miércoles, 30 de abril de 2014

249. De furgol y otras frivolités

Escribo a la carrera que tengo una prisa de la hostia. Que sí, que vale, que tengo el blog abandonado, pero no se preocupen: no me pasa nada especial, sólo que no tengo tiempo para cultivar mi jardín literario; ya les expliqué que esto de trabajar es que te parte la mañana, ya no puedes hacer nada y, por las tardes, estoy desarrollando una vida social tan intensa que sólo me deja libres las últimas horas de algunas tardes y, en ese momento, pues qué quieren que les diga, que prefiero agarrarme una cerveza de 50 cl. y ponerme a ver el partido de fúrgol del día, que prácticamente todos los días hay un partido interesante que ver. ¡Qué estrés! Menos mal que no me gusta el basket, si no, no me quedaría tiempo ni para dormir.

Lo del furgol es básicamente para sufrir, pero este año está siendo un poco excepcional. Como saben, soy del Depor y, mientras mi equipo esté en segunda, también del Rayo y del Aleti. Bueno, pues el Rayo está ya salvado y, porque la liga se acaba ya, que si no, se mete en Europa fijo. El Depor está ya prácticamente en Primera. De vez en cuando pierde un partido de manera estrepitosa, como el otro día (0-3 con la Ponferradina de Zapatero), pero en esas ocasiones sus rivales directos se ponen de acuerdo y pierden también, todos a una, así que la cosa yo la veo bastante segura.

Queda el Aleti. La Liga la tiene a huevo, esperemos que no pinche. Más difícil tiene lo de la Champions. Para empezar, esta noche le van a preparar una encerrona buena. De un villano como Mourinho, es normal esperar todas las marrullerías, trucos y comportamientos antideportivos posibles. El problema es que la UEFA se los va a consentir, porque no le gusta que jueguen la final dos equipos de la misma ciudad. Estas finales son negocios, viajes, agencias, tour operators, comisiones, mamoneos. Si los finalistas son del mismo país (algo que ha pasado varias veces), parte de ese negocio se esfuma. Si ayer hubiera perdido el Madrid, mi Aleti tendría más chances esta noche. Así que me temo que se la van a preparar gorda.

Ese es mi pronóstico y lo pongo por escrito, sabedor de que soy un pésimo pronosticador, que siempre me equivoco. Pues a ver si esta vez me equivoco también. De todas formas, si el Aleti pasa a la final, la perderá con el Madrís. Yo creo que al Bayern de Pep le podríamos haber ganado la final (no por cuatro, desde luego). Pero el Madrís es ahora mismo invencible. Ayer tuve la suerte de ver un partidazo (el primer tiempo es de lo mejor visto en años), y tengo que decir que me alegré por el Madrís, ganador merecido (yo voy siempre con los equipos españoles, cuando juegan con un extranjero). Debo también confesar un sentimiento, supongo que no demasiado presentable, pero lo sentí nítidamente y por eso lo cuento: me alegré de que perdiera Guardiola. No digo que esté bien (ni mal), sólo que lo sentí así con claridad meridiana. Intentaré explicarlo.

El Bayern de Munich es un equipo que me cae muy bien, de una ciudad que adoro, en donde he probado las mejores cervezas de mi vida (excepto por lo que concierne a la Estrella de Galicia). Tiene jugadores extraordinarios, de los que me dio pena que perdieran, como Javi Martínez, o Gotze (Guardiola no los pone nunca de titulares) y, por encima de todos, el gran Schweinsteiger, el prototipo de jugador alemán, cuyo nombre vuelve locos a los locutores de TV españoles, incapaces de pronunciarlo correctamente. La pronunciación correcta es Sch-vains-taiguer,  con la sch alargada como gusta a los teutones; yo creo que no es tan difícil. El tipo que narraba ayer el partido, le llamaba todo el rato Sues-téguer, emulando al inefable Camacho que siempre se refiere a él como Suístener, con acento en la i.

