en público la película. El día del preestreno en París, la proyección hubo de interrumpirse bruscamente. Un espectador de las últimas filas estaba sufriendo un infarto. Los médicos llegaron rápido, pero no pudieron salvarle. Cuando lo identificaron, descubrieron que era el propio Vian, que había acudido de incógnito al preestreno.

Yo había leído la novela a los 20 años y me había encantado. Era un relato alucinado, muy apropiado para la época de la experimentación sensorial, los tripis, los hongos mexicanos y la música de Pink Floyd. Y la retomé ahora con cierta aprensión. Ya me ha pasado que, al repasar algún libro o película que me maravilló en mi juventud, mi revisión me lleva a exclamar: –Pero, cómo me pudo entusiasmar a mí esto. Algo así sentí de entrada al afrontar La Espuma de los Días, aunque, avanzando en su lectura, me fue ganando de nuevo. Lo mismo les había sucedido a varios de los miembros del club. Así que les hice una reflexión, no por obvia menos certera: si el libro nos encantó de jóvenes y ahora nos irrita más o menos, dado que el texto es el mismo, está claro que los que hemos cambiado somos nosotros.

Regresé a casa caminando, pero no tenía sueño: la discusión sobre el libro de Vian me había despejado. Así que subí y me puse a escribir mi post de cierre de la serie Recovering myself. No necesitaba mucho esfuerzo intelectual: lo tenía entero en mi cabeza y sólo tenía que transcribirlo. Eso no me impidió madrugar el miércoles. A las 9.00 tenía que estar en la sede de ASPRIMA, en el despacho de su Gerente, Daniel Cuervo. La principal asociación de los promotores inmobiliarios de Madrid está muy interesada en Reinventing Cities y había ofrecido facilitar contactos entre los finalistas del concurso y algunos de sus asociados, que tengan interés en sumarse como inversores a las diferentes propuestas. En el encuentro definimos la operativa para organizar esa colaboración. En la segunda parte de la mañana, tuve que rematar determinados trabajos, como la redacción de un comunicado de prensa explicando el cierre de la primera fase de Reinventing y el inicio de la segunda. Y tuve un hueco para repasar y publicar mi post, escrito la noche anterior.

Pero tampoco tenía descanso esa tarde. Desde mi oficina me desplacé directamente a la antigua Real Fábrica de Tapices, cerca de Atocha. Esta institución, vinculada al Patrimonio de la Corona, entró en quiebra hace unos años y ahora se ha reconvertido en lugar para eventos, bajo el nombre de Loomhouse. Ese era el lugar que había alquilado la Camara Hispano-Danesa de Comercio, para una jornada en torno a la felicidad en la sociedad moderna, en la que yo participaba como ponente. Qué quieren que les diga: ahora mismo soy conocido en todo el Ayuntamiento, en donde tiran de mí para los acontecimientos más estrambóticos. Soy el Boris Vian de los servicios municipales, salvando las distancias. Marianne Koefoed, danesa que vive en España desde hace años, era la encargada de la organización de la jornada. Y nos citó a las 17.30 para cruzar y concretar nuestras intervenciones.

Allí me encontré a un viejo conocido: Mikkel Larsen, de la embajada danesa, que ya me ha traído varias delegaciones de su país, entre ellas la muy celebrada en el blog de los daneses birreros, que se contó en el Post #562, y de la que todavía se acordaba. Mikkel era el moderador de la primera de las dos mesas redondas de la jornada, en la que me tocaba hablar en primer lugar. Lo cierto es que salí del apuro con las tablas que me confieren mis años de participar en saraos de todo tipo. Empecé diciendo que para el equipo de Gobierno Municipal, la felicidad de sus ciudadanos es trascendental, pero no puede ser que esa felicidad, ligada a la calidad de vida urbana, vaya por barrios. Si hay diferencias de calidad de vida entre los barrios, eso genera frustración, irritación y agresividad. Por eso el Ayuntamiento desarrolla estrategias de reequilibrio territorial y social, apoyando a los barrios más vulnerables. Eso me daba pie para hablar de mi libro y explicar la Estrategia de Regeneración Urbana y la forma en que hemos organizado la participación ciudadana. Es decir, lo mismo que voy a contar en Chicago.

