viernes, 17 de mayo de 2019

835. Por qué voy a votar a Carmena y Errejón I

Dice un sondeo de El InMundo que Carmena ganará en el Ayuntamiento y la izquierda en la Comunidad. No hay que fiarse, yo creo que van por delante, pero no hay que descartar que este sondeo sea una maniobra saducea para dar miedo y revitalizar a las derechas. Cualquier treta artera puede esperarse de un tabloide amarillista que no informa sino que jalea. Hasta el miércoles, en la verbena de San Isidro, no se nos mostró el bombo gigantesco de Villacís, han cuidado este aspecto hasta que ya no han podido más, a tres días del parto. Por el contrario, mientras Carmena estuvo en silla de ruedas, sacaban sus fotos postrada a diario. Y cuando volvió a levantarse y andar como Lázaro, no se hizo la menor referencia a su venturoso regreso al mundo de los andantes. De Villacís procuraban sacar sólo la cara, en fotos como la que les pongo abajo, correspondiente a la reciente recepción oficial con motivo de las fiestas de la Comunidad de Madrid. La chica aparenta sonreír pero, si se fijan bien, también pudiera ser el rictus consecuente con que el bebé le esté dando pataditas.


A su lado, el bueno de Pepu con su sempiterno gesto oblicuo, como si se le hubiera metido una hebra de pollo entre los dientes y estuviera tratando de sacársela con la lengua. Para que pueda gobernar Carmena, es necesario que este señor saque un resultado presentable, así que, desde este blog le conmino: ¡¡¡ARRÁNCALO, POR FAVOR, PEPU, POR LO QUE MÁS QUIERAS, HAZ LO QUE SEA, PERO QUE EL MOTOR EMPIECE A ROTAR YA!!! De momento yo le veo el motor más gripado que el famoso de Carlos Sainz a quien mi paisano Luis Moya le gritaba algo parecido antes de emprenderla a patadas con el coche. Parece mentira que hayan pasado ya más de veinte años de aquel episodio.

Pero volvamos al tema del título y hagamos un poco de historia. El 15 de mayo de 2011, a pocos días de unas elecciones locales y autonómicas, se monta en Madrid una manifestación de protesta contra la crisis económica y la corrupción generalizada, convocada por algunos colectivos ciudadanos marginales, con nombres como Democracia-Ya, Juventud sin Futuro y otros similares. La convocatoria se hizo a través de las redes sociales y se trataba de una actuación coordinada en más de 50 ciudades del país. Al final de la mani, unas treinta personas acampan en la Puerta del Sol. De madrugada, la policía los desaloja con contundencia y detiene a diecinueve. La respuesta no se hace esperar: al día siguiente, los acampados son cientos. Hay arquitectos que trazan planos de la plaza parcelada, con calles y numeración de los lotes. Se organizan turnos de limpieza, seguridad, actividades culturales de todo tipo, servicio médico, asesoramiento legal, conciertos y actos políticos. Y la cosa se reproduce en todas las ciudades españolas.

Yo era entonces jefe de información de Madrid Río y cada mañana me tocaba escuchar las descalificaciones de mis compañeros y jefes más peperos, que hablaban de poca higiene, ratas campando por la Puerta del Sol y piojos entre los acampados. Y les respondía la verdad: que muchas tardes me pasaba por el lugar y participaba de algunas de las actividades organizadas en la plaza, sin que tuviera ninguna queja sobre las condiciones de higiene. La acampada se replicó en numerosas ciudades españolas y fue un referente para movimientos posteriores como Occupy Wall Street, que surgió en ese otoño, incluso para las algaradas de la llamada Primavera Árabe. Todas estas historias sucedieron a imagen y semejanza del 15-M madrileño, que fue la pionera. Por cierto, en Barcelona, el conocido y descerebrado independentista Carod Rovira, dijo en la prensa que los acampados en la Plaza de Cataluña eran unos guarros españoles que se meaban en la plaza y les conminó a irse a mear a España. Si se creen que me lo he inventado, AQUÍ pueden ver que no miento.

