domingo, 1 de octubre de 2017

675. Un fin de semana estupendo

Así de bien me lo estoy pasando en estos hermosos días del otoño madrileño. El viernes en torno a las 12 de la mañana me despedí de mis compañeros de oficina, todavía atónitos después de haberme visto llegar por la mañana perfectamente trajeado y con mi mejor corbata como en los buenos tiempos de mi carrera administrativa. Un coche oficial me llevó a la Casa de la Villa, en donde tenía una cita con cincuenta inversores, promotores, arquitectos y gestores de cooperativas, de la región holandesa de Arnhem. Los traía mi amigo suizo Werner Dürrer y el número inusualmente alto de miembros de esta visita me hizo buscar un lugar adecuado, que finalmente resultó ser la sala de la que disponen los grupos políticos municipales para sus reuniones de trabajo. Otro signo de los nuevos tiempos: tal vez recuerden que a otro grupo de holandeses que me trajo Werner tuve que atenderlos en el sótano de un bar de la plaza de Santa Ana en el felizmente fenecido trienio negro.

Les puse a los holandeses una presentación sobre los tiempos más recientes de la historia del urbanismo madrileño, el Plan General de 1997 y las nuevas líneas del urbanismo madrileño, que nos ocupó aproximadamente hora y cuarto. Recogí mis bártulos (había tenido que llevar mi propio ordenador) y me despedí de ellos, aunque me invitaban a comer en el Santiago Bernabeu, un clásico en los programas de Werner. En realidad tenía después otra cita, era un viernes de programa doble. Caminé hasta el Metro de Ópera y allí tomé el viejo Ramal Ópera-Norte, que me llevó a Príncipe Pío, desde donde seguí andando hasta Casa Mingo, tercera visita al lugar en unas pocas semanas. Allí me esperaba otra vez mi amigo Michael Shölz-Hansen, con un nuevo grupo de alemanes.

Esta vez se trataba de un grupo de expertos en parques y jardines, de la región de Berlín, que tenían un programa bastante completo, incluyendo Aranjuez, Toledo, Segovia, El Escorial, La Granja y los diversos jardines históricos de la capital, como el Capricho, el Retiro y el Parque del Oeste. Estaban acabando de comer cuando llegué, por lo que abrevié con un pincho de tortilla y un doble de sidra de grifo, para salir cuanto antes a Madrid Río. En algún momento le pregunté a Michael si había montado un negocio de viajes especializados, para redondear su sueldo de catedrático. Me dijo que no entre risas. Era una casualidad que le hubieran pillado dos viajes tan cercanos, pero no se pensaba dedicar a eso. La risa provenía de que el dueño del restaurante La Rana Verde, de Aranjuez, había pensado lo mismo que yo y le había invitado a comer, con trato de cliente Premium.

Como esta vez no se trataba de jubilados, la excursión fue más larga, aunque hubimos de cortar cerca de las seis, porque en su programa estaba visitar el jardín del Palacio de Anglona, una pequeña joya junto a la Plaza de la Paja, que cierra sus cancelas a las seis y media. Por cierto, que al menos tres de los cuidadores de jardines berlineses, que se definieron como ecologistas, me dijeron que les parecía una memez la idea de renaturalizar el rio Manzanares, por el sistema de abrir las compuertas de todas las presas intermedias, para que el río fluya libre. Eso ha hecho que salgan cañaverales gigantes y vengan muchas aves de distintos portes: patos, garzas, grullas y hasta cormoranes. Según el pronóstico de los alemanes, también vendrán las ratas y los mosquitos y serán los propios vecinos los que pidan que se vuelvan a cerrar las compuertas para convertir ese tramo del río en una serie de estanques, tal como se preveía en el proyecto Madrid Río. Me limito a transcribir aquí su opinión, este es un proyecto que han llevado adelante mis compañeros del Área de Medio Ambiente, y yo he de reservarme mi opinión al respecto.

