lunes, 18 de noviembre de 2019

886. Las claves del abrazo

Todo el mundo tiene ahora mismo en su mente, más o menos conscientemente, una duda. Me refiero a la sorpresa, por contraste, entre lo poco que se tardó en conseguir el Abrazo de Vergara, apenas 24 horas, y la larga e infructuosa lucha anterior de sus protagonistas durante seis meses, para no llegar a ningún acuerdo viable, cuando parecía algo muy fácil. Es muy raro ¿no? Los gallegos, que solemos ser desconfiados, tenemos un dicho respecto de estas cosas: Algo ten o cordeiro baixo o rabo. Tiene que haber una explicación oculta, unas claves de ese cambio tan radical. ¿Dónde están las claves, materile-rile-rile? La explicación más inmediata, la primera que le viene a uno a la cabeza es pensar que, como dice el refrán, a la fuerza ahorcan. Que han decidido colaborar porque no les queda más remedio. Porque, si no se pusieran de acuerdo y se llegasen a convocar otras elecciones, ganarían ya las derechas, a caballo de Abascal y sus huestes. Abunda en esta línea explicativa la excelente viñeta de El Roto del día siguiente, certera cual piercing en pezón de rubia influencer exitosa. Véanlo. 


Impresionante. Pero, buscando en mis fuentes habituales, he encontrado otra explicación más sutil. El gran Jaume Reixach, el director de El Triangle, es siempre una referencia para mí. En sus artículos encuentro un tipo de análisis de la actualidad que comparto casi en su totalidad, junto con precisiones y matices que me descubre y sobre los que inmediatamente pienso: pero cómo no se me ha ocurrido a mí algo tan obvio. Eso, unido a un optimismo histórico casi tan indestructible como el mío, me hace admirar un montón a este periodista superlativo. Les pido que lean detenidamente su última publicación en El Triangle, nada más conocerse el abrazo de marras. Han de pinchar AQUÍ. Les prevengo que este hombre escribe en catalán y lo que yo les he puesto es una traducción automática, lo que explica algunas discordancias de lenguaje.

A partir de lo que dice este señor, junto con otras informaciones de las que ya disponíamos, se puede elaborar un relato de lo sucedido. Un relato imaginario, pero verosímil (esa es la esencia de la literatura, que es de lo que va este blog). En primer lugar, según Reixach, todo parte de la corrupción, la Gurtel y la sentencia de mayo de 2018, que parece implicar al propio presidente Rajoy. Un paréntesis sobre esto: las sibilinas frases que implicaban entonces a Rajoy, han sido luego duramente criticadas y descalificadas por la judicatura, por presuponer responsabilidades que no estaban probadas, algo ampliamente jaleado desde El inMundo y el ABC y que tiene muy cabreada a toda la derecha. Con razón. Pero no es menos cierto que en los papeles de Bárcenas aparecían claramente identificados los pagos a un tal M.Rajoy a lo largo de años. Todos pudimos ver esos apuntes en los renglones amarillos del famoso dossier. Tal vez eso estuviera detrás del hecho incontestable de que el juez de la Gurtel se vino arriba, se extralimitó y le dio la gracia al texto. A lo mejor estaba tan convencido de la implicación de Rajoy en el tema, que no pudo evitar reflejarlo en la sentencia.

A lo que íbamos. Esa sentencia dio pie al jaque de Sánchez, un experto en artimañas de filibustero, curtido en batallas que todo el mundo considera imposibles pero que él gana luego para sorpresa general, como la recuperación de la secretaría general del PSOE cuando nadie apostaba por él. El tipo plantea una moción de censura y todo el mundo piensa que está loco y que no tiene ninguna posibilidad. Pero se conjugan aquí varias circunstancias con las que nadie contaba. La primera, el voto a favor de los catalanes. En octubre del año anterior, los secesionistas habían intentado forzar la independencia y comprobado que era imposible, mientras su porcentaje de votantes no llegara ni al 50% y no contasen con apoyo de ningún Estado externo. Desde entonces, el único objetivo de estos señores en las Cortes Españolas es dar por culo. Y en el momento de la moción de censura vieron una ocasión pintiparada para ello. Se dio además otra circunstancia imprevista: la cerrazón en banda de Rajoy a dimitir y permitir así que continuara un gobierno del PP encabezado por Soraya, a pesar de que lo tuvieron una tarde entera secuestrado en un restaurante intentando convencerlo.