La acampada duró casi un mes, en medio de la simpatía de la población y las quejas de algunos de los comerciantes de la plaza, magnificadas por El inMundo, y respetada también por el gobierno de Zapatero. Luego levantaron el campo. Entre medias, se habían celebrado elecciones locales registrándose en Madrid el tercer triunfo de Gallardón. En las siguientes Navidades, el alcalde le dejó el puesto a Botella para irse de ministro a perpetrar una ley del aborto que acabaría por llevarse su carrera política por delante. La señora Botella tuvo a bien nombrar para el Área de Urbanismo a una concejala zombie y eso generó mi desgracia, en forma de cese, rematada con el destierro a la isla de Alcatraz, en donde se me asignó un chiquero tras 30 años de disponer de despacho. Ese fue también el origen de que yo empezara a escribir un blog, que preparé a lo largo de 2012 y abrí a finales de ese año. Todo esto se ha contado ya hasta la saciedad en este foro.

Algo después, en mayo de 2014 se celebran elecciones europeas. Yo sabía que existían algunos partidos que se autoproclamaban herederos del espíritu del 15-M, como el Partido X de Hervé Falciani y Manuel Castells. Pero, dedicado a rumiar mi decadencia administrativa, no me enteré del surgimiento de Podemos, hasta que, al día siguiente de las elecciones, algunas compañeras más avispadas que yo llegaron a la oficina radiantes, proclamando: –¡Ya hemos podido! Podemos había obtenido cinco escaños y se había convertido en la cuarta fuerza política del país, con 1,2 millones de votantes. Entonces nadie lo notaba, pero ya empezaba a haber dos sensibilidades en el partido: la propuesta de Errejón, consistente en formar una plataforma ciudadana amplia, sin ideologías, que pudiera llegar a hacerse con el poder, y el sector más afín a presupuestos marxistas, comandado por Pablo Iglesias, con preocupantes tics caudillistas. A mí me resultó simpático que le regalara al rey Felipe la serie Juego de Tronos y así lo manifesté en el blog. Pero cuando dijo (más bien gritó) eso de que el cielo no se toma por consenso, se toma por asalto, empezaron a zumbarme los oídos. Este hombre no sólo adoraba Juego de Tronos, sino que además se la creía.

Y llegaron las elecciones locales de mayo de 2015. Para hacerse con las ciudades más grandes de España, se impusieron las tesis de Errejón. Buscar personas independientes, de prestigio contrastado, para encabezar plataformas amplias. En Madrid, hicieron unas primarias y configuraron una pre-lista, que invitaron a encabezar a la juez jubilada Manuela Carmena. He de confesar que, en esos tiempos, yo sabía que existía una juez Carmena por la prensa, pero ni siquiera sabía qué cara tenía (lo juro). Esperanza Aguirre salía como caballo ganador seguro y yo estaba preparando los papeles para jubilarme; me veía incapaz de soportar otra legislatura más de esa derecha rancia y corrupta que llevaba 26 años gobernando el Ayuntamiento. Y entonces tuvieron lugar los debates en televisión. Todo el mundo pudo ver cómo Esperanza insultaba y atacaba con su mala educación proverbial. Y cómo, al otro lado de la mesa, había una señora tranquila, con gafas y un peinado rubio de peluquería como el de cualquiera de nuestras abuelas, que no se inmutaba, que no perdía los papeles y daba respuestas sesudas y convincentes. Esperanza perdió ella sola las elecciones, por burra y cabezota.

Yo voté a Carmena y, al rebufo, cambié a última hora mi voto a Gabilondo, para apoyar a un tal López al que escuché en la radio y me pareció muy razonable (creo que ya no está en Podemos). Y ganamos. Y escribí entonces unos posts eufóricos: era la primera vez en mi vida que ganaba unas elecciones alguien a quien yo hubiera votado (también lo juro, estaba empezando a pensar que era gafe). Y decidí reengancharme en el Ayuntamiento. En ese tiempo, no conocía ningún dato de la señora Carmena. Y entonces me contaron que había sido la fundadora del despacho de abogados laboralistas de Atocha-55. Que por una casualidad no estaba con sus compañeros cuando entraron los pistoleros e hicieron la barrabasada. Que lógicamente el atentado la dejó tocada psicológicamente, por lo que decidió preparar las oposiciones a juez, que sacó a la primera. Que luego desarrolló una carrera larga y ejemplar en diferentes tribunales. Que estaba jubilada, pero habían logrado convencerla para que se pusiera al frente de la lista de Madrid. Lo que sigue, podrán leerlo en la segunda parte de este texto en dos posts. 