Michael me dijo que le encantaría que volviera a visitarle en Leipzig. Les acompañé a coger un grupo de taxis en el Puente de Segovia y luego subí caminando a Príncipe Pío, a coger el Metro. Pero no me fui a casa todavía, sino a una reunión de negocios. Unos negocios de los que ya se hablará en este blog (o no) cuando toque. El caso es que, tras la correspondiente cerveza en una terraza, regresé por fin a casa, todavía con mi traje de gala y cargando con el ordenador. Y me acosté pronto, porque estaba reventado. Y el sábado debía madrugar como si de un día de diario se tratase, porque estaba apuntado a la Carrera del Orgullo Gay 2017, que se celebraba a las 10 de la mañana en el Parque Juan Carlos Primero, al lado de mi trabajo.

La verdad es que no tenía un especial interés en esa carrera en concreto, la elegí porque la distancia es de 5 kilómetros y porque es toda por el interior de un parque que conozco bien. No sé si han caído en la cuenta de que es la primera carrera que corro desde hace mucho tiempo. Se me ha ocurrido ir probando con la distancia de 5 kms, la misma que entreno dos o tres veces por semana, para ir recuperando sensaciones pero, si no me cantan la espalda o las rodillas, mi objetivo es llegar a correr otra vez alguna carrera de 10 kms. En esta ocasión, se apuntó conmigo mi amigo Marce, jefe de un restaurante cercano a mi curre donde suelo comer algunos días cada semana. Era la primera vez que corría una carrera, pero acabamos los dos con bastante dignidad, como pueden comprobar en el selfie que nos hicimos.


Después de la carrera cogí el coche de vuelta a casa, me duché a toda prisa y bajé a un bar a ver el partido del Deportivo, que por fin ganó remontando frente al Getafe. Esto de ser del Deportivo, me temo que este año es una vez más para sufrir. Hemos empezado muy mal y, a menos que mejoren las cosas, cada partido va a ser un dolor. El del sábado me dejó mucho más agotado que los 5 kilómetros anteriores. En el resto del fin de semana tuve tiempo de descansar y coger fuerzas para las semanas que vienen, que también son de órdago. El otoño es una estación preciosa en Madrid y uno puede pasear a la sombra de los castaños de Indias, tomarse un vermú de grifo en una terraza o visitar cualquier museo, sin que nadie te de la murga identitaria.

Hoy, 1 de Octubre ha sido un día clave para mí. Hoy se cumplen 35 años del día en que entré a trabajar en el Ayuntamiento de Madrid. Lo que quiere decir que, a partir de mañana puedo pedir el premio en metálico que está estipulado en mi convenio. Espero no tener que reclamarlo en los tribunales, como me sucedió con el de los 30 años, historia que se contó oportunamente en el blog. Poco más reseñable. He pasado la tarde viendo series, porque no me interesa nada lo del referéndum. Yo ya he dicho en estas páginas cuál es mi opinión acerca de un pueblo que se deja infectar por la independentella fastidiosa. Y he precisado que, aunque hubiera un 80% de partidarios de la secesión, a mí no dejaría de parecerme una  tendencia retrógrada y casposa, impropia de los tiempos en que vivimos.

A este respecto, coincido plenamente con el artículo que pueden leer AQUÍ. Lo firmaría sin cambiarle una coma. Se publicó hace unos días en el diario francés Liberation, el que fundó Jean Paul Sartre, ahora mismo una verdadera referencia de la izquierda europea. Le atiza bien también a Rajoy, con todo merecimiento. Lo cierto es que el presidente está manejando bastante mal la partida. Los independentistas buscaban hoy la foto de la señora con la cabeza llena de sangre y toda Europa se ha desayunado ya con ella. Lo demás ha sido un correlato lógico. Esto no ha hecho más que empezar y yo no soy quién para decir lo que habría que hacer para reconducir el entuerto. Tal vez debería de intervenir la Unión Europea, si no quieren que el mal se reproduzca. O buscar el arbitraje de la ONU. El otro día sugerí a Pedro Sánchez como persona que podría ponerle el cascabel al gato, pero hoy ha estado desaparecido. Necesitamos a Penélope Cruz gritando: ¡PEDROOOOO!

