sábado, 4 de abril de 2020

928. CC9. Un tributo a Kenny Rogers y Luis Eduardo Aute

Que sí, que ya sé que no toca, que había prometido un post cada tres días con regularidad benedictina y todo eso. Pero es que esta mañana, después de colgar mi post del día (que escribí ayer por la tarde en su mayor parte) me he enterado de que se acababa de morir Luis Eduardo Aute y esto son palabras mayores. Aute era un gigante, aunque llevaba cuatro años bastante perjudicado y encerrado en su casa bajo la protección de su familia. Y no quiero que me pase con él como me pasó con Kenny Rogers, otro gigante, en este caso del country, que se murió el pasado 20 de marzo y con esta aceleración de acontecimientos que llevamos, no le dediqué ni un renglón en el blog. Y, como además en este blog el que manda soy yo, las normas también las dicto yo y me las pienso pasar por la entrepierna cada vez que me dé la gana, hombre, que no son estos tiempos para tonterías. Tengo gente muy próxima pasando un calvario que han de sufrir completamente solos y, si esta página les ayuda a entretenerse un rato, pues adelante con los faroles.

Tanto de Kenny Rogers como de Luis Eduardo Aute, pueden encontrar ustedes toda clase de artículos o enterarse de quiénes eran en la Wikipedia. Pero desde el día 20 he leído todos los obituarios y referencias de Kenny y en ninguno se habla de la canción de la que yo les quiero hablar. Con Aute hay tiempo todavía, pero tampoco he encontrado a nadie que hable de la canción concreta que tengo en mi mente. Así que vamos con ello. Kenny Rogers tenía 81 años y es una figura que no se salió demasiado del mundo del country. Aun así, hizo mucho dinero con los derechos de autor y vivía desahogadamente en su casa de campo en el estado de Georgia. Todos los artículos sobre su fallecimiento hablan sobre todo de una canción The Gambler, que fue su mayor éxito de ventas. Y, como mucho, citan otra: Just dropped in, que pasó en su día sin pena ni gloria, pero después se hizo muy famosa cuando los hermanos Cohen la utilizaron para una de las escenas más memorables de El Gran Levobsky.

Sin embargo nadie ha dicho nada de la canción Ruby, don’t take your love to town, que yo tengo en mi memoria porque en su día me impactó mucho. Es una canción publicada como single en 1967, plena guerra de Vietnam. Era una canción tan buena que no se podía esperar a tener un disco grande que la arropara. Y su letra es durísima. Todavía me pone los pelos de punta. Así que se la voy a poner aquí, con una traducción un poco buena.

You’ve painted up your lips                                       Te has pintado los labios
And rolled and curled your tinted hair                       Te has estirado y rizado tu pelo teñido
Ruby are you contemplating                                      Ruby, ¿estás considerando
Going out somewhere?                                             Salir a alguna parte?
The shadow on the wall                                             La sombra en la pared
Tell me the sun is going down                                   Me dice que el sol está cayendo
Oh Ruby, don’t take your love to town                      Oh Ruby, no te lleves tu amor a la ciudad

It wasn’t me that started                                            No fui yo quien empezó
That old crazy Asian war                                           Esta estúpida y vieja guerra en Asia
But I was proud to go                                                Pero estuve orgulloso de ir
And do my patriotic chore                                         Y cumplir con mi deber patriótico
And yes, it’s true that I’m not                                     Y es cierto que ya no soy
The man I use to be                                                  El hombre que era antes
Oh Ruby, I still need some company                        Oh Ruby, todavía necesito compañía

It’s hard to love a man                                             Es duro amar a un hombre
Whose legs are bent and paralyzed                        Cuyas piernas están torcidas y paralizadas
And the wants and the needs                                  Soy consciente de los anhelos y necesidades  
Of a woman of your age, Ruby I realized                De una mujer de tu edad, Ruby, lo comprendo
But it won’t be long                                                  Pero no pasará mucho tiempo
I’ve heard them say until I’m not around                 Hasta que empiece a oírlos murmurar
Oh Ruby, don’t take your love to town                     Oh Ruby, no te lleves tu amor a la ciudad

She’s leaving now ‘cause                                         Ella se está yendo ahora, lo sé porque
I just hear the slamming of the door                         Acabo de oír el portazo
The way I know I heard it slam                                 Y es el mismo portazo
100 times before                                                       Que he oído cien veces antes
And if I could move I’d get my gun                            Y si pudiera moverme cogería mi pistola
And put her in the ground                                         Y la abatiría de un disparo
Oh Ruby, don’t take your love to town                      Oh Ruby, no te lleves tu amor a la ciudad
Oh Ruby, for God’s sake, turn around                      Oh Ruby, por el amor de Dios, date la vuelta