El Bayern me cae bien, y además pensaba en él como un rival más asequible en la final para mi Aleti. Y, encima, según mi teoría, si ayer llega a perder el Madrís, la UEFA no le hubiera tolerado a Mourinho las conductas rastreras que me temo esta noche. Mi alegría de ayer fue triple: porque ganó un equipo español, porque ganó el que se lo mereció y porque perdió Guardiola, único culpable de la debacle, defendiendo las faltas y corners tan mal como las defiende el Depor este año. Así lo ha entendido el Bild, principal periódico alemán, que titula: El Real Madrid destroza a Guardiola. Precisión germánica.
 
En los años de la gran pelea Guardiola-Mourinho yo estaba, como no podía ser de otra manera, del lado del Barça, un club en donde hay tipos encantadores como Puyol, Xavi, Iniesta y tantos otros. En esos años, mis amigos más forofos del Madrid, me decían: tienes razón, Mourinho nos avergüenza como madridistas, pero no te equivoques, Guardiola tampoco es trigo limpio; es un falso: toda esa corrección es mentira, es un falso bueno, en realidad no es mejor que el otro. Yo creía entonces que esa interpretación era producto del forofismo, de la frustración de ver que, por muchas marrullerías que pusiera en liza Mou, no conseguía ni despeinar a los educados contrincantes del elegante Guardiola.

Ahora creo que tenían razón. ¿Por qué? Pues muy sencillo: porque un tipo que ha vivido un año en Nueva York y habla inglés y alemán fluido, no debería de apoyar la campaña secesionista del paleto Artur Menos. No le pido que se pronuncie en contra. Pero podría quedarse callado, como hacen los susodichos Xavi y Pujol, que en cada final que ganan se envuelven en la bandera catalana, lo que me parece muy bien, y que aman a su tierra tanto como la puede amar un secesionista. Pero Guardiola ha participado en los vídeos promocionales de la consulta próxima y ahí es donde yo veo la falsedad. Seguro que Artur Menos y sus compinches le han pagado una cantidad sustanciosa, que dan por bien empleada porque el hombre tiene más ascendencia que nadie en Cataluña, y su presencia en esos vídeos habrá convencido a más de uno y más de ciento.

Si quiere ser independentista, está en su derecho. Pero entonces, que no salga a dar ruedas de prensa en alemán. Que hable en catalán. Su demostración de plurilingüismo es tan extemporánea como el pendiente que se pone Otegui. Yo creo que debería dar sus ruedas de prensa tocado con barretina y con una butifarra en la mano. En fin, como los catalanes se independicen, detrás vendrán los bretones, los normandos, los corsos, los padanos y los bávaros. Europa se convertirá en un enjambre de reinos de taifas, como los que existían antes de la llegada de los musulmanes. Ahí está la causa de que conquistaran media Europa en ocho años (un plazo gallardónico) y luego costara ocho siglos echarles.

A lo mejor ese es el futuro que nos espera. Vendrán los moros, nos darán por culo y les pondrán un velo a nuestras mujeres. Nos lo tendríamos bien merecido. Además, se acababa la crisis de un plumazo, y las mujeres se ahorrarían todo el dinero que se gastan ahora en pinturas, modelitos, la operación bikini y todo lo demás. Ya saben que Blas Piñar decía que él acababa con el paro en 24 horas: a partir de mañana, trabajo obligatorio para todo el mundo.

Me voy pitando a Granada. Ya les cuento. Sean buenos.
    

miércoles, 23 de abril de 2014

248. Lunes de Pascua

Día extraño para mí, este Lunes de Pascua, laborable en Madrid, festivo en otros lugares, como Cataluña o Francia. Esto de las fiestas a la carta es un verdadero cachondeo, en unos sitios es fiesta el Jueves Santo, en otros el Lunes de Pascua y en otros los dos, y así no hay quien se aclare. Por cosas como esta, mi anciana tía Lola se acababa haciendo un lío con el refrán ese de “Tres jueves hay en el año, que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christie y el día de la Ascensión”. Ella, que era muy refranera, se daba importancia, tomaba aire, levantaba el dedo índice, se perfilaba y arrancaba: “Tres jueves hay en el año, que relucen más que el sol: Jueves Santo, Viernes Santo…” Ahí se quedaba atascada, porque intuía que algo iba mal, lapsus que aprovechábamos sus sobrinos-nietos para rematar: “¡¡Y Domingo de Resurrección!!” Permanecía entonces un rato pensativa, antes de susurrar: “Pues así será…”

