jueves, 9 de enero de 2020

900. Un actor turco y cuatro monos

Si hay algo que me gusta es adelantarme a las noticias y contarles a ustedes algo antes de que aparezca en la prensa generalista. A lo largo del blog ha sucedido innumerables veces. En este foro se habló, por ejemplo, del óptimo climático medieval y la pequeña edad del hielo unos cinco años antes de que se empezaran a publicar artículos al respecto. El País Semanal dedicó este pasado diciembre un amplio reportaje a la escritora nigeriana Chimamanda Adichie, a la que ustedes ya conocían desde el 2 de agosto de 2018, gracias a mi post alertando de los peligros del discurso único. Y pudieron ver el vídeo de las mujeres chilenas cantando a coro el violador eres tú, en la noche del viernes 29 de noviembre, exactamente a partir de la publicación de mi post a las 21.35 de ese día, antes de que el asunto se viralizara y apareciera en todos los medios al día siguiente. Por los pelos pero también me adelanté esa vez. Son tres ejemplos de noticias adelantadas en el blog previamente a su difusión masiva, permítanme que me congratule, me ufane y me vanaglorie de ello, ya saben que soy presumido dentro de un orden.

Esta vez, en cambio, les voy a contar una historia que ya salió ayer en todos los medios, así que quizá muchos de ustedes la conozcan, pero la traigo aquí porque es cojonuda. Resulta que, como sabrán si son asiduos televidentes, hay toda una línea de telenovelas turcas llenas de amores apasionados, adulterios, traiciones y dramas tremendos, que en los últimos tiempos han desplazado de la parrilla a los tradicionales culebrones latinoamericanos que la ocupaban anteriormente. Todas las jovencitas sin mayores inquietudes intelectuales, las que se compran el Diez Minutos, el Pronto o el Qué me dices! para estar al tanto de las novedades sobre Belén Esteban o Isabel Pantoja, devoran cada tarde esas series turcas que a menudo las hacen llorar o les provocan sueños húmedos con los galanes que las protagonizan. Y entre estos galanes, parece que el que más seguidoras tiene es un actor que se llama Can Yaman, del que pueden ver abajo una foto, que explica por sí sola el entusiasmo de sus seguidoras.




El caso es que este apolíneo y ebúrneo jovenzano fue entrevistado el pasado verano por el programa de cotilleos Cazamariposas, con gran surtido de chillidos histéricos de las adolescentes que asistían en el plató a la entrevista emitida en directo desde Turquía. En esa entrevista, Yaman desveló que a final de año debía cumplir con el servicio militar obligatorio de su país, para lo que tendría que cortarse la barba y la melena (que en la imagen de arriba lleva recogida en una coleta pabloiglésica), asunto del que dijo que no le importaba demasiado, que incluso empezaba a estar un poco harto de su imagen de amable bandolero seductor. Ayer, parece que finalmente pasó por la barbería y, como hacen todos los famosos, se apresuró a colgar en su perfil de Instagram una foto con su nueva imagen. Le acompaña un amigo, o tal vez el propio peluquero, enfundado en una camiseta de Zara. Y el rostro rasurado del guaperas es toda una sorpresa. Véanlo.



No me digan que no es acojonante. Si un día este señor se queda sin trabajo como actor, podría venir a España, donde rápidamente le buscarían un empleo como doble de quien están ustedes pensando. Como se pueden imaginar, la historia se ha viralizado y circula ya por todos los Whatsapps y redes diversas en donde suscita toda clase de comentarios (algunos sugieren que mandemos a Sánchez a Turquía a hacer la mili y nos traigamos al guaperas a España). Así que, aunque no se trate de una primicia y ya la conocieran, estoy seguro de que nadie se lo ha contado tan bien como yo, de lo cual, con su permiso, igualmente me congratulo, me ufano y me vanaglorio. Cambiando de tema (o no), por fin tenemos Gobierno, ya era hora. Volví a ver enteras las intervenciones del último día (no la votación que es un coñazo) y saqué algunas conclusiones adicionales.