Como ven, es una letra tremenda. Pero la grabación de la canción tiene también una leyenda. Kenny estuvo varios días dándole vueltas a la letra hasta que la tuvo y se la enseñó a su grupo, que se quedaron helados, nunca habían interpretado una canción tan dura. Entonces la empezaron a ensayar y, cuando la tenían más o menos lista fueron al estudio de grabación. Allí, como suele hacerse, fueron grabando una por una las diferentes pistas, el bajo, la batería, las guitarras, los coros. Estaba anocheciendo, cuando tenían ya todo listo menos la voz principal. Entonces, Kenny les mandó a todos a casa. Tenía una botella de bourbon recién empezada. Los músicos se preocuparon y se resistieron, no sabían qué pretendía Kenny, hasta pensaron en un suicidio. Pero era el jefe de la banda e impuso su autoridad. Entonces se encerró en el estudio toda la noche, dándole tientos al whisky, hasta que cayó redondo. Cuando se despertó, ya con el sol naciente, conectó los aparatos y grabó la voz. Ahora pueden escucharla.


La canción tuvo mucho impacto en los medios alternativos, pero el disco no se vendió mucho. Lo mismo pasa con la canción de Aute de la que les voy a hablar ahora. De Aute encontrarán muchísimos datos en la prensa los próximos días y no los voy a relacionar aquí. Pero sí decir que era poeta, con muchos libros publicados, pintor cotizado con numerosas exposiciones a sus espaldas. Y sobre todo compositor e ideólogo de una manera de entender la vida. Basta decir que en 1960, cuando muchos de ustedes no habían ni nacido y yo tenía 9 años, este señor ya era el guitarra rítmica titular de los Sonor, grupo de Barcelona del que saldrían varios miembros de Los Bravos. Componía para otros cantantes y es de destacar por ejemplo la canción Rosas en el mar, que convirtió a Massiel en una cantante de éxito.

Pero yo quiero hablarles de otra canción, que me parece que sintetiza la modernidad de este hombre, su sentido del amor y el erotismo y su particular humor. No sé si a ustedes les ha pasado, pero puede suceder que, de pronto, llegues a la conclusión de que la mujer de tu vida, con la que querrías pasar el resto de tus días, es la novia de uno de tus mejores amigos. Grave problema. Es lo que le sucedió por ejemplo a Eric Clapton, que se enamoró como un loco de la mujer de George Harrison. A mí me ha sucedido en más de una ocasión y no voy a contar aquí interioridades que afectan a terceros. En mi caso, no es que fueran amigos míos, sino que los había conocido a la vez que a sus mujeres y les iba cogiendo un cariño enorme a los dos. A mí siempre me han caído muy bien los maridos de las mujeres que he amado.

Estas cosas pasan cuando uno es joven. El caso es que es una situación muy jodida, que se convierte en obsesiva. Y entonces fantaseas con la posibilidad disparatada de contárselo a él. Y con la posibilidad aun más enloquecida de que al tipo le parezca bien. Por fortuna, yo siempre he contado con algún colega que me ha disuadido de mi locura y me ha dicho: –Tío, vas a montar un quilombo absurdo, acabarás peleado con todos y sólo conseguirás hacerle daño a él, a ella y a ti mismo. Sabio consejo. Así que, al menos en mi caso, la cosa se quedó en eso: un fantaseo. Y entonces vino Aute y convirtió ese sentimiento en canción, que se llamó Una de dos. Maravilloso título y maravilloso estribillo: Una de dos, o me llevo a esa mujer, o entre los tres nos organizamos, si puede ser. No hay estribillo más certero y conciso. La canción es de 1984 y se la traigo con la letra sobreimpresa en grandes caracteres. Disfrútenla.


Magnífica letra, abordando sin complejos un tema que incluso ahora sería jodido de plantear. Pero este hombre era un adelantado a su tiempo. ¿Me pueden decir de algún artista actual capaz de componer una letra como esta? Por no hablar del toque final aventurando la intención de la chica de no perder ningún tren. No sé si ahora los chavales son tan modernos, imagino que sí. Más les vale. Aute se ha muerto esta mañana, pero llevaba medio muerto desde agosto de 2016. Ese mes tuvo un infarto severo, del que se salvó por los pelos y que lo dejó en coma mes y medio. Salió del coma, pero ya nunca lo pudimos volver a ver, porque su familia lo ocultó del mundo, igual que el caso del piloto Michael Schumacher. Seguramente estaba como un vegetal.