domingo, 12 de mayo de 2019

834. En el centro de la vorágine

Uf, ha sido una semana agotadora, por la sobredosis de compromisos que he debido atender, como les avisé en el post precedente. Lo más pesado fueron las sesiones del Jurado de Reinventing Cities, que todavía habremos de convocar una tercera vez, para cerrar conclusiones. Esto supone encerrarte en una sala a las 9.00 de la mañana y salir de ella después de las 15.00. Seis horas de una esgrima muy delicada, en la que has de descifrar lo que realmente están queriendo decir los intervinientes, porque todo el mundo dice aparentemente una cosa, pero por detrás está expresando otra. Es un gallinero difícil de controlar, que se te puede ir de madre al menor descuido. Yo lo conozco bien de otras ocasiones en que he estado en tribunales de oposiciones y saraos similares. Mis actividades de las tardes tampoco han sido moco de pavo. He de decirles que, además de la larga lista de actividades que les reseñé en el post anterior, el jueves a mediodía tuvimos un webinar de lanzamiento de Reinventing 2, tras de lo cual me apunté al debate sobre la Operación Chamartín del que me avisó Inmaculada y que estuvo muy bien. 

En este post me voy a limitar a ponerles algunas fotos de los sucesivos eventos, y desarrollar un tema concreto: la historia de El Rumano, en el centro de la tediosa reunión de la comunidad de propietarios de mi casa que tuve que sufrir hace unos días. Les relataré esta historia por si pueden sacar de ella alguna enseñanza. Empezamos con las imágenes. Aquí un par de ellas con el chino Jia Hui en el Matadero.

En esta primera pueden verme en el espacio libre del Matadero en plena explicación del Madrid Río al magnate inmobiliario chino. De la posición de mis manos, puede deducirse que estaba en ese momento explicándole el sistema cut and cover, de construcción de los túneles (si fuera ginecólogo, tal vez estuviera explicando otra cosa). El tipo había venido con un intérprete, pero como nos entendíamos bien en inglés, lo único que podía hacer ese correcto funcionario del Partido era observarnos discretamente. Abajo pueden vernos al final de la visita, con la guapa venezolana que le puso el Ayuntamiento para que lo acompañara en su visita a Madrid.


Cambiamos de tercio y pasamos a la recogida de mi flamante coche nuevo. Me lo tenían envuelto en una funda roja y con un cartel que decía Bienvenido a Toyota, Emilio. Una vez desenvuelto, me hice una foto bastante resultona. Yo creo que hasta me podrían fichar para alguna campaña de anuncios por la tele. Imaginen el engolado mensaje del locutor: Nuevo Toyota Corolla, el automóvil del urbanita veterano del Siglo XXI. El híbrido de hoy para la ciudad del mañana.


El coche es precioso, como ven. Por cierto, la chapita que luzco en la solapa es la de Más Madrid, la plataforma de Carmena-Errejón, como pueden comprobar en el selfie de abajo (ya saben que salgo mejor en las fotos que en los selfies). Estuve, como les dije, en el acto de lanzamiento en el Distrito Centro, y además estoy inscrito como voluntario en la campaña, les he dado dinero y tengo su pancarta en mi balcón.


Con este sinvivir que llevo, no les extrañará saber que algunos de estos pasados días me he encontrado a las diez de la noche, prácticamente sin haber comido y sin nada en mi despensa. Lo que mi hijo Kike llama la nevera estilo Erasmus. No me ha quedado más remedio que comerme un bocata en un bar y, para ello, nada mejor que El Brillante de Atocha. Hacía mucho que no iba porque, desde que se jubiló mi amigo Álvarez, el mejor camarero de Madrid, como que la cosa ya no es igual. Entré y me encontré que los carteles que antes anunciaban el mejor bocadillo de calamares del mundo, han desaparecido. Ahora hay otros que ofrecen el nuevo Bocata de Calamares Solidarios (sic). Realmente, el futuro ya ha llegado.  