Para empezar, la constatación de que Aitor Esteban, del PNV, es de largo el parlamentario más dotado de la cámara. Este señor, que en su día se intercambiaba florilegios verbales y ripios divertidísimos con Rajoy, estuvo sublime, igual que el primer día. Confirmé mi impresión negativa sobre el bufón Calabacillas, que estuvo otra vez penoso. Y la señora Arrimadas me volvió a parecer una joven pizpireta y alocada, un tanto patética, que quedaría muy bien de extra en la película de Almodóvar, frotando sábanas en el río y cantando coplillas de pie quebrado. Abascal me impresionó menos que otras veces y me parece que mostró las limitaciones de su movimiento. Y repito que cada vez me disgusta menos Pablo Iglesias, cuyas lágrimas finales me parecen sinceras y dicen mucho de su lado humano. Errejón, bien también, en su línea, pero ya saben que respecto a este caballero no soy imparcial.

En cuanto a las posibilidades de supervivencia del aun nonato Gobierno, pues siento decirles que soy pesimista. Creo que va a durar dos telediarios. Y mi convencimiento no tiene nada que ver con el tumulto permanente que están dispuestas a orquestar las tres derechas. Con la barahunda apocalíptica, el estruendo horrísono, la bulla atronadora, la batahola cacofónica que han empezado ya a montar (yo los vi, delante de las Cortes, y eran tremebundos, aunque ciertamente pocos). Mi pronóstico inusualmente agorero no tiene nada que ver con ese aquelarre continuado que promete la derecha. Considero a Sánchez, el resistente, el que trabaja mejor bajo presión, muy capaz de aguantar tan estentórea algarabía durante cuatro años de mandato sin que se le altere un solo pelo de su tupé impecable. ¿Por qué entonces pienso que no va a durar? Pues por un único factor: los catalanes. Sigo opinando que los independentistas, una vez que han constatado que su meta es inalcanzable, tienen ahora mismo un solo objetivo: dar por culo. Si los de ERC se han abstenido en la votación es porque, después de sesudos debates internos, han llegado a la conclusión de que de esta forma las posibilidades de dar por culo son superiores y con mayor resonancia internacional.

Pero yo quiero hoy centrar su atención en un aspecto marginal. Les pido que vean cualquier vídeo de las tres sesiones de investidura, da igual, un simple resumen de dos minutos, el que quieran. Verán un orador en primer plano. Pero si miran al fondo, descubrirán a una serie de parlamentarios sentados en sus escaños, TODOS consultando su móvil. Es increíble, pero si no se creen lo que digo, hagan la prueba. El Congreso de los Diputados es una representación de lo que sucede en la sociedad. Y por la calle todo el mundo va ya mirando el móvil. Hace unos años, una película que les he recomendado varias veces: Her (Spike Jonze 2013) nos mostraba un futuro distópico pero que siete años después se ha demostrado premonitorio. En este film, que nos cuenta cómo un extraordinario Joaquin Phoenix se enamora de su sistema operativo (cuya voz es la no menos extraordinaria de Scarlett Johansson), las calles, los pasillos y los bares aparecen todo el tiempo llenos de gente ensimismada mirando sus móviles. Pues ahora no hay más que salir a la calle para ver ese escenario.

La gente no deja de mirar su móvil ni cruzando la calzada, ni bajando las escaleras del Metro, lo que es muy peligroso, además de ralentizar mucho la marcha para los que tienen prisa. Los VTC, que son una plaga en el centro de Madrid, llevan unos conductores que no saben nada de la ciudad y que, cuando no saben por dónde ir, se paran en el medio y consultan el tontón. En cuanto hay una retención, no falla: un VTC que se ha parado en el centro de la calzada sin saber qué hacer. Incluso los médicos alertan de los efectos para la columna vertebral de caminar todo el rato mirando el móvil. Aquí tienen un gráfico con los pesos equivalentes para el cuello que suponen los diferentes ángulos.


En relación con ello también quiero que vean un vídeo que circuló por las redes hace ya al menos dos años. Aquí, a la vista de la situación, se sugiere un nuevo sector laboral, que puede convertirse en el trabajo del futuro: acompañante de mirón de móvil callejero. Está en inglés, pero ¿qué problema es ese para unos seguidores políglotas como ustedes?