Una pena, porque el infarto le había pillado con 72 años en plena forma. De hecho estaba de gira y tenía conciertos contratados para toda la segunda mitad de 2016. Para que vean que no exagero, les voy a traer dos filmaciones, ambas de la primera mitad de 2016. En la primera le vemos con su grupo. Pero resulta que los hermanos Muñoz, alma del grupo de éxito Estopa, se declararon por entonces admiradores y discípulos de Aute y le llamaron para invitarle a aparecer en uno de sus conciertos. Aute les contestó que se sentía muy honrado, pero que, si querían cantar con él, tenían que hacerlo al revés: que vinieran ellos a uno de los conciertos de su gira. Así lo hicieron y eso es lo que se ve en mi primer vídeo. ¿Y saben qué canción fue la que cantaron? Pues sí, han  acertado: Una de dos. Los de Estopa se la pidieron. Aquí el resultado. Es en Barcelona, con ritmo jazzistico, mucho swing y divertidas morcillas de los tres que cantan. Al final, cuando los de Estopa saludan en catalán, se le oye decir Visca el Barça, una última muestra de su particular humor.


Creo que este vídeo da suficiente información de quien era Luis Eduardo Aute, al menos hasta agosto de 2016. De esos meses es también una entrevista que le hicieron en un programa joven de la TV, con motivo de la publicación de su último libro de poesía. Merece la pena escuchar al maestro, frente a tres chavales que alucinan con que no tenga móvil, ni tablet ni nada. Su humor le hace aguantar el tipo ante tres jóvenes con mucho que aprender de él. Así que les dejo con ello. Descanse en paz, Luis Eduardo Aute. Y también Kenny Rogers, por supuesto. 


927. CC8. El reglamento

Así, a lo tonto, ya estamos acabando la tercera semana de confinamiento. Les diré que mi último post tuvo una acogida bastante favorable y recibió parabienes varios, como el de África que dice que, cual Moisés, me he subido al Sinaí para regalar a mis followers unas normas de conducta generales, sencillas y prácticas. Lo que pasa es que un decálogo es como una Ley y cada Ley necesita un Reglamento que la desarrolle, para poder definir y pormenorizar su aplicación, como sabe cualquiera que tenga algún contacto con el mundo jurídico. Así que, sirva este post de texto reglamentario, o al menos de ejemplo de cómo se puede uno aplicar el celebrado decálogo. Ahora mismo tengo amigos muy cercanos ingresados en hospitales con aporte de oxígeno, y toda mi energía mental va dirigida a ellos, para que mejoren rápido y puedan volver a sus casas a terminar de recuperarse. Ánimo, colegas, vosotros podéis. 

Lo de hacer ejercicio parece que se lo ha tomado la gente en serio. Un amigo me cuenta que ha intentado comprar on line una bicicleta estática y le han dicho que están agotadas. Y de nuevo África, que me cuenta que se ha lesionado un tobillo tratando de correr por el pasillo de su casa, para intentar cumplir el primer mandamiento de mi decálogo. Pero otra de mis recomendaciones otorgaba un lugar preferente a la música y es hora ya de que nos regalemos los oídos con algo de primer orden. Un tema para que se lo dejen de fondo mientras siguen leyendo. Para oídos exquisitos, nada como la trompeta de Miles Davis.   


Pero en mi decálogo les hablaba también de desarrollar la creatividad, o en cierta forma las habilidades manuales, y les decía que hicieran puzzles o sudokus. Y aquí se inserta mi actividad de ayer por la tarde. Como pueden imaginar por mi edad, yo pertenezco a una generación que jugaba al fútbol en los descampados con una pelota de verdad cuando la había y, si no, con una fabricada con papeles de periódico y trapos, atada de cualquier forma con una cuerda. Anteayer, rebuscando por la mesa de mi hijo Kike encontré una caja entera de tarjetas suyas de visita, de la empresa EY (Ernst & Young). Por si lo han olvidado, mi hijo trabajaba en esa empresa y siguió en ella hasta que tuvo asegurado su actual trabajo en París. Entonces les dijo que se iba. Pero unos días antes le habían dado una cajita nueva de tarjetas de la empresa. 

Y fue ver las tarjetas y encendérseme una lucecita en la cabeza. De niño me gustaba mucho hacer castillos con las cartas de la baraja y era bastante habilidoso. Con esas cartas era relativamente sencillo, porque estaban muy sobadas y no resbalaban. Con tarjetas de visita sin usar, la cosa es mucho más difícil. Hice primero una prueba, de pocos pisos y me quedó como ven abajo.  


Pero esto no era más que una prueba. Mi intención era hacer un castillo de 8 plantas y me puse con ello, pero era algo muy difícil. Se necesita mucho pulso, concentración y maña. Además, a medida que vas aumentando plantas, el conjunto pasa a ser más endeble, se cae con un suspiro y, cada vez que una tarjeta se caía, arrastraba a todo el resto en un derrumbe completo. Y vuelta a empezar. Estuve varias veces a un tris de conseguirlo, pero siempre se acababa viniendo todo abajo. Lo dejé a la hora de cenar. Pero no me conocen si piensan que me voy a dar por vencido. Ayer me pasé la mañana entera trabajando on line con mi jefa y mi compañera M. Pero, después de comer, me puse de nuevo manos a la obra, hasta que lo conseguí. Y aquí tienen no sólo una imagen, sino un pequeño vídeo que hice para enviárselo a mis hijos por Whatsapp. Les recomiendo verlo en pantalla grande.



