jueves, 8 de mayo de 2014

250. Tengan paciencia, hombre

Eso, tengan un poquito de paciencia, que aun ando por aquí, aunque no me manifieste. En las dos últimas semanas no he tenido tiempo para cultivar este huertecito del blog que tanto les gusta, pero no se apuren: esto va por rachas y antes o después volveré a disponer del margen que me permita seguir escribiendo paridas para solaz propio y ajeno. Ahora mismo tengo un notable volumen de trabajo matutino que debo desatascar, para que mi desidia no retrase las tareas de los que van detrás en la cadena. Así que no puedo hurtar ni un segundo a mis obligaciones. Pero esto no es más que un pico de trabajo, que se pasará y me volverán a sobrar horas, porque el sistema de control de tiempos es ciego y no distingue de puntas y valles.

Y en cuanto a las tardes, pues qué quieren que les diga: que no paro. Eso también pasará. Sin ánimo de ser exhaustivo, he estado haciendo senderismo por el entorno de Granada los cuatro días del puente, he tenido que atender a mis amigos Gonzalo y Judy, de San Diego, que han pasado unos días por aquí (esta mañana se iban también para el sur), he participado en una clase de un master de la Escuela de Arquitectura, he tenido varios contactos con un cubano a quien voy a pasar mi novela (esa que lleva guardada en un cajón desde poco antes de la apertura de este blog) para que me haga una corrección profesional, a ver si entre los dos la depuramos y la mejoramos. También mantengo el contacto con Papi Sylvain Nsala, el hombre de Kinshasa, que no sé exactamente qué es lo que espera de mí.

Más cuidar mi casa, atender a mi hijo pequeño que últimamente no sale de ella, ayudar al otro a conseguir los documentos que necesita para apuntarse a un master de dos años a partir del próximo septiembre, y mil cosas más. Y, encima, como ya les conté, está el tema del furgol, que cada tarde noche te ofrece un partido nuevo a cual más interesante, en este final de temporada que nadie esperaba. Menos mal que aun no me he puesto a hacer la declaración de la renta, que si no se quedan sin blog hasta agosto, por lo menos. Un verdadero sinvivir. El miércoles pasado encontré una minúscula grieta de tranquilidad en este discurrir enloquecido del tiempo, me puse a escribir y salió lo que salió: un texto de calidad más bien escasa, con errores de todo tipo, incluidos los relacionados con los centilitros y otras medidas de capacidad que corregiré cuando tenga un rato.

Creo que no debo de volver a hacer eso. Me refiero a escribir de prisa y corriendo, sin tiempo de repasar el texto, contrastarlo y tener incluso el margen de tirarlo a la papelera (virtual) si no alcanza los mínimos de calidad que me he autoimpuesto. Con las mejoras técnicas que me ha ayudado a instalar el bueno de Lisardo, la estructura básica del blog está al nivel que necesito. Por ahora no quiero otras mejoras. A partir de ahí, intentaré seguir escribiendo sobre los temas que me interesan, sin agobiarme ni sentirme obligado a llevar un determinado ritmo. Si por temporadas no salen demasiados posts, pues lo siento pero se tendrán que aguantar. En el fondo estoy utilizando las tácticas de las compañías telefónicas: primero crearles la necesidad y después irles administrando el alimento. Sólo me falta cobrarles por entrar al blog.

Entre las cosas que he hecho en estos días, tengo que hablar de mi asistencia a la presentación de una nueva Guía de la Arquitectura de Madrid, que tuvo lugar en la biblioteca municipal que ocupa la antigua Casa de Fieras del Retiro, un lugar verdaderamente grato, cuya visita les recomiendo encarecidamente, si no lo conocen. Como arquitecto, recibo frecuentemente convocatorias de este tipo, a las que no suelo acudir, porque es un mundo que me resulta bastante ajeno. Esta vez hice una excepción, exclusivamente por el hecho de que la presentación del libro corría a cargo de Ricardo Aroca, un hombre muy interesante, que fue profesor mío hace ya la friolera de 40 años. Orador brillante y muy divertido, sus conferencias son siempre amenas. El año pasado publicó un libro llamado La Historia Secreta de Madrid, que no he leído todavía, pero del que hablan maravillas (aquí tienen una referencia). 