Y hubo también una tercera circunstancia, que pasó inadvertida, pero que es clave para lo que vino después. Ciudadanos votó en contra de la moción de censura. Si repasan la serie histórica de las estadísticas de intención de voto, en esos momentos Ciudadanos encabezaba las encuestas. Era la opción que más seguidores tenía, seguida del PSOE. Los españolitos valoraban el intento de ambos partidos de lograr un pacto de estado y castigaban a Podemos por haberlo torpedeado y al PP por el hartazgo de la corrupción. La gente entendía importante que hubiera dos opciones moderadas de centroizquierda y centroderecha y Ciudadanos cultivaba con mimo esa imagen de moderación. Por ejemplo, cuando se votó la exhumación de Franco, la proposición contó con los votos a favor de la mayor parte de los grupos de la cámara, entre ellos Ciudadanos. Se abstuvieron el PP y ERC, por razones opuestas. Y sólo se registró un voto en contra: una señora del PP que se equivocó al pulsar el botón.

A Rivera, la jugada de Sánchez le pilla de sorpresa y le descoloca. Decide quedarse al margen y se equivoca. Si hubiera apoyado la moción de censura, Sánchez podría haber gobernado cómodamente con ellos, sin necesidad de hacer un gobierno frankenstein, como lo bautizaron rápidamente en El inMundo. Pero Rivera, en esa encrucijada, se decanta por el lado contrario. Y ese es el punto de inflexión en la trayectoria de Ciudadanos. Desde entonces la deriva de su líder ha sido una sucesión de errores de estrategia, una cabezonería que ha llevado finalmente al partido a la irrelevancia. Un inciso: Rivera fracasó al intentar el sorpasso al PP, igual que antes fracasó Podemos al tratar de hacérselo al PSOE. Apostaría a que la palabra sorpasso va a ser desterrada para siempre del vocabulario político cotidiano: es obvio que trae mala suerte. El caso es que Sánchez se ve en La Moncloa e improvisa un gobierno bastante llamativo y sorprendente, con gente tan presentable como Borrell o Calviño. En la propia moción había prometido (con la boca pequeña) que convocaría enseguida elecciones, pero luego se encuentra a gusto y decide continuar todo lo que pueda.

Y su trayectoria monclovita se prolonga hasta un momento concreto. Hasta que lleva al Pleno la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. Se trata de unos presupuestos muy sociales pactados con Podemos. Entonces, la cosa fracasa ¿recuerdan por qué? Sí señor: porque los catalanes votan en contra. ¿Y por qué actúan de esa manera? Pues ni lo duden: para dar por culo. El caso es que Sánchez se ve obligado a convocar elecciones y las gana. Parecía entonces que formar gobierno sería pan comido, el programa se podía basar en los presupuestos ya pactados con Podemos, el PNV apoyaba y ERC estaba dispuesto a abstenerse. Pero, para sorpresa y cabreo generales, no se llegó al acuerdo. Y aquí viene la sorprendente explicación de Jaume Reixach, que yo no digo que me crea al 100%, pero que veo posible. Dice este señor que ese acuerdo hubiera generado un gobierno muy débil e inestable condicionado a la volubilidad de Podemos y un montón de grupos más, además de ERC dejando hacer. Y que Sánchez hizo fracasar intencionadamente la negociación, porque la sentencia del prusés, que amenazaba en el horizonte, era una bomba de relojería con fecha fija y no le parecía prudente afrontar las previsibles revueltas con un gobierno de ese tipo.

El prusés va siguiendo una hoja de ruta incombustible. Respecto a la sentencia pendiente, todo el mundo en Cataluña sabía que el veredicto iba a incluir condenas altas (la sedición es indiscutible). Y en la hoja de ruta prusesista ya tenían previsto que, ante esa sentencia, se iban a enfadar mucho. Hasta tenían un grupo preparando atentados, que fue abortado por la Guardia Civil. Dice Reixach que Sánchez prefirió afrontar esas revueltas potenciales con un gobierno en solitario, en funciones, que ni siquiera tiene que dar cuenta al Congreso de sus actuaciones y, desde luego, sin ministros podemitas. Superado el trago de la sentencia y las revueltas, ahora ya se puede dar el abrazo con Iglesias y tocar madera para que se pueda ampliar ese acuerdo. Reixach, que es un optimista irreductible, termina su artículo convencido de que para Navidad tendremos gobierno. Yo tengo mis dudas, pero ojalá. Coincido con él en que sólo desde un cierto nivel de diálogo, como el que promueve el PSOE, se puede solucionar el conflicto catalán. Con el 155 y los remedios de Abascal, lo único que se conseguirá es un mayor grado de encarnizamiento. Y estamos ante un tema muy peligroso. En el post anterior hablaba yo de balcanización de España y algunos lectores me han tachado de alarmista. Hoy les pido que lean la entrevista con Slavenka Drakulic, reputada cronista del desastre yugoslavo, publicada en El Confidencial el día 16 (y por tanto posterior a mi post: cuando yo hablé de balcanización no conocía esta entrevista). Han de pinchar AQUÍ.