Las siguientes intervenciones en las dos mesas redondas hablaron de cosas como el hygge danés o el ikigai japonés, recetas para alcanzar la felicidad en la sociedad urbana del Siglo XXI. Durante un rato me sentí como alguien ajeno a lo que se estaba ventilando en la jornada pero, a la hora de las preguntas finales, muchas de las cuestiones planteadas tenían que ver con mi intervención, que acabó en el centro del debate. Después había un vino en el jardín del lugar, en donde me sentí muy a gusto y me quedé hasta el final. Los expertos en la felicidad parecían efectivamente felices y eran bastante divertidos. Llegué a casa después de las 11 de la noche. El jueves tuve una mañana bastante agotadora, intentando cerrar todos los frentes abiertos en mi penúltimo día de oficina. Esa tarde, por fin, me pude echar una siesta en casa, tras lo cual salí a correr por el Retiro, primer y único entrenamiento de esta semana.

El viernes me esforcé en terminar pronto mis tareas pendientes, para salir a las 2 de la tarde y llegar a mi cita para comer con mi hijo Kike, que ha venido este fin de semana de visita. Tras un breve descanso, me desplacé al teatro La Abadía, para asistir a la versión que, como intérprete único, hace Lluis Homar del clásico decimonónico catalán Tierra Baja. Es algo que merece la pena. Este hombre interpreta de forma admirable a cuatro personajes de este dramón romántico rural. Lo hace con una escenografía mínima, vestido de negro, subrayando los cambios de personaje de forma muy sutil, exclusivamente con su lenguaje gestual. Así cuenta la tremenda historia del amo Sebastiá, que necesita casarse con alguna heredera de las otras casas de terratenientes de la zona para evitar la ruina. En este empeño se interpone su relación, por todos conocida, con una amante a la que ha sacado de la mendicidad en Barcelona. Para convencer a alguno de sus suegros potenciales organiza la boda de su amante con un pastor al que recluta de las montañas, un personaje que encarna la ingenuidad y la pureza de las incontaminadas tierras altas. Eso desencadena un volcán de pasiones y sentimientos que atrae una violencia imparable y demoledora.

Pero mi semana de sinvivir no había terminado. El sábado tenía un bolo extra. A las 9.30 debía estar en el Matadero, para atender a los Coordinadores Generales de las Alcaldías de las capitales de la Unión Europea. Estos cargos tienen una red que cada año organiza un viaje y este año tocaba Madrid. Habían llegado el jueves, con una agenda bastante nutrida, que incluía una recepción con la Alcaldesa y diversas visitas. El viernes por la tarde lo reservaban para ver el Bernabeu y un Corte Inglés, atracciones inevitables de nuestra ciudad. Y el sábado por la mañana iban a conocer el Matadero y el parque Madrid Río, visitas en las que yo debía ejercer de anfitrión en inglés. La cosa terminó en una comida en el Club de Campo, a la que se incorporó Luis Cueto, el Coordinador de Madrid. El sábado por la tarde por fin pude relajarme un poco. Porque hoy domingo he tenido que prepararme para mi viaje de Chicago, lo que ha incluido plancharme cinco camisas, porque la señora que limpia en mi casa ha tenido a bien hacer pellas esta semana. Aun así me ha quedado hueco para escribir este post.

Dejo para el final algo que oí en la jornada sobre la felicidad. Me gustó especialmente la intervención de Paloma Fuentes, médico y psicóloga que se presenta como happytóloga. Esta mujer, que trabaja en las unidades de recursos humanos de varias empresas, como Mahou, ocupándose de la felicidad de los trabajadores, dijo cosas muy interesantes. Cuando se inició en este nuevo sector de la política de personal de las empresas, se centró en combatir el estrés laboral y vital. O sea, que contraponía felicidad a estrés. Sin embargo, sus reflexiones le habían llevado a una conclusión distinta. La felicidad puede ser compatible con un estrés, más o menos intenso. Puede haber un estrés feliz, o una felicidad estresada. La felicidad está más bien vinculada con la capacidad de actuar de forma consciente. De hacer lo que hacemos porque lo queremos hacer, como resultado de una reflexión que tenga en cuenta todos los factores y derivadas. Eso nos hace sentirnos emocionalmente realizados, sensación básica de la felicidad.

Es este un tipo de felicidad que puede mantenerse de forma continuada, como sustrato básico para seguir adelante. Cada uno ha de identificar que es lo que quiere y esforzarse por conseguirlo. Y, desde luego, ese concepto de felicidad no comporta estar todo el tiempo con una sonrisa bobalicona en la cara. Uno ha de vivir la ira o la tristeza cuando corresponda y dejarlas expresarse. En una entrevista, le preguntaron a Julio Caro Baroja si era feliz. Su respuesta. –Ni soy feliz ni maldita la falta que me hace. Yo estoy en este momento haciendo lo que me gusta, que no es lo que buscan otras personas. Por ejemplo, hace unos cuantos años que no voy a la playa durante el verano. A mí lo que me gusta son las ciudades y todo mi tiempo de vacaciones lo vengo dedicando a visitar nuevas ciudades. Intento ser yo mismo, be myself, como dice Sheryl Crow. 