¿Tendrá este foro que pasar a publicitarse como Blog colaborativo, transversal y sostenible? Dejemos por el momento las imágenes y pasemos a desarrollar la historia de El Rumano. Como supongo saben, vivo en un viejo ático cerca de la glorieta de Atocha. Hace como dos años, se me ocurrió que ya iba siendo momento de hacer algunas mejoras (vestir un armario, acuchillar, pintar). Pero resulta que la cara externa de la pared que da a mi terraza está bastante deteriorada y pensé que eso era lo primero que había que hacer. Pregunté aquí y allá y me enteré de varias cosas. En primer lugar, resulta que la pared que da a mi terraza, forma parte de la envolvente del edificio, por lo cual es responsabilidad de la comunidad su correcto mantenimiento. Además, me enteré de que la pared de todos los demás áticos había sido reparada ya, con cargo a los gastos de comunidad. Sólo faltaba la mía. Es que, como tengo la mente absorbida por el trabajo, los viajes, el blog, las redes sociales y mi actividad incansable, pues no me entero de nada.

A finales de 2017, se celebró la asamblea ordinaria y yo metí el asunto en el orden del día. Lo expliqué y se aprobó sin problemas: era claro que estoy en mi derecho de que me arreglen esa pared, como se les ha arreglado a los demás. La pared en cuestión tiene un acabado en falso ladrillo. En realidad se trata de un enfoscado ordinario, al que se le aplica una plantilla simulando las divisorias entre ladrillos, y luego se pinta de color rosa, dejando en el gris original las falsas divisorias. Una técnica de antigua tradición madrileña y con un resultado muy vistoso. Por otro lado, cuando nuestra comunidad aprueba una obra, lo siguiente es pedir presupuestos. Se me dijo que la comunidad tenía un rumano de cabecera y que era el primero al que había que consultar. Me pareció bien, puesto que son ellos los que me van a pagar la obra. El administrador se quedó encargado de llamarlo.

Poco después, el portero me contó que El Rumano había subido con él a ver la terraza (yo no estoy casi nunca en casa) y ya tenía los datos para hacerme el presupuesto. Y empezó a pasar el tiempo. Yo me fui enseguida a Portland, y a los demás sitios que ya les relacioné hace poco y que no les quiero repetir, para que no me digan otra vez que viajo más que el baúl de doña Concha Piquer. Pasaron los meses y me olvidé del asunto. Y de pronto, me llega otra convocatoria de asamblea ordinaria. ¡Joder! ya había pasado un año. Busqué en el orden del día y descubrí con sorpresa que mi asunto ni siquiera figuraba. Asistí y pedí la palabra en el turno de ruegos y preguntas. Estuve bastante desagradable, porque entre medias había descubierto que el dueño de otro de los áticos había estado un tiempo sin pagar sus recibos y lo habían tenido que requerir a través del Juzgado. En tono agrio pregunté si tenía que dejar yo también de pagar para que se me hiciera el debido caso. Sin perjuicio de que yo, he de reconocerlo, tenga también parte de culpa por dejadez.

Un año después de la primera asamblea, la maquinaria se puso en marcha otra vez en el mismo punto. El Rumano volvió a subir a mi casa con el portero. Pero ahora yo no estaba dispuesto a desentenderme. Entonces, me empezaron a llegar mensajes a través del portero. Primer mensaje: la pared está muy mal y hay que picarla entera. Mi respuesta: muy bien, adelante, pero que me diga cuánto cuesta eso. Unos días después: El Rumano propone enfoscarlo todo en liso, porque es más sencillo, más barato y a Menganito de la otra escalera se lo ha hecho y le ha quedado fenomenal. Encima se lo ha pintado de un color siena muy moderno, ¿no quería yo subir a verlo? La cosa ya me estaba empezando a cargar. No quise subir a ver la maravilla del vecino, pero le urgí al portero a que le insistiera al Rumano para que me hiciera llegar su presupuesto. Tercer mensaje: que dice el Rumano que esos listones que tiene usted por los que corren unos toldos, habría que desmontarlos para que pueda trabajar cómodamente.