Bueno, este es el reto que les planteo: ¿se sienten capaces de hacerlo? Como ven, me sobró una sola tarjeta de la cajita. Y les diré que, nada más terminar de filmar el vídeo, el castillo se vino abajo. Es lo que suele conocerse como arte efímero, el concepto que vende el artista catalán Josep Ponsatí, que hace estructuras hinchables a las que luego corta sus anclajes para que se pierdan en el infinito. Yo supe de él en la Escuela de Arquitectura, donde vino a soltarnos su rollo teórico. A mí siempre me pareció que esto del arte efímero ya estaba inventado de antes (por ejemplo, con Las Fallas), pero sus esculturas eran bonitas y son muy valoradas. Si tienen interés en la obra de este señor, AQUÍ tienen la reseña del MACBA. Como era de esperar, es independentista y habitual colaborador en todas las performances secesionistas que se precien. Mi castillo de tarjetas de visita de EY se derrumbó, como suele suceder con los castillos de arena: el mar los derriba finalmente. Eso decía una de las canciones de la Jimmy Hendrix Experience, que pueden escuchar aquí, dado que supongo que ya se les ha acabado el tema de Miles Davis.    


And the castles made of sand, melts into the sea, eventually. Y los castillos de arena se disuelven en el mar, finalmente. Porque han de saber que eventually no se traduce por eventualmente, sino por finalmente, cosas de los ingleses, lo mismo que actually no es actualmente, sino en realidad. Pero también se habló en el post anterior de cocina y hoy les voy a dar una receta muy práctica, sobre todo para personas solas o parejas (si la mesa es mayor hay que hacerlo por tandas y pierde el punto práctico). Estoy hablando del salmón al microondas. Basta tener una rodaja o unos lomos de salmón natural. Se pone en un plato, sobre un poquito de aceite de oliva para que no se pegue, y se le espolvorea con sal marina, pimienta molida y eneldo. Otro chorrito de aceite por encima, para que todo el aliño se mezcle, y se deja así a que se macere un poco. Vean la pinta que tiene antes de pasar por el microondas.


Mientras, se puede hacer un arroz blanco de acompañamiento, tanto al estilo oriental (luego, en el plato, se le puede echar salsa de soja de la marca Kikkoman, que es la mejor), como al valenciano que es el que me enseñó mi madre y el que más me gusta. Cuando se termina de hacer el arroz (ya saben: se le ha terminado el agua, pero no se ha empezado a quemar), se tapa con un paño y se deja reposar. Entonces se mete el plato con el salmón en el microondas, bien tapado con una tapadera de plástico ad hoc, de las que venden en los chinos. Normalmente basta con un minuto y medio a la máxima potencia. Si sale poco hecho, se puede poner un poco más, pero cuidado que, como empiecen a escucharse explosiones, hay que pararlo enseguida, para que no se estropee. Aquí el resultado, ya con la guarnición.



Voy ahora con un asunto que tiene que ver con dos preceptos diferentes del decálogo: el de mantener el contacto con la naturaleza y el de seleccionar la información que nos llega. En estos días, se ha extendido la historia de que, una vez que los humanos estamos recluidos en nuestras madrigueras, los animales se han apresurado a recuperar espacios hasta ahora vedados para ellos. Es algo íntimamente enraizado en nuestra mala conciencia crónica, que nos hace sentirnos como agentes patógenos sobre la Tierra. Es una mala conciencia bíblica, que arranca de Adán y Eva. Pero, una vez sentado el concepto (los animales recuperan lo que es suyo), la cosa se adorna con mensajes y filmaciones que son falsas. La imagen de un pavo real caminando por una calle de Madrid, puede ser de hace años: de madrugada es frecuente verlos de vuelta al parque de la Fuente del Berro, caminando por las calles del vecino barrio del mismo nombre. 

Y los gorriones no han vuelto, entre otras cosas porque no es el humano el que los espanta, sino las cotorras argentinas que invaden los parques de Madrid y hasta las desagradables urracas, que van siempre en pareja, como la Guardia Civil. Y dice la gente de Venecia que en sus canales siempre ha habido peces, lo que pasa es que ahora se ven más porque el agua está más limpia, por la ausencia de barcas de motor. Hubo también una imagen de delfines llegando al puerto, que se distribuyó como si fuera de Venecia, cuando luego se ha revelado que era de Cagliari, extremo sur de Cerdeña adonde suelen llegar todos los años. En esta línea, me llegó el vídeo que les pongo abajo. Iba acompañado de un mensaje alborozado de que los jabalíes estaban recuperando el uso de una carretera de montaña. En realidad, la filmación corresponde a una granja de Centroeuropa, como lo prueba el hecho de que ese grano de color claro en ambas cunetas es el pienso con que los alimentan. 