El caso es que, después de unos días de no tener que venir a la cárcel esta en la que nos desenvolvemos (eso sí, en régimen abierto, o sea, con pase pernocta), pues como que venía yo un poco descolocado, más que la mayoría de los lunes, sensación acentuada por el hecho de que tampoco había colegios y el tiempo era desapacible, lo que hacía que tampoco esta vez hubiera nadie fumando en la puerta. Subí a mi despacho-o-lo-que-sea y me apresuré a saludar a unos cuantos colegas, no fuera que, desventurado de mí, me hubiera convertido otra vez en muerto viviente (si no saben de qué hablo, pinchen aquí). Como suele suceder cuando uno está unos días sin aparecer por el trabajo, había un inesperado montoncito de asuntos a resolver con prisa, que no podían dejarse para los días venideros. Así que no tuve un rato de descanso hasta cerca de las dos de la tarde.

Lo primero que hice entonces fue consultar el estado de la prima de riesgo. Ya sé que pensarán que soy un ansioso, pero yo lo miro todos los días (pinchando aquí, tal como me lo enseñó el bueno de Lisardo, hará ya como año y medio), y no respiro tranquilo hasta comprobar que no se ha vuelto a disparar, lo que requeriría una nueva intervención del señor Draghi diciendo alguna obviedad, o tirándose unas cuantas bufas para estabilizar la situación. ¡Ah! ¿Que tampoco saben de que les hablo ahora? Pues muy fácil: no tienen más que pinchar acáacullá. En la página de Infobolsa, las cifras que aparecen sobre los mapitas de cada país de Europa, se actualizan continuamente, durante el tiempo en que los mercados permanecen abiertos. Pero este lunes estaban estancadas en el día 17, Jueves Santo. Horror, otra situación atípica. Volví a saludar a unos cuantos compañeros porque, desde que tuve la terrible experiencia de convertirme temporalmente en ectoplasma, cada vez que constato alguna anomalía en mis rutinas, salgo del cubículo y le pregunto a dos o tres si se encuentran bien, si han dormido lo necesario, si sus hijos progresan adecuadamente. Deben de pensar que me estoy volviendo majareta.

La página de Infobolsa estaba out of office, pero me tranquilicé pensando que seguramente estará gestionada desde Barcelona, así que procedí entonces a colgar mi nuevo post, en el que me choteaba de la supuesta salida de la crisis que nadie nota. Lo había ido escribiendo sin prisas a lo largo de los días de asueto de la Semana Santa, y lo podía haber subido antes, pero lo cierto es que, cada vez que miraba la estadística de visitas al blog, me desanimaba mucho y les imaginaba a todos ustedes desfilando con el capirote del Ku-Klux-Klan bien calado y un cirio encendido de tamaño natural, mientras una gitana con peineta proclamaba desde un balcón su saeta desgarrada, para que no olvidemos que, aunque ya semos europeos, ésta sigue siendo la tierra del ¡vivan las caenas!, la inquisición, la miseria y el atraso secular. Comprendo que a veces hay que cumplir con la familia y regresar por unos días a la España de Paco el Bajo y el Azarías, trabajo ya de por sí arduo, al que hay que sumar los atascos y las caravanas para ir y volver a la periferia. Como para esperar que, encima, se acordasen de entrar en mi blog.

Entre pitos y flautas, me fui de la ofi bastante tarde y, mientras aparcaba el Toyota en mi plaza de residente, recordé que tenía la nevera vacía (modelo Erasmus, según dicen mis hijos) tras cuatro días sin hacer la compra. Mi solución habitual para estas eventualidades: El Brillante. Mi amigo Álvarez estaba, como siempre, al frente de la barra de arriba, vacía de clientes excepto por un tipo con sombrero calado, gafas negras y solapas de su abrigo subidas, que se sentaba en el taburete del fondo. Me pedí un pepito de ternera y una jarra de cerveza de las grandes y esperé. Le pregunté a Álvarez si había salido fuera en Semana Santa y me dijo que no. Que dónde iba a estar mejor que allí, sirviendo bocatas a los guiris.