Aquí sí que me planté. Hasta ahí podíamos llegar. Esos listones están sólidamente anclados a la pared con tres supertornillos y también por el mismo sistema al peto exterior de la terraza. Desmontarlos y volverlos a montar luego, supondría destrozar las albardillas del peto de forma probablemente irreversible. Le dije al portero que iba a buscar una alternativa. Entonces le pedí socorro a mi colega y amigo Tito, que vino con un albañil de su confianza. Estuvieron ambos un buen rato observando, dando puñetacitos a la pared, hicieron fotos y me comunicaron su conclusión: la pared está en perfecto estado, no está bufada ni nada. Por tanto, ellos me proponen reparar los cuatro o cinco sitios estropeados, completar el acabado de falso ladrillo y luego darle a todo una imprimación para igualarlo. Me pareció perfecto y a los cuatro días tenía su presupuesto en mi correo electrónico. Se lo hice llegar al administrador, quien me informó que convocaría una asamblea extraordinaria sólo para este tema. Y que, normalmente, lo que se hace es pedir varios presupuestos, para que la comunidad elija entre ellos, así que por qué no le pedía otro al Rumano. Me pareció bien. Hasta ahora, año y medio después de que la comunidad autorizara la obra, yo no sólo no había visto ningún presupuesto del Rumano, sino que ni siquiera había visto en persona al propio Rumano, ni había hablado por teléfono con él.

A través del portero, le hice llegar el recado de que me llamara. Cero respuesta. Entonces le pedí el número. Le llamé yo este lunes. Se le oía como si fuera conduciendo. Ah, sí, sí, sí, ya le iba yo a llamar a usted; me dice el portero que usted quiere hacer sólo una pequeña reparación y no picarlo todo. Sí, estoy considerando esa alternativa, pero yo quiero que usted me dé un presupuesto de su propuesta, tirándolo todo abajo. Ah, pero yo puedo hacer lo que a usted le guste más. A ver, no nos estamos entendiendo, yo lo que quiero es que usted me dé un presupuesto de lo que cuesta lo que usted ha propuesto, porque yo tengo otra alternativa más conservadora y ya me la han presupuestado; me falta el suyo para que la comunidad pueda elegir. Sí, pero yo puedo hacerle lo que usted quiera y cobrarle más barato. ¿Pero usted no ha dicho que era necesario picarlo todo? No, eso lo dijo el portero; si usted me dice cuánto es el presupuesto que tiene, yo puedo hacérselo, seguro, más barato.

En fin, estaba claro que el tipo es un enreda. Para colmo, quería venir otra vez, para que yo le dijera exactamente lo que quería y poder presupuestarlo. Me estaba ya cayendo gordo, pero le dije que le esperaba al día siguiente a las cinco, porque tenía un hueco en mi apretada agenda. El martes a las cinco no apareció. A las seis menos cuarto, cuando yo estaba preparado para salir a correr, ya vestido y todo, llamó al telefonillo. Que si subía. Le dije que no, que se había hecho tarde y ya no le podía atender. No era por fastidiar, yo tenía que salir a correr con tiempo para ducharme y llegar puntual al acto de Más Madrid. Al día siguiente por la mañana me llamó el administrador, ligeramente molesto. El Rumano le había contado que él había llegado a las cinco y cuarto, pero yo no le había dejado subir, porque lo que yo quiero es hacer la obra con otras personas, cosa que a él se la bufa, porque tiene mucho trabajo.

Por la tarde era la asamblea extraordinaria y yo iba a presentarme con un solo presupuesto. Y con el riesgo de que todos los comuneros se pusieran a opinar a la vez (yo soy de los más jóvenes) y la cosa se frustrara, como ha pasado en tantos otros asuntos comunitarios. Así que tenía que ser muy convincente, a pesar de lo agotado que estaba en mitad de mi programa intensivo de festejos. Finalmente mi discurso fue efectivo. Conté brevemente lo que había pasado. Dije que ante mí tenía dos alternativas. En un lado, un arquitecto de mi confianza, con una propuesta conservadora y no muy cara. En el otro lado, un caos y un tipo del que ya no me fiaba (de pronto había visto claro que ya no quería de ninguna manera que el Rumano entrara en mi casa a trabajar). Les dije que mi propuesta era menos agresiva, que montaría menos polvo y ruido, que además era fiel al proyecto original de la casa y que, ya que soy yo el que va a vivir en esa terraza, creo que mi opinión debe ser tenida en cuenta en primer lugar, y más siendo arquitecto.