A comienzos de semana, los coreanos del KDI me pidieron que les recomendara un lugar en donde escuchar flamenco. Les hablé de Casa Patas, donde se puede cenar y presenciar el espectáculo por un precio relativamente módico. Un par de días después viajaban a Zaragoza en tren, para visitar unas obras hidráulicas del Ebro que no conseguí precisar. Y luego seguían a Barcelona, desde donde volaban esta noche a Seúl. O sea, que les ha pillado todo el pollo. Entiendo que se han llevado una visión muy precisa de España: flamenco e independentismo. Sólo les ha faltado ver una corrida de toros.

viernes, 29 de septiembre de 2017

674. Mientras tanto, en la Tierra...

De esta forma empezaban algunos capítulos en las novelas de la mejor tradición en el mundo de la ciencia-ficción. A dos días de que el cohete espacial del independentismo irredento alcance el séptimo cielo que ha prometido a sus crédulos seguidores, en vísperas por tanto del fin del mundo, echo un vistazo a mi página de gestión del blog y caigo en la cuenta de que, desde que terminé de contar mi propio viaje espacial por la costa oeste norteamericana, he publicado cinco post, cuatro de ellos centrados en el prusés. Lamentable. Hora va siendo de que retome el relato de mis propias peripecias. Porque, fuera de Cataluña, aquí en la Tierra firme, la vida sigue con normalidad y yo continúo con mis actividades de secretario del Foering Office.

Ya les he dicho que últimamente se me pasan volando las horas en el trabajo, una sensación recobrada bastante reconfortante después de años de ostracismo. Estoy muy ocupado en tareas que no les voy a detallar aquí, porque no me parece prudente ni oportuno. Pero esa ocupación cotidiana no me impide continuar atendiendo delegaciones extranjeras que vienen a visitar Madrid Río, o a compartir sus experiencias con nosotros, o a que se les cuente la historia y la actualidad del urbanismo madrileño. Lo que pasa es que en los últimos años esta tarea llegó a ser la principal en mi desempeño municipal y ahora ha vuelto al segundo plano que nunca debería haber abandonado. Pero estas visitas siguen siendo un vivero de anécdotas divertidas que sí pueden contarse en el blog.

El día 12 de este mes, por ejemplo, me cité en Casa Mingo con un grupo numeroso de alemanes jubilados comandados por mi amigo de Leipzig Michael Schölz-Hansen, el hombre que me invitó hace dos años a dar tres charlas en sendas universidades del este de Alemania. Michael, catedrático de Historia del Arte, es también un enamorado de España y viene por aquí con frecuencia, pero no nos habíamos visto desde entonces, porque sus anteriores visitas me pillaron en Japón y en Birmania. Ese día venían de ver diferentes iglesias y acababan de visitar la Ermita de San Antonio de la Florida con los frescos de Goya. De ahí lo de ir a Casa Mingo, que está al lado. Nos lo pasamos muy bien, bebimos sidra en abundancia y luego nos fuimos a recorrer Madrid Río en horario de tarde. Fue un paseo lento y no muy largo, a pesar de la buena disposición inicial de los jubilados, porque ya saben que los juanetes no perdonan.