Mis expectativas se cumplieron al milímetro. Es decir, que hablaron el editor, al principio, y el autor de la Guía al final, bastante grises los dos. El editor, por lo menos fue breve. Porque la intervención del autor fue un peñazo, lastrado además por el empeño de agradecer personalmente a todos los amigos y parientes que le habían ayudado en su tarea (estaban todos en la sala), a la manera de algunos premiados en la ceremonia de los Goya. Ya saben: cuando tenía calor, Fulanita sacaba el abanico y me refrescaba. Y la Fulanita de turno se ruboriza y se esponja cual mocita en flor. Entre ambos pelmas, el gran Ricardo Aroca de siempre, barbas y pelos completamente blancos, voz socarrona y humor corrosivo.

En los setenta, Aroca venía a la Escuela en moto, en invierno y verano. Cuando la temperatura rondaba los cero grados, empezaba sus clases congelado, con el rostro blanco y los pelos de punta (quizá no llevaba casco). A medida que desarrollaba sus explicaciones, iba entrando en calor, su cara cobraba color y el pelo se le iba aplastando. El otro día, tras la entradilla del editor, empezó diciendo: “Tengo que dar las gracias a mis contertulios por haberme invitado a participar en este acto, porque, como todo el mundo sabe, a mí lo que más me gusta del mundo es hablar en público, un placer del que cada vez disfruto menos, porque hace cuatro años decidieron jubilarme en la Escuela y ya casi no me llaman de ningún sitio”. Lo dicho: un genio.

Continuó diciendo que él iba hablar del libro que presentaba, si acaso un poquito al final de su conferencia, porque él de lo que quería hablarnos es de la historia de Madrid. Empezó entonces a explicar las historietas que cuenta, supongo, en su propio libro, a partir de la decisión de Felipe II de instalar la Corte en Madrid (al parecer, Madrid no fue declarada capital de España hasta la regencia de María Cristina, limitándose a ser sólo la sede de la corte). Hasta entonces, Madrid era una pequeña villa castiza, bien surtida de agua y protegida por la sierra de los vientos dominantes. Muchas veces me he preguntado yo cuál sería el motivo de que el rey Felipe eligiera un lugar que no tiene las condiciones naturales de Lisboa, Londres o París.

Dice Aroca, que eso de que el rey buscaba el centro geográfico de España es una razón falsa, que fue aducida a posteriori (no hay que olvidar que el Imperio de Felipe II, en el que nunca se ponía el sol, tendría seguramente un centro bastante más lejano). Para Aroca, las razones fueron otras. Felipe II buscaba un lugar tranquilo, lejos de los ajetreos, para gobernar su imperio sin que nadie le diera la murga, y por eso fue rotando la corte por diversos lugares, como Toledo o Segovia, de donde se acababa marchando. Madrid era un sitio pequeñito, sin ruidos ni tensiones y (lo más importante) no tenía arzobispo, porque no había diócesis. En las sedes anteriores, el arzobispo mandaba mucho y eso no agradaba al rey.

Pero, en cuanto Felipe se instaló en Madrid, empezó a venir gente, nobles, comerciantes, órdenes religiosas que ocuparon las mejores parcelas para sus conventos. La ciudad se empezó a congestionar, el agua escaseaba y la tranquilidad se esfumó. Esas fueron las razones por las que Felipe se construyó El Escorial, para ver si de una vez lo dejaban en paz. En tiempo de Felipe III la ciudad estaba ya insufrible, hasta el punto de que el rey decidió trasladar la corte a Valladolid. Pero la nobleza, con el Duque de Lerma a la cabeza, había comprado muchos terrenos en Madrid, tenía grandes expectativas especulativas y el traslado de la corte era una desgracia para ellos. Así que entre todos reunieron 250.000 ducados, una cantidad notable para la época, para convencer al rey de que regresara. La ciudad continuó su crecimiento, lo que requería la construcción de una muralla tras otra, que enseguida se veían superadas por el caserío, hasta que Felipe IV decidió que, como ya no había enemigo, no hacía falta construir una muralla. Bastaba con una cerca, con sus puertas, en las que los comerciantes y viajeros pagaban sus impuestos por entrar a la ciudad y vender sus productos.