En base a eso, solicitaba respetuosamente que se me eximiera de pedir más presupuestos. Lo había intentado, pero a día de hoy sólo tenía un presupuesto. Surgieron algunas voces contando otras malas experiencias anteriores con El Rumano, y enseguida la propuesta se aprobó por unanimidad. Esa fue otra noche en la que llegué a casa agotado. El viernes tuve mi sesión para los compañeros en la Dirección General a la que pertenezco, que fue todo un éxito. Y ayer sábado les dimos nuestra charla en inglés a los urbanistas europeos de AETU en el Ateneo y luego los paseamos por todo Madrid. Al llegar a Madrid Río, un veterano colega y yo procedimos a protegernos el cartón del sol implacable, para lo cual extrajimos sendos sombreros panamá que resultaron ser idénticos. La cosa pedía una foto, a la que se sumó una de las organizadoras del evento, con un look ochentero muy de los tiempos de la movida. Es una foto preciosa, que les he reservado para el final.


Los viejos rockeros nunca se rinden. Hoy por fin, estoy disfrutando del merecido descanso semanal, tan arraigado en las culturas judeo-cristianas. Por si no lo saben, en la Torah, el libro sagrado de los judíos, que los ultraortodoxos aplican al pie de la letra, se cuenta cómo HaShem dedicó seis días a la creación del mundo y, cuando ya estaba casi acabando, cogió dos montoncitos de tierra con los que creó simultáneamente al hombre y a la mujer. La Torah es en esto más igualitaria que la Biblia, en donde se crea primero al hombre y luego se usa una de sus costillas para crear a la mujer (por cierto, los judíos cuentan su calendario desde el momento de la creación; según eso, estamos ahora en el año 5.780). Pues de la misma forma, yo he cogido un montoncito de tierra mental para escribir este post, antes de tumbarme a la bartola hasta mañana, que tengo que reponer fuerzas para la continuación de la vorágine. Sean felices.


martes, 7 de mayo de 2019

833. Mi programa de festejos para mayo

Mi agenda para el mes de mayo está cuajadita-cuajadita. Asusta, realmente. Ayer lunes, día 6, tuvimos la primera sesión del Jurado de Reinventing Cities, de cuyo resultado no puedo hablar, pero que nos llevó toda la mañana desde las 9.00. Tuve que comer algo deprisa y corriendo, para llegar a tiempo a la cita que tenía a las 16.30 en el Matadero con un importante agente inmobiliario chino, el señor Jia Hui, socio del bufete de abogados De Heng Law Offices, una de las oficinas con mayor actividad en temas urbanísticos de Bei-Jing, antes llamada Pekín. Este caballero, al que ven aquí a la izquierda, venía invitado por la Oficina de Apoyo al Inversor Extranjero, de la que soy colaborador asiduo desde su creación en esta legislatura. Por la mañana lo tuvieron de reunión en reunión con diversas empresas y entidades financieras (lleva toda la semana al mismo ritmo), pero por la tarde había expresado su voluntad de visitar un gran proyecto urbanístico con alguien que se lo explicara debidamente. Había estudiado en Oxford, así que manejaba un inglés muy aseado con el que nos entendimos perfectamente. Nos sentamos en una mesa de madera a la sombra para ver mi presentación sobre Madrid Río en un ordenador y luego dimos un paseo no muy largo.