Quiero detenerme por último en un matiz. Reixach se pitorrea de los disturbios de estos días en Cataluña, que califica de tormenta en un vaso de agua. La verdad es que produce cierto sonrojo el nivel de virulencia de estos disturbios. Como decía el otro Jaume (Sisa), los catalanes salen, dan dos voces, rompen algunos cristales y luego a dormir que mañana hay que abrir la botiga. Lo que se ha montado en Cataluña es un juego de niños, comparado con lo que está sucediendo en este mismo momento en Hong Kong, en Santiago de Chile o en Bolivia, por no hablar de la franja de Gaza. Son éstas revueltas que defienden causas justas, que denuncian situaciones reales de grave injusticia que no tienen visos de solucionarse, lo que produce una frustración ciudadana real. Y, cuando se trata de causas justas, la desobediencia civil está justificada. Como una imagen vale más que mil palabras, les voy a dejar de propina una foto tomada uno de estos días en una calle de Santiago de Chile, que me parece muy impresionante y con un alto grado de simbolismo. Que tengan una buena semana.



jueves, 14 de noviembre de 2019

885. Reflexiones infames

Vaya, pues he terminado el relato de mis aventuras por Madagascar y miren ustedes que tengo así como una sensación de vacío, un vértigo, una inquietud, un come-come que casi no me deja ni dormir y que se puede sintetizar en una frase: ¡Y ahora de qué hablo yo, quillo! Y dirán ustedes: pues de la actualidad, de las elecciones y todo eso. Bueno, qué aburrimiento, pero vamos a ello. En sintonía con un chascarrillo de esos que te mandan por Whatsapp, yo también añoro aquellos tiempos dorados en que Vox era un diccionario, Rivera un vino, Casado un estado civil y Pedro y Pablo los Picapiedra, secundados por Wilma. Quién los pillara. Los políticos españoles actuales son todos de suspenso, yo ya les he dicho que echo de menos al señor Rajoy, por no ir más atrás. Así que para empezar les vamos a poner a todos un cero. Se lo ponemos los ciudadanos.



Mi reflexión es sencilla: ha ganado Vox y han perdido todos los demás. Bueno, también han ganado los independentistas, esos llevan ganando muchos meses, otra cosa es que sean conscientes de a dónde van. Con el resultado de las elecciones, nuestro país se ha balcanizado un poquito más. Ya teníamos unas cuantas figuras homólogas de Franjo Tudjman y Milan Kučan, los artífices de las independencias de Eslovenia y Croacia, al respective inverso, honrados como héroes nacionales en sus países, de cuyas repúblicas fueron también los primeros presidentes. Unos tipos bastante siniestros, pero no menos que Pujol, Arzallus y demás impulsores de las independencias vasca y catalana. Aquí lo único que nos faltaba para liarnos a bofetadas era un Milosevic. Y ahora tenemos a Abascal. Algunos piensan que Vox es un globo y que se pinchará. Ojalá acierten. Yo no las tengo todas conmigo. Yo creí que no llegaría tan lejos, como también pensé que el Dépor ganaría un partido algún día pero, como decía un profesor muy cursi que tuve de niño, el creique y el penseque son hijos de Doña Ignorancia y Don Perdereltiempo. Frente a Vox no podemos hacer otra cosa que tocar madera, porque Abascal es un tipo bastante brillante, que se come a sus contrincantes con patatas alioli, como se vio en el debate.

Y los demás están a uvas. Sánchez la ha cagado a fondo convocando estas segundas elecciones y ahora tiene que tragar con Iglesias le guste o no. Y con diez diputados menos entre los dos. El Abrazo de Vergara se lo podían haber dado en mayo y mejor nos hubiera ido a todos. Por no haber sido capaces de negociar y pactar entonces, los electores les han castigado claramente. El PSOE ha perdido 727.000 votos y Podemos 635.000. La gente ha repartido culpas entre ambos. A mí me cuesta creer que ese millón y pico de votos hayan ido a otros partidos, aunque Vox presume de haber atraído a votantes del PSOE y no creo que sea de farol. La mayoría se han ido, supongo, a la abstención. Una abstención merecida, tras el espectáculo que nos ha tocado sufrir durante seis meses. A donde, seguro, no han ido esos votos es a Ciudadanos.

Voy a dejar a Rivera para el final y hablar de los demás. Casado ha manejado sus armas con inteligencia, a base de enseñar poco a Cayetana y alardear en cambio de tener en su partido a Ana Pastor, que es de lo mejorcito de este país. Con eso y un poco de moderación y buenas maneras ha empezado a recuperar lo que perdió en abril. Ahora le espera una legislatura cómoda como jefe de la oposición, aprendiendo y creciendo políticamente. Sólo tiene que mantener el libro de estilo y cuidar el flanco derecho, que Abascal viene desbocado. Si es un poco listo, no le costará mucho diferenciar su discurso del de Vox. Y nos queda Errejón. Mira que me he proclamado reiteradamente carmenista y errejonudo en este blog. Pero una cosa es ser errejonudo y otra ser tonto. Este señor se ha precipitado, ha enhebrado malamente una candidatura bastante endeble y ha terminado por hacer un sanchezmato. Vamos, que se ha lucido. Menos mal que lo vi venir y no se me ocurrió votarle, si no estaría ahora buscando mi voto en el contenedor, como el tipo de la viñeta del otro día del Roto. 