Este lunes, día 25 de septiembre, tenía una cita con unos coreanos (del sur, desde luego), de los que les quiero hablar más en detalle. Hace unos meses, mi concejal recibió una carta de un tal señor Chung, que se identificaba como ingeniero de la empresa estatal KDI y anunciaba su intención de venir a Madrid, en compañía de dos colegas, para estudiar y visitar todo lo relacionado con los proyectos M-30 y Madrid Río. Ahora mismo todo el Ayuntamiento sabe que soy la persona idónea para atender estas visitas, así que la carta llegó a mis manos y me puse en contacto con Chung para definir la jornada. Tras cambiar dos veces de fecha, cerraron el viaje para el pasado fin de semana y la cita conmigo para el lunes. Habían contratado a una intérprete que se llama Mía, está casada con un español y vive en Alicante. Con ella concreté por teléfono los últimos detalles. Aproveché para hacerle saber que me encantaría que me trajeran un paquete de té de ginseng rojo coreano, que es muy difícil de encontrar aquí.

El día de autos me reuní con Mía en el lobby del hotel en donde se hospedaban los visitantes, que venían con su paquete de té para mí. Desde allí cogimos un taxi de gran cabida para trasladarnos a la sede de Madrid Calle 30. En compañía de mi amigo Samuel Romero, consejero delegado de la empresa, mantuvimos con ellos un encuentro de casi dos horas en el que les contamos todas las particularidades de los proyectos que les interesaban y respondimos a sus dudas. Después, en otro taxi, nos desplazamos hasta la Junta de Distrito de Arganzuela. Allí nos esperaban los jefes del equipo de mantenimiento del parque, con dos de los cochecitos eléctricos que utilizan para su trabajo. Subidos en los juguetes, recorrimos el parque hasta el Puente de Toledo, algo que hizo las delicias de los visitantes. La delegación la componían el señor Chung Woo-hyun, el señor Song In-ho y la señorita Sa Ji-won, ya saben, supongo, cómo es la estructura de los nombres coreanos, que ponen en primer lugar el apellido (una sílaba) y luego un nombre compuesto (dos sílabas, la segunda con minúscula y unidas por un guión).

Completaba el grupo la pequeña Mía, una coreana menuda a la que restaban tres meses de embarazo para parir a su primer hijo español y una intérprete excelente, que apenas tomaba notas aunque debiera traducir largas parrafadas. Como ya se ha comentado en el blog, los coreanos suelen ser gente muy amable y educada, al estilo de los japoneses, pero con un punto informal y un poco gamberro que les hace ser menos envarados que los nipones y mucho más divertidos. Estos respondían al estereotipo. Eran además gente brillante, que planteaba dudas de altura. Me explicaron que tenían mucho interés en conocer los pros y los contras de nuestra operación para estudiar la posibilidad de hacer algo parecido en su tierra. Los tres hablaban un inglés bastante aseado, pero habían recurrido a la intérprete para mayor comodidad. En cuanto a la señorita Sa, he de decir que se manejaba con ellos en un plano de igualdad total, opinaba de todo y hablaba con mucha seguridad. Eso no impedía que fuera guapísima. Qué quieren que les diga, estaba como un yogur griego con frutas del bosque, y disculpen la comparación gastronómica. Así que no pude evitar pedirle que se hiciera una foto conmigo. Juzguen por ustedes mismos.



En el Puente de Toledo, los del mantenimiento se fueron con sus cochecitos y yo me quedé con los coreanos, con la idea de acompañarles hasta un taxi y largarme a casa en el Metro. Entonces me dijeron que si quería comer con ellos. Dije que vale, pero que yo me pagaba mi comida, porque ellos estaban pagando los taxis y demás gastos. Me contestaron que ni de coña. Que su agencia les pagaba todos los gastos, para lo que debían guardar todos los tickets, y que yo era su invitado. Entonces –repuse–, cuando yo vaya a Corea a visitarles, me tocará a mí invitarles a todo. Escucharon a la intérprete y negaron vivamente con la cabeza:  –No, no, en Corea también pagamos nosotros. ¿Y cómo es eso? –Pues porque los coreanos somos así (grandes risas).