Sus compañeros me han confesado más de una vez que no entienden por qué no se jubila de una vez (tiene un año más que yo). Pero él no quiere ni oír hablar de retiradas. Álvarez es El Brillante y El Brillante es Álvarez. Me estaba comiendo mi pepito, cuando entró un vendedor de lotería de esos que te meten el décimo delante de los ojos, en la idea de que, una vez que has visto el número, tienes que comprarlo, para que no se te enquiste en la memoria. Pero yo tengo listo mi mecanismo inhibidor, el mismo que uso ante la publicidad de la tele, así que el hombre pasó de largo y fue a darle la murga al tipo con aires de espía. Álvarez mostró cara de escepticismo, mientras limpiaba la barra con su sempiterna bayeta: “A mí, en todos los sorteos del año, me toca el reintegro –dijo. Como no juego…”

Terminada mi colación, pedí la cuenta y Álvarez se dirigió a la caja dándome la espalda. Tras unos movimientos inciertos, se volvió y dijo: “Está usted invitado”. Ante mi gesto de perplejidad, añadió: “El señor del fondo”. Insistí en pagar, pero Álvarez me confió: “Lleva un buen rato esperándole, y no es el primer día que viene”. Así que me acerqué al tipo del taburete del fondo, que mantenía su rostro semioculto. Se dio un cuarto de vuelta y seguí sin reconocerlo. Entonces, su boca marcó el inicio de una sonrisa estilo Clint Eastwood, y ahí si que lo reconocí, un segundo antes de que su boca se abriera para decir: “Qué pasa, don Emilio, que ya no conoce a los amigos de verdad…” Se lo creerán o no, pero allí estaba el gran Lisardo, más de un año después. Era la primera vez que lo veía vestido de calle, sin su uniforme de ordenanza.

Después de los abrazos de rigor, lo convidé a un café asiático, una especialidad de El Brillante, cuya receta pueden consultar pinchando aquí. Le dije que era un cabrón, que era él el que se había enfadado conmigo, que yo no había hecho por buscarlo para no importunarlo, pero que le había echado mucho de menos, como había confesado reiteradamente en el blog. Entonces empezó a regañarme a voces, como solía hacer, con Álvarez a la expectativa por si acaso. Según él, era yo el que había provocado la ruptura, después de desoír todos los consejos técnicos que me daba para el blog, especialmente lo de hacerme una cuenta de Twitter.

Con mucho énfasis proclamó: “Usted tiene una pluma de primera, don Emilio, si me hubiera hecho usted caso, habíamos salido en el Huffington Post y donde quisiéramos, hasta en El País”. Añadió que ya no me iba a insistir más en estos temas, que él había seguido mi blog todo el tiempo y también me echaba de menos y sabía que no íbamos a reencontrarnos hasta que uno de los dos diera el primer paso y, como él sabía que yo no lo iba a dar, porque soy un estirado de mierda, pues lo daba él y ya está, la amistad está por encima de estas minucias. Supongo que tiene su parte de razón. Por cierto, él sí que se ha jubilado y está feliz, porque no tenía ninguna gana de ver cómo se seguía deteriorando el Ayuntamiento. En fin, que me llevé una alegría enorme, que los signos inquietantes que había observado por la mañana, eran en realidad buenas vibraciones que me avisaban de otra resurrección, no la de Dios, sino la de mi personaje más añorado.

Estuvimos toda la tarde por ahí y sólo necesitó 5 minutos para incorporarle a mi blog las mejoras técnicas que yo no sabía añadir. Ustedes, que son tan agudos, ya se habrán dado cuenta de algunas. Ahora sé cómo poner links sin tener que escribir la dirección completa de la Web, sino indicando simplemente “aquí”. Ustedes colocan la flecha del ratón encima del aquí (que se pone azulito del gusto que le da), dan un click y al instante se conectan a la página indicada, que además se abre aparte, por lo que, al terminar de leerla, sólo tienen que cerrarla arriba para volver al post original. Es como mágico. Lisardo me organizó también un sistema de etiquetas por temas, que pueden ver a la derecha, debajo de mi perfil. De modo que, por ejemplo, si ustedes quieren repasar todos los posts relacionados con un tema (Nacionalismo, Rock, Pedos o cualquier otro), pinchan en la etiqueta y les salen todos.