Este tipo de engaños es lamentable, y reproduce en el mundo digital el tradicional cotilleo de porteras, que extiende rumores de forma exponencial, como los virus, de modo que cada uno le añade algún matiz nuevo de su cosecha y al final el mensaje original se pervierte y se transforma en otro diferente, totalmente falso. El vídeo que les puse yo de la Sierra de las Cabras era auténtico, pero imagino que cada invierno es posible ver escenas similares. También es cierto que los coyotes campan estos días por las calles de San Francisco sin la incómoda presencia de los humanos (ya les conté durante mi visita a la ciudad, cómo los parques estaban llenos de advertencias sobre la presencia de coyotes y qué hacer en caso de encontrarse con uno). Abajo tienen un par de fotos de coyotes en San Francisco. 

 

Y también es auténtica la foto que les pongo abajo. Corresponde al pueblo de Llandudno, en Gales del Norte. Es un pueblo de unos 15.000 habitantes, cercano al bosque de Great Orme, por donde pulula un rebaño de unas 200 cabras de Cachemira, descendientes todas de una pareja que regaló el Sha de Persia a la reina Victoria en 1837. Estas cabras son muy apreciadas por los vecinos, aunque sólo se dejan ver de lejos. Pues bien, estos días, con la gente encerrada en su casa, las cabras han bajado al pueblo, seguramente en busca de comida, y andan enredando por los jardines y las calles. Los vecinos las han fotografiado desde sus casas. Por cierto, estas cabras son de la misma especie que la de la Legión.


La contemplación de los animales, yo no sé si produce endorfinas o no, pero mola todo. Suele decirse que se considera animales superiores a los que tienen expresividad facial y gestual. Por ejemplo, un lagarto no es un animal superior: su cara es completamente inexpresiva. Ya saben de mi predilección por los gatos y los demás felinos. Son animales que pueden expresar en sus caras un montón de sensaciones: miedo, fastidio, indiferencia, curiosidad, atención. Tengo aquí una foto de gatos bebé y otra de linces jóvenes, para que vean lo que les digo. Joder, es que son más expresivos que Abascal o Torra.



Y hablando de expresividad animal, les voy a dejar con un vídeo muy emotivo. Supongo que han oído hablar de la primatóloga Jane Goodall. Algunos la confunden con Dian Fossey, la antropóloga de San Francisco que inspiró la película Gorilas en la niebla. Esta mujer, que desarrolló su actividad en Ruanda, en el hábitat de los grandes gorilas, fue asesinada por cazadores furtivos en 1985, como sabrán si han visto la película. Jane Goodall en cambio, es británica y está vivita y coleando. Tiene 86 años y continua con su trabajo que en este caso se desarrolla en Tanzania y está centrado en los chimpancés. Jane lleva nada menos que 55 años en ese empeño y ahora tiene una discípula de unos 45 que se llama Rebeca Atencia y ¿a que no saben de dónde es? Pues sí, han acertado: gallega. Es una veterinaria de Ferrol que lleva ya diez años en Tanzania y ahora mismo dirige uno de los institutos de la Fundación Jane Goodall.

Ambas mujeres graban en vídeo sus experiencias, para hacer películas que expliquen su labor. Y entre todas estas películas hay una que les pido que vean. La tarea de estas mujeres consiste en rescatar chimpancés heridos o enfermos, curarlos y, cuando ya están bien, llevarlos a una isla fluvial en donde tienen su paraíso, puesto que nadie puede atacarlos, para que continúen su vida en libertad. Rebeca ha rescatado y curado a una chimpancé a la que han llamado Wounda y la película muestra el momento en que la trasladan a la isla y la sueltan. La reacción de Wounda es la hostia, algo inenarrable, les pido que lo vean. Wounda es muy lista y sabe que Rebeca es quien la ha salvado de la muerte, pero también sabe que Jane es la persona con más autoridad y la autora intelectual de toda esta iniciativa de salvamento animal. Por eso le dedica su más emotivo gesto. Son unas imágenes de una belleza increíble. Luego, ambas mujeres acompañan a Wounda un rato, hasta que sigue por sí misma.