Les pregunté dónde pensaban comer. No tenían ni idea. Donde yo les llevara. Así que les sugerí Casa Mingo, en donde ya me van a considerar cliente premium. Nada más sentarnos, el señor Song levantó una mano y gritó ¡Tinto de verano! Llevaba apenas dos días en España y ya se lo había aprendido. Los demás bebimos sidra de grifo bien fresquita, elaboración propia. Les encantó todo lo que comimos: pollo asado, tortilla española, croquetas de Cabrales y chorizos a la sidra. No acabamos cantando Asturias, patria querida, porque no se la sabían. Caminamos hasta el centro comercial de Príncipe Pío y rematamos con un café en el Starbucks, que insistí en pagar. Allí les dejé, porque tenía cita con el dentista. Nos despedimos con grandes abrazos, quedamos en contacto y prometí llamarles si un día se me ocurre aparecer por Corea.

Me dieron sus tarjetas del KDI, Korean Development Institute. En la esquina superior derecha, figura el anagrama de esta empresa estatal y debajo reza: Korea’s leading think tank. O sea, el primer think tank de Corea. Al día siguiente consulté un ranking mundial de think tanks, un Global Index que elabora anualmente la Universidad de Pennsylvania. Y descubrí con sorpresa que el KDI es el sexto de la lista mundial (excluyendo USA). ¡Joder! Es que Amnistía Internacional figura en octavo lugar. Transparencia Internacional es el noveno. Los dos españoles mejor situados, el CIDOB de Barcelona y el Instituto Elcano de Madrid están en los puestos 28 y 46. Y el KDI es el sexto. Por supuesto, es el líder de la lista asiática. Si tienen curiosidad, pueden consultar el documento AQUÍ. Pues con una avanzadilla de tres ingenieros de esa institución de primer nivel mundial estuve yo bebiendo sidra, haciendo risas y compartiendo fotos.

Pero aun me queda otra historia por contar. En una de estas, apareció por Madrid un arquitecto colombiano que ha trabajado durante años para el Ayuntamiento de Medellín y que viene a hacer un doctorado (una maestría, como dicen ellos). La transformación urbanística que ha sufrido Medellín es una actuación modélica que ha recibido numerosos reconocimientos internacionales. Hace diez años, Medellín estaba entre las diez ciudades más peligrosas del mundo. Mediante la construcción del Metrocable, un teleférico que une las dos partes de la ciudad, separadas por una gran hendidura natural, se han integrado los dos mundos antagónicos que antes formaban la ciudad. Cada estación del Metrocable en la mitad más depauperada de la ciudad, se ha transformado en un polo de regeneración urbana, convirtiendo a Medellín en una urbe segura y reequilibrada, un modelo de calidad de vida y un polo de atracción de turismo. Nuestro hombre formó parte del equipo de arquitectos municipales que trabajaron en el proyecto. Y está deseando contarlo, como me pasa a mí con Madrid Río.

Así que, ni corto ni perezoso, le escribió una carta a la señora Carmena ofreciendo ir a mostrarle una presentación que tiene preparada para explicar el proyecto. Ya saben en manos de quién acabó la carta. El hombre se llama Mauricio Faciolince. Le llamé por teléfono, le dije que estaríamos encantados de que viniera a contarnos la historia de Medellín y el Metrocable y hablamos largo rato. Es un tipo estupendo, basta una conversación telefónica para deducirlo. Pero su apellido no es precisamente muy corriente y durante toda la conversación estuve mordiéndome la lengua por no hacerle la pregunta que finalmente le hice: –¿Me permites una cuestión de tipo personal?  –Por supuesto.  –¿Tú tienes algo que ver con Héctor Abad? Pude notar su estupefacción a través de la línea. Tras una breve pausa, me contestó: –Sí, señor. Es primo hermano mío y además estamos muy unidos. Lo último que esperaba es que lo conocieras.