Hoy martes tenía una mañana más tranquila, lo que me ha permitido bajar a comer algo a la una y regresar luego a la oficina, de donde me he ido a las 16.00 en el coche. Tras descansar en casa menos de media hora, me he puesto mi equipación deportiva y he salido a hacer mis cinco kilómetros por el Retiro. Y tras ducharme y vestirme de nuevo, he cruzado la calle hasta la cantina del Medialab, en donde estaba convocado a las 19.00 el acto de arranque de la campaña de Carmena-Errejón en el distrito Centro. Por cierto que he presenciado una escena que nunca me había tocado ver y que me gustaría que se generalizara. Nada más empezar a hablar la oradora, ha dicho algo así como "estamos encantados y encantadas de que hayáis venido todos y todas". En ese momento, un señor de mi edad, con barba canosa y cara de poquita broma, se ha levantado y la ha interrumpido, diciendo: –Por favor, ¿podrías dirigirte únicamente a todos, o únicamente a todas, pero no a todos y a todas? Es que no os dais cuenta de que es un coñazo insufrible, algunos ya no aguantamos más. La oradora, se ha cortado un poco, ha dicho algunas cosas inconexas sobre que también estamos construyendo un lenguaje innovador y luego ha continuado hablando todo el rato en femenino. Por mi parte, desde este blog le digo al caballero de la barba blanca que olé sus cojones.

Al finalizar el acto, me he subido a casa a escribir este post, antes de cenar, que tengo que acostarme pronto, para poder madrugar mañana. Porque me espera otra jornada de aupa, empezando por la segunda sesión del Jurado de Reinventing, con la que probablemente demos por finalizado este proyecto, aunque cabe la posibilidad de que nos reunamos un tercer día si resulta necesario. De nuevo tengo después una cita a las 16.30, en esta ocasión en Medialab, donde he quedado a merendar con el grupo de vecinos con los que colaboré en el proyecto de Nuevos Espacios para la Movilidad, dentro del programa Madrid Escucha. Nos lo pasamos tan bien que nos hemos hecho amigos y hemos decidido seguir en contacto. Normalmente hubiéramos quedado más tarde, para unas cervezas, pero el que no podía era yo. A las siete tengo reunión de la comunidad de propietarios de mi casa. Es una reunión extraordinaria, a petición mía, para ver si consigo que me paguen el arreglo de la fachada, que es por cuenta comunitaria.

El jueves volveré a tener un día tranquilo, lo que tal vez me permita correr y escribir de nuevo. Mi única cita de ese día es a las seis de la tarde en el concesionario de Toyota, para llevar mi viejo Auris, dejarlo allí y traerme de vuelta mi flamante Corolla nuevecito. El viernes día 10, tengo por la mañana una actuación estelar en la Dirección General de Planificación Estratégica a la que pertenezco. Resulta que un día le comenté a mi jefa que, dado que estoy todo el rato contando batallitas a los extranjeros que vienen, me gustaría un día contárselas también a los compañeros, para pasar un buen rato y tomarnos luego un piscolabis. Sería una forma de irme despidiendo de un trabajo y un grupo del que por edad me voy a tener que retirar más pronto que tarde. Y un modo también de que estas historias que cuento no se pierdan como lágrimas en la lluvia. Mi jefa me tomó la palabra y me prometió dedicar a ello algunos viernes, una vez que el volumen de trabajo vaya bajando con motivo de las elecciones. Así que este viernes tendremos primero una hora para contar a todo el mundo lo que ha sido Reinventing Cities, que haremos a medias los tres mosqueteros del proyecto. Y, después, dispondré de una hora para hablarles a mis compañeros de lo que yo quiera. Creo que me centraré en la importancia del agua en el origen de Madrid y a lo largo de su historia. Un tema interesante que tengo preparado, con imágenes, referencias y datos. Cerraremos la semana lectiva con un vinito.

Si se creen que el sábado tendré descanso, están muy equivocados. A las 10 tengo que estar en el Ateneo, para participar en un encuentro con urbanistas europeos invitados a Madrid con motivo de la conferencia anual de AETU, Asociación Española de Técnicos Urbanistas. Mi intervención no es hasta las 11, pero a las 10 el Ateneo ofrece a los que quieran una visita guiada a su sede, seguida de un café. Esta visita guiada me interesa mucho, he visto el Ateneo por mi cuenta muchas veces, pero sin que nadie me lo explique. Es un lugar lleno de historia, del que mi padre fue socio en los tiempos pre-republicanos, lo que le permitió escuchar en directo a Unamuno, Baroja, Ortega, Marañón y tantos otros. De 11 a 11.30 tendremos un exiguo margen para hablar del urbanismo de Madrid, en inglés, a tercios otros dos oradores y yo. A mí me toca en último lugar, para contar Madrid Río, por lo que me temo que me tendré que guardar la mayor parte de mi charla para dársela sobre la marcha en la visita posterior. El grupo se prevé entre 30 y 60 personas, según me dicen. El plan es bajar luego desde el Ateneo al Paseo del Prado, caminar hasta Cibeles, ver la sede del Ayuntamiento y después llevarles por la nueva Gran Vía arriba, hasta Callao, donde cogeremos el Metro a Legazpi, para mostrarles el Matadero y Madrid Río y finalizar con una comida colectiva.