Mañana me voy a Chicago con una agenda muy apretada y tal vez no vuelva a escribir en el blog hasta la vuelta. Ya tengo toda la información sobre el workshop y nuestra estancia. Nos alojaremos en el Chicago Athletic Association Hotel, a 3 minutos andando del Chicago Cultural Center donde se celebra el workshop. Y a 5 minutos del Millenium Park. En cuanto vi el plano de localización del hotel, me vino una idea a la cabeza: salir a correr por el parque, si tengo un rato libre. Y una segunda idea automática: Shannon Ryan, mi amiga de LA con la que me encontraré en Chicago. Ayer le escribí un whatsapp contándole esto. Le dije que no tenía constancia de que fuera corredora, pero que una intuición súbita me decía que tal vez lo fuera. Y que, en caso de que lo fuese y si le apetecía, podíamos correr juntos un día por el Millenium Park. Me contestó que no era una corredora muy regular, pero que cargaría en su equipaje con sus zapatillas de running, por si acaso (just in case). Y yo le confirmé que también llevaría las mías, just in case. Como dijo Dostoievsky, el misterio de la existencia humana no radica en mantenerse vivo, sino en encontrar algo por lo que vivir. 

miércoles, 26 de septiembre de 2018

774. Recovering myself VI

La verdad es que no sé para qué les propongo acertijos sobre el destino de mis viajes, si al final todos los acierta Paco Couto. Esta vez la pista era algo más difícil, pero bastante clara también. Cualquiera que me conozca sabe qué clase de música me gusta y la canción de Wilco que les puse en el último post, no es de ese tipo. Como pensé que nadie lo pillaría, hice un poco de sobreactuación, diciendo que la dejaran de fondo, mientras seguían leyendo. Inmaculada me confesó que le había tenido que quitar el sonido, porque era incapaz de concentrarse para leer, mientras escuchaba semejante murga. También les puse al final del post una canción de Specials que me encanta, para subrayar la diferencia. El único motivo de incluir el tema de Wilco era por dar una pista. Wilco es uno de los grupos de rock más valorados de Chicago y, en la portada de su disco Yankee Hotel Foxtrot (2002), usaron para la carátula una imagen desde abajo de las icónicas torres de Marina Drive, al lado del río, un edificio tan emblemático de Chicago como el Bradbury en Los Ángeles. Me dicen que entre la gente joven es frecuente llamar a este edificio las Torres de Wilco. Para adivinar el acertijo bastaba saber un poco de rock y un poco de arquitectura.  

Así que ya está dicho: me voy a Chicago. Lo que pasa es que este viaje, que me ocupará la semana que viene, es el colofón de esta serie Recovering myself con la que les vengo entreteniendo y que espero terminar hoy. Nos habíamos quedado en que mi jefa y yo nos tirábamos al abismo, sin saber si el río tenía o no suficiente agua. Pero la cosa tuvo un cierto período de maduración. Mi jefa reunió a su staff técnico y seleccionó con ellos cinco áreas de oportunidad ya detectadas en nuestra estrategia de recuperación de la periferia. Las llevó al Comité de Dirección de Urbanismo y allí se perdió una, que alguien quería reservar para un proyecto diferente. Las cuatro supervivientes eran bastante heavy, en zonas muy deterioradas y sin un gancho importante para inversores. Antes de lanzarnos definitivamente, hablé con Hélène y le expresé mis dudas: –¿Tal vez nos hemos pasado de cutres? ¿Es posible que entren inversores a lugares tan degradados? Hélène viajo a Madrid y dedicamos un día a visitar los cuatro sitios. Y le parecieron perfectos para los objetivos de C40. Cuanto peor es el punto de partida, mayor es el recorrido de recuperación que tenemos –me dijo.

A partir de aquí las cosas fueron rodadas. La Alcaldesa firmó la carta de adhesión al certamen el 15 de noviembre. En diciembre hicimos un acto de presentación a la ciudad, en el que me tocó hacer de maestro de ceremonias. Mi jefa metió en el proyecto a mi compañera M., idea feliz, porque M. es un portento, que le dio al tema el impulso definitivo. En enero viajamos a París los tres mosqueteros del proyecto a participar en el Meet Up de esta ciudad, excursión que se reseñó en el blog con fotos incluidas. En febrero hicimos nuestro propio Meet Up, en la Nave de Villaverde, con bastante éxito. Y en marzo, M. y yo viajamos a Cannes para estar presentes en el Meet Up internacional, que había organizado C40 en el marco de la feria MIPIM. Además hicimos incontables actos de promoción del asunto, que no voy a detallar aquí. Los promotores inmobiliarios en su mayoría aparecían renuentes a participar. Era algo novedoso, innovador y el promotor español tipo es un sujeto prudente, cortoplacista, que va a lo seguro.