Todo esto tiene relación con los tres monos tradicionales que habrán visto docenas de veces y que representan la moderna alienación del ciudadano pasivo, el tipo domesticado por el sistema, que sobrevive apoyando toda su conducta en tres principios: no ver, no oír y callar. Por si lo desconocían, estos tres monos son un símbolo japonés, en cuyos templos aparece representado desde el Siglo XVI, posiblemente relacionado con los códigos de conducta de Confucio, que aun se llevan a rajatabla por todo el Oriente Lejano. Después, esta imagen se incorporó a la idiosincrasia del Siglo XX, donde ha aparecido en innumerables textos, ilustraciones y hasta en comics, como el que ven abajo, sacado de una tira de la genial Mafalda. Es el tipo de alienación por los medios de comunicación que ya profetizó Marshall Mc Luhan, que no vivió lo suficiente para llegar a ver cómo los móviles han colonizado nuestras conciencias.
Pero ahora estamos en el Siglo XXI y hay que estar perfectamente alienado, para poderse tragar por ejemplo el discurso de la derecha, derivado únicamente del berrinche infantil de no haber ganado el poder y tener que ver cómo se lo lleva la izquierda; cómo el PSOE vuelve a sacar más votos que ellos, a pesar de que se han pasado siete meses (de abril a noviembre) proclamando a los cuatro vientos que Sánchez es un felón, un okupa y un pedorro (y encima padece halitosis), utilizando para ello sus potentes altavoces mediáticos. Y llegan las nuevas elecciones y comprueban que la gente no se ha tragado el sapo. Tiene que ser muy frustrante. Así que, para comerle adecuadamente el coco al ciudadano pasivo, ya no basta con no ver, no oír y callar. Falta un cuarto mono: el que mira el móvil todo el rato, el que resume la conducta de los otros tres: no ver, no oír, callar y mirar el móvil. Así lo ha entendido este dibujante francés con el que aprovecho para despedir este post, no sin antes desearles que pasen un buen día y que se relajen, que ya viene el fin de semana. Sean felices. Y no se pillen berrinches, que es muy malo para el corazón.


  

lunes, 6 de enero de 2020

899. El muladar

En eso es en lo que se han convertido Las Cortes con semejante debate de investidura de mierda, que nos tocó contemplar el otro día. En un muladar. Ahora mismo es momento de repetir algo que ya dije hace mucho en el blog: si en este momento apareciera en España un político de talla, consistente y formado, ya fuera de izquierdas o de derechas, arrasaba con toda esta banda, y estoy pensando en Adolfo Suárez o incluso en Margaret Tatcher, en las antípodas de mi ideología básica, pero que, como saben, ganaba todas las elecciones hasta el punto de que sólo se la pudieron quitar de en medio con uno de esos llamados golpes palaciegos, desde dentro de su propio partido, cuando comprendieron que estaba llevando a su país a la ruina (lo mismo que le hicieron, por cierto a Suárez). 

Veamos. Yo empecé a ver el debate y me tragué las dos horas del discurso de Sánchez. Me pareció irreprochable, tranquilo y conciliador, tendiendo la mano a las derechas en varios pasajes. Ya sé que muchos de mis lectores estarán en desacuerdo, pero, por favor, absténganse de comentarios los que no hayan visto el debate entero, y se guíen sólo por algunos fragmentos o resúmenes televisivos o artículos sobre el mismo. El discurso de Sánchez, para mí estuvo bien. ¿Qué se puede criticar de él? Pues que en los últimos años ha dado tantos bandazos en su posición que eso hace que mucha gente ya no se crea lo que dice. En realidad, contribuye a esa desconfianza su percha de joven deportista inmaculado, su aire de campeón de triatlón, esa mandíbula patricia y ese gesto de levantar ambas manos como si no hubiera roto un plato en su vida. Todo eso, le da un aspecto general falso, como si en vez de humano fuera una especie de Geyperman.