Si llevan tiempo siguiendo mi blog, tal vez recuerden que ya reseñé que entre mis escritores favoritos hay dos jóvenes colombianos: Juan Gabriel Vasquez, de Bogotá, y Héctor Abad Faciolince, de Medellín. El segundo de ellos es autor de al menos dos libros que leí con fascinación. El olvido que seremos, el más conocido, es una narración estremecedora centrada en la figura de su padre, médico, ensayista y luchador infatigable por los derechos humanos, que fue asesinado por paramilitares en pleno centro de Medellín, cuando Héctor era apenas un niño. Si no lo conocen, les recomiendo encarecidamente su lectura. El otro libro que he leído de este señor se llama Angosta y es una historia con un componente urbanístico innegable (Angosta es, obviamente, el Medellín anterior a la construcción del Metrocable).

El mundo es un pañuelo. Y todos los temas de los que se habla en este blog están interrelacionados. La literatura, el urbanismo, el cine, la reflexión sobre la actualidad y, por supuesto, el rock’n roll y la cerveza, son en realidad la misma materia. Los temas de mis textos vienen a mi encuentro, yo me limito a escribirlos. Mi vida es un blog, como ya les dije hace unos días. Que lo pasen bien. Y tengan cuidado, que viene el fin del mundo.

martes, 26 de septiembre de 2017

673. El cascabel del gato

Me rindo. He intentado librarme del prusés pero parece que, en pleno transcurso del pronosticado choque de trenes, no queda más remedio que hablar del tema. Estos días hay una especie de sentimiento general acongojado, de buenas gentes desoladas que se echan las manos a la cabeza y dicen que esto es una tragedia y que vamos a salir todos escaldados. Esa sensación de circunstancia funesta sirve de prólogo para llamamientos bienintencionados a que hablen, a que dialoguen, a que se pongan de acuerdo para desatascar la situación. Bienvenido sea el desatasque si es que llega a producirse, pero yo no veo a nadie con la suficiente talla política como para ponerle el cascabel al gato. No sé si estas atribuladas personas esperaban que el choque de trenes se produjera de forma menos dramática; a mí, ya he dicho que no me sorprende.

Rajoy se ha movido, como de costumbre, demasiado tarde. Tarde, mal y a rastras. Esto es como cuando pillas a una pareja follando. Si llegas demasiado tarde, aunque la que está debajo sea tu mujer, por muchos aspavientos que hagas, el tipo que se la está tirando seguirá moviéndose, porque ya no puede parar. Aunque intentes detenerlo a bofetadas. Los catalanes están ya tan cerca del orgasmo/votación que van a seguir, sea como sea, hasta llegar al instante supremo y eyacular su voto, aunque no sea en una urna sino en una caja de cartón de Mudanzas Demetrio. Es posible que la cosa no sirva de nada, que sólo les reconozcan como estado el Kosovo y Transnistria, pero ahora se trata de consumar el acto sexual/electoral. Lo demás da igual. Los catalanes han visto que se ponía en duda su capacidad para follarse a la soberanía nacional y necesitan reivindicar su hombría.

A mi edad cada vez dudo más de los conceptos absolutos, de las teorías que todo el mundo admite como ciertas. Sin embargo, en cuanto al tema del nacionalismo, sigo teniendo las cosas muy claras. Antes me sentía muy solo; ahora me encuentro muy bien acompañado, en un barco en el que comparto cubierta con personajes como Marsé, Mariscal, Serrat o Sabina. Y Lidia Falcón, por supuesto. Y todos los que han firmado el manifiesto de la intelectualidad progresista de este país. Y a mi alrededor encuentro opiniones muy sesudas al respecto, como las que formula el historiador catalán Gabriel Tortella en ESTA entrevista que les recomiendo encarecidamente que lean. Por supuesto que yo no soy Dios y no estoy en posesión de la verdad absoluta, pero cada vez me reafirmo más en mis opiniones sobre este controvertido asunto.