Llegamos a la fecha tope para presentar expresiones de interés (31 de mayo) con la incertidumbre de si todo no sería un bonito sueño y nadie iba a presentar nada. Pero el último día entraron 20 propuestas y hubo al menos dos para cada sitio. En la primera quincena de julio se celebraron las dos sesiones del Comité de Selección. Se proclamaron tres finalistas para el sitio de Vicálvaro, cuatro para el de Vallecas, dos para Usera y dos para Villaverde. En este momento, los finalistas están empezando su trabajo de preparación del anteproyecto que han de presentar en la Segunda Fase, puesto que no supieron el resultado de la Primera hasta comienzos de septiembre, por petición expresa de C40, que quiere llevar a todas las ciudades al unísono. Pero de todo esto se ha ido dando cuenta en el blog.

Me centraré ahora en un par de temas. El 8 de agosto de 2017, yo tenía una cita en la Seguridad Social, para que me detallaran las condiciones de mi jubilación. Por entonces yo proyectaba tirar la toalla en febrero de 2018, por mi 67 cumpleaños. Ese día me explicaron que, desde mi cumpleaños hasta el 1 de enero de 2019, yo tendría una pensión X que, si me empeñaba en continuar después de dicha fecha, se vería seriamente demediada por el factor de sostenibilidad, aprobado por Rajoy para su entrada en vigor justo ese día. Dado que con estos asuntos que les vengo contando mi situación en el trabajo estaba mejorando día a día, le dije a mi jefa que me marcharía el 1 de enero de 2019. Pero luego empecé a dudar. En una excursión senderista me hicieron ver que el factor económico no es el decisivo para fijar una fecha de jubilación. Que lo principal son las sensaciones. Y en eso Rajoy pactó con el PNV posponer la entrada en vigor del factor de sostenibilidad hasta 2023. Entonces ya decidí seguir al menos hasta las elecciones locales de mayo de 2019. Luego ya veremos. Supongo que seguiré durante el verano, que es cómodo en mi oficina, y en septiembre tomaré una decisión, en función de los resultados de dichas elecciones.

Pero, hay otro tema pendiente. Yo había conectado con Hélène en el workshop presencial anual de la red TOD (Transit Oriented Design), celebrado en Portland. ¿Y qué fue de esa red? En septiembre aun asistí a un webinar, sobre el sistema de carriles bici de Londres. Mi amiga Clare Haley, hasta entonces directora de la red TOD, me contó después que dejaba el cargo para sustituir a una compañera embarazada en Londres, con mejora de sueldo. Quedé con ella un par de veces antes de que se fuera, para visitar el parque del río y para desayunar en el Café Comercial, circunstancia también reseñada en el blog con foto. Y entonces me vi sumergido en la vorágine de Reinventing Cities y me olvidé de todo lo demás. Y no fui consciente de que ya no me convocaban a más webinars de la red TOD. Mucho después, creo que en abril de este año, caí en la cuenta de esa ausencia de novedades de TOD y llamé a mi amiga Julia, la coordinadora de C40 para Europa.

Me contó que la red TOD se había disuelto. Que habían pensado que era una red con una mezcolanza entre temas de planeamiento urbanístico y asuntos de movilidad, carriles bici, etc., que no tenía demasiada lógica. A mí nadie me había avisado de esto, yo seguía en contacto con Clare, que ahora estaba en Copenhague, y con el whatsapp colectivo del grupo de Portland, pero nadie me había comentado nada de la desaparición de TOD. Julia me dijo que los temas de planeamiento se habían incorporado a la red (LUP) Land Use Planning, que dirigía desde febrero un joven arquitecto italiano, llamado Flavio Coppola e instalado en San Francisco. Y, con los temas de movilidad, se había creado una red específica llamada Walking and Cycling, al frente de la cual estaba una mujer de Barcelona. Empecé a intercambiar mails con ambos, para que me informaran de sus organizaciones y actividades, de cara a tomar la decisión de en cuál quedarme.