La verja de Felipe IV marcaba el perímetro de la ciudad y tenía puertas y portillos. La diferencia entre unas y otros era, además del tamaño, que, aunque ambos se cerraban por la noche, en las puertas se quedaba un retén de vigilancia, que podía abrirlas en caso de que alguien necesitara entrar o salir de la ciudad. El caserío estuvo contenido dentro de esa verja hasta los convulsos años que sucedieron a la muerte sin descendencia de la reina Isabel II, bien entrado el XIX, los tiempos de la primera República y el gobierno de Amadeo de Saboya. Entonces se proyectó el Ensanche, en este caso limitado por una zanja, que fue el límite de la ciudad hasta la guerra civil. Antes de eso, tuvimos un breve interregno de ilustración en los tiempos de José Bonaparte, un tipo culto y con ideas, contra el que se levantaron cuatro analfabetos que lo echaron a patadas, total para poner a Fernando VII, que lo primero que hizo fue cerrar todas las universidades del país.

En fin, estas fueron algunas de las historias que contó Ricardo Aroca en la antigua Casa de Fieras del Retiro, donde reservó los minutos finales de su charla para hablar brevemente del libro que tenía que presentar. Como  ven, el tipo está en plena forma.

miércoles, 30 de abril de 2014

249. De furgol y otras frivolités

Escribo a la carrera que tengo una prisa de la hostia. Que sí, que vale, que tengo el blog abandonado, pero no se preocupen: no me pasa nada especial, sólo que no tengo tiempo para cultivar mi jardín literario; ya les expliqué que esto de trabajar es que te parte la mañana, ya no puedes hacer nada y, por las tardes, estoy desarrollando una vida social tan intensa que sólo me deja libres las últimas horas de algunas tardes y, en ese momento, pues qué quieren que les diga, que prefiero agarrarme una cerveza de 50 cl. y ponerme a ver el partido de fúrgol del día, que prácticamente todos los días hay un partido interesante que ver. ¡Qué estrés! Menos mal que no me gusta el basket, si no, no me quedaría tiempo ni para dormir.

Lo del furgol es básicamente para sufrir, pero este año está siendo un poco excepcional. Como saben, soy del Depor y, mientras mi equipo esté en segunda, también del Rayo y del Aleti. Bueno, pues el Rayo está ya salvado y, porque la liga se acaba ya, que si no, se mete en Europa fijo. El Depor está ya prácticamente en Primera. De vez en cuando pierde un partido de manera estrepitosa, como el otro día (0-3 con la Ponferradina de Zapatero), pero en esas ocasiones sus rivales directos se ponen de acuerdo y pierden también, todos a una, así que la cosa yo la veo bastante segura.

Queda el Aleti. La Liga la tiene a huevo, esperemos que no pinche. Más difícil tiene lo de la Champions. Para empezar, esta noche le van a preparar una encerrona buena. De un villano como Mourinho, es normal esperar todas las marrullerías, trucos y comportamientos antideportivos posibles. El problema es que la UEFA se los va a consentir, porque no le gusta que jueguen la final dos equipos de la misma ciudad. Estas finales son negocios, viajes, agencias, tour operators, comisiones, mamoneos. Si los finalistas son del mismo país (algo que ha pasado varias veces), parte de ese negocio se esfuma. Si ayer hubiera perdido el Madrid, mi Aleti tendría más chances esta noche. Así que me temo que se la van a preparar gorda.