Es cierto que ha habido también un manifiesto de más de 600 escritores a favor del referéndum, creo que ninguno de fuera de Cataluña y la mayoría muy conocidos en su pueblo y alrededores, y he de confesar que me produce una cierta tristeza encontrar entre ellos a Andreu Martín, Quim Monzó, Biel Mesquida y algún otro. Finalmente, el asunto se juega en la calle, en donde los indepes intentan montar un Maidán, por ahora con buenos resultados. Diría que van ganando por goleada. La situación es peligrosa, pero la consigna de ambos bandos es exponer las mejillas respectivas a ver si les cae una hostia, para luego jugar, los unos al victimismo, que tanto les gusta, y los otros a la violencia terrorista, que tan bien les vendría que surgiera. Y la consigna es exponer las mejillas todo lo que se pueda pero, por Dios, no dar la primera hostia. El primer mártir, sea manifestante o guardia civil, condicionaría la imagen final de modo irreversible.

Confiemos en que no llegue la sangre al carrer.  Por mi parte, me sumo a la idea que me transmitió mi amigo Thabang, de Johannesburgo: if they want to go, let them go. O sea: si se quieren ir, que se vayan (a tomar por culo, esto ya lo añado yo). Como he dicho más de una vez, llegados a este punto habría que escuchar lo que dice el honrado pueblo. A mí, en general, los catalanes me generan una cierta desconfianza. Me parece lamentable que un pueblo deje crecer en su seno un movimiento como este. Y soy muy feliz de vivir en un lugar en donde no están todo el día dándome la matraca de las señas de identidad. Es algo que te deja mucho espacio mental para dedicar a temas más interesantes.

En su día dije que esto era una almorrana que nos había salido a España como nación. Lo cierto es que a quien le ha salido la almorrana es a Europa, algo que en parte me tranquiliza. Si no estuviéramos integrados en la Unión Europea íbamos dados. Se me ocurre ahora una comparación aun más ofensiva. ¿Han oído hablar ustedes de la nueva superbacteria que infecta a los olivos? Después de arrasar los olivares italianos, ha saltado a las Baleares y aparece ya por Alicante. Cuando llegue a Jaén va a ser una ruina. Si no tienen conocimiento de esta nueva amenaza, pinchen AQUÍ. ¿Han visto cómo se llama la bacteria? Xylella fastidiosa. Algo así está sufriendo Cataluña. El pueblo catalán se ha dejado invadir por la independentella fastidiosa, inoculada por diversos insectos, como Pujol, Más y Puigdemont.

Y luego está la guerra de los porcentajes. De un lado se proclama que un 80% de los catalanes quieren votar su futuro. Del otro se dice que un 61% querrían seguir en España. Después de leer lo que opina Borrel al respecto, creo que podemos dar por buena la caracterización que les explico a continuación, una visión por supuesto desde fuera, aunque también les he dicho más de una vez que examinar los problemas desde fuera te da una mayor perspectiva. Según esta teoría, en Cataluña hay aproximadamente un 20% de independentistas puros, un porcentaje no mayor al que presentan Galicia y otros lugares. Son el grupo que encabeza Junqueras, un señor que ha declarado que es consciente de que en los primeros tiempos de la independencia su pueblo pasaría grandes penurias económicas, pero le da igual. Y que, aunque España fuera como Suiza, ellos se querrían separar igual.

En segundo lugar hay otro 20% de lo que Borrel llama independentistas tácticos, es decir, que quieren independizarse para conseguir un objetivo concreto diferente: seguir chupando de las subvenciones, controlar mejor determinados mercados o ámbitos culturales, o desarrollar sus negocios en condiciones más favorables. Estos no son fanáticos, pero la independencia les conviene. Tal vez Mas y Puigdemont representen esta tendencia. A ellos dos se les ve felices en las fotos, mientras que Junqueras no disimula una cierta incomodidad en compañía de semejantes impresentables. Entre ambos sectores redondean un 40%, que integra a mucha gente del medio rural y de cierta edad, supongo. Y a estos hay que sumarles un porcentaje de gente cabreada con la situación económica, que canaliza su frustración de esta manera.