Y entonces me escribió mi amigo Diego Moreno, de Tijuana, y surgió la oportunidad de un viaje a la Costa Oeste. Se lo conté a Flavio y quedamos en que tras nuestra entrevista en persona, decidiríamos qué era lo más oportuno. En San Francisco, lo mío con Flavio fue un auténtico flechazo. Le conté lo que estábamos haciendo en la Dirección General que encabeza mi jefa, es decir, la Estrategia de Regeneración de la periferia. Y también los métodos de participación ciudadana que estábamos usando. Ambas cosas le parecieron tan interesantes que quedamos en que a mi vuelta organizaríamos, no uno, sino dos webinars, dirigidos desde Madrid y centrados en ambos asuntos. Le pregunté por el modo de formalizar mi adhesión a la red LUP y respondió con un apretón de manos y enfatizando: –Ya estás en la red. Y, así como al descuido, me interesé por el workshop presencial de LUP de este año. Me dijo que sería en Chicago a primeros de octubre, pero que ya tenía cerrado el cupo de invitados de C40. Yo podía sumarme y sería bienvenido si conseguía que el Ayuntamiento de Madrid me pagara los gastos. Le contesté que el año anterior había tenido una bronca considerable por el billete de Portland y que no iba a pelear otra vez por ese asunto. Si C40 no me invitaba, pues no iba y listo.

De vuelta en Madrid, le planteé el asunta a mi compañera C. que es la que diseña todas las dinámicas de participación ciudadana. Descubrí que se maneja bien en inglés y que le hacía especial ilusión colaborar en un webinar conmigo. Se lo comuniqué a Flavio y me lo terminé de ganar: yo le había hecho una promesa de palabra y muchas veces las palabras se las lleva el viento. Pero yo había respondido y pronto. Decidimos hacer dos sesiones próximas en el tiempo. En la primera, yo explicaría la Estrategia de Regeneración Urbana. En la segunda, C. contaría el sistema de participación vecinal empleado. Llegamos a fijar las fechas (20 y 25 de septiembre) y hacer las convocatorias on line a toda la red LUP. Y empezamos a preparar las imágenes para nuestras presentaciones. Y entonces sucedió. Flavio me telefoneó un día y me dijo que había una baja para Chicago. El representante de Melbourne no podía acudir por un motivo familiar sobrevenido e inexcusable. Flavio quería saber si yo seguía interesado en ir. Le dije que bueeeeeno, si no hay más remedio… No era todavía seguro. Él tenía que consultar primero el caso con el coordinador de C40 para Oceanía. Si éste señor tenía un candidato a sustituir al hombre de Melbourne, tendría preferencia. En caso contrario, Flavio me propondría a mí, con el visto bueno de la coordinadora para Europa, que es mi amiga Julia.

Todo salió como yo confiaba en que saliera y finalmente me voy a Chicago el 1 de octubre, para el workshop de los días 2, 3 y 4, y regreso el 5. Ya tengo los billetes. Esta vez ni se me ha pasado por la imaginación quedarme por allí de vacaciones. Ya saben que el 24 del mismo mes salgo pitando a un segundo viaje, al lugar que ya se desvelará oportunamente. Por cierto, nuestros webinars se redujeron finalmente a uno solo: como también voy a intervenir en el workshop, ya era demasiado protagonismo de Madrid. El pasado 20 de septiembre, C. y yo compartimos un webinar conjunto, como ya les conté. Y esto es todo en cuanto a la serie Recovering myself. Si han tenido la paciencia de leerla entera, habrán encontrado las claves de cómo, a partir de una situación caracterizada por un deambular mortecino por una vida profesional en decadencia, he logrado remontar hasta el momento de delirio actual. Y todo sobre la base de una serie de casualidades. El único mérito que me puedo atribuir en este proceso, es una especie de sexto sentido para pillar las oportunidades que se me iban poniendo a tiro. Pero esto es algo normal en mí. Cuando era más joven dejé perder algunas ocasiones por timidez, indecisión o miedo y nunca me lo he perdonado.

Este domingo, culminé mi semana de sinvivir corriendo la carrera Global Energy Race, de 5 kilómetros. A la izquierda tienen la foto que me hice en la salida con mi colega de carreras J.  Para los que piensen mal, se trata de la esposa de mi buen amigo M., que la trajo en coche hasta la salida de la carrera y él mismo nos hizo la foto. J. me fue cuidando hasta pasado el kilómetro 4, luego le dije que esprintara, que yo ya llegaba bien, pero a mi tran tran cochinero de sexagenario. Mi tiempo fue de 32.15 minutos, que no está mal, dadas mis condiciones de edad, dignidad y gobierno. Se pueden imaginar el desayuno con que nos obsequiamos después.