El lunes 13, tendré que salir otra vez precipitadamente del curre, para estar a las 15.00 en la Escuela de Arquitectura, en cuyo salón de grados tengo una clase de una hora en inglés, para explicar las nuevas líneas de trabajo del equipo de gobierno municipal, a un curso de postgrado del Politécnico de Milán, que vienen a través del máster que dirige mi amiga Ester Higueras, y en el que colabora desde su puesto de catedrático emérito el gran Julio Pozueta, de cuya charla en el Ateneo les hablé recientemente. El martes 14 tengo una nueva cita con este grupo a las 16.00, esta vez en el salón de actos de la Junta de Arganzuela, para contarles el Madrid Río y dar luego un paseo por el parque.

Tras el parón del miércoles 15 por la festividad de San Isidro, el jueves 16 he de dedicarlo entero al CAUE, Conseil de l’Architecture, l’Urbanisme  et l’Environment del Alto Sena. Este organismo ha montado un viaje de libre inscripción para arquitectos por Madrid y Salamanca. Los organizadores son Marie Christine Duriez y mi amigo Joris Fromet, que vinieron en una visita preparatoria en enero y a los que visité en París en febrero, en sus oficinas más allá de La Défense. También serán unos 30 o 40. Por la mañana me toca darles una charla de una hora en el COAM, esta vez en francés, sobre el urbanismo de Madrid, tras una breve (espero) introducción del ya por poco tiempo Decano, mi también amigo José María Ezquiaga. Y por la tarde visitaremos Madrid Río. Este grupo seguramente me invitará a cenar; esa fue mi respuesta cuando me preguntaron cuánto quería cobrar por mis servicios.

Como ven, otra semana repleta de festejos la que empieza el día 13. Y para colmo, el domingo 19 tengo previsto correr la Carrera de la Fundación Mutualidad de la Abogacía, 5 kilómetros por el Parque Juan Carlos Primero. He vuelto a recuperar el entrenamiento para poder hacer algunas de estas carreritas, lo que, con 68 años cumplidos, es algo provechoso y meritorio. Pero la última semana de mayo no será menos entretenida. El martes 21 salgo en vuelo a Oslo, con mi jefa y mi compañera M. para participar el 22 en el acto de proclamación de los premios de Reinventing Cities y en el fastuoso cóctel posterior. Regresaremos el jueves 23 por la noche. Luego, las elecciones locales del domingo 26, en las que se juega mi futuro. El resultado será determinante para saber si voy a seguir en esta vorágine o me retiro ya a mis regios aposentos para siempre. Por último, como colofón de este intenso mes, el martes 30, tengo una nueva sesión de Billar de Letras, para analizar el libro que estoy leyendo ahora mismo: Perdón, de la joven escritora noruega Ida Hegazi Høyer, que ganó con ella el Premio de la Unión Europea de Literatura.

Cuando a mi anciana tía Lola la poníamos, de niños, al corriente de una larga relación de actividades que teníamos en marcha, normalmente pedía tiempo: –Espera, espera. Dime una cosa. Todo eso que me cuentas, ¿lo estás haciendo por gusto? Ella era de otro siglo, no entendía nada de lo que le contábamos y necesitaba precisar esa locución adverbial, para situarse y saber si nos tenía que decir: –¡Qué bien! o por el contrario: –¡Qué faena!  De ahí su discreta indagación. Mi tía Lola murió en 1976, pero yo todavía escucho su voz haciéndome esa pregunta. Y me gustaría decirle que, por supuesto, toda esta actividad frenética que desarrollo en estos últimos tiempos, no sólo la estoy haciendo por gusto, sino que es lo que me mantiene vivo y pasándomelo de puta madre. Ya saben además que sarna con gusto no pica. Sean felices.