A la izquierda tienen el muñeco del que hablo. Pónganle un terno gris marengo recién planchado y tendrán una imagen perfecta de Pedro Sánchez (por cierto, buceo en Internet a ver si a alguien se le ha ocurrido la misma comparación, y encuentro que Maruja Torres le llamó Madelman hace unos cinco años, sólo nos diferenciamos en la marca del muñeco). A pesar de ese aire general de personaje falso que despide este hombre, no podemos negar que encabezó la lista más votada en abril y la sigue encabezando en noviembre, después de siete meses de bombardeo mediático contra su persona, orquestado desde las tres facciones de la derecha. Un discurso el de la derecha que, por cierto, le ha costado la carrera política a Rivera, de quien nadie entiende que estuviera en esa guerra para decir lo mismo que Vox. Yo estoy convencido de que la única manera de solucionar el problema catalán es la que propone Sánchez, porque con el palo y tentetieso, lo que se consigue es revivir al separatismo. Los Torra y similares se alimentan de victimismo; si la sentencia hubiera sido más suave tendrían menos argumentos, cada palo que se les da los resucita. Pero esta es una opinión personal.

Volvamos al debate. Calló Sánchez después de dos horas de propuestas y se dirigió a su escaño. Sus propuestas eran todas cojonudas, salvo por el detalle de que no se sabe cómo se van a gestionar y financiar, pero es obvio que nadie va a soltar un discurso en ocasión semejante prometiendo que va a contaminar más, que va luchar por una sociedad más desigual, que va a promover el machismo, etc. Lo que prometen los candidatos siempre es buenísimo y los folios de los discursos lo aguantan todo. Pero, repito, su tono fue conciliador, reconociendo que la derecha había obtenido muchos apoyos y ofreciendo llegar a soluciones de consenso. Y en eso salió Casado a la palestra. Y su discurso fue un puro insulto, una descalificación permanente, un ataque inmoderado y maleducado al candidato, sin lanzar una sola propuesta alternativa. Pueden comprobarlo, imagino que está enterito en Youtube.

Sobre Casado les reto también a que encuentren a lo largo de este blog una sola frase negativa. Siempre me había producido una especie de ternura. Pensaba que era muy joven y que tenía cierta madera de político a la que sólo necesitaba añadirle un poco de experiencia. Le disculpé incluso cuando le soltó a Sánchez una ristra de insultos en una entrevista (felón, inepto, okupa y no sé cuántas cosas más). Atribuí esa sarta de improperios a su inexperiencia. Ese talante bronco y casi tabernario llevó al PP a obtener en abril los peores resultados de su historia. De esa época es el comentario, que me pareció entonces muy acertado, publicado sobre él por Iñaki Gabilondo y que pueden escuchar AQUÍ.

Tras la debacle del PP en abril, me congratulé de su cambio a un talante más moderado, no sé si motu proprio o aconsejado por sus asesores. Se tranquilizó, pasó a hablar más en estadista y se dejó la barba. Y en noviembre mejoró mucho sus resultados. Por cierto, Rivera dio el bajón en estas segundas elecciones, después de su tono faltón y desagradable en el primer debate, cuando dijo aquello del sanchismo, la banda y la habitación del pánico. A los españoles no nos gustan los maleducados. Y yo pensé que Casado había aprendido la lección y se preparaba para ser un jefe de la oposición duro, implacable y peleón, pero educado. Por eso me ha defraudado plenamente su serie de intervenciones en el nuevo pleno de investidura. Ahora ya no me parece ni siquiera un abanderado de la tuna, como decía Gabilondo. Ahora está cobrando un aire que recuerda más al del bufón Calabacillas, que inmortalizara Velazquez, y a las imágenes me remito.







Sigamos con la lista. Poco tengo que decir de Vox. Me parece un grupo filofascista, cuyo ideario es peligroso, pero tengo que reconocer que son coherentes. Estos no dan ningún bandazo, su posición es siempre la misma. Lo lamentable es que tanto Casado como Ciudadanos copien su discurso. En el Pleno de investidura, Abascal estuvo como siempre. Brillante, rotundo, seguro, sólido, hiriente. Insultó y mucho, pero eso es lo que hace habitualmente su grupo. Y está bien que haya un partido que represente a los cazadores, los toreros, los tardofranquistas y los fachas en general. Esta gente tiene que tener su voz en las Cortes. Y ya que estamos con imágenes comparativas, Abascal creo que sería perfecto para sustituir al negro del caballo en el anuncio del desodorante Old Spice. Es un hombre de verdad.