Desde este lado, se tiende a pensar que existe un cuarenta y muchos por ciento de partidarios de la independencia y un cincuenta y pocos de gente que se quiere quedar en España. Nada más falso que este segundo sumando de la ecuación. Entre la mayoría silenciosa que no sale a la calle con banderas, hay un pequeño porcentaje de pro-españoles, eventuales votantes del PP o de Ciudadanos. Pero la gran mayoría de este segmento lo que están es hasta los huevos del tema, lo que quieren es que se acabe de una vez la murga, que cese ya la tortura, que gane uno de los dos bandos, el que sea, pero que, por favor, dejen de dar el coñazo. Una vez que haya un vencedor claro en esta guerra, ellos se sumarían sin apuros al nuevo poder, porque en el fondo les da igual, no es su problema, ellos hablan indistintamente castellano y catalán y tienen otras preocupaciones más urgentes. No le tienen mucho cariño ni a España, ni a estos nuevos ricos del independentismo que finalmente resultan tan pesados.

Aquí a la izquierda tienen un meme que ha recorrido recientemente nuestros whatsapps y que expresa ese hartazgo de una parte sustancial del pueblo catalán. Porque el chiste proviene indudablemente de la zona levantina: en el resto de España no se le llama el higo a eso. Ciudadanos podría haber estructurado políticamente a esta masa de indiferentes, pero a Rivera le pudo la ambición, dio el salto a Madrid y se acercó demasiado a las posiciones del PP. Arrimadas intenta cubrir su hueco, por ahora sin demasiada fortuna. ¿Y que podemos decir de la gente de fuera de Cataluña? Para los indepes, cualquiera que no comulgue con la rueda de molino del prusés es considerado automáticamente como nacionalista español. Yo ya he dejado claro que no soy nacionalista español. Que soy gallego, carallo. Pero eso no quiere decir que por aquí no haya nacionalistas españoles. Aunque yo no les llamo así; yo les llamo directamente fachas. Hay muchos, sobre todo en Madrid. Pero quiero creer que no son mayoritarios. Que, si el PP ha ganado tantas veces en el Ayuntamiento y la Comunidad, es por la endeblez de sus contrincantes socialistas.

Estoy convencido de que, a nivel estatal, si surgiera una figura, digamos de centro-izquierda, con un mínimo de talla política, arrasaría. Porque la gente está harta de Rajoy y su forma de hacer política como un autista. Y el tema de la corrupción le tiene bastante tocado. ¿Por qué no espabila Pedro Sánchez? Éste podría ser su momento. Él podría ser el que le pusiera el cascabel al gato. Pero no se le ve muy decidido. Se muestra dubitativo, se arrima y se aleja de Pablo-Pablito-Pablete, a quien este tema del prusés ha desnudado ideológicamente, lo mismo que a Colau. ¿Por qué no se libra Errejón  de estos incómodos compañeros de viaje y monta una corriente con Carmena, Rita Maestre y otros de ese talante?  Entre esta gente y el PSOE menos susanista podrían montar una alianza muy interesante. Sueños húmedos. Como el de unirse a Portugal.

Cataluña como estado independiente sería una ruina para los catalanes. Y España sin Cataluña bajaría muchos enteros en su peso específico europeo. No lo pasaríamos tan mal como los catalanes, pero nuestra economía se resentiría. Y, en el mundo capitalista en el que nos movemos, estas cosas las pagan siempre los mismos: los de abajo. El que avisa no es traidor. Si usted, querido lector, tiene problemas para llegar a fin de mes, una nueva crisis como la que induciría la secesión catalana le llevaría a pasar directamente hambre. Así que, flaco favor se hace a sí mismo apoyando aventuras como la de Puigdemont. Si la ruptura se consuma, él y Junqueras seguirán disponiendo de butifarras y salchichón de Vich en abundancia. El que va a pasar hambre es usted.