Ese es mi pronóstico y lo pongo por escrito, sabedor de que soy un pésimo pronosticador, que siempre me equivoco. Pues a ver si esta vez me equivoco también. De todas formas, si el Aleti pasa a la final, la perderá con el Madrís. Yo creo que al Bayern de Pep le podríamos haber ganado la final (no por cuatro, desde luego). Pero el Madrís es ahora mismo invencible. Ayer tuve la suerte de ver un partidazo (el primer tiempo es de lo mejor visto en años), y tengo que decir que me alegré por el Madrís, ganador merecido (yo voy siempre con los equipos españoles, cuando juegan con un extranjero). Debo también confesar un sentimiento, supongo que no demasiado presentable, pero lo sentí nítidamente y por eso lo cuento: me alegré de que perdiera Guardiola. No digo que esté bien (ni mal), sólo que lo sentí así con claridad meridiana. Intentaré explicarlo.

El Bayern de Munich es un equipo que me cae muy bien, de una ciudad que adoro, en donde he probado las mejores cervezas de mi vida (excepto por lo que concierne a la Estrella de Galicia). Tiene jugadores extraordinarios, de los que me dio pena que perdieran, como Javi Martínez, o Gotze (Guardiola no los pone nunca de titulares) y, por encima de todos, el gran Schweinsteiger, el prototipo de jugador alemán, cuyo nombre vuelve locos a los locutores de TV españoles, incapaces de pronunciarlo correctamente. La pronunciación correcta es Sch-vains-taiguer,  con la sch alargada como gusta a los teutones; yo creo que no es tan difícil. El tipo que narraba ayer el partido, le llamaba todo el rato Sues-téguer, emulando al inefable Camacho que siempre se refiere a él como Suístener, con acento en la i.

El Bayern me cae bien, y además pensaba en él como un rival más asequible en la final para mi Aleti. Y, encima, según mi teoría, si ayer llega a perder el Madrís, la UEFA no le hubiera tolerado a Mourinho las conductas rastreras que me temo esta noche. Mi alegría de ayer fue triple: porque ganó un equipo español, porque ganó el que se lo mereció y porque perdió Guardiola, único culpable de la debacle, defendiendo las faltas y corners tan mal como las defiende el Depor este año. Así lo ha entendido el Bild, principal periódico alemán, que titula: El Real Madrid destroza a Guardiola. Precisión germánica.
 
En los años de la gran pelea Guardiola-Mourinho yo estaba, como no podía ser de otra manera, del lado del Barça, un club en donde hay tipos encantadores como Puyol, Xavi, Iniesta y tantos otros. En esos años, mis amigos más forofos del Madrid, me decían: tienes razón, Mourinho nos avergüenza como madridistas, pero no te equivoques, Guardiola tampoco es trigo limpio; es un falso: toda esa corrección es mentira, es un falso bueno, en realidad no es mejor que el otro. Yo creía entonces que esa interpretación era producto del forofismo, de la frustración de ver que, por muchas marrullerías que pusiera en liza Mou, no conseguía ni despeinar a los educados contrincantes del elegante Guardiola.

Ahora creo que tenían razón. ¿Por qué? Pues muy sencillo: porque un tipo que ha vivido un año en Nueva York y habla inglés y alemán fluido, no debería de apoyar la campaña secesionista del paleto Artur Menos. No le pido que se pronuncie en contra. Pero podría quedarse callado, como hacen los susodichos Xavi y Pujol, que en cada final que ganan se envuelven en la bandera catalana, lo que me parece muy bien, y que aman a su tierra tanto como la puede amar un secesionista. Pero Guardiola ha participado en los vídeos promocionales de la consulta próxima y ahí es donde yo veo la falsedad. Seguro que Artur Menos y sus compinches le han pagado una cantidad sustanciosa, que dan por bien empleada porque el hombre tiene más ascendencia que nadie en Cataluña, y su presencia en esos vídeos habrá convencido a más de uno y más de ciento.