Lisardo me puso sólo una condición para su valiosa ayuda. Que incluyera una etiqueta con su nombre, para enseñárselo a sus nietos. Le confesé que no me esperaba semejante petición, que no le tenía por un tipo tan coqueto. Su respuesta: “Usted no me conoce a mí en la calle”. Una vez aprendido el truco, me tiré media noche poniendo etiquetas. Así que ayer estaba hecho polvo, pero feliz. Comprobé que mi primer leit motiv eran los comentarios sobre las noticias del día, esas que informan de los recortes, la austeridad, la corrupción, los malos políticos y el fin del estado de bienestar en el que los más veteranos hemos vivido toda nuestra vida. Primero pensé en poner a estos posts la etiqueta Actualidad, pero vi que era un nombre inadecuado, porque los temas de hace más de un año, a lo mejor ya no están de actualidad. Así que cambié el nombre por el de La Situación. Todos sabemos a qué se refiere. Como en tiempos de Franco, cuando se decía El Movimiento, o El Partido, y todos sabíamos cuál era.

Que tengan buen día. Y estén atentos, para que no se los coma La Situación. Como dice Dylan: Empiecen a nadar, si no quieren hundirse como una piedra, que los tiempos están cambiando…
   

lunes, 21 de abril de 2014

247. Saliendo de la crisis, o así

Que sí, que vale, que bueno, que ya estoy acá de nuevo, que ya lo sé, que he estado unos cuantos días sin subir nuevos textos, pero es que era Semana Santa, coño, y tendremos que descansar un poco, digo yo. No me vendrán ahora con que ustedes no han hecho ayuno y abstinencia de blog, porque yo entraba de vez en cuando y me encontraba que, en vez de las cifras habituales en torno a las 70/80 visitas diarias, la cosa no pasaba de 10/15. Son cifras engañosas, porque cuenta como una visita cada vez que alguien entra al blog, comprueba que no hay nada nuevo y se sale otra vez. Pero, engañosas y todo, sirven a efectos comparativos. Así que no me acusen de descuidar el blog en fiestas, que ustedes han hecho lo mismo.

Estas fiestas no me producen tanto rechazo como las de Navidad, porque son más cortas. Una semana de lapsus es un tiempo tasado y razonable, que viene muy bien después del trimestre de invierno y no es tan hartizo como las tres semanas de la zambomba. Las procesiones son un festejo arcaico, aburrido, que cada vez suscita menos fervor, como las corridas de toros, pero los veteranos como yo hemos conocido tiempos en que no había muchos más acontecimientos sociales, y las procesiones y desfiles eran lugares de esparcimiento mixto, donde alternar y pegar la hebra con la gente. Uno pillaba sitio y, mientras esperaba la llegada de los pasos, intercambiaba miradas y guiños con las mocitas del otro lado, a ver si se reían o se ruborizaban o mandaban de vuelta alguna señal esperanzadora. Entre la gente diez años mayor que yo, hasta sé de algún caso que acabó en matrimonio.

No he salido fuera en estos días de fiesta, lo que me ha permitido disfrutar de la ciudad sin atascos ni aglomeraciones, porque, después de varios años de crisis, esta vez sí que se ha ido mucha gente a la playa o a donde sea. Hay que tener en cuenta que este trimestre de invierno ha sido largo, sin puentes y con un tiempo tirando a gallego (yo he estado encantado). Y, por primera vez en años, no ha diluviado en Semana Santa. Mira que la iglesia se empeña en jugar al escondite con el calendario, de forma qué es imposible saber cuándo va a caer la Semana Santa. Pues, a pesar de ese truco, Dios les manda regularmente un diluvio, para dejar claro que no le gusta nada esa exhibición de idolatría que son las procesiones. Todos los años los telediarios nos muestran la misma murga de los cofrades llorando porque no pueden sacar a pasear las imágenes, después de estar todo el año preparándose.