Vamos con Pablo Iglesias. Yo creo que este señor ha mejorado bastante. Si siguen mi blog, sabrán que le tengo bastante manía a este caballero con coleta. Como carmenista y errejonudo que me proclamo, no le puedo perdonar que echara a perder las candidaturas de ambos, haciendo que la izquierda en Madrid perdiera contra los candidatos más flojos de la historia de la derecha. Pero, en fin, con pequeñas excepciones en su discurso, su tono se ha moderado bastante y su discurso trató de salvarse de la cacofonía que se organizó en el Pleno y que acabó arrastrando al propio Sánchez, que perdió en las réplicas su tono tranquilo, aunque no la educación. ¿Y qué dicen sus críticos? Que esta conversión en moderado es sólo una estrategia para entrar en el gobierno, que una vez instalado en el poder mostrará su verdadera personalidad de comunista y radical.

Puede que sea cierto. Pero yo no me lo creo; a mí me parece que su conversión es sincera, que es el resultado de lo que ha aprendido en los últimos meses. ¿Y saben por qué? Pues precisamente porque la otra explicación supondría reconocerle a este señor un talento estratégico que yo creo que no tiene. Si lo tuviera, Carmena y Gabilondo serían ahora los que mandasen en Madrid, en vez de Almeida y Ayuso. ¿Y a quién podemos asimilar la figura de este señor? Pues yo creo que la modernidad inicial de su imagen con los vaqueros y la coleta, está ahora derivando en la efigie madura, erudita, doctoral y cargada de hombros de un personaje atormentado y rancio de novela decimonónica, o incluso de los tiempos de Cervantes; tal vez El Licenciado Vidriera que, afectado por un encantamiento, se convirtió en un tipo que podía responder a todas las preguntas y era enseñado como tal en las plazas de los pueblos. Iglesias no desentonarían en un escenario como el de abajo, representación reciente en el teatro de la exquisita novela cervantina.


Arrimadas. Ufff. Esta señora dicharachera y pizpireta no ha aprendido nada de lo sucedido a lo largo del año. Joder, que a Rivera se lo ha llevado el viento por sostener la posición que ahora mantiene ella. Ciudadanos era un partido fundamental en España. Ocupaba el centro-derecha, era la pieza clave del arco parlamentario. Haciendo un uso lógico de esa posición, contribuyó a facilitar la gobernabilidad de Andalucía (con el PSOE) y de Madrid (con el PP), por citar dos ejemplos opuestos. Estaba en la situación ideal para pillar cacho por los dos lados, según mejor le conviniera. Y fue entonces cuando su líder Rivera se volvió loco y convirtió al partido en Ciudadanospedorros. Con el resultado que se vio en noviembre. La fidelidad de la señora Arrimadas a los postulados de su mentor es conmovedora, pero está destinada al fracaso. De hecho, las últimas encuestas de intención de voto de ámbito nacional pronostican la práctica desaparición del partido que pronto encabezará esta señora. Sus intentos de embaucar a alguno de los parlamentarios del PSOE fueron sencillamente patéticos. ¿A qué figura podríamos comparar a esta hermosa mujer, de verbo suelto, castizo y desenfadado? Pues tal vez a Conchita Bautista, por aquello del salero, por no hablar de Rosalía.


Así pues, estaban los tres socios de la derecha calientes y listos para saltar a la menor oportunidad. Y aparecieron Rufián y la señora de Bildu. Rufián conoce muy bien el arte de la provocación. Nadie mejor que él para echar sal en las heridas de los demás. Su figura y su verbo son un compendio de chulería, fanfarronería y matonismo bravucón. Y estaba en el escenario ideal. Con que hubiera dicho la mitad de lo que dijo habría bastado. Rufián lleva lo que es en el apellido. Y la señora de Bildu lo lleva en la cara. La típica matriarca vasca, que, por apuntarse al rollo abertxale, se ha cortado el pelo con las tijeras de podar sin quitarse el secador de la peluquería. Y además, lleva unos pendientes a juego con su discurso político. Después de escuchar a Rufián, esta señora supo lo que tenía que hacer: citar a Otegui y meterse con el rey. Con eso era suficiente para liarla. El resultado de todo esto fue un quilombo monumental. Un guirigay impropio de una democracia europea. Este tipo de circos son habituales en las repúblicas bananeras. Tal como comentó un periodista certero, sólo faltó que Teodoro García Egea hubiera llevado un bote de aceitunas sevillanas para dedicarse durante el pleno a lanzar güitos a la bancada de la izquierda, arte en el que, como saben, el secretario general del PP es el campeón del mundo. ¿No se lo creen? pues lo pueden comprobar en este vídeo. 