Si quiere ser independentista, está en su derecho. Pero entonces, que no salga a dar ruedas de prensa en alemán. Que hable en catalán. Su demostración de plurilingüismo es tan extemporánea como el pendiente que se pone Otegui. Yo creo que debería dar sus ruedas de prensa tocado con barretina y con una butifarra en la mano. En fin, como los catalanes se independicen, detrás vendrán los bretones, los normandos, los corsos, los padanos y los bávaros. Europa se convertirá en un enjambre de reinos de taifas, como los que existían antes de la llegada de los musulmanes. Ahí está la causa de que conquistaran media Europa en ocho años (un plazo gallardónico) y luego costara ocho siglos echarles.

A lo mejor ese es el futuro que nos espera. Vendrán los moros, nos darán por culo y les pondrán un velo a nuestras mujeres. Nos lo tendríamos bien merecido. Además, se acababa la crisis de un plumazo, y las mujeres se ahorrarían todo el dinero que se gastan ahora en pinturas, modelitos, la operación bikini y todo lo demás. Ya saben que Blas Piñar decía que él acababa con el paro en 24 horas: a partir de mañana, trabajo obligatorio para todo el mundo.

Me voy pitando a Granada. Ya les cuento. Sean buenos.
    

miércoles, 23 de abril de 2014

248. Lunes de Pascua

Día extraño para mí, este Lunes de Pascua, laborable en Madrid, festivo en otros lugares, como Cataluña o Francia. Esto de las fiestas a la carta es un verdadero cachondeo, en unos sitios es fiesta el Jueves Santo, en otros el Lunes de Pascua y en otros los dos, y así no hay quien se aclare. Por cosas como esta, mi anciana tía Lola se acababa haciendo un lío con el refrán ese de “Tres jueves hay en el año, que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christie y el día de la Ascensión”. Ella, que era muy refranera, se daba importancia, tomaba aire, levantaba el dedo índice, se perfilaba y arrancaba: “Tres jueves hay en el año, que relucen más que el sol: Jueves Santo, Viernes Santo…” Ahí se quedaba atascada, porque intuía que algo iba mal, lapsus que aprovechábamos sus sobrinos-nietos para rematar: “¡¡Y Domingo de Resurrección!!” Permanecía entonces un rato pensativa, antes de susurrar: “Pues así será…”

El caso es que, después de unos días de no tener que venir a la cárcel esta en la que nos desenvolvemos (eso sí, en régimen abierto, o sea, con pase pernocta), pues como que venía yo un poco descolocado, más que la mayoría de los lunes, sensación acentuada por el hecho de que tampoco había colegios y el tiempo era desapacible, lo que hacía que tampoco esta vez hubiera nadie fumando en la puerta. Subí a mi despacho-o-lo-que-sea y me apresuré a saludar a unos cuantos colegas, no fuera que, desventurado de mí, me hubiera convertido otra vez en muerto viviente (si no saben de qué hablo, pinchen aquí). Como suele suceder cuando uno está unos días sin aparecer por el trabajo, había un inesperado montoncito de asuntos a resolver con prisa, que no podían dejarse para los días venideros. Así que no tuve un rato de descanso hasta cerca de las dos de la tarde.

Lo primero que hice entonces fue consultar el estado de la prima de riesgo. Ya sé que pensarán que soy un ansioso, pero yo lo miro todos los días (pinchando aquí, tal como me lo enseñó el bueno de Lisardo, hará ya como año y medio), y no respiro tranquilo hasta comprobar que no se ha vuelto a disparar, lo que requeriría una nueva intervención del señor Draghi diciendo alguna obviedad, o tirándose unas cuantas bufas para estabilizar la situación. ¡Ah! ¿Que tampoco saben de que les hablo ahora? Pues muy fácil: no tienen más que pinchar acáacullá. En la página de Infobolsa, las cifras que aparecen sobre los mapitas de cada país de Europa, se actualizan continuamente, durante el tiempo en que los mercados permanecen abiertos. Pero este lunes estaban estancadas en el día 17, Jueves Santo. Horror, otra situación atípica. Volví a saludar a unos cuantos compañeros porque, desde que tuve la terrible experiencia de convertirme temporalmente en ectoplasma, cada vez que constato alguna anomalía en mis rutinas, salgo del cubículo y le pregunto a dos o tres si se encuentran bien, si han dormido lo necesario, si sus hijos progresan adecuadamente. Deben de pensar que me estoy volviendo majareta.