Para terminar, les voy a dejar con la melodía que llevé todo el rato en la cabeza. Aquí no hay trampa ni cartón, esto es un ejemplo de la música que me gusta y no lo que les colé de matute en el post anterior. La canción, que es del año pasado, me fascina y es perfecta para marcar el ritmo de carrera. El grupo, de Portland aunque originario de Alaska, responde al curioso nombre de Portugal. The Man. Que ustedes la disfruten.



sábado, 22 de septiembre de 2018

773. Un sinvivir

Nada, con lo tranquilo que estaba yo en agosto y ya he entrado otra vez en la vorágine en que se ha convertido mi vida en los últimos tiempos. Esto es de nuevo un sinvivir. Les voy a contar lo que se puede traer aquí al blog, que ya les he dicho que sobre la segunda fase de Reinventing Cities no puedo hablar por el momento. Así que me centraré en lo demás. Por ejemplo, la semana pasada, el miércoles por la tarde, bajé a la estación de Atocha y me cogí el AVE a Ciudad Real. Con la tarjeta dorada me costó exactamente 41,40€, ida y vuelta. Se tarda en llegar menos de una hora, así que el coche no puede competir con esto. En CR me esperaba mi amigo Alfredo, el organizador y amable líder del grupo de viajeros veteranos con los que visité Birmania a primeros de 2017. Ellos han hecho ya otro viaje, a finales del año pasado, a las kasbahs del sur de Marruecos, aventura que yo me salté para guardar días de vacaciones que utilicé visitando Nápoles y Roma.

Ahora estamos terminando de preparar un nuevo viaje, que ya diré a dónde nos va a llevar, no se me apresuren. En realidad, los billetes de avión los tenemos pagados y el alojamiento reservado, desde mediados de marzo; así es como se consiguen precios aceptables a los lugares lejanos. O sea que yo ya tenía este asunto cerrado cuando me surgió en junio la posibilidad de hacer una escapada a San Francisco, Los Ángeles, San Diego y Tijuana, en lo que yo creo que ha constituido mi viaje más redondo desde el punto de vista del blog. Así que: ¿quién sabe? A lo mejor aun me sale otro viaje intermedio, antes del 24 de octubre, que es cuando tenemos el vuelo de ida. Para ese día queda mucho tiempo. Para irles endulzando la espera, les voy a poner una música muy tranquila y sugerente. Se trata del grupo Wilco, del que ya se ha hablado aquí en alguna ocasión. Pueden dejársela de fondo y seguir leyendo.


Como les digo, Alfredo me esperaba en la estación y me llevó en coche hasta su casa, donde nos reunimos por primera vez los que compartiremos tres semanas en ese viaje que todavía no les voy a revelar a dónde me llevará. Esta vez seremos seis personas, cuatro supervivientes de Birmania y dos nuevos que no conocía. Estuvimos un buen rato confirmando la ruta, estudiando nuestras opciones y perfilando las diferentes etapas. Luego salimos a tomar unas cervezas con algo de picar en una terraza del centro, en donde nos reunimos con el resto del grupo, los que esta vez no vienen, como mi amigo Paco Matas, recién llegado de Togo como cada verano. No estuvimos hasta muy tarde, que ya vamos estando mayores (Paco y yo somos los únicos recalcitrantes que seguimos trabajando). Y me quedé a dormir en casa de Alfredo.

El jueves regresé temprano en el AVE y llegué un poco tarde al trabajo, pero este mes me sobran horas. Esa noche salí para acudir a la fundación Moneo-Brok y asistir a la inauguración de la exposición del fotógrafo esloveno Primoz Bizjak, que se dedica a buscar viejas estructuras industriales o bunkers, abandonados por el hombre y en proceso de ser reconquistados por la naturaleza. Primoz ha de explorar terrenos ignotos, en los que se interna con su mochila en busca de estos vestigios de otros tiempos. Estuve hablando con el artista un buen rato, con unas cervezas. El lugar de la exposición es un antiguo local industrial en el barrio de Prosperidad, en donde tienen su estudio Belén Moneo, hija del famoso arquitecto, y su marido el neoyorkino Jeff Brock. Conocí a esta prestigiosa pareja en el MIPIM de Cannes, les estuve vendiendo el Reinventing y les di una de mis tarjetas. Desde entonces me tienen en su mailing, pero hasta ahora no había acudido a ninguno de sus eventos. Aquí una de las fotos de Primoz, que corresponde a una antigua fortificación a las afueras de Venecia.