Lo que ha pasado con Ciudadanos era algo que también se veía de venir. Todo el mundo se lo esperaba, menos el propio Rivera. Yo creo que hasta Malú se lo imaginaba. Es que Ciudadanos nació como partido de centro, como bisagra, para apoyar a un lado o a otro según conviniera. Su ideario de partida era socialdemócrata y con ese credo lograron ser la lista más votada en Cataluña. ¿Qué hicieron con ese importante acervo? Nada, y ahí la empezaron a cagar. Se vinieron a Madrid y se travistieron en liberales y luego en ultraliberales. No olvidemos que, en su primera vida, llegaron a tener un pacto de gobierno con Sánchez, que no salió por la postura cerril de Iglesias, que sólo tenía que abstenerse y no fue capaz (sus delirios de Juego de Tronos le hicieron confiarlo todo a un imposible sorpasso al PSOE). También en su primera vida, llegaron a encabezar las encuestas de intención de voto. Eran los primeros y sólo hace de eso año y medio. A partir de entonces, a Rivera se le fue la olla, empezó a soñar también con hacerle el sorpasso al PP y se mostró tan bisoño como Iglesias. 

El colmo de esa deriva fue la mala educación mostrada en la sesión de investidura, toda esa mierda del sanchismo, la banda y la habitación del pánico. Y que luego no acudiera siquiera a la llamada de Moncloa, cuando se hizo la ronda de consultas. Si a alguien odian especialmente los españoles es a los maleducados. El batacazo, como yo pronostiqué, ha tenido dimensiones bíblicas. El problema ahora de Ciudadanos es que, sin Rivera, no son nada. Los fundadores del partido se han ido marchando, a medida que la deriva de su líder se iba agudizando. Su gesto de dimitir ha sido bien valorado por todo el mundo y a mí también me parece bien. No tanto su discurso infantil, intentando dar pena y sin el menor atisbo de autocrítica. Los memes de los españolitos no se hicieron esperar. Estaba yo viendo su discurso en directo por el ordenador cuando ya me llegó al móvil el siguiente mensaje: se confirma que Rivera será el nuevo guitarrista en la gira de Malú. Poco después, le dieron forma a la idea con el photoshop, como ven abajo.


La verdad es que con una mujer como esta, yo también me retiraría de la política, o de cualquier otra cosa que me distrajera de mi objetivo central en la vida. Es que realmente, los tíos estamos tontos, porque, si no, no se explica la reciente información aparecida en la prensa, según la cual el juguete erótico más vendido este otoño es el succionador de clítoris Satisfyer. Por si creen que les estoy engañando, pueden pinchar AQUÍ y comprobarlo. Se puede comprar por Amazon y cuesta sólo unos 35€. El sexo es vida, no creo que usted, querido lector, tenga la menor duda al respecto y yo entiendo que, si una mujer necesita comprarse un Satisfyer, es porque no está bien atendida. Porque su hombre se dedica a la política, el urbanismo o cualquier otra mamarrachada de esas que nos sorben el seso a los varones. Por poner un ejemplo cercano, la presidenta regional Díaz Ayuso presume todo el rato de ser muy feliz y estar perfectamente atendida en ese terreno, en el que ya saben que comparte su vida y amor con un famoso peluquero. Esa plenitud se nota en algunas de sus imágenes, cuando huye del encorsetamiento oficial al que le obliga su puesto. Véanla en la foto de abajo, en un descanso en la Asamblea madrileña. Una imagen vale más que mil palabras y parece claro que esta mujer no necesita un Satisfyer.


Y, hablando de encorsetamientos, les confieso que ya estaba empezando a hartarme del formato de mis anteriores posts, en los que me veía obligado a continuar el relato de mi viaje a Madagascar sin salirme apenas del guión, para que no se me estirase hasta navidades, lo que me impedía irme por los cerros de Úbeda, que es lo que a mí me gusta. Es decir, empezar analizando los resultados electorales y acabar hablando de mujeres, un tema mucho más suculento y agradecido. Es que ya saben que yo soy un blogger y no sólo un blogger sino encima un influencer, tarea en la que me ayudaría mucho ser mujer y guapa, pero hago lo que puedo con lo que hay. ¿Creen que exagero? Pues vean: la reina mundial de las influencers es una italiana que se llama Chiara Ferragni, tiene 32 añitos y se desempeña en el mundo de la moda. Su blog The blonde salad registra cada día más de 110.000 visitas. Vean una foto suya y seguimos. 