Me temo que la imagen del Pleno es la que nos espera para toda esta legislatura. Un esperpento. Por cierto, en la calle, a la puerta de Las Cortes, estaba todo el facherío con sus abrigos Loden, sus puros humeantes y sus echarpes de piel de zorro, gritando cosas como no es un presidente, es un delincuente (yo los vi, porque tuve que atravesar la turba enfurecida para poderme dirigir a Malasaña, en donde tenía la enésima comida familiar navideña). Ya sabemos que la derecha no ha sabido nunca perder. En estos momentos, están apurando sus últimas opciones de joderle el invento a Sánchez. La presión se ejerce ahora sobre el pobre hombre de Teruel Existe, cuya casa del pueblo la tienen abrasada a pintadas, mientras circulan falsas noticias por el Whatsapp que le atribuyen contratos para su señora arquitecta a cambio de su voto. ¿Saben por qué sé que es falso? Pues porque si fuera cierto, ya estaría en la primera plana del ABC, La Razón y El inMundo. He entrado en los tres y no dicen nada de eso. Y esa estrategia de acorralamiento tiene un nombre que supongo conocen. Eso se llama fascismo.

Tenía que hablar de esto, que es el tema del día. Y no he esperado a la resolución del enigma mañana por la mañana, porque hoy tenía un rato libre. La legislatura va a ser de abrigo. Ya se pueden ir preparando. En medio del rifirrafe de ataques, Sánchez dijo una cosa (tal vez la afirmación más cierta de todo su discurso): yo trabajo mejor bajo presión. No es original suya, yo ya la había oído. Veremos hasta dónde aguanta. Digo yo que, suponiendo que mañana salga elegido, deberían dejarle gobernar. Al menos los tradicionales 100 días. Y veremos si lo hace bien. En caso contrario yo seré el primero en pedir que se vaya. No lo tiene fácil, con los mimbres que ha de utilizar. Manuel Castells es un fichaje importante, de mucho prestigio. A cambio, nos tendremos que tragar a Alberto Garzón, a quien en este blog hemos bautizado como El Increíble Hombre Menguante, como flamante ministro de Consumo. Será curioso ver a este caballero, con aires de vendedor de batidoras a domicilio, jurando su cargo ante un señor al que se refiere siempre como el ciudadano Borbón.

Y ya que ha salido el tema, les confesaré que yo también soy republicano. Desde un punto de vista teórico y doctrinal es difícil no serlo. Pero, UNO, ahora mismo no me parece un tema urgente que abordar, y DOS, yo soy fiel a los postulados ideológicos y fundacionales de la Segunda República y me parece que, en este momento, la persona que defiende mejor esos valores es Felipe VI. Además, no querría tener que pagarle un sueldo de presidente al señor Felipe González o al señor Aznar, y encima tener que aguantar a la señora que corresponda, con el título de Primera Dama. Quita, quita. 

Si a alguno de mis lectores le parece excesivamente insultante este texto, le pido disculpas. No deje de considerar que esto es el resultado de una sesión de investidura en la que yo me he sentido insultado globalmente por todos ellos. Así que hala, buena semana y a mandar.

jueves, 2 de enero de 2020

898. Brrrrrrooooooooooooooooommm…

Brrrrrrooooooooooooooooommm… bum bum bum brrrrrrooooooooooooooooommm… arrancamos el año a toda pastilla. Ayer fue día de descanso de las celebraciones del finiquito de 2019 y ya estamos calentando motores para salir pitando. Como saben, hasta el día 8 no empiezo a trabajar y aparentemente estoy estos días tranquilo y descansando, pero mi mente ya ha empezado a hervir, centrada en lo que me viene. El 17 de enero presentaremos a la ciudad el proyecto El Bosque Metropolitano, iniciativa estrella de la mitad del gobierno municipal que lidera Ciudadanos. El 26 de febrero tenemos fecha cerrada para celebrar el Meet Up de Reinventing Cities 2. Y a mediados de marzo tendremos que participar de nuevo en el MIPIM de Cannes, para vender estas y otras líneas estratégicas municipales. Así que agárrense que vienen curvas.