El viernes salí también por la tarde/noche para asistir a la presentación del último libro de Lola López Mondejar, escritora y psicoanalista, que se llama Qué mundo tan maravilloso. La presentación tenía lugar en la librería Cervantes y compañía, en la calle del Pez y allí me encontré con un grupo de gentes relacionadas con la literatura, que hacía tiempo que no veía. Por ejemplo, mi amigo Juan Casamayor, reconocido como editor distinguido en la penúltima Feria del Libro de Guadalajara (Mexico). Antes de circunscribirme al blog, yo escribía relatos que nunca me animé a enviarle, porque no hay que mezclar la amistad con los negocios. Ahora ya no tengo nada que mandarle. Estaba también Clara Obligado, acreditada escritora argentina, de las que salieron por piernas de su país en los tiempos más difíciles de la dictadura de Videla y ya se quedó por aquí.

Y Javier Saez de Ybarra, que ha publicado varios libros de poesía y otros narrativos inclasificables. Nos dimos un abrazo y me recordó la ocasión en que, en un club de lectura de Billar de Letras, yo descubrí un fallo garrafal en su texto, que nadie más había advertido. El bueno de Javier, a medio escribir el libro, cambió el nombre de uno de los personajes centrales. Pero olvidó hacerlo en algunos de los pasajes del principio, lo cual inducía una confusión notable. A mí me produjo cierto bochorno revelar esto en el club, y aun me lo produce, pero él siempre me lo recuerda y se muestra agradecido, porque, dice, en una eventual segunda edición, el libro saldría corregido. Me temo que esa segunda edición nunca llegará a ver la luz y no quiero ser agorero. Finalmente, la persona que más me alegré de ver: la gran Valeria Correa, guapísima poetisa rosarina, autora de La Condición Animal, una colección de relatos muy heavy, que se comentó en su día en el blog. Arriba tienen su foto. Con todos ellos estuve un buen rato sentado en una terraza de la calle del Pez.

Este lunes tenía un encuentro muy especial. Como les conté, mi hijo Lucas pasó hace poco tres semanas en Osaka (Japón), trabajando en un laboratorio de la Universidad. Pues resulta que tres de los compañeros que convivieron con él en ese breve tiempo, están ahora en Toledo, cuya Universidad está hermanada con la de Osaka, haciendo un curso de diez días. Se trata del profesor Shyonzi Ito y los estudiantes de postgrado Mashafumi Koga y Shinya Nakamura. Nada más llegar a España pasaron un día visitando Toledo, al siguiente fueron a Granada y luego venían a Madrid. Mientras hacían esas actividades turísticas, absorbían el jet lag. Sólo después de esos tres días, empezaba su trabajo. Gente práctica, los japoneses. Así que el lunes, a las 19.45, estaba yo en la salida de viajeros del tren de Toledo, vestido con una camiseta que me compré en Kyoto y que reza Emilio en japonés, así como un gran cartelón en el que ponía KOGA, para que me reconocieran. Aquí pueden verme, de esa guisa preparado.


Nos encontramos, subimos andando a Tirso de Molina, donde tenían su hotel, hicieron la inscripción, dejaron sus bolsas y nos dirigimos también andando al lugar que había reservado para ellos: el tablao flamenco Casa Patas. Allí cenamos muy bien, con nuestra correspondiente botella de Protos, y luego pasamos a la sala donde se desarrollaba el show, en donde cayeron también sendos gin-tonics. Lucas me había avisado que sus amigos no son muy resistentes al alcohol, pero aguantaron el tipo sin problemas. No obstante, volvimos al hotel entonando el Osaka Patria Querida. Aquí unas imágenes del grupo, para que vean que majos eran.





El martes me lo había pedido de permiso en el curre, para acompañar debidamente a mis amigos japos. A las 10.00 les estaba esperando a la puerta del hotel para ir a desayunar chocolate con churros a San Ginés. Después recorrimos la zona de plaza de Oriente, Viaducto, Las Vistillas, vuelta por el barrio de los Austrias, Mercado de San Miguel (donde picamos alguna cosa), Puerta del Sol, Plaza de Santa Ana, etcétera. Pasamos por su hotel a recoger sus maletas y nos encaminamos al Reina Sofía, que encontramos cerrado (cómo puede cerrar un museo los martes). Una pena porque tenían muchas ganas de ver el Gernika. Como alternativa, fuimos al Caixaforum, donde había una exposición sobre los trucos técnicos de la primera época Disney, que les encantó. Luego comimos en la cafetería del museo, donde nos hicimos esta otra foto.