Esta señora es un portento de dimensiones planetarias. Su cuenta de Instagram tiene más de 17 millones de seguidores. En 2017 la revista Forbes la señaló como “el factor de influencia más importante en el mundo de la moda”. Hace anuncios en exclusiva de Swarovsky, sale en portadas de las revistas más influyentes y su última aventura ha sido protagonizar un documental sobre ella misma dirigido por una prestigiosa directora italiana llamada Elisa Amoruso. El documental es tan bueno que fue presentado en el festival de Venecia, en el mes de septiembre pasado. Chiara Ferragni asistió al estreno, para lo que se enfundó en un precioso vestido de Dior comprado para la ocasión. Estaba resplandeciente. El problema es que el vestido le jugó una mala pasada mientras saludaba, como pueden ver abajo, lo que, unido a que se pudo observar en donde lleva esta belleza un piercing, redundó en una nueva dimensión de su fama.


Ponerse un piercing en semejante lugar requiere valor y personalidad, además de, entre otras cosas, puntería. Esta ha sido una de las imágenes virales de este otoño, lo que pasa es que ustedes no se enteran de estas cosas si no las encuentran en mi blog, tan focalizados como están con las elecciones y otros asuntos igual de aburridos. La verdad es que vivimos en un mundo absurdo, en el que algo tan natural como enseñar una teta, se convierte en un problema. Es algo que parte de un prejuicio que las mujeres de hoy en día tratan de combatir y les pongo un ejemplo. Es bastante frecuente ahora que las madres recientes le den el pecho a sus hijos en los parques o en los cafés (y hasta en el Congreso de los Diputados). Sin embargo en estas situaciones siempre aparece alguien a quien le molesta (imagino que es algo común entre los votantes de Vox) y que, con tono de mucha irritación, le suelta a la doña lactante la fórmula mágica: cúbrase señorita. Ante esa exigencia tan perentoria, una mujer de Toronto reaccionó como se ve en la foto.


Es que realmente, la teta tiene tanta simbología alrededor, en este mundo machista y abstruso, que muchas mujeres caen en la bobada de agrandárselas con implantes de silicona. Por ejemplo, ahora mismo en Brasil lo difícil (y lo más valorado) es encontrar una mujer que no se haya hecho nada en el cuerpo. Hace años solía yo correr con una amiga que, en mi opinión, estaba muy bien tanto física como mentalmente. Un día la llamé para ver si nos apuntábamos juntos a una media maratón y me dijo: no puedo, porque me voy a operar dentro de unos días. –Y de qué. –Del pecho. –¡Joder! –la exclamación me salió del alma– ¿sabe tu chico que después el tacto no tiene nada que ver con el natural? –Jajajá ¿Eres experto en el tema? –Desde luego. –Nosotros también somos conscientes, pero es que yo tengo complejo y, cuando una mujer sufre porque tiene ese complejo, la intervención está indicada. En fin, qué quieren que les diga. Para ayudar en la lucha contra ese complejo, algunas mujeres, como la guapísima actriz Keira Knightley llevan a gala su pecho pequeño y hacen bandera de él todo el tiempo. Lo mismo que otras muestran el pelo de los sobacos como reivindicación. La teta pequeña es también una reivindicación y otra línea de la lucha feminista. Y hasta hay una marca de camisetas que incorpora ese mensaje (No tengo tetas).  



La de cosas que aprenden ustedes en este foro. En realidad, huir de la civilización tres semanas a un lugar como Madagascar, te da otra perspectiva de la realidad y del mundo. Uno vuelve de un lugar como ese con la escala de valores revisada. El otro día estuve en el teatro viendo la obra Parque Lezama, una estupenda comedia con dos actores argentinos soberbios. Si no la han visto, se la recomiendo sin dudarlo. El protagonista es un tipo ya mayor, que fabula todo el rato sobre lo que fue su vida, inventándose pasajes delirantes. Le da el contrapunto otro personaje que es el típico amargado, que por sistema no se cree nada de lo que le cuenta el primero. Pues nada, ustedes queridos lectores, hagan el favor de no ser matitis y créanse lo que yo les cuento, aunque está claro que a mí también me gusta fabular. Y, ya que hemos empezado con los resultados electorales, una reflexión final. Las elecciones, como los referendums, son muy peligrosas. Como se te vayan de madre, se pueden convertir en un arma de destrucción masiva, y si no que se lo pregunten a Evo Morales. Como he leído en alguna parte, cuidado con las elecciones, que las carga el diablo. Y, en este caso, el diablo no viste de Prada. El diablo viste de Vox. Sean felices. 

domingo, 10 de noviembre de 2019

884. Mdgscr 9: el final del viaje

Dediqué ayer la jornada de reflexión a escribir este texto y procedo a publicarlo antes de ir a votar. Y que nos pillen confesaos. El decimonoveno día de nuestro periplo tuvo poca historia. La ducha y el desayuno desmerecieron bastante de lo que esperábamos de un hotel tan bonito, construido en medio de una selva espesa. Salimos temprano a visitar el Parque Nacional de Ranomafana, al parecer el más valorado por las agencias de turismo. Resultado: estaba lleno de extranjeros pedorros. El principal interés de este parque son los animales pero, ante la avalancha de turistas que invaden su hábitat, lo que hacen los bichos es esconderse o subirse a lo más alto de los árboles. Hay verdaderas hordas de turistas arracimados alrededor de sus guías, que miran hacia arriba tratando de descubrir algún lémur. De vez en cuando, te señalan a un lugar donde con mucho esfuerzo consigues ver a lo lejos un lémur, apenas una sombra adivinada. Algo que ya no tenía ningún interés para nosotros, que los habíamos tenido comiendo en nuestra mano y subiéndosenos a la cabeza.