Si el ser humano es capaz de esto, tal vez esta especie patógena de bípedos implumes no sea tan perversa, tan despreciable. Hemos de seguir en nuestra pelea. Como dicen algunos: un día más, un día menos. Un día menos para que nos podamos abrazar, nosotros también. Desde aquí un voto por los que pelean en diferentes grados de la enfermedad. Y por todos los que todavía luchamos para protegernos de ella. Cuídense mucho y mantengan el ánimo. Les dejo ya con la película de la que les he hablado. Que la disfruten.



miércoles, 1 de abril de 2020

926. CC7. Un decálogo

Ya en la vigésima jornada de confinamiento, les cuento que hace unos días hablé un rato con mi querido amigo X, tal vez el follower más fiel, conspicuo y entrañable de este blog, que sobrelleva con entereza esta situación excepcional, aislado en su casa como todos nosotros. Me preguntó si mi plan era seguir alimentando esta página en momentos tan difíciles, y le contesté que por supuesto. Que yo publicaría una nueva entrada cada tres días, con regularidad benedictina, que tenía mi palabra. Entonces me dijo: –¿Sabes qué te digo, que yo voy a salir a aplaudir cada día a mi balcón, como hasta ahora, pero a partir de hoy gritaré ¡¡Emilio, Emilio!! y, cuando me pregunten que quién es ese, diré que es un amigo mío que tiene un blog y que sigue haciendo su trabajo, igual que los médicos, los enfermeros, los bomberos y los reponedores y los cajeros de los supermercados, o sea que es un héroe como ellos.

Mi amigo exagera, como de costumbre, pero yo tengo que recoger el guante y esmerarme en seguir aportando mi granito de arena en la ayuda de los que quieran utilizar mi blog para amenizar su encierro. En ese sentido, en medio de toda la hojarasca informativo-intoxicativa que circula por las redes, rescato un vídeo largo de un psicólogo que analiza la situación actual desde el punto de vista de la gestión de la ansiedad y el estrés. Yo creo que es bastante preciso, pero ni sé quién es el tipo (me lo mandó mi amiga colombiana Clau, que a su vez lo recibió de otra, etc, etc), ni puedo subirlo al blog, porque pesa mucho y además es demasiado denso para lo que se estila en esta página de nuestros desvelos. Así que he extraído de él sus consejos principales, que he convertido en decálogo, y eso me permite ilustrar algunos de los preceptos con algún vídeo o ejemplo ad hoc, lo que quizá lo haga más ameno. Así que vamos con esas diez recomendaciones de conducta para este largo período de reclusión que afrontamos (el mes de abril lo vamos a pasar entero encerrados).

1.- Hagan ejercicio. Esto es básico para un adecuado mantenimiento del tono corporal y mental. Cada uno tiene su deporte favorito y es el momento de adaptarlo a las reducidas medidas del espacio de que disponemos. Yo ya les puse un videoselfie de mi forma de hacer carrera de fondo en el salón de mi casa. Pero también pueden hacer gimnasia, pilates, cross-fit, step o cualquier otra de las variedades de moda. De todas ellas pueden encontrar multitud de vídeos en Internet. Y, desde luego, el zumba. Yo estoy pensando seriamente en alternar mi running con un poquito de zumba. Aquí les he seleccionado un vídeo de un profesor mexicano (se le reconoce por el acento, qué onda) con instrucciones para principiantes del zumba. No hace falta que lo vean entero ahora, se lo guardan para cuando quieran hacer ejercicio de verdad, como alternativa. Y recuerden: para hacer ejercicio, es básico vestirse con una equipación adecuada, distinta de la que usen el resto del día.


2.- Mantengan el contacto con la naturaleza. Parece una tontería, pero la contemplación y disfrute de la naturaleza genera serotonina y dopamina, las dos sustancias naturales que contribuyen más decisivamente a la sensación de bienestar. ¿Y cómo mantengo el contacto con la naturaleza, si estoy encerrado? Bueno, aparte de cuidar sus plantas y su mascota si las tienen, pueden recurrir a ver documentales por la tele. Nuestro cerebro es tan listo que es capaz de meterse en los paisajes de esos documentales e igualar el efecto. No me digan que no han visto documentales de animales de los que dan en La 2 después de comer, para facilitar la cabezadita en el sofá. Se creían ustedes que el sueño lo inducía la comida o la cerveza. Desde luego, pero también las imágenes. Hagan la prueba: siéntense cómodos a ver uno de estos documentales sin comer ni nada y verán como se quedan fritos igualmente. Les podría traer aquí un ejemplo, pero los hay a cientos y no quiero sobrecargar más este post. 

3.- Escuchen música. Ponerse una música que les guste especialmente, a un volumen adecuado, es algo que da un subidón perceptible a simple vista. Ya sea ópera, música clásica, jazz, rock o lo que quieran. Lo que más les guste. Esto no necesita mucha más explicación. Como un ejemplo, les insto a ver la excelsa improvisación que hace la inigualable Ella Fitzgerald sobre el tema de Tom Jobim Samba de uma nota só, acompañada por el virtuoso de la guitarra Joe Pass. Quien no se sienta confortado por esto, es que en vez de oído tiene oreja (a la plancha).


4.- Canten, bailen, hagan expresión corporal de alguna manera. Cualquier cosa que les permita desahogarse. Sólo el salir a aplaudir a las ocho cada día genera endorfinas, pero es poco. Busquen alguna forma de expresar su desacuerdo, su protesta ante la situación de encierro, griten, canten o bailen. Aquí les aporto una lección de baile de un profesor australiano de Sydney. Para mover el esqueleto, nada mejor que el funk.