Hace dos años montamos un Meet Up similar, pero nos ayudó a organizarlo una empresa externa contratada ad hoc. Ahora, ya sabemos hacerlo nosotros, pero es un curre importante. En Cannes, hace dos años, el stand de Madrid lo financiaba y organizaba la Comunidad de Madrid y mi compañera M. y yo acudimos allí como invitados incidentales. Este año parece que lo vamos a montar nosotros (ya tenemos un presupuesto reservado para ello), otro reto al que nos hemos comprometido. En fin, que a mi jefa no hay quien la detenga en su ascenso al estrellato y nos va a poner firmes a todos, como el sargento que instruía a los reclutas en La Chaqueta Metálica. Así que, como les digo, el 2020 asoma ya montado en el vértigo. Viene a cuento escuchar este tema de U2, que habla del New Year’s Day, una composición cortante como un cuchillo jamonero. No se la pongan en grande, la mirada del chico de la foto fija ya es difícil de soportar en pequeño. Mejor déjensela como fondo sonoro.


Todo está tranquilo en el Día de Año Nuevo, un mundo en blanco está surgiendo. Así arranca este tema inquietante muy bien interpretado, que luego habla de cosas tremendas que van a pasar, aunque termina proclamando que nada cambia en el Día de Año Nuevo. La canción es de 1983 y lo cierto es que el mundo ha cambiado un montón en estos años y estamos en una deriva no exenta de riesgos. Lo del clima y la contaminación generalizada del planeta es preocupante, aunque algunos paletos no lo quieran ver, como el señor Trump y otros. El ser humano es una especie tóxica para la Tierra, que se defiende como puede. Estos días, los noticiarios nos informan de las inundaciones que asolan Indonesia. Son ya un fenómeno crónico, debido a la climatología extrema que afecta a ese país, como a otras áreas tropicales. Sin ir más lejos, en Madagascar, empiezan ahora una estación de huracanes y tornados, que se extiende hasta finales de abril.

Países como estos en los que el nivel económico-social es bajo, están en inferioridad de condiciones para afrontar estas catástrofes. La construcción es de muy baja calidad y los ciclones se llevan los tejados, mientras los ríos se desbordan y arrastran lo que queda. En lugares donde se construye mejor, como en Japón, o en Singapur, la incidencia de los fenómenos climáticos extremos es menor. Es fácil pensar: es que la gente ha construido sus chabolas en lugares inundables, totalmente inadecuados para implantarse. Pero durante décadas esos poblados han sobrevivido sin tanto problema, porque el clima era más benigno. Veamos unas imágenes de las inundaciones de este fin de semana, que han causado en torno a 30 muertos en Indonesia.









En particular, la capital Yakarta, sufre un fenómeno adicional tremendo: la ciudad se está hundiendo gradualmente. Tenía debajo un acuífero valioso, pero la gente lo ha agotado construyendo pozos y ahora está básicamente hueco, de modo que los grandes edificios urbanos, que pesan mucho, están venciendo la resistencia de las rocas que lo cubren. Así que las inundaciones son cada año peores. Y el gobierno se ha hartado de esta situación que todos los años se repite agravada y ha decidido construir una capital administrativa nueva, en una zona ambientalmente más segura de la isla de Borneo (Yakarta está en Java). Esto es algo que ya han hecho antes tantos países: Brasil, Corea del Sur, Birmania, Sri Lanka, Maldivas, Nigeria. La antigua capital sigue conservando el carácter de principal centro financiero y capital comercial del país. Pero el gobierno se marcha a un lugar mejor construido, más seguro, más moderno y sin congestión ni contaminación. Aquí tienen una imagen de uno de los suburbios de Yakarta, cuya sola visión explica por qué esta es una ciudad en riesgo cíclico de graves inundaciones. 