Yo creo que este año Dios se ha despistado y no ha mandado el diluvio hasta la noche del último día, cuando ya estaba todo el pescado vendido. O a lo mejor, es que los ha dejado por imposibles, después de dos milenios de procesiones pasadas por agua. La cosa es que el tiempo era perfecto para salir y la gente tenía mucho síndrome de abstinencia. Se ha notado, no sólo en el Madrid vacío, sino en la vuelta de los atascos kilométricos y el aumento del número de accidentes. Pero los de siempre se apresuran a decir que éste es un síntoma más de que ya estamos saliendo de la crisis. Es curioso ese empeño del gobierno de Rajoy en asegurar que ya estamos fuera, que todo va viento en popa, cuando en la calle nadie lo nota.

Vean aquí al lado la interpretación de Forges, genial, como siempre. No es el único que se chotea del asunto. Miguel Ángel Aguilar, siempre agudo y preciso, dice en un artículo reciente, que nadie ve esas supuestas mejoras de la macroeconomía, ni siquiera los miembros del gobierno. Lo que sucede es que estos últimos las barruntan. En este momento desde el gobierno nos insisten en que ya se ve la salida del túnel, pero nosotros miramos a todos lados y no vemos nada. Este curioso fenómeno me trae a la memoria las dos historias que les cuento aquí abajo.

La primera, me remite a una persona muy querida, que no voy a identificar, que en un momento dado se pilló una depresión de caballo, de las llamadas endógenas (sin un motivo identificable), por la que tuvo que ser ingresada en un hospital. Sus amigos íbamos a visitarla con regularidad y apreciábamos sus progresos semana a semana. Los apreciábamos, digo, en su forma de hablar y en el brillo creciente de sus ojos, porque su discurso era siempre el mismo: estoy fatal, tengo una depresión de caballo. Al principio, nos lo decía con ojos opacos y un hilo de voz. Más adelante, con serenidad y sosiego. Después empezó a sonreírnos y a decírnoslo con una especie de resignación esperanzada. Ella se seguía viendo igual, pero su tono era cada vez más alegre, enérgico y animoso.

La última vez que la visitamos en el hospital, nos recibió a carcajadas. Apenas podía hablar de la risa. Fijaos si son mantas estos médicos –consiguió decirnos –que dicen que ya estoy curada, ja, ja, ja, y yo tengo una depresión de caballo, ji, ji, desde luego es que no se enteran, ju, ju, ju, curada, dicen, con la depresión que tengo. Al día siguiente le dieron el alta. Ya saben que soy un optimista inveterado y recalcitrante, pero a mí esto de la supuesta mejora de la economía española me da la misma risa que a la persona de que les hablo. Ojalá el resultado final sea el mismo.

La otra historia (me la contaron como cierta, aunque tiene pinta de ser una leyenda) nos remite a los tiempos de la mili, cuando los reclutas de la milicia universitaria debían recibir clases de diversas materias para completar su formación antes de acceder al grado de alférez. Las clases eran de materias variadas, como Física, y, en ocasiones, la falta de profesores bien cualificados llevaba a la tarima a algún sargento autodidacta que daba lecciones cuando menos pintorescas. Se cuenta de cierto chusquero que solía explicar el concepto físico del momento de inercia con el siguiente ejemplo práctico:

“Imaginen ustedes que viajan en un autobús a toda marcha. El autobús se mueve, y también ustedes, dentro de él, a la misma velocidad. Pero, de pronto, el conductor da un frenazo, porque observa un obstáculo próximo, como un perro que se cruza. El autobús se para bruscamente, pero ustedes se siguen moviendo hacia delante, unos instantes, hasta que se paran también. ¿Por qué? Pues por efecto de la inercia. Es decir, que hay un MOMENTO en el que el autobús ya está parado, pero los pasajeros se siguen moviendo, por efecto de la inercia. ESE es el momento de inercia” –concluía satisfecho.

Lo dicho: estamos ya saliendo de la crisis. El gobierno lo barrunta. Pero nosotros no lo notamos por culpa del momento de inercia. Les mando mis mejores deseos.