5.- Desarrollen su creatividad artística y mental. Quiero decir: pinten, dibujen (como mi amiga que dibuja pájaros exóticos, uno detrás de otro), toquen algún instrumento, escriban, hagan teatro, lo que sea. O hagan puzzles. O sudokus. La mente y las habilidades creativas hay que ejercitarlas para que no se atrofien. Cada uno tiene su especialidad. Como la pareja del vídeo con el que cerré mi post anterior, que tiene detrás una labor literaria importante, adaptando la letra de Sabina. O esta otra chica que ha convertido el mensaje que a todos nos gustaría gritar en una canción para cantarla desde los balcones. Les pongo sólo el estribillo, el resto no tiene más interés.


6.- Jueguen. El componente lúdico es clave para pasar estos momentos. Si tienen niños en casa, no hay más que seguirles el rollo. Si tienen pareja, jueguen al parchís, al dominó o a La Oca. Y si no es el caso, entonces el secreto está en hacer como si. Hagan como si hacen ejercicio. Hagan como si limpian el baño. Hagan como si cantan o bailan. Hagan como si cocinan. Yo he recuperado esta vieja habilidad y tengo pendiente aportarles alguna de las recetas recobradas de mi memoria. Por ejemplo, la merluza a la gallega, de la que ya les hablé. La cosa es sencilla. Necesitan una rodaja de merluza (por cabeza), patatas, una cebolla, ajos, pimentón de la Vera, aceite de oliva virgen, laurel y sal. Aquí tienen los ingredientes.


Falta la cebolla. Lo primero es pelar las patatas para lo que se necesita el instrumento ad hoc, que ven en la imagen de abajo. Aquí se ha incorporado la cebolla, bien peladita, no vaya a tener virus agarrados a la piel externa. 


La elaboración es sencilla. Se ponen a cocer las patatas partidas en trozos, junto con la cebolla, unas hojas de laurel y sal gruesa a gusto. Se van probando las patatas hasta que empiezan a poderse pinchar sin deshacerse (unos 15 minutos). En ese momento se echa la merluza, bien lavada y previamente salada con sal gruesa por ambas caras. Otros 5 minutos. Entonces, se corta la cocción con un vaso de agua fría (truco de las viejas pescaderas coruñesas, arre carallo), se aparta del fuego, se tapa y se deja reposar 5 minutos. En ese lapsus se prepara la ajada. Hay que poner en una sartén pequeña dos ajos previamente laminados, con abundante aceite y fuego bajo. Cuando se empiezan a dorar, se aparta la sartén y se añade una cucharadita de pimentón de la Vera (según los cánones, del dulce, pero yo siempre uso del picante). Se remueve un poco y se deja reposar. Mientras, se escurre la merluza, las patatas y la cebolla y se ponen en el plato. Entonces, con una cuchara, se coge la ajada, un líquido dorado, y se echa por encima. Según gustos, se le añaden también los ajos dorados y se deja en el fondo de la sartén el pimentón sobrante depositado. El resultado lo tienen abajo.


La cocina es también una forma de jugar. Conviene acompañar este delicioso plato, bien con un vino blanco bien frío (un Godello, o un Verdejo de Rueda), o bien con una cerveza Estrella Galicia, como es mi caso. Les digo un secreto. Cualquier otra marca de cerveza tiene una gran diferencia de calidad entre la envasada en botella y la de lata. La de lata sabe peor. No sucede lo mismo con la Estrella Galicia. ¿Por qué? Pues porque sus latas, de elegante diseño exclusivo, no son de hojalata, como las demás, sino de aluminio. Así que la de lata está tan buena como la de botella. Y tiene 33 cc, la cantidad ideal para comer, y no 25 cc como las botellas. Pero sigamos con el decálogo.

7.- Mediten. Es la base de la filosofía budista. Pueden meditar en algún rato de descanso, con las técnicas al uso de los seguidores de Buda. Y también pueden meditar mientras corren, mientras limpian, mientras cocinan, mientras escuchan música. Pero dediquen a meditar un rato cada día. Es algo muy gratificante. Ayuda a no hacerse mala sangre. Tampoco va mal un poquito de yoga si son asiduos, o en su caso pilates. Al menos unos ejercicios de respiración dirigidos (los tienen también a cientos). Y, por supuesto, estiramientos y ejercicios de flexibilidad. Mantener el tono del cuerpo ayuda a tener el alma ligera y en buena disposición.