Les dejé en la estación de Atocha a las cuatro y cuarto y salí cagando virutas hacia mi oficina, en donde tenía una call con Flavio Coppola, para chequear imagen y sonido del webinar que estábamos preparando para el jueves. Esto del webinar corresponde a la serie Recovering myself, pero ha asomado por aquí. El jueves, mi compañera C. y yo estuvimos una hora conectados con técnicos de otras veinte ciudades, explicando en inglés nuestra estrategia de regeneración de la periferia y el sistema de participación ciudadana que hemos utilizado. Flavio se quedó muy contento con el resultado. También mi amiga Shannon Ryan de LA me mandó un whatsapp para felicitarme por el webinar al que había asistido. Pero mi semana no había acabado todavía. Ayer viernes a las 13.00 estaba en la planta 18 de Torre Espacio, para dar una charla de una hora en francés a un grupo de directivos de la empresa inmobiliaria gala COGEDIM, que venían pastoreados por mi amigo suizo Werner Dürrer. Les conté la historia más reciente del urbanismo madrileño y les mostré algunas imágenes de la operación Nuevo Norte, antes llamada Chamartín, para que vayan teniendo información a ver si se animan a invertir.

Al acabar teníamos comida en el restaurante que hay en la planta 30 y última de la tercera torre del Real Madrid, según se cuentan desde el norte. Varios se acercaron a felicitarme por mi exposición, especialmente por mi punto de vista crítico con la administración y los políticos. Llevaban varios días de visitas y entrevistas y estaban un poco hartos de la visión autocomplaciente que les habían dado otros. Yo hablo a la gente como en el blog, criticando lo que hay que criticar, procurando mostrar una visión positiva y optimista, pero nunca autocomplaciente. Los asistentes eran casi todos de mediana edad de esas generaciones intermedias con las que no suelo entenderme demasiado. Pero entre ellos localicé a uno algo más mayor, digamos de unos 55, completamente rapado y vestido de negro, como gustan de vestirse los arquitectos. Me las arreglé para sentarme a su lado en la comida y acerté. Era un tipo muy interesante.

Se trata de Jean-François Drevon, arquitecto, que es asesor externo de esta empresa, pero con una trayectoria más amplia, que incluye la dirección durante años de la revista AMC, del grupo Le Moniteur. Este grupo tenía una librería especializada en arquitectura, en la zona del Odeon, donde yo solía entrar a comprar libros y revistas en mis visitas a París. Jean-François me dijo que ahora había cerrado y se había trasladado a la nueva Ciudad de la Arquitectura. Encontramos muchas cosas de que hablar, desde la alcaldesa Hidalgo, el concejal de Urbanismo Jean-Louis Missika, el Atelier Parisien d'Urbanisme con el que yo colaboré en el proyecto LASDO en Sri Lanka, el Reinventer Paris y su ampliación internacional y otros asuntos de interés. Me confesó que en Francia la situación del planeamiento es similar a la española, con el sistema tradicional colapsado y prácticamente ninguna ciudad grande revisando su planeamiento general; por el contrario, todo el mundo intenta hacer planificación estratégica, que es mucho más práctico. Sobre esto ya les daré algunas explicaciones otro día, que también hay temas ahora mismo "en el horno" en relación con ello.

Fue, pues, una sobremesa muy agradable, tras la que Werner se los llevaba a ver el nuevo desarrollo de Sanchinarro (venían de visitar el de Valdebebas). Repartí tarjetas, me despedí y cogí el Metro hasta Mar de Cristal. En el Centro Comercial Gran Vía de Hortaleza debía recoger el dorsal para mi carrera de mañana, la Global Energy Race, una idea similar a la de la Human Race que yo corrí en 2008 y que inspiró mi novela corta premiada en 2009. Esta vez me he apuntado a la carrera de 5 kilómetros, que no me veo actualmente para mayores trotes, aunque este año estoy entrenando de forma muy sostenida. Hasta que empiece con mis viajes. Vale, ya les digo que antes de mi largo y lejano viaje que empieza el 24 de octubre, tengo otro en perspectiva. Cuando urdí mi viaje a San Francisco, les puse una imagen mía como cebo, a ver quién acertaba con mi destino, y fue Paco Couto el que se llevó el premio. Este post contiene alguna clave al respecto, pero esta vez es más difícil. ¿Adonde voy? A ver quién descifra el mensaje. Les dejo con otro mensaje, el destinado a un tal Rudy, que grabaron los Specials en 1979. Todo un clásico. Pónganlo en pantalla grande. Buen fin de semana.