Encima nos tocó un guía con el que Alain nos pidió por favor que tuviéramos mucha paciencia, porque estaba aprendiendo español. Y les puedo jurar que no se entendía absolutamente nada de lo que nos decía. El chaval hacía un esfuerzo meritorio y soy consciente de que los idiomas se aprenden así, a fuerza de practicar, pero el esfuerzo que nos suponía a nosotros intentar entender algo de lo que nos decía, era algo que resultaba totalmente disuasorio. Entre unas cosas y otras, le pedimos a Alain discretamente que nos abreviara la visita al fastuoso parque nacional, que apenas tenía ya interés para el grupo. Así que volvimos al minibús, bajamos el puertecito y recuperamos la carretera RN7 en dirección norte. Hicimos una parada intermedia en Ambositra, un pueblo mediano donde comimos algo y recorrimos una hilera de tiendas de artesanías y souvenirs varios, en busca de regalos para nuestras familias y amigos.

Y por la tarde seguimos camino hasta llegar a Antsirabé, la ciudad en la que habíamos dormido el cuarto día de viaje y donde teníamos reservado el mismo hotel, el estupendo Flower Palace. Salimos en busca de la pizzería de nuestra primera visita, pero estaba cerrada. Y nos encontramos de noche, sin cenar y con todos los lugares cerrados o a medio cerrar. Hasta que encontramos un bar restaurante en el que los currantes ya se estaban yendo, vestidos de calle, pero desde el fondo un par de chicas (tal vez familia de los propietarios) nos animaron a entrar y salieron a buscar a los cocineros para decirles que volvieran y se cambiaran otra vez. Una cena de diez personas les arreglaba seguramente el día, si no la semana. Nos recalentaron unas sopas y nos apañaron algunos platos más que tenían por allí. Y salimos del paso, como siempre, con buena cerveza.

El vigésimo día, después del magnífico desayuno que nos ofreció el Flower Palace, nos dedicamos a ver algo de esta ciudad, en la que a la ida habíamos pasado prácticamente de largo. Visitamos primero dos talleres artesanos. En el primero, se dedicaban a la talla de figuras, joyas y abalorios en cuerno de zebú. La forma en que trabajaban, con toda clase de aparatos hechos con materiales de reciclaje, era admirable. En la tienda, yo vi enseguida un colgante de piezas de cuerno pulidas, que inmediatamente imaginé en la garganta de cierta persona y lo compré sin regatear, porque la jefa del taller me dijo que allí tenían precio fijo. Mis compañeros me miraron regular, ellos adoran el regateo, obligatorio en todo Madagascar, del que generalmente se sacan precios de menos de la mitad del que te ofrecen al principio. Pero a mí es algo que no me divierte. Y lo cierto es que en esa tienda ellos intentaron regatear y se acabaron yendo de vacío.

Vimos también cómo trabajaban unos virgueros que hacían bicicletas y triciclos en miniatura, utilizando piezas de viejas latas y otros materiales reciclados. Después nos dimos un paseo por la zona de la estación de ferrocarril, de la que sólo sale un tren los días pares y viene de vuelta los impares. Es el llamado Expreso Malgache, que hace un trayecto de 170 kilómetros hasta el puerto de Manakara, en la costa este, para lo que tarda nada menos que once horas. Es el único tramo que queda en servicio de una red que construyeron los franceses, con obreros chinos, obra que se paralizó tras la Segunda Guerra Mundial y la independencia. La estación es bonita, pero está medio abandonada, hasta el punto que descubrimos una familia de conejos que vivía en una de las terrazas y se les veía pulular desde abajo. Les pongo una imagen de la estación y otras de algunas casas de colonos franceses, ahora ocupadas por empresas, hoteles y entidades administrativas.