8.- Analicen la situación bajo un prisma positivo. Pueden llegar a la conclusión de que no están encerrados. Por el contrario, están cumpliendo con una obligación individual y colectiva. Están trabajando duro para mantenerse sanos y a la vez ayudando a que la epidemia no se extienda. La convicción de estar haciendo lo correcto es algo que ayuda mucho a sentirse bien. Y esto se consigue con disciplina (física y mental), orden, programación de actividades, cumplimiento de lo programado y disfrute de todo ello. Como les he contado alguna vez, los japoneses y todos los orientales en la línea de Confucio, disfrutan como enanos haciendo lo correcto. Ser disciplinado y sentirse responsable son dos características que fortalecen la confianza, base principal del bienestar mental. Sean confiados: saldremos de esta, no sabemos cómo, pero saldremos.

9.- Seleccionen la información. Estamos en un período en el que circula mierda de diferentes calidades por esas redes mal llamadas sociales. No se crean los bulos, descártenlos y borren los archivos enseguida. El exceso de información es malo. Dejen de ver vídeos pedorros y/o tóxicos. Dediquen su tiempo de ocio a ver cine, series, escuchar música, leer. Entretenimientos activos. Y también, por supuesto, a rascarse las pelotas a dos manos (o abanicarse las partes más sensibles de su anatomía íntima, en su caso). Hay tiempo para todo. Pero protéjanse del exceso de información. Comprueben el número de contagiados y muertos dos veces al día y ya. No todo el rato. La información tóxica sólo sirve para cabrearse, mosquearse, ofenderse y culpar a los demás, sentimientos todos ellos muy dañinos. Evítenlos.

10.- Ríanse. Todo el rato. A carcajadas. Y, cuando tengan la información filtrada y seleccionada, háganla circular. Los memes ingeniosos, los vídeos que hacen aflorar una sonrisa o contienen un comentario ocurrente, deben circularse, porque ayudan a destensar. Mantengan el buen humor, hagan chistes, no dejen de ser ustedes mismos. Y, por favor, hablemos por teléfono, mantengamos el contacto con familiares y amigos. Llamémosles para subirles el ánimo, no para hundirlos con nuestros miedos y nuestras ansiedades. Contémosles lo que nos preocupa, interesémonos por sus problemas.

Este es mi decálogo, sacado del vídeo que les he dicho al principio, no me vayan a acusar de plagio. Les voy a dejar con una reflexión final. Todo esto es una reacción de la madre Tierra frente al ser humano, una especie tóxica o patógena, como me dijo un comentarista en un post reciente. El mundo tiene una especie de entropía que se realimenta y, cuando nos pasamos, se encarga de ponernos en nuestro sitio. La situación que estábamos viviendo estaba cuajada de excesos y algunas correcciones de esos excesos se están revelando evidentes. La contaminación atmosférica mundial ha bajado de forma espectacular, como nunca se había visto. La biodiversidad se recupera: con el hombre refugiado en sus hormigueros, vuelven los peces a Venecia, los gorriones a nuestros parques y hasta las cabrás montesas a las calles de algunos pueblos, como verán en el vídeo que les dejo abajo de despedida.

Además, por primera vez vamos a experimentar lo que es vivir en un sistema económico que no crece indefinidamente. Hace tiempo que se elaboró la teoría del Crecimiento Cero, como algo bueno para la Humanidad. Pero los países del Tercer Mundo protestaron y dijeron: –Crecimiento cero para ustedes, los ricos, a nosotros déjennos en paz. Entonces se inventó el término Desarrollo Sostenible, que es un oxímoron y un camelo. Ahora veremos qué sucede. El turismo masivo de los cruceros y los grupos de pedorros acarreados a toda pastilla por guías mal pagados, ha saltado en pedazos, junto con la obsesión de viajar todo el rato para no ver nada. El sistema de pensiones, que todos daban por sentenciado por insostenible, ahora se va a recuperar, porque se van a morir muchos más mayores que jóvenes, y espero que me disculpen esta cruel muestra de humor negro (mis 69 tacos me sitúan en pleno grupo de riesgo).

Y, en otro orden de cosas, también se ha olvidado la gente de la mierda de la duplicación de género: en ninguna información he visto que se hable de fallecidos y fallecidas, contagiados y contagiadas. Ya saben que no hay mal que por bien no venga, como dijo Franco a cuenta del asesinato de Carrero. Hay que ver qué podemos sacar de positivo de esta locura. Pero sobre todo, recuerden: esto va a ser largo. Esta es una carrera de fondo. Los velocistas no tienen nada que hacer aquí. La carrera de fondo es una modalidad que exige resistencia, disciplina, dosificación de esfuerzos, tenacidad, inteligencia, intuición y una auto-observación continua, para corregir lo que sea preciso. Háganme caso, que llevo muchos maratones encima. Les dejo ya con el vídeo de cierre. Está tomado en un pueblo de la (por algo) llamada Sierra de las Cabras, en el extremo sur de la provincia de Albacete. Con la gente encerrada en las casas del pueblo, sucede lo que ven. Cuídense.