La nueva capital, que aún no tiene nombre, no estará lista hasta 2024. Yakarta tiene 10 millones de habitantes en la ciudad y 30 en el conjunto metropolitano. Precisamente para esos 10 millones que viven en la propia ciudad, trabaja mi querida amiga Tantri, a quien conocí en el workshop de C40 en Portland (Oregón) en julio de 2017. Ya ha pasado una eternidad, pero mantengo con ella un contacto permanente. Es una pena que esté tan lejos, porque en aquel workshop establecí con ella lazos afectivos sólidos, igual que con Clare Haley, de Londres y Shannon Ryan de LA. Con Shannon ya me he encontrado otras dos veces, en LA y en Chicago. Clare estuvo en Madrid seis meses, yo la conocí nada más llegar y ahora está tan cerca que no la he ido a ver por la misma razón que no visito el Museo del Prado, que está a cincuenta metros de mi casa (estuve con Barbara hace una semana). Uno de los objetivos evidentes de mi proyecto de viaje alrededor del mundo, era precisamente visitar a estas tres amigas (y a otras y otros de mis contactos foráneos). Pero Tantri era una especie de leyenda para mí, por lo lejos que está. Aquí pueden ver una de las fotos que nos hicimos en Portland.  




Cherchez la femme, que decimos los políglotas. Pero, miren ustedes por donde, resulta que no voy a tener que esperar a hacer mi viaje de vuelta al mundo, pospuesto hasta después de mi jubilación, para encontrarme con Tantri. Porque mi amiga se ha conseguido una beca de dos meses y medio en Rotterdam para una especie de máster exprés/residencia. Ante mi ansiedad por verla, ya me ha hecho saber que estará muy ocupada en los días lectivos, pero que podríamos encontrarnos algún fin de semana, en Rotterdam, en Madrid o en alguna ciudad intermedia para visitarla juntos. En fin, que esta es otra historia que se me va a mezclar en estos vertiginosos cuatro meses que empezaron ayer. Porque, además, mi amigo Alain Sinou prometió invitarme a dar una nueva clase en la Universidad Paris Huit, más o menos en las mismas fechas, así que no sé cómo voy a compatibilizar todos mis compromisos.

A finales de abril, se cierra el plazo para presentar propuestas en Reinventing Cities 2, y mucho me temo que esta vez va a haber una avalancha de expresiones de interés, con lo que el Jurado será algo mucho más complicado que el que organizamos hace dos años, cuando logramos con mucho esfuerzo que se presentasen 20 proyectos. Y probablemente con mucha mayor interferencia de intereses inmobiliarios y gremiales de los arquitectos, que tendremos que intentar controlar para que no nos distorsionen la limpieza del procedimiento. Total, que voy a estar súper liado hasta casi el verano, pero para eso me he quedado en el Ayuntamiento, para vivir ese año apasionante que me espera. En 37 años que llevo en mi puesto, ni una sola vez me he quejado de exceso de presión. No sé si me sucederá que, a la vejez, viruelas.

El caso es que me siento en estos días de calma chicha como el guerrero que vela sus armas. Desde aquí al día 8 tengo casi una semana de relax, con algunas celebraciones retrasadas y eventos lúdico-festivos que me están sirviendo para cargar las pilas. Por ejemplo, esta mañana he tenido un grato recorrido por un tramo de Madrid Río, con mi querido amigo X y un tercer elemento, mi ya también amigo Pedro, que tiene 90 años cumplidos y es el que mejor está de los tres (físicamente y de cabeza). Hemos rodeado las obras del Calderón y nos hemos despedido con una caña en el bar El Alegre. La amable dueña del lugar nos ha hecho la foto que les dejo de cierre. En la que, por cierto, si se fijan bien, verán al fondo que la televisión está dando un telediario en el que se informa de las inundaciones de Yakarta. Visto así en la tele, desde un bar en una ciudad magnífica y segura como es Madrid en estos momentos, todo eso resulta muy ajeno y remoto, pero está sucediendo ahora mismo. Listo para la batalla, les reitero mi mensaje habitual: sean felices. Y una vez más: Feliz Año Nuevo.