La página de Infobolsa estaba out of office, pero me tranquilicé pensando que seguramente estará gestionada desde Barcelona, así que procedí entonces a colgar mi nuevo post, en el que me choteaba de la supuesta salida de la crisis que nadie nota. Lo había ido escribiendo sin prisas a lo largo de los días de asueto de la Semana Santa, y lo podía haber subido antes, pero lo cierto es que, cada vez que miraba la estadística de visitas al blog, me desanimaba mucho y les imaginaba a todos ustedes desfilando con el capirote del Ku-Klux-Klan bien calado y un cirio encendido de tamaño natural, mientras una gitana con peineta proclamaba desde un balcón su saeta desgarrada, para que no olvidemos que, aunque ya semos europeos, ésta sigue siendo la tierra del ¡vivan las caenas!, la inquisición, la miseria y el atraso secular. Comprendo que a veces hay que cumplir con la familia y regresar por unos días a la España de Paco el Bajo y el Azarías, trabajo ya de por sí arduo, al que hay que sumar los atascos y las caravanas para ir y volver a la periferia. Como para esperar que, encima, se acordasen de entrar en mi blog.

Entre pitos y flautas, me fui de la ofi bastante tarde y, mientras aparcaba el Toyota en mi plaza de residente, recordé que tenía la nevera vacía (modelo Erasmus, según dicen mis hijos) tras cuatro días sin hacer la compra. Mi solución habitual para estas eventualidades: El Brillante. Mi amigo Álvarez estaba, como siempre, al frente de la barra de arriba, vacía de clientes excepto por un tipo con sombrero calado, gafas negras y solapas de su abrigo subidas, que se sentaba en el taburete del fondo. Me pedí un pepito de ternera y una jarra de cerveza de las grandes y esperé. Le pregunté a Álvarez si había salido fuera en Semana Santa y me dijo que no. Que dónde iba a estar mejor que allí, sirviendo bocatas a los guiris.

Sus compañeros me han confesado más de una vez que no entienden por qué no se jubila de una vez (tiene un año más que yo). Pero él no quiere ni oír hablar de retiradas. Álvarez es El Brillante y El Brillante es Álvarez. Me estaba comiendo mi pepito, cuando entró un vendedor de lotería de esos que te meten el décimo delante de los ojos, en la idea de que, una vez que has visto el número, tienes que comprarlo, para que no se te enquiste en la memoria. Pero yo tengo listo mi mecanismo inhibidor, el mismo que uso ante la publicidad de la tele, así que el hombre pasó de largo y fue a darle la murga al tipo con aires de espía. Álvarez mostró cara de escepticismo, mientras limpiaba la barra con su sempiterna bayeta: “A mí, en todos los sorteos del año, me toca el reintegro –dijo. Como no juego…”

Terminada mi colación, pedí la cuenta y Álvarez se dirigió a la caja dándome la espalda. Tras unos movimientos inciertos, se volvió y dijo: “Está usted invitado”. Ante mi gesto de perplejidad, añadió: “El señor del fondo”. Insistí en pagar, pero Álvarez me confió: “Lleva un buen rato esperándole, y no es el primer día que viene”. Así que me acerqué al tipo del taburete del fondo, que mantenía su rostro semioculto. Se dio un cuarto de vuelta y seguí sin reconocerlo. Entonces, su boca marcó el inicio de una sonrisa estilo Clint Eastwood, y ahí si que lo reconocí, un segundo antes de que su boca se abriera para decir: “Qué pasa, don Emilio, que ya no conoce a los amigos de verdad…” Se lo creerán o no, pero allí estaba el gran Lisardo, más de un año después. Era la primera vez que lo veía vestido de calle, sin su uniforme de ordenanza.