Fianaratsoa, Antsirabé y Antananarivo son las tres grandes ciudades del país, que conforman el eje central más desarrollado de la isla, enhebrado por la carretera RN7. Después de nuestro paseo por Antsirabé, tomamos otra vez el bus y seguimos hacia el norte en dirección a la capital. No les sorprenderá saber que paramos a comer en Behenjy, para degustar de nuevo el excelente foie gras del lugar. Nuestro vuelo Antananarivo-París salía a las 12 de la noche y teníamos muchas horas que llenar viendo la capital. Lo primero que hicimos fue subir a la colina en donde está el barrio alto, el asentamiento original construido por los franceses. Mis compañeros de viaje, que conocen Kenia, Tanzania, Etiopía, Senegal y otros países africanos, estuvieron de acuerdo en que Antananarivo es la más bonita de todas las capitales africanas que habían visitado. Realmente tiene un encanto especial. Lo mejor es que les ponga unas imágenes. La primera es la del recargado Palacio Presidencial, con un águila de dudoso simbolismo.








La última de estas fotos es de la catedral católica, del mismo estilo de las que ya les he mostrado de otras ciudades. El barrio alto de Antananarivo es muy bonito y da idea de cómo se implicaron los franceses en la construcción y el cuidado de la ciudad. Viendo estas imágenes y las de más abajo, me reafirmo en mi teoría de que la mayor putada que se les hizo a estos pueblos no fue la colonización. La colonización fue la segunda mayor putada. La peor y la más cruel de todas fue la descolonización, un movimiento perverso de occidente por el que se dejó a estos pueblos abandonados a su suerte, listos para matarse entre ellos en guerras interminables, o en manos de tiranos semianalfabetos. El deterioro de estas maravillosas ciudades coloniales lo demuestra.

Abajo les he reservado dos fotos más. La primera es de un edificio impecablemente racionalista, algo lógico, puesto que los franceses estuvieron edificando en la ciudad hasta 1939. La segunda es una panorámica en la que se ve el lago Anosy, un estanque artificial de gran tamaño en el centro de la ciudad. Fue construido, cómo no, por los franceses y le rodea un paseo peatonal muy animado. Y en primer plano, el estadio donde juega la selección nacional de fútbol, que el año pasado consiguió por primera vez clasificarse para la Copa de África de este año, en la que logró llegar a Cuartos de Final. Los jugadores fueron recibidos como héroes y el presidente-disc-jockey (el de las camisetas naranja) los puso como ejemplo para la juventud del país. 



Y ya que hablamos de juventud, en nuestro deambular por los barrios históricos, llegamos a un templete desde el que se presumía otra vista bonita de la ciudad. Allí se había montado el botellón de los viernes una pandilla de chavales de ambos sexos, que apenas superaban los catorce años. Tenían sus botellas de bebidas alcohólicas y un aparato de música que atronaba con ritmos afroamericanos. Estuvimos un rato con ellos. Y, de pronto, dos chicas tomaron la iniciativa y se marcaron un baile salvaje del que les hice la serie de fotos que ven abajo. Una maravilla. Las mujeres en estos países tropicales maduran sexualmente muy pronto, se ponen guapísimas y suelen llevar la delantera a sus compañeros varones siempre más tímidos. Por cierto, que entre los adolescentes y la gente más joven, a la ciudad se la llama simplemente Tana.






Tana tiene más o menos millón y medio de habitantes y es la típica ciudad del tercer mundo, con una contaminación altísima y un tráfico caótico, sin semáforos y con apenas algunos guardias urbanos superados por la situación. Bajamos de los barrios altos y nos costó bastante tiempo llegar al centro, en donde Alain nos quería enseñar el mercado central, una especie de Rastro gigantesco que se mete por todas las callejuelas como una hidra, una sinfonía de colores, gentes, ruidos, músicas a todo volumen, vendedores voceando sus mercancías, bocinazos, motos y tuk-tuks abriéndose paso trabajosamente por entre la multitud. Logramos aparcar en un extremo y nos dispusimos a dar un paseo hasta la punta contraria. Pero Alain nos rogó encarecidamente que no lleváramos nada de valor, ni dinero, ni móviles, ni nada. Que dejáramos todo en el bus. Así que no pude hacer fotos.

Yo estoy seguro de que podría haber llevado el móvil, he estado en lugares similares en Marruecos y en Siria y en Sri Lanka y en tantos otros países del tercer mundo, y ya saben que me manejo bien en estos entornos urbanos, en medio de las multitudes. No creo que este mercado sea más peligroso que la plaza de la Yemaa el Fna de Marrakech. Pero era el último día y el bueno de Alain no quería que se le estropeara una historia que le había salido tan bien. De todas formas, si buscan ustedes en Google-Imágenes “Mercado de Analakely” encontrarán cientos de fotos. Antes de subir de nuevo al bus, recorrimos la Avenida de la Independencia, una especie de Campos Elíseos muestra del urbanismo y la grandeur franceses. Allí, entre otros edificios oficiales, está el Ayuntamiento. Alain nos contó que el original fue incendiado por los estudiantes en 1970, en una revuelta en sintonía con Mayo del 68 y otros incidentes que se produjeron por todo el mundo en esas fechas. Y había costado muchos años reconstruirlo.