Después de los abrazos de rigor, lo convidé a un café asiático, una especialidad de El Brillante, cuya receta pueden consultar pinchando aquí. Le dije que era un cabrón, que era él el que se había enfadado conmigo, que yo no había hecho por buscarlo para no importunarlo, pero que le había echado mucho de menos, como había confesado reiteradamente en el blog. Entonces empezó a regañarme a voces, como solía hacer, con Álvarez a la expectativa por si acaso. Según él, era yo el que había provocado la ruptura, después de desoír todos los consejos técnicos que me daba para el blog, especialmente lo de hacerme una cuenta de Twitter.

Con mucho énfasis proclamó: “Usted tiene una pluma de primera, don Emilio, si me hubiera hecho usted caso, habíamos salido en el Huffington Post y donde quisiéramos, hasta en El País”. Añadió que ya no me iba a insistir más en estos temas, que él había seguido mi blog todo el tiempo y también me echaba de menos y sabía que no íbamos a reencontrarnos hasta que uno de los dos diera el primer paso y, como él sabía que yo no lo iba a dar, porque soy un estirado de mierda, pues lo daba él y ya está, la amistad está por encima de estas minucias. Supongo que tiene su parte de razón. Por cierto, él sí que se ha jubilado y está feliz, porque no tenía ninguna gana de ver cómo se seguía deteriorando el Ayuntamiento. En fin, que me llevé una alegría enorme, que los signos inquietantes que había observado por la mañana, eran en realidad buenas vibraciones que me avisaban de otra resurrección, no la de Dios, sino la de mi personaje más añorado.

Estuvimos toda la tarde por ahí y sólo necesitó 5 minutos para incorporarle a mi blog las mejoras técnicas que yo no sabía añadir. Ustedes, que son tan agudos, ya se habrán dado cuenta de algunas. Ahora sé cómo poner links sin tener que escribir la dirección completa de la Web, sino indicando simplemente “aquí”. Ustedes colocan la flecha del ratón encima del aquí (que se pone azulito del gusto que le da), dan un click y al instante se conectan a la página indicada, que además se abre aparte, por lo que, al terminar de leerla, sólo tienen que cerrarla arriba para volver al post original. Es como mágico. Lisardo me organizó también un sistema de etiquetas por temas, que pueden ver a la derecha, debajo de mi perfil. De modo que, por ejemplo, si ustedes quieren repasar todos los posts relacionados con un tema (Nacionalismo, Rock, Pedos o cualquier otro), pinchan en la etiqueta y les salen todos.

Lisardo me puso sólo una condición para su valiosa ayuda. Que incluyera una etiqueta con su nombre, para enseñárselo a sus nietos. Le confesé que no me esperaba semejante petición, que no le tenía por un tipo tan coqueto. Su respuesta: “Usted no me conoce a mí en la calle”. Una vez aprendido el truco, me tiré media noche poniendo etiquetas. Así que ayer estaba hecho polvo, pero feliz. Comprobé que mi primer leit motiv eran los comentarios sobre las noticias del día, esas que informan de los recortes, la austeridad, la corrupción, los malos políticos y el fin del estado de bienestar en el que los más veteranos hemos vivido toda nuestra vida. Primero pensé en poner a estos posts la etiqueta Actualidad, pero vi que era un nombre inadecuado, porque los temas de hace más de un año, a lo mejor ya no están de actualidad. Así que cambié el nombre por el de La Situación. Todos sabemos a qué se refiere. Como en tiempos de Franco, cuando se decía El Movimiento, o El Partido, y todos sabíamos cuál era.

Que tengan buen día. Y estén atentos, para que no se los coma La Situación. Como dice Dylan: Empiecen a nadar, si no quieren hundirse como una piedra, que los tiempos están cambiando…