Se hacía de noche y decidimos poner rumbo al aeropuerto. El atasco era monumental y todavía nos quedaba vivir una última aventura. Después de unas dos horas intentando salir de la ciudad, por fin tomamos la carretera del aeropuerto, una vía bien asfaltada, flanqueada por edificios modernos de oficinas, comercios, hoteles y restaurantes muy iluminados. Habíamos reservado un hotel de día, es decir un establecimiento en el que durante unas horas contaríamos con unas habitaciones para ducharnos, rehacer los equipajes, y comer algo. Y esperábamos que se tratara de uno de estos hoteles que se veían a los lados de la vía. Pero, de pronto, en plena carretera, Yves giró bruscamente a la izquierda y se internó por una calle en cuesta abajo, sin asfaltar y sin ninguna iluminación. Nos miramos inquietos, pero no teníamos ningún motivo para desconfiar de Alain ni de Yves. Un buen rato después la pista que llevábamos desembocó en una especie de campa, sin edificios a la vista. Entonces comprendimos que se habían perdido. Alain bajó del bus con una linterna y le vimos alejarse. Yves le imitó enseguida. Nos quedamos allí solos en mitad de la oscura noche y a nuestras mentes acudieron todos los fantasmas que se pueden imaginar ustedes, queridos y pacientes lectores de mi blog.

Un largo rato después vimos acercarse un grupo de personas con luces. Pensamos que era la proverbial y temida cuadrilla de bandidos que venían a matarnos y robarnos todo el equipaje. Pero no: eran Alain e Yves que venían con algunas personas del hotel, que efectivamente estaba por allí, perdido en medio de la nada. El lugar tenía un buen restaurante, muy bonito y romántico, pero otra cosa distinta eran las chambres. Las chambres eran una co-chambre. Pero cumplieron su función. Rehicimos los equipajes, metimos todos los líquidos y cosas prohibidas en la maleta grande que íbamos a facturar y sacamos la ropa de abrigo y lo necesario para nuestra estancia en París. Nos olvidamos de la idea de la ducha: era súper cutre y sin agua caliente. Antes de guardar el frasco correspondiente, me di una buena rociada de antimosquitos, porque en la co-chambre los había como conejos. Y nos obsequiamos con una cena excelente. A la hora convenida salimos por la cuesta arriba hasta alcanzar la carretera, llegamos al aeropuerto, facturamos, pasamos la aduana y subimos sin problemas al avión, en donde nos tomamos un potente somnífero. Y adiós Madagascar.

El vigésimo primer día de nuestro viaje nos despertamos sobre Europa. Aterrizamos a media mañana, dejamos las maletas grandes en la consigna del aeropuerto Charles De Gaulle (18€ por maleta cada 24 horas) y tomamos el RER. En París me tocaba a mí hacer de guía. Llegamos en el Metro al hotel Est-Magenta, muy cerca de Republique, dejamos las cosas y salimos a patear París. Comimos algo en una brasserie frente a la puerta de Saint Michel, tomamos el Metro a Trocadero para ver la Tour Eiffel, y luego regresamos también en Metro, para hacer mi recorrido favorito de la ciudad, que les encantó: el Marais, el barrio judío, la plaza de Sainte Catherine du Marché, la plaza de los Vosgos, la Bastilla, la zona de Sully-Morland, donde está el Pabellón del Arsenal en el que he dado al menos dos conferencias, la isla de Saint Louis, Nôtre Dame, el barrio Latino, Saint Germain, el Odeon. Estaban ya bastante agotados pero les pedí un último esfuerzo para llegar a pie al restaurante La Coupole, en Montparnasse, donde había hecho una reserva en mi último viaje a París con motivo del congreso del GRI Club. Aquí el grupo al completo estudiando la carta de La Coupole.


Teníamos a la puerta el Metro directo al hotel, en donde dormimos como angelitos. Y, para concluir, les cuento que el vigésimo segundo día de viaje amanecimos en París y tuvimos tiempo de acercarnos hasta Republique, donde desayunamos café y croissants en el bar de un argelino admirador de Zidane. Luego dimos un largo paseo por el barrio que se vertebra alrededor del Canal Saint Martin. Volvimos al hotel, recogimos los equipajes y nos dirigimos andando a la Gare du Nord, donde tomamos el RER al aeropuerto. Allí recuperamos las maletas grandes de la consigna (llegamos cuando se cumplían las 24 horas justas) y nos subimos al vuelo a Madrid, que transcurrió sin novedad. En la Terminal 2 de Barajas, me despedí de mis compañeros, tomé un taxi y llegué a casa. Lo primero que hice fue echar TODO al cesto de la ropa sucia: mochilas, zapatillas, cazadoras, sombreros, toda la ropa. Me desnudé y me pesé: había perdido 3 kilos en el conjunto del viaje. Y me tumbé a descansar, que al día siguiente tenía que madrugar para ir al trabajo.

Ya les he contado todo. Ahora, que ustedes